Sé valiente

Por Ann M. Dibb

Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes


[Las] pautas del libro de Josué se combinarán para brindarnos la más potente fuente de valor y fortaleza que existe: la fe en nuestro Padre Celestial y en Su Hijo Jesucristo.
 

Muchas veces, cuando las Autoridades Generales se dirigen a los hermanos del sacerdocio en la conferencia general, comienzan diciendo que sienten que se están dirigiendo a un “gran ejército” de poderosos líderes del sacerdocio. Esta noche, siento que estoy frente a un “gran ejército” de hijas escogidas de Dios. Ustedes han sido escogidas para ir hacia adelante al lado de esos valientes poseedores del sacerdocio, en rectitud en estos últimos días. Son una vista imponente y hermosa.

Me gustaría comenzar esta tarde con un repaso breve del contexto histórico de nuestro lema, Josué 1:9: “…[esfuérzate y sé] valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo dondequiera que vayas”.

Moisés fue el gran profeta que sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, donde habían sido esclavos y habían sido inducidos a adorar a dioses falsos. Después de 40 años de privaciones en el desierto, estaban ya muy cerca de su nuevo hogar, donde serían libres para adorar al Dios verdadero y viviente. Tras la muerte de Moisés, Josué fue llamado por Dios para ser el profeta que finalizaría ese milagroso trayecto.

Josué era un líder de mucha influencia. En el Diccionario Bíblico, en inglés, se lo define como “la clase más alta del guerrero devoto” e indica que su nombre significa “Dios es ayuda” (Diccionario Bíblico en inglés, “Joshua”). Su liderazgo inspirado fue muy necesario, ya que aún había muchos ríos que cruzar y batallas que ganar antes de que pudieran realizar y obtener todo lo que el Señor había prometido a los hijos de Israel.

El Señor sabía que el profeta Josué y los hijos de Israel tendrían que ser muy valientes en esa época. En el primer capítulo del libro de Josué, el Señor le dice varias veces que se esfuerce y que sea valiente. La palabra “valor” se define como “fuerza mental o moral para …perseverar y resistir el peligro, el temor o las dificultades” (Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary, decimoprimera edición, 2003, “courage”, cursiva agregada). Mediante el valor y la obediencia, Josué y los hijos de Israel pudieron entrar a la tierra prometida y hallar felicidad en las bendiciones del Señor.

Josué y los hijos de Israel vivieron hace mucho, mucho tiempo; pero en la actualidad, también nos esforzamos por entrar a una “tierra de promisión”. Nuestra meta máxima es obtener la vida eterna con nuestro Padre Celestial. En el primer capítulo del libro de Josué, encontramos cuatro pautas seguras que nos ayudan a vencer obstáculos, a completar la jornada y a disfrutar las bendiciones del Señor en nuestra “tierra de promisión”.

Primero, en el versículo 5, el Señor le promete a Josué: “…no te dejaré, ni te desampararé”. Podemos encontrar fuerza y valor en esta promesa de que el Señor siempre estará allí para apoyarnos y que nunca nos dejará solos. Se nos enseña que nuestro Padre Celestial conoce y ama a cada uno de Sus hijos. Como una de Sus preciadas hijas, ustedes tienen acceso a Su seguridad y guía mediante el poder de la oración. En Doctrina y Convenios leemos: “Sé humilde; y el Señor tu Dios te llevará de la mano y dará respuesta a tus oraciones” (D. y C. 112:10).

Creo estas palabras y les prometo que nuestro Padre Celestial sí escucha y responde nuestras oraciones. Sin embargo, a menudo se requiere paciencia cuando estamos “…esperan[do] al Señor” (véase Isaías 40:31). Cuando esperamos, podemos llegar a creer que se nos ha abandonado o que no se han escuchado nuestras oraciones, o posiblemente que no somos dignos de recibir una respuesta. Eso no es verdad. Me encantan las palabras consoladoras del rey David: “Pacientemente esperé a Jehová, y él se inclinó a mí y oyó mi clamor” (Salmo 40:1).

No importa lo que lleguen a afrontar en su jornada personal, la primera pauta que se da en Josué nos recuerda que oremos, seamos pacientes y recordemos la promesa de Dios: “…no te dejaré, ni te desampararé” (Josué 1:5).

La segunda pauta se encuentra en el versículo 7, donde el Señor le dice a Josué: “…[cuida] de hacer conforme a toda la ley… no te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que prosperes en todas las cosas que emprendas”. El Señor instruye a Josué que obedezca los mandamientos estrictamente, y que no se desvíe del camino del Señor. El presidente Howard W. Hunter enseñó: “Josué sabía que su obediencia traería éxito, y aunque no sabía exactamente cómo lograría ese éxito, ya tenía confianza en que obtendría los resultados. Sin duda las experiencias de los grandes profetas [que se encuentran en las Escrituras] se han registrado [y preservado] para ayudarnos a comprender la importancia de escoger el camino de la obediencia estricta” (“Nuestro compromiso con Dios”, Liahona, enero de 1983, pág. 109).

Hace un mes visité a un grupo de mujeres jóvenes y les pregunté a las de más edad qué consejo darían a una nueva abejita para ayudarle a mantenerse fiel y virtuosa en toda situación en que se encontrase. Una de las jóvenes dijo: “Cuando camines por los pasillos de la escuela, es posible que veas, de reojo, algo que te llame la atención, algo que no parezca estar bien del todo. Quizá sientas curiosidad y quieras mirar, pero mi consejo es éste: No mires. Te prometo que si miras, te arrepentirás. Hazme caso, mira sólo hacia el frente”.

