Permanezcan en el sendero de la rectitud

Gordon B. Hinckley

President of the Church


Gordon B. Hinckley
Pidan la fortaleza para transitar por el sendero de la rectitud, el cual a veces puede parecer solitario, pero que llevará a la paz, a la felicidad y al gozo supremos.

Mis queridas jóvenes amigas, hermosas jovencitas, hemos escuchado testimonios inspiradores y maravillosos discursos de esta Presidencia de las Mujeres Jóvenes. ¡Son líderes muy talentosas y capaces! Y respaldándolas, hay una mesa general de la misma calidad, y en conjunto, brindan liderazgo a este grandioso programa para las mujeres jóvenes que se extiende a lo largo del mundo.

Es ahora mi turno de hablarles y casi no sé que decir. Me siento abrumado al ver a tantas de ustedes. En este grandioso Centro de Conferencias hay miles de personas; los edificios de los alrededores acomodarán el exceso de cupo. Estos servicios están llegando a centros de reuniones de muchos países de esta grande y vasta tierra.

Hay tantas de ustedes, y de todo corazón les tiendo la mano. Las aprecio, las honro y las respeto. Qué tremenda fuerza para bien son ustedes.

Ustedes son la fortaleza del presente; la esperanza del futuro.

Ustedes son el producto de todas las generaciones que las han precedido, la promesa de todas las que vendrán después.

Deben saber, como se les ha dicho, que no están solas en el mundo. Hay cientos de miles de ustedes, que viven en muchos países, que hablan diferentes idiomas, y cada una lleva algo divino en su interior.

No hay nadie que las supere; ustedes son hijas de Dios.

Han recibido como patrimonio algo bello, sagrado y divino. Nunca lo olviden. Su Padre eterno es el gran Maestro del universo. Él gobierna sobre todo, pero también escuchará sus oraciones como hijas Suyas, y las escuchará cuando le hablen. Él contestará sus oraciones y no las dejará solas.

En mis momentos de quietud, pienso en el futuro con todas sus maravillosas posibilidades y con todas sus terribles tentaciones, me pregunto qué les pasará a ustedes en los próximos diez años. ¿Dónde estarán? ¿Qué estarán haciendo? Eso dependerá de las elecciones que hagan, algunas de las cuales parecerán sin importancia en el momento, pero que tendrán consecuencias tremendas.

Alguien ha dicho: “Es posible que lo que hagamos hoy, sea bueno o malo, afecte toda la eternidad” (James Freeman Clarke, en Elbert Hubbard Scrap Book, 1923, pág. 95).

Ustedes tienen el potencial de llegar a ser cualquier cosa que se propongan; tienen una mente, un cuerpo y un espíritu, y con esos elementos trabajando unidos, podrán recorrer el sendero de la rectitud que lleva al éxito y a la felicidad. Pero eso requerirá esfuerzo, sacrificio y fe.

Entre otras cosas, debo recordarles que es preciso que obtengan toda la educación académica posible. La vida se ha vuelto tan compleja y competitiva. No deben asumir que se les deben privilegios. Se espera que hagan grandes esfuerzos y que utilicen sus mejores talentos para labrarse el futuro más maravilloso del que sean capaces. En ocasiones, lo más probable es que tengan serias decepciones, pero habrá manos que se les tenderán a lo largo del camino, muchas de ellas para darles aliento y fortaleza para seguir adelante.

El otro día fui al hospital para visitar a un querido amigo. Observé a varias de las enfermeras que estaban de turno; eran sumamente capaces; me impresionaron porque parecían saber todo lo que estaba pasando y qué hacer al respecto. Habían recibido una buena enseñanza, lo cual era obvio. En la pared de cada habitación había un lema enmarcado que decía: “Nos esforzamos por la excelencia”.

¡Qué tremenda diferencia hace la capacitación! La capacitación es la clave de la oportunidad; trae consigo el desafío de ampliar el conocimiento, y la fortaleza y el poder de la disciplina. Quizás no tengan los medios económicos para obtener todos los estudios que desean; hagan que su dinero les rinda lo más posible y aprovechen las becas y los préstamos que tendrán la capacidad de devolver.

Por esa razón es que se estableció el Fondo Perpetuo para la Educación. Nos dimos cuenta de que unos pocos dólares podrían surtir una tremenda diferencia en las oportunidades que tuviesen los jóvenes y las jovencitas para obtener la capacitación necesaria. El beneficiario obtiene la capacitación y paga el préstamo para que alguien más tenga la misma oportunidad.

Hasta ahora nuestra experiencia indica que los efectos de la capacitación dan como resultado una ganancia tres o cuatro veces mayor a la que se recibiría sin ella. ¡Piensen en ello!

Aunque ese programa no está disponible en todas partes, está establecido donde viven algunas de ustedes y, si está disponible, podría llegar a ser una gran bendición en sus vidas.

Al transitar por el sendero de la vida, cuídense de las amistades, ya que pueden ayudarlas o destruirlas. Sean generosas al ayudar a los menos afortunados y a los afligidos, pero mantengan amistades que sean de su misma clase, amistades que las alienten, que las apoyen, que vivan como ustedes desean vivir, que disfruten de la misma clase de diversiones y que se opongan a la maldad a la cual ustedes están resueltas a resistir.

Para lograr Su plan de felicidad, el Gran Creador plantó en nuestro interior un instinto que hace que los muchachos se interesen en las jovencitas y éstas en los muchachos. Esa poderosa inclinación puede llevar a experiencias hermosas o a experiencias terriblemente desagradables. Al observar el mundo, parecería que la moral se ha dejado de lado. La violación de las viejas normas se ha convertido en algo común. Los estudios, uno tras otro, demuestran el abandono de principios aprobados por tanto tiempo. La autodisciplina se ha olvidado y la satisfacción promiscua ha llegado a generalizarse.

Sin embargo, mis queridas amigas, no debemos aceptar lo que se ha hecho tan común en el mundo. Ustedes, como miembros de la Iglesia, tienen una norma más elevada y exigente, la que declara, como una voz desde el Sinaí, que no deben ceder, que deben controlar sus deseos. Para ustedes no existe futuro en ningún otro camino. Debo modificar eso para decir que el Señor ha provisto el arrepentimiento y el perdón. Sin embargo, el ceder a la tentación se puede convertir en una herida que nunca parece sanar y que siempre deja una fea cicatriz.

El recato en el vestir y en los modales servirán de protección en contra de la tentación. Quizás sea difícil encontrar ropa modesta, pero se consigue con el debido esfuerzo. A veces desearía que cada jovencita tuviese acceso a una máquina de coser y aprendiera a utilizarla para confeccionarse ropa atractiva. Creo que ese es un deseo poco realista, pero no dudo en decir que pueden ser atractivas sin ser inmodestas; pueden ser alegres, optimistas y bellas tanto en su modo de vestir como en su comportamiento. Su atractivo dependerá de su personalidad, la cual es la suma de sus características individuales. Sean alegres; sonrían; diviértanse, pero tracen estrictos parámetros, una línea en la arena, por así decirlo, la cual no traspasarán.

El Señor habla de los que rechazan consejo, de los que “tropiecen y caigan cuando desciendan las tempestades y soplen los vientos y vengan las lluvias, y den con ímpetu contra su casa” (D. y C. 90:5).

Manténgase alejadas de la diversión vulgar; tal vez sea atractiva, pero en muchos de los casos es degradante. No quiero ser mojigato sobre esto; ni deseo que se me considere un aguafiestas; no quiero que se piense que soy un viejo que no sabe nada de la juventud ni de sus problemas. Creo que sé algo sobre esas cosas y es de todo corazón y con todo mi amor que les ruego que se mantengan en el sendero de la rectitud. Diviértanse con sus buenas amistades; canten y bailen, vayan a nadar y a caminar, participen juntos en proyectos y vivan la vida con fervor y entusiasmo.

Respeten sus cuerpos. El Señor los ha descrito como templos. En estos días hay muchos que desfiguran sus cuerpos con tatuajes. ¡Qué poca visión! Esas marcas permanecen toda la vida; una vez que se hacen, no se pueden quitar, excepto mediante un proceso difícil y costoso. No puedo comprender por qué una jovencita se sometería a algo así. Les ruego que eviten desfigurarse de esa forma.

Y mientras hablo sobre las cosas que se deben evitar, menciono nuevamente las drogas. Por favor, no experimenten con ellas; aléjense de ellas como si fueran una enfermedad inmunda, porque eso es lo que son.

Nunca piensen que van a lograrlo solas; necesitan la ayuda del Señor. Nunca duden de arrodillarse en algún lugar a solas y hablar con Él. ¡Qué maravillosa y extraordinaria es la oración! Piensen en ello. En verdad podemos hablar con nuestro Padre Celestial; Él escuchará y contestará, pero debemos prestar atención a esa respuesta. Nada es demasiado grave ni nada es de tan poca importancia para compartirlo con Él, quien ha dicho: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Y continúa: “porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (v. 30).

Eso sencillamente significa que al final, Su camino es fácil de recorrer y Su sendero es fácil de seguir. Pablo escribió a los Romanos: “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).

La fe en el Señor Jesucristo debe ser un faro de luz delante de ustedes, una estrella polar en su firmamento.

El presidente George Albert Smith solía hablar acerca de permanecer del lado de la línea del Señor. Qué importante es eso.

Hace muchos años relaté una historia en una conferencia que creo que repetiré. Es sobre un jugador de béisbol. Reconozco que algunas de ustedes, en diversas partes del mundo, no saben mucho acerca del béisbol ni tienen interés en él, pero esta historia encierra una lección extraordinaria.

El hecho ocurrió en 1912; se jugaban las Series Mundiales y era el último partido para determinar quién sería el ganador de las series. El partido iba 2 a 1 a favor de los Gigantes de Nueva York, que estaban en el campo, mientras que los Medias Rojas de Boston iban a batear. El bateador golpeó la pelota que salió disparada a gran altura en forma de arco. Dos de los jugadores del equipo de Nueva York corrieron para agarrarla. Fred Snodgrass, que estaba en el centro del campo, le hizo una señal a su compañero de que iba por ella. Él llegó directamente debajo de la pelota y ésta le cayó en el guante, pero no pudo sostenerla; se le resbaló de la mano y cayó al suelo. Desde las tribunas se oyó un clamor de desazón. Los espectadores no podían creer que Snodgrass hubiera dejado caer la pelota. Cientos de veces había atrapado pelotas en vuelo, pero en ese momento, el más crítico, no había podido retenerla y los Medias Rojas más tarde ganaron el campeonato.

Snodgrass volvió la temporada siguiente y siguió jugando béisbol en forma brillante durante nueve años. Vivió hasta los ochenta y seis años y murió en 1974. Sin embargo, después de aquel error, durante sesenta y dos años, cada vez que lo presentaban a alguien, el comentario esperado era: “Ah, sí, usted es el que dejó caer la pelota”.

Lamentablemente, vemos personas que dejan caer la pelota todo el tiempo. Tenemos a la alumna que piensa que le va bien en las clases y luego, bajo la tensión de los exámenes finales, reprueba. Tenemos al conductor que es sumamente cuidadoso, pero que en un momento de descuido, se ve envuelto en un trágico accidente. Tenemos al empleado bueno y de confianza, pero en un instante, enfrenta una tentación que no puede resistir; sobre él recae una marca que parece que nunca desaparecerá completamente.

Tenemos la explosión de ira que destruye en un solo momento una amistad de mucho tiempo. Tenemos el pecadillo que de algún modo va creciendo y finalmente lleva al alejamiento de la Iglesia.

Tenemos la vida que se vive con decencia, pero de pronto se produce la caída moral destructiva, siempre presente e inquietante, cuyo recuerdo parece que nunca se desvanecerá.

En todos esos casos, alguien dejó caer la pelota; la persona tal vez haya tenido gran confianza en sí misma; quizás haya sido un tanto arrogante y haya pensado: “En realidad no tengo que esforzarme”. Pero cuando él o ella trató de alcanzar la pelota, pasó por el guante y cayó al suelo. Es cierto que existe el arrepentimiento y claro que existe el perdón, y también el deseo de olvidar; pero de alguna forma, el momento en que se dejó caer la pelota se recuerda por largo tiempo.

Ahora, mis queridas y maravillosas jovencitas, les hablo con el amor de padre que siento por ustedes. Les agradezco que hayan andado tan bien hasta ahora. Les ruego que nunca bajen la guardia, que se establezcan un propósito, que se mantengan firmes y sigan adelante inmutables ante cualquier tentación o fuerza enemiga que pueda cruzarse en su camino.

Ruego que no desperdicien su vida, sino que den fruto de un grandioso y eterno bien. Los años pasarán y yo no estaré aquí para ver lo que hayan hecho de su vida; pero habrá muchos, sí, muchos otros, que dependerán de ustedes, cuya paz y felicidad dependerá de lo que ustedes hagan. Y sobre todos ellos, estará nuestro Padre Celestial que siempre las querrá como hijas Suyas.

Deseo recalcar que si cometen un error, éste se puede perdonar, se puede superar, se puede seguir adelante. Podrán continuar hacia el éxito y la felicidad, pero espero que no tengan que pasar por esa experiencia, y tengo la plena confianza de que no sucederá si toman la determinación y oran para pedir la fortaleza para transitar por el sendero de la rectitud, el cual a veces puede parecer solitario, pero que llevará a la paz, a la felicidad y al gozo supremos en esta vida y por siempre en el más allá.

Eso lo ruego en el sagrado nombre de Aquel que dio Su vida para que fuese posible que viviésemos eternamente, sí, el Señor Jesucristo. Amén.