¿Sabes quién eres?

Dean R. Burgess

First Counselor in the Young Men General Presidency


Saber quién eres te hace espiritualmente fuerte, certero y firme en tus deberes del sacerdocio.

Recuerdo el entusiasmo que sentía cuando era un joven del Sacerdocio Aarónico y recién se me había ordenado diácono; estaba ansioso por cumplir con mis asignaciones del sacerdocio. Desde que era niño en la Primaria, observaba a los diáconos de mi barrio muy atentamente, anhelando el día en que tendría doce años para recibir el sacerdocio y repartir la Santa Cena. Finalmente ese día llegó y, después de haber sido ordenado por mi padre, que era el obispo del barrio, me sentía listo, aunque nervioso, para comenzar con mis deberes de diácono.

Ahora pertenecía a un quórum del Sacerdocio Aarónico; los miembros de mi quórum y yo nos hicimos muy buenos amigos. Esta amistad y hermandad del quórum continuó aumentando durante mi juventud al aprender y servir juntos en nuestros deberes del sacerdocio. Todos éramos buenos amigos, y pasamos momentos amenos y divertidos en las actividades del quórum.

Un domingo, después de una de aquellas largas y calurosas reuniones sacramentales, el primer consejero del obispado me llamó aparte para hablar conmigo. Esta entrevista del sacerdocio imprevista se ha convertido en una bendición para mí y he meditado la pregunta que me hizo durante nuestra breve pero significativa conversación. El hermano Bateman me miró a los ojos y preguntó: “Dean, ¿sabes quién eres?”. Se produjo un completo silencio y luego me dio un rápido y poderoso recordatorio: “Eres el hijo de Reid Burgess”.

El significado y la importancia de esa pregunta han permanecido en mi corazón por mucho tiempo y la he meditado a menudo durante mi adolescencia. La pregunta de este buen hermano, “¿Sabes quién eres?”, me ha brindado guía inspirada durante toda mi vida y constituye un compromiso de respetar y honrar a mi familia, y al sacerdocio.

Esta noche quisiera hacerle a cada uno de los jóvenes del Sacerdocio Aarónico la misma pregunta que se me hizo cuando era un jovencito: “¿Sabes quién eres?”

Saber quién eres te hace espiritualmente fuerte, certero y firme en tus deberes del sacerdocio. Te conviertes en alguien seguro de ti mismo, con fe y determinación para tomar decisiones correctas. Tienes el valor de defender lo que sabes que es justo, te percatas de que es un privilegio poseer el sacerdocio de Dios y tener la autoridad de actuar en Su nombre.

Ammón, un gran misionero del Libro de Mormón, fue un fiel y valiente siervo del rey Lamoni; preservó de manera milagrosa los rebaños del rey e hizo todo lo que pudo para servirle. Cuando se enteró de las poderosas acciones de Ammón, Lamoni se preguntó quién era Ammón realmente, entonces Ammón declaró:

“He aquí, soy un hombre, y soy tu siervo; por tanto, cualquier cosa que desees, que sea justa, yo la haré.

“Y cuando el rey hubo oído estas palabras, se maravilló de nuevo, porque vio que Ammón podía discernir sus pensamientos; mas no obstante, el rey Lamoni abrió su boca, y le dijo: ¿Quién eres? ¿Eres tú ese Gran Espíritu que sabe todas las cosas?

“Le respondió Ammón, y dijo: No lo soy”.

Luego Ammón explicó quién era al decir: “Soy un hombre;… creado a imagen de Dios; y su Santo Espíritu me ha llamado para enseñar… a los de este pueblo” (Alma 18: 17–19, 34). Ammón sabía quién era y cuál era su verdadera misión.

Averiguar quiénes somos es uno de los grandes objetivos de la vida. Como padres y líderes hacemos un esfuerzo sincero y honrado por ayudar a las personas que amamos a comprender y responder esta sencilla pero profunda pregunta: “¿Quién soy?”.

Ahora te pregunto a ti, joven del Sacerdocio Aarónico, ¿cómo puedes recibir el conocimiento y el testimonio de quién eres?

