La Iglesia se fortalece

Gordon B. Hinckley

President of the Church


Gordon B. Hinckley
Todavía queda mucho por hacer, pero lo que se ha llevado a cabo es en verdad espectacular.

Mis amados hermanos y hermanas, les damos una cordial bienvenida a otra conferencia mundial de la Iglesia. Ya somos una gran familia internacional, que residimos en muchas naciones y hablamos varios idiomas. Para mí, es maravilloso y milagroso que ustedes nos vean y nos oigan por todo el mundo.

Durante mi vida como Autoridad General, hemos avanzado desde la época en la que pensábamos que era sorprendente que hablásemos en el Tabernáculo de Salt Lake y que nos oyeran por radio por todo el estado de Utah. Hoy nos hemos reunido en este gran y magnífico Centro de Conferencias, y nuestras imágenes y palabras llegan al noventa y cinco por ciento de los miembros de la Iglesia.

Una nueva tecnología se ha abierto paso a medida que la Iglesia ha crecido y se ha fortalecido. El número de nuestros miembros llega hoy casi a los doce millones, y hay más miembros fuera de Norteamérica que los que residen en ella. En un tiempo se nos reconocía como una Iglesia de Utah, pero en la actualidad, hemos llegado a ser una gran organización internacional.

Hemos recorrido un camino muy largo en la labor de llegar a las naciones del mundo y todavía queda mucho por hacer, pero lo que se ha llevado a cabo es en verdad espectacular.

Cierto es que perdemos algunos miembros, demasiados, pero a todas las organizaciones que conozco les ocurre lo mismo; sin embargo, estoy convencido de que retenemos y conservamos en participación activa a un mayor porcentaje de nuestros miembros que cualquier otra Iglesia grande de las que tengo conocimiento.

En todas partes hay mucha actividad y mucho entusiasmo. Tenemos líderes firmes y capaces por todo el mundo que dan de su tiempo y de sus medios para hacer avanzar la obra.

Es magníficamente reconfortante ver la fe y la fidelidad de nuestros jóvenes. Ellos viven en una época en la que una gran oleada de maldad está cubriendo la tierra, la cual está por todos lados. Las antiguas normas se desechan y los principios de la virtud y de la integridad se dejan de lado. Pero hallamos literalmente a cientos de miles de nuestros jóvenes que se mantienen firmes en las elevadas normas del Evangelio y que encuentran una feliz y edificante asociación con los que comparten sus ideales. Ellos están cultivando su intelecto con instrucción y sus conocimientos prácticos con disciplina, y su influencia para bien se hace sentir más que nunca.

Me complace informales, mis hermanos y hermanas, que la Iglesia se encuentra en buenas condiciones. Seguimos construyendo templos y casas de oración, y llevando a cabo muchas obras de construcción y de mejoras, todo lo cual se hace posible gracias a la fe de nuestra gente.

Seguimos adelante con la gran campaña humanitaria, que está bendiciendo la vida de muchas de las personas menos afortunadas de la tierra, así como la de las que son víctimas de los desastres naturales.

Nos complace mencionar que el 1º de abril de este año, la Cámara de Representantes de Illinois aprobó por unanimidad una resolución de pesar por la expulsión obligada de nuestra gente de la ciudad de Nauvoo en 1846. Esa generosa moción se combina con la medida que tomó el entonces gobernador Christopher S. Bond, de Misuri, que en 1976 revocó la cruel e inconstitucional orden de exterminación contra nuestra gente, la cual dio el gobernador Lilburn W. Boggs en 1838.

Ésos y otros sucesos representan un cambio de actitud de magnitud considerable para con los Santos de los Últimos Días.

Cuán profundamente agradecido me siento para con todos y cada uno de ustedes por su dedicado y consagrado servicio. Les doy las gracias por las muchas atenciones que me dispensan adondequiera que voy. Soy su servidor y estoy listo y dispuesto a ayudarles en cualquier forma que pueda.

Dios los bendiga, mis amados colaboradores. Cuánto los amo. Cuánto oro por ustedes. Cuán agradecido estoy a ustedes.

Ruego a Dios que los bendiga y que haya amor, armonía, paz y bondad en sus hogares. Ruego que sean protegidos de daños y del mal, y que “el gran plan de felicidad” (Alma 42:8) de nuestro Padre sea la norma por la cual vivan. Esto pido con humildad y gratitud en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

Ahora, tendremos el gusto de oír a nuestro amado colaborador, el élder David B. Haight, del Quórum de los Doce, que ya tiene noventa y siete años de edad. Élder Haight, venga acá a dirigir la palabra a sus innumerables amigos.