Bienvenidos a la conferencia

Thomas S. Monson

President of the Church


Deseamos que la mayor cantidad posible de miembros tenga la oportunidad de asistir al templo sin tener que viajar distancias excesivas.
 

Mis queridos hermanos y hermanas, envío mis saludos a todos al comenzar ésta, la Conferencia General Semestral número 179 de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Cuán agradecido estoy por la era en la que vivimos, una era de tecnología tan avanzada que podemos dirigirnos a ustedes en el otro lado del mundo. Aun cuando las Autoridades Generales y los líderes de las organizaciones auxiliares estén aquí en el centro de conferencias de Salt Lake City, nuestras voces llegarán a ustedes por diversos medios, entre ellos: la radio, la televisión, transmisiones vía satélite y por internet; y aunque les estemos hablando en inglés, nos oirán en unos 92 idiomas.

Desde que nos reunimos en abril de este año, hemos dedicado el hermoso Templo Oquirrh Mountain, Utah, en South Jordan, Utah. Intercalado entre la dedicación del Templo de Draper, Utah, en marzo y esta dedicación más reciente del Templo Oquirrh Mountain, Utah, en agosto, se llevó a cabo un evento cultural espectacular de dos noches donde participaron los jóvenes de los dos distritos de templo. La presentación revivió, por medio del canto y de la danza, el gran legado de Utah. En total, unos 14.000 jóvenes participaron entre las dos noches.

Seguimos construyendo templos. Deseamos que la mayor cantidad posible de miembros tenga la oportunidad de asistir al templo sin tener que viajar distancias excesivas. En el mundo, el ochenta y tres porciento de nuestros miembros viven a unos 320 kilómetros de un templo. Ese porcentaje seguirá aumentando a medida que construyamos templos nuevos alrededor del mundo. En la actualidad hay 130 templos en funcionamiento, con 16 que se han anunciado o que están en construcción. Esta mañana, tengo el placer de anunciar cinco templos adicionales en donde se están adquiriendo los terrenos y, en los meses y años venideros, los construiremos en los siguientes lugares: Brigham City, Utah; Concepción, Chile; Fortaleza, Brasil; Fort Lauderdale, Florida; y Sapporo, Japón.

En los templos se llevan a cabo millones de ordenanzas a favor de nuestros seres queridos que han muerto. Ruego que continuemos siendo fieles en efectuar esas ordenanzas por aquellas personas que no pueden hacerlo por sí mismas. Me encantan las palabras del presidente Joseph F. Smith al hablar del prestar servicio en el templo y del mundo de los espíritus más allá de la muerte. Él dijo: “Mediante nuestros esfuerzos en bien de esas personas, les serán desatadas las cadenas del cautiverio y se disiparán las tinieblas que las rodean a fin de que brille sobre ellas la luz y en el mundo de los espíritus sepan acerca de la obra que se ha efectuado por su [gente] aquí, y se regocijen con ustedes por el cumplimiento de estos deberes” 1 .

Hermanos y hermanas, la Iglesia sigue creciendo, como lo ha hecho desde que se organizó hace más de 179 años. Está cambiando la vida de más y más gente cada año y se está extendiendo a lo largo y a lo ancho de la tierra a medida que nuestro cuerpo de misioneros tratan de encontrar a aquellos que buscan las verdades que se encuentran en el evangelio de Jesucristo. Apelamos a todos los miembros de la Iglesia para que sean amigos de los nuevos conversos, para que les extiendan una mano, para que los rodeen de amor y los ayuden a sentirse en casa.

Les pido que continúen ejercitando su fe y oraciones en beneficio de aquellas regiones donde nuestra influencia es limitada y donde no se nos permite compartir el Evangelio libremente en este momento; ocurrirán milagros si lo hacemos.

Ahora, mis hermanos y hermanas, estamos ansiosos por escuchar los mensajes que se nos presentarán a lo largo de los próximos dos días. Quienes se dirigirán a nosotros han buscado ayuda y guía divina al preparar sus mensajes; han recibido impresiones en cuanto a lo que compartirán con nosotros. Que el Espíritu del Señor nos acompañe al escuchar y aprender, es mi oración, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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  1.  

    1. Joseph F. Smith, en Conference Report, octubre de 1916, pág. 6; véase Liahona, febrero de 2005, pág. 7.