Entre los brazos de su amor

Gordon B. Hinckley

President of the Church


Ésta es la mejor organización de mujeres en todo el mundo. Es una creación divina.
 

Mis queridas hermanas, qué gran oportunidad se me ha dado de dirigirme a ustedes en esta gran conferencia de la Sociedad de Socorro. Esta noche hemos escuchado discursos maravillosos impartidos por mujeres de gran fe y capacidad. Quiero que la presidencia de la Sociedad de Socorro sepa que tenemos plena confianza en ellas y que las apreciamos en todo respecto. Estamos agradecidos por el tema que han escogido del Libro de Mormón, de 2 Nefi: “Para siempre [envueltas] entre los brazos de su amor” (véase 2 Nefi 1:15). Las mujeres de la Sociedad de Socorro están literalmente envueltas para siempre entre los brazos de nuestro Señor.

A mi juicio, ésta es la mejor organización de mujeres en todo el mundo. Es una creación divina. José Smith habló y actuó en calidad de profeta cuando la organizó en 1842. En aquella ocasión dijo: “La organización de la Iglesia de Cristo nunca fue perfecta hasta que se organizó a las mujeres” (Sarah M. Kimball, “Early Relief Society Reminiscences”, 17 de marzo de 1882, Relief Society Record, 1880–1992, Archivos de La Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días, pág. 30).

Hoy en día, la Sociedad de Socorro cuenta con alrededor de cinco millones de miembros; está organizada en muchas naciones, enseña en muchos idiomas e incluye a todas las mujeres de la Iglesia de 18 años en adelante. Entre ellas hay mujeres jóvenes solteras, mujeres que nunca se han casado, mujeres viudas o divorciadas, mujeres con esposo y familia, mujeres de edad avanzada, muchas de las cuales han perdido a su compañero eterno.

Una vez, un amigo de otra fe religiosa me dijo: “SUD significa Servicio, Unidad y Devoción”. ¿Qué representa realmente la Sociedad de Socorro? ¿Qué significa? Permítanme hacer algunos comentarios al respecto.

La Sociedad de Socorro significa amor. Qué maravilloso es ser testigo del amor que existe entre buenas mujeres que se relacionan entre sí con lazos de amor, amistad y respeto mutuos. De hecho, esta organización es el único medio que muchas mujeres tienen para establecer vínculos de amistad.

Las mujeres tienen el instinto natural de extender la mano con amor a los afligidos y los necesitados. El programa de bienestar de la Iglesia se caracteriza por estar basado en el sacerdocio, pero no podría funcionar sin la Sociedad de Socorro.

La Sociedad de Socorro significa instrucción. Cada mujer de esta Iglesia tiene la obligación de obtener toda la instrucción posible, ya que ello enriquecerá su vida, incrementará sus oportunidades y le brindará aptitudes laborales por si llegara a necesitarlas.

La semana pasada recibí una carta de una madre soltera, y quisiera leerles una parte. Ella dice lo siguiente:

“Han pasado diez años desde que usted mencionó a nuestra familia en la conferencia general de octubre de 1996… El consejo y el ánimo que nos dio a mí y a otras hermanas solas han sido un modelo que he seguido en mi vida diaria. La frase que se ha convertido en mi lema y consigna [es]: ‘Pongan su mejor esfuerzo’, y eso es lo que mis hijos y yo procuramos hacer.

“Mis cuatro hijos terminaron los estudios preuniversitarios y se graduaron de seminario; dos de ellos sirvieron en una misión de tiempo completo. Todos trabajamos para nuestro sostén y seguimos leales y fieles al Evangelio. Nos sentimos muy bien al saber que hemos logrado salir adelante por nuestra cuenta en estos últimos años… Hay un cierto sentimiento de logro cuando podemos otra vez depender de nosotros mismos y proveer para las necesidades de la familia…

“Me sentí motivada a regresar a la universidad. Es un gran desafío trabajar tiempo completo y asistir a clases nocturnas, pero ha ampliado mi perspectiva de la vida y me ha ayudado a ser una persona mejor. Mi familia, los miembros del barrio y mis compañeros de trabajo me han apoyado, y este diciembre me graduaré.

“Al meditar en mi bendición patriarcal y al ayunar y orar al respecto, pude fijar unas metas realistas, las cuales me han servido de guía para mantenerme apegada a los principios del Evangelio. Asisto a mis reuniones, oro a diario y pago el diezmo. Tomo… muy en serio mi llamamiento como maestra visitante…

“La Iglesia es verdadera, y es un honor y un privilegio encontrarme entre los miembros dignos y bendecidos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Recibimos guía mediante la inspiración de un amoroso Padre Celestial que nos conoce y que quiere que progresemos. Le doy las gracias por sus amables palabras de ánimo de hace diez años y por las muchas palabras de inspiración que mediante Sus siervos recibimos continuamente del Señor. Sé que soy una hija de Dios y soy bendecida por ser miembro de Su Iglesia”.

La Sociedad de Socorro significa autosuficiencia. El mejor almacenamiento de alimentos no está en los graneros, sino en las latas y los frascos sellados que están en casa de nuestra gente. Qué maravilloso es ver latas de trigo, arroz y frijol debajo de las camas o en las despensas de mujeres que han asumido la responsabilidad del plan de bienestar. Esos alimentos tal vez no tengan buen sabor, pero les nutrirán si tienen que utilizarlos.

La Sociedad de Socorro significa sacrificio. Siempre me conmueve este poema sencillo de Anne Campbell, donde al hablar de su hijo, ella dice:

“Eres el viaje que nunca realicé
las perlas que nunca compré.
Eres mi bello lago italiano;
mi pedacito de cielo lejano”
(“To My Child,” citado en Charles L. Wallis, ed., The Treasure Chest, 1965, pág. 54).

Muchas de ustedes son madres y son responsables de criar y educar a sus hijos. Cuando sean mayores y tengan el cabello blanco, no les importará la ropa elegante que se hayan puesto, ni los automóviles que hayan conducido, ni la casa grande en la que hayan vivido. Su pregunta más urgente será: “¿Cómo han sido mis hijos?”.

Si han sido buenos, se sentirán agradecidas; pero si no, tendrán poco consuelo.

Una vez escribí: “¡Que Dios les bendiga, madres! Una vez que se haga un recuento de todas las victorias y las derrotas de los hombres, cuando el polvo de las batallas de la vida comience a asentarse, cuando todo por lo que trabajamos con tanto esfuerzo en este mundo de conquista se desvanezca ante nuestros ojos, ustedes estarán allí, deberán estar allí como la fortaleza para una nueva generación, en la marcha siempre progresista de la raza humana” (One Bright Shining Hope, 2006, pág. 18).

Hace algunos años, el élder Marion D. Hanks dirigió una mesa redonda en el Tabernáculo de Salt Lake, en la que participó una joven atractiva y capaz, divorciada, y madre de siete hijos, entre siete y dieciséis años de edad. Dijo que una noche cruzó la calle para llevarle algo a su vecina. Escuchen sus palabras, tal como las recuerdo.

“Al volverme para regresar a casa, vi la casa toda alumbrada; podía aún escuchar el eco de las voces de mis hijos que me habían dicho al salir hacía unos minutos: ‘Mamá, ¿qué vamos a cenar?’ ‘¿Me puedes llevar a la biblioteca?’ ‘Necesito ir a comprar una cartulina esta noche’. Cansada y agotada, miré la casa y vi la luz encendida en cada una de las habitaciones. Pensé en todos los niños que estaban en casa esperando a que yo llegara para atender sus necesidades. Mis cargas parecían más pesadas de lo que podía soportar.

“Recuerdo haber mirado el cielo a través de mis lágrimas, y dije: ‘Querido Padre, hoy no lo puedo hacer; estoy demasiado cansada. No puedo ir a casa y atender sola a todos mis hijos. ¿No podría ir a quedarme contigo sólo una noche? Regresaré por la mañana’.

“En verdad, no escuché la respuesta con los oídos, pero sí con la mente. Y la respuesta fue: ‘No, pequeña, no puedes venir ahora conmigo porque nunca querrías regresar. Pero yo puedo ir a ti’ ”.

Hay muchas mujeres como esa madre joven que se encontraba sola y desesperada pero que afortunadamente tenía suficiente fe en el Señor, que podía amarla y ayudarla.

La Sociedad de Socorro significa fe; significa darle prioridad a lo más importante; significa cosas como el pago del diezmo.

El élder Lynn Robbins, de los Setenta, cuenta este relato de un presidente de estaca de Panamá.

Siendo joven, y habiendo regresado hacía poco de la misión, encontró a la joven con la que quería casarse. Eran felices, pero pobres.

Entonces llegó una época difícil en la que se les acabó la comida y el dinero. Era un sábado y literalmente no tenían nada para comer. René se angustió porque su esposa tenía hambre. Decidió que no quedaba otra alternativa más que usar el dinero del diezmo para comprar comida.

Al salir de casa, su esposa lo detuvo y le preguntó a dónde iba. Él le dijo que iba a comprar comida. Ella le preguntó de dónde había conseguido el dinero. Él contestó que era el dinero del diezmo. Ella dijo: “Ese dinero es del Señor; no lo usarás para comprar comida”. La fe de ella era más fuerte que la de él. Él devolvió el dinero y esa noche se fueron a dormir sin comer.

A la mañana siguiente no desayunaron, y fueron en ayunas a la Iglesia. René le entregó el diezmo al obispo, pero el orgullo le impidió decirle que estaban necesitados.

Después de las reuniones, él y su esposa emprendieron el camino a casa. No habían avanzado mucho, cuando un miembro nuevo, que era pescador, los llamó desde su casa y les dijo que tenía más pescados de los que iba a utilizar. Envolvió cinco pescados pequeños en un periódico, y ellos se lo agradecieron. Al seguir su camino, otro miembro los detuvo y les dio tortillas; después alguien más los detuvo y les dio arroz; otro miembro los vio y les dio frijoles.

Cuando llegaron a casa, tenían suficiente comida para dos semanas. Se sorprendieron aún más cuando abrieron el paquete y encontraron dos pescados sumamente grandes y no los cinco pequeños que pensaron que habían visto. Cortaron los pescados en porciones y los guardaron en el congelador de la vecina.

Ellos siempre han testificado que a partir de ese momento nunca han pasado hambre.

Mis queridas hermanas, todas esas maravillosas cualidades que distinguen a la Sociedad de Socorro representan el estar “envueltas para siempre entre los brazos de Su amor”.

Esto es lo que todos deseamos; es lo que todos anhelamos; es por lo que todos oramos.

Ahora, mis queridas hermanas, para concluir quiero recordarles que no son miembros de segunda clase en el reino de Dios, sino Su creación divina. Los hombres tienen el sacerdocio, y la función de ustedes es diferente pero también muy importante. Sin ustedes, se frustraría el plan de felicidad del Padre y no tendría significado. Ustedes conforman el 50% de los miembros de la Iglesia, y son madres del otro 50%. Nadie puede tomarlas a la ligera.

El otro día recibí una carta de una estimada amiga; se llama Helen y su esposo se llama Charlie. Entre otras cosas, me escribió lo siguiente:

“Hoy, Charlie y yo ofrecimos un discurso en la reunión sacramental. En mi discurso, mencioné el consejo que usted me dio cuando me gradué de la Escuela Secundaria Idaho Falls e hice planes para asistir al Ricks College. Usted me dijo que debía asistir a la Universidad de la Iglesia en Hawai, en donde tendría más oportunidades de conocer a un joven de ascendencia china y casarme con él.

“Seguí su consejo y fui a Hawai, donde conocí a Charlie y me casé con él. Hemos estado casados 37 años y tenemos cinco hijos. Todos ellos han servido en misiones. Tres de nuestros hijos se casaron en el Templo de Hawai. Tenemos dos hijos solteros, y esperamos que pronto encuentren una pareja digna para llevar al templo. Tenemos seis nietos adorables y vienen en camino dos más.

“He sido bendecida con un esposo fiel que honra su sacerdocio y que ha sido digno de servir al Señor como obispo, presidente de estaca y presidente de misión. He tenido el privilegio de apoyarle en todas sus asignaciones de la Iglesia. Yo he sido presidenta de la Sociedad de Socorro durante casi cinco años.

“Hoy, al contar mis muchas bendiciones, no pude evitar pensar en la gran influencia que usted ha sido en mi vida. Quiero que sepa que seguí su consejo y que, debido a ello, he sido abundantemente bendecida. Le agradezco que se haya tomado el tiempo para seguir mi progreso desde que salí de Hong Kong para venir a Estados Unidos”.

Eso es lo que la Sociedad de Socorro hace por las mujeres; les da la oportunidad de progresar y cultivarse; les da categoría como reinas de su propio hogar; les da un lugar y una posición en los que progresan al poner en práctica sus talentos; les da guía y motivos de orgullo en la vida familiar; les da un mayor aprecio por compañeros e hijos buenos y eternos.

¡Qué organización tan gloriosa es la Sociedad de Socorro! No hay nada en el mundo que se le compare.

Que el Señor les bendiga a cada una con las maravillosas cualidades que provienen del ser activas en la organización de la Sociedad de Socorro, lo ruego humildemente, en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.