Considera las siguientes tres preguntas y los principios relacionados con ellas que son esenciales para comprender nuestra verdadera identidad.

Primero, ¿sabes que eres hijo de Dios?

Tú eres literalmente hijo de Dios, “engendrado espiritualmente en la vida preterrenal. Como Su hijo… ten la certeza de que tienes un potencial divino y eterno, y de que [tu Padre Celestial] te ayudará en tus esfuerzos sinceros por alcanzar ese potencial”(véase Leales a la fe: Una referencia del Evangelio, 2004, pág. 62).

El conocimiento de que nuestro Padre Celestial nos ama y de que somos Sus hijos nos da fortaleza, consuelo y esperanza para vivir esta vida terrenal. En la primera epístola de Juan leemos:

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él.

“Amados, ahora somos hijos de Dios” (1 Juan 3:1–2).

¡Tú eres importante para un amoroso Padre Celestial! ¡Joven, ora siempre! Tus oraciones tanto por la mañana como por la noche te ayudarán a saber que eres hijo de Dios.

Segundo, ¿sabes quién eres en el plan de Dios?

Alma lo llamó “el gran plan de felicidad” (Alma 42:8), un plan que Dios preparó para ti y para cada uno de nosotros. Seguir este plan hace posible que todos podamos disfrutar felicidad ahora y regresar a Su presencia después de la muerte. Nuestro Padre Celestial envió a Su Hijo Amado Jesucristo a “soltar las ligaduras de la muerte” y a expiar nuestros pecados y los pecados del mundo. Permitir que el Salvador expíe nuestros pecados es la mayor expresión del amor de nuestro Padre Celestial por cada uno de nosotros. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Conocer, creer y comprender la misión del Salvador nos ayuda a saber quiénes somos.

Como parte del plan de nuestro Padre Celestial, fuiste enviado a un hogar y a una familia terrenal. Los convenios que hagas en el plan de Dios, tanto personales como familiares, te unirán a tu familia y a la de Dios por toda la eternidad. Honra y respeta el nombre que llevas; vive las normas y los mandamientos de Dios; permite que otras personas sepan quién eres por tu manera de vivir las normas que se hallan en el librito Para la Fortaleza de la Juventud. Estudia, medita y vive esas normas divinas. ¡Son para ti!

Tercero, ¿sabes quién eres como miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días?

Te has bautizado, has recibido el Espíritu Santo, y eres miembro de la Iglesia restaurada de Jesucristo, ésta es Su Iglesia y Él nos ha dado un profeta de Dios para enseñarnos, orientarnos, guiarnos y para dirigir Su obra aquí en la tierra. Testifico que el presidente Thomas S. Monson es nuestro profeta en estos “tiempos peligrosos” (2 Timoteo 3:1), escúchalo. Él y otros profetas modernos te enseñarán quién eres y cómo llegar a ser más como el Salvador.

Eres miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y has sido ordenado para poseer el Sacerdocio de Dios. El presidente Monson ha dicho: “Se nos ha confiado poseer el sacerdocio y actuar en el nombre de Dios. Se nos ha conferido una sagrada responsabilidad y es mucho lo que se espera de nosotros” (“Un real sacerdocio”, Liahona, noviembre 2007, pág. 59).

Perteneces a un quórum de jóvenes donde puedes sentir la hermandad y amistad de otros poseedores del sacerdocio. El quórum te protege de las influencias mundanas, permite que los jóvenes se presten servicio los unos a los otros y participen de las ordenanzas del sacerdocio. En tu quórum también te enseñan los principios del evangelio de Jesucristo que te ayudan a comprender quién eres. Joven, honra el Sacerdocio de Dios.

Testifico que el saber quién eres y el guardar tus promesas y convenios que hiciste con el Señor traerán felicidad a tu vida.

Que todos podamos saber y comprender quiénes somos realmente. Que el Espíritu que sentimos esta noche dé “testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16). En el nombre de Jesucristo. Amén.