Las madres que lo saben

Julie B. Beck

Presidenta General de la Sociedad de Socorro


En la maternidad hay una influencia y un poder eternos.

En el Libro de Mormón leemos acerca de dos mil jóvenes ejemplares que fueron sumamente valientes, intrépidos y vigorosos. “Sí, eran hombres verídicos y serios, pues se les había enseñado a guardar los mandamientos de Dios y a andar rectamente ante él” (Alma 53:21). Esos fieles jóvenes rindieron tributo a sus madres al decir: “…nuestras madres lo sabían” (Alma 56:48). Supongo que las madres del capitán Moroni, Mosíah, Mormón y otros grandes líderes también lo sabían.

La responsabilidad que las madres tienen hoy día nunca ha exigido más atención. Más que en cualquier otra época de la historia del mundo, necesitamos madres que sepan. Los niños están llegando a un mundo donde “no [tienen] lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12)1. No obstante, las madres no tienen que temer. Cuando las madres saben quiénes son, quién es Dios, y han hecho convenios con Él, tendrán gran poder e influencia para el bien de sus hijos.

Las madres que lo saben tienen hijos

Las madres que lo saben desean tener hijos. Aunque en muchas culturas del mundo a los hijos “se los valora menos”2, en la cultura del Evangelio todavía creemos en tener hijos. Los profetas, videntes y reveladores que fueron sostenidos en esta conferencia han declarado que “el mandamiento que Dios dio a sus hijos de multiplicarse y henchir la tierra permanece inalterable”3. El presidente Ezra Taft Benson enseñó que los matrimonios jóvenes no deben posponer tener hijos y que “en la perspectiva eterna, los hijos —y no las posesiones, ni la posición social, ni el prestigio— son nuestras joyas más valiosas”4.

Las hijas fieles de Dios desean hijos. En las Escrituras leemos sobre Eva (véase Moisés 4:26), Sara (véase Génesis 17:16), Rebeca (véase Génesis 24:60), y María (véase 1 Nefi 11:13–20) quienes fueron preordenadas para ser madres antes de que sus hijos hubieran nacido. A algunas mujeres no se les da la responsabilidad de tener hijos en la tierra, pero así como Ana, del Antiguo Testamento, oró con fervor por su hijo (véase 1 Samuel 1:11), el valor que las mujeres den a la maternidad en esta vida y los atributos maternales que logren aquí se levantarán con ellas en la Resurrección (véase D. y C. 130:18). A las mujeres que deseen esa bendición y se esfuercen por lograrla en esta vida, se les promete que la recibirán por toda la eternidad, y la eternidad es mucho, pero mucho más larga que la mortalidad. En la maternidad hay una influencia y un poder eternos.

Las madres que lo saben honran las ordenanzas y los convenios sagrados

Las madres que lo saben honran las ordenanzas y los convenios sagrados. He visitado reuniones sacramentales en algunos de los lugares más pobres de la tierra, donde las madres se han puesto su mejor ropa de domingo a pesar de tener que caminar varios kilómetros por caminos polvorientos o andar en medios de transporte deteriorados. Llevan a sus hijas con vestidos limpios y planchados, con el pelo bien peinado; los hijos llevan camisas blancas y corbatas, con cortes de pelo al estilo de los misioneros. Esas madres saben que van a la reunión sacramental a renovar los convenios; esas madres han hecho convenios en el templo y los guardan; saben que si no preparan a sus hijos para entrar en el templo, no les ayudarán a lograr las metas eternas que desean. Esas madres tienen influencia y poder.

Las madres que lo saben

Las madres que lo saben crían con amor; ésa es su asignación y función especial bajo el plan de felicidad5. Nutrir significa cultivar, cuidar y criar. Por lo tanto, las madres que lo saben crean un clima en su hogar para el progreso espiritual y temporal. El término criar comprende hacer las tareas del hogar como cocinar, lavar la ropa y los platos, y mantener un hogar ordenado. El hogar es donde las mujeres tienen más poder e influencia; por lo tanto, las mujeres Santos de los Últimos Días deben ser las mejores amas de casa de todo el mundo. El trabajar al lado de los hijos en las tareas del hogar brinda oportunidades para enseñar e ilustrar las cualidades que los hijos deben emular. Las madres que crían con amor poseen conocimiento pero toda la instrucción que las mujeres tengan de nada les servirá si no poseen la aptitud para crear un hogar propicio para el progreso espiritual. El progreso se logra mejor en “una casa de orden”, y las mujeres deben edificar sus hogares siguiendo el modelo de la casa del Señor (véase D. y C. 109). El criar con amor requiere organización, paciencia, amor y trabajo. El ayudar a lograr ese progreso mediante ese cuidado es una función de mucho poder e influencia que se ha conferido a las mujeres.

Las madres que lo saben son líderes

Las madres que lo saben son líderes. En igualdad con sus esposos, dirigen una organización grandiosa y eterna. Esas madres hacen planes para el futuro de su organización; hacen planes para misiones, casamientos en el templo y los estudios. Hacen planes para la oración, el estudio de las Escrituras y la noche de hogar. Las madres que lo saben convierten a los hijos en futuros líderes y son los ejemplos principales de lo que ellos son. Ellas no abandonan su plan para ceder ante la presión social y los métodos mundanos en cuanto a ser padres. Esas sabias madres que lo saben eligen con cuidado sus propias actividades y su participación en ellas para conservar su fuerza limitada, a fin de utilizar su influencia al máximo en lo que es más importante.

Las madres que lo saben son maestras

Las madres que lo saben son maestras siempre; y debido a que no son niñeras, nunca se les acaban sus deberes. Un amigo me dijo que él nunca aprendió nada en la Iglesia que no hubiera aprendido ya en casa. Sus padres enseñaban durante el estudio familiar de las Escrituras, la oración, la noche de hogar, a la hora de comer y en otras reuniones. Piensen en el poder de nuestros futuros misioneros si las madres consideraran sus hogares como una preparación para entrar en el Centro de Capacitación Misional; entonces, las doctrinas del Evangelio que se enseñan allí serían un repaso y no una revelación. Eso es influencia; eso es poder.

Las madres que lo saben hacen menos

Las madres que lo saben hacen menos; ellas permiten menos de lo que no dará buen fruto para la eternidad; menos medios de comunicación en sus hogares, menos distracción, menos actividades que alejen a los hijos de su hogar. Las madres que lo saben están dispuestas a vivir con menos dinero y consumir menos de las cosas del mundo, a fin de pasar más tiempo con sus hijos: más tiempo para comer juntos, más tiempo para trabajar juntos, más tiempo para leer juntos, más tiempo para hablar, reír, cantar y dar el ejemplo. Esas madres eligen con cuidado y no tratan de hacer ni de tenerlo todo. Su meta es preparar a la nueva generación que llevará el evangelio de Jesucristo a todo el mundo. Su meta es preparar a futuros padres y madres que serán edificadores del reino del Señor durante los próximos cincuenta años. Eso es influencia; eso es poder.

Las madres que lo saben permanecen firmes e inquebrantables

¿Quién preparará a esta generación recta de hijos e hijas? Lo harán las mujeres Santos de los Últimos Días; mujeres que conocen y aman al Señor y dan testimonio de Él, mujeres que son fuertes e inquebrantables y que no se dan por vencidas en tiempos difíciles o desalentadores. Somos guiadas por un inspirado profeta de Dios que ha pedido a las mujeres de la Iglesia que “defiendan de un modo firme e inquebrantable lo que es correcto y digno bajo el plan del Señor”6. Él nos ha pedido que debemos “comenzar en [nuestros] propios hogares”7 a enseñar a los niños el camino de la verdad. Las mujeres Santos de los Últimos Días deben ser las mejores en el mundo en defender, cuidar y proteger a la familia. Tengo plena confianza en que nuestras hermanas lo harán y en que se les llegará a conocer como las madres que “lo sabían” (Alma 56:48). En el nombre de Jesucristo. Amén.

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  1.  

    1. Véase Gordon B. Hinckley, “El permanecer firmes e inquebrantables”, Reunión Mundial de Capacitación de Líderes, 10 de enero de 2004, pág. 21.

  2.  

    2. James E. Faust, “Los desafíos con lo que se enfrenta la familia”, Reunión Mundial de Capacitación de Líderes, 10 de enero de 2004, pág. 2.

  3.  

    3. “La Familia: Una proclamación para el mundo”,Liahona, octubre de 2004, pág. 49.

  4.  

    4. Ezra Taft Benson, A las madres en Sión, folleto, 1987, pág. 4.

  5.  

    5. Véase “La Familia: Una proclamación para el mundo”

  6.  

    6. Gordon B. Hinckley, Reunión Mundial de Capacitación de Líderes, enero de 2004, pág. 21.

  7.  

    7. Gordon B. Hinckley, Reunión Mundial de Capacitación de Líderes, enero de 2004, pág. 21.