Al escuchar a esta jovencita, supe que estaba escuchando el consejo del Señor a Josué: “…no te apartes de [él] ni a la derecha ni a la izquierda” (véase Josué 1:7), aplicado a una situación cotidiana en estos últimos días. Jovencitas, eviten las tentaciones que las rodean mediante la obediencia estricta a los mandamientos. Miren directamente al frente hacia su meta eterna. La segunda pauta nos recuerda que al hacerlo, estarán protegidas y “prosper[arán] en todas las cosas que emprenda[n]” (Josué 1:7).

El versículo 8 contiene la tercera pauta. En ella, el Señor se refiere al “libro de la ley” y le dice a Josué: “…de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito… y todo te saldrá bien”. El Señor está instruyendo a Josué, y a todos nosotros, que leamos las Escrituras. El estudio diario de las Escrituras, en especial el leer el Libro de Mormón, establece un cimiento firme para que ustedes desarrollen un testimonio de Jesucristo y de Su Evangelio; también invita al Espíritu a su vida. El presidente Harold B. Lee aconsejó: “Si no estamos leyendo a diario las Escrituras, nuestro testimonio está disminuyendo, [y] nuestra espiritualidad no está aumentando en profundidad” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee, 2001, pág. 73).

Dentro de las páginas de las Escrituras se encuentran innumerables indicaciones, promesas, soluciones y recordatorios que nos ayudarán en nuestra jornada hacia la “tierra de promisión”. La tercera pauta nos indica que leamos las Escrituras y que las meditemos diariamente, a fin de que podamos encontrar prosperidad y éxito.

Después de que el Señor termina de hablar con Josué, éste se dirige a los hijos de Israel. Al final de su discurso, en el versículo 16, los hijos de Israel responden a sus palabras y nos brindan la cuarta pauta. Ellos dicen: “Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes”.

Como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tenemos la oportunidad de hacer el mismo compromiso de seguir a nuestro profeta, al presidente Thomas S. Monson, que nos acompaña esta noche. Por medio de la oración y la confirmación del Espíritu, cada una de nosotras puede obtener un testimonio personal del profeta viviente. Ese testimonio crecerá conforme escuchemos y observemos sus enseñanzas, y tengamos el valor de aplicarlas a nuestra vida.

El escuchar y obedecer el consejo de nuestro profeta, nos permite tener acceso a bendiciones especiales. Escuchen algunas de las promesas proféticas que el presidente Monson nos extendió en la última conferencia general: “Que Dios los bendiga; que la paz que Él ha prometido los acompañe ahora y siempre…” (“Palabras de clausura”, Liahona, noviembre de 2009, pág. 110). “…nos esperan grandes promesas si somos leales y fieles…” (“Se prudente… a tu alma gobernad”, Liahona; noviembre de 2009, pág. 69). “…invoco las bendiciones del cielo sobre cada uno de ustedes” (Liahona, noviembre de 2009, pág. 110).

Las invito a que escuchen la próxima semana en la conferencia general las instrucciones y las promesas dadas por medio de nuestro Profeta y de los Apóstoles. Luego, apliquen la cuarta pauta al comprometerse a seguir el consejo del profeta y al reafirmar: “haremos todas las cosas que nos [ha] mandado, e iremos adondequiera que nos [mande]” (Josué 1:16).

En este momento, estas cuatro pautas: la oración, la obediencia a los mandamientos de Dios, el estudio diario de las Escrituras, y el compromiso de seguir al Profeta viviente, pueden parecer cosas pequeñas y sencillas. Les recuerdo el pasaje de las Escrituras que se encuentra en Alma: “…he aquí, te digo que por medio de cosas pequeñas y sencillas se realizan grandes cosas” (Alma 37:6). Cuando aplicamos en nuestra vida diaria esas cuatro “pequeñas y sencillas” pautas del libro de Josué, éstas se combinarán para brindarnos la más potente fuente de valor y fortaleza que existe: la fe en nuestro Padre Celestial y en Su Hijo Jesucristo.

Nuestro Padre Celestial sabe que nuestra jornada personal no es fácil. Cada día nos enfrentamos a situaciones que requieren valor y fortaleza. Un artículo reciente en el diario Church News, me llamó la atención:

“Una maestra de secundaria hace unos meses comenzó su instrucción un día pidiendo a aquellos de sus alumnos que apoyaran un argumento político que se pusieran de pie a un lado del aula, y a los que se opusieran, que se pusieran de pie al otro lado.

“Después de que los alumnos se ubicaron, la maestra adoptó la postura de los que se oponían. Señalando a una joven del lado de los que estaban a favor, la maestra comenzó a atacarla a ella y a los otros compañeros por sus puntos de vista.

“La jovencita, que era una Damita de su barrio, resistió el ataque que criticaba sus creencias.

“[Permaneció] tranquila frente a un ataque público dirigido por alguien que tenía autoridad” (“What youth need”, Church News, 6 de marzo de 2010).

Esta jovencita demostró gran valor en su propio campo de batalla, que ese día resultó ser el aula de su escuela. Dondequiera que se encuentren y sea lo que sea lo que afronten, espero que aprovechen las pautas que se encuentran en el libro de Josué para que puedan confiar en la promesa del Señor: “…[esfuérzate y sé] valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo dondequiera que vayas” (véase Josué 1:9).

Deseo dejarles mi testimonio de que nuestro Padre Celestial conoce y ama a cada una de ustedes. Si se allegan a Él, ¡no les fallará! Las bendecirá con la fortaleza y el valor que necesiten para completar la jornada de regresó a Él. Estoy agradecida por las Escrituras y por los poderosos ejemplos como el del profeta Josué. Estoy agradecida por el presidente Monson, que se esfuerza por guiarnos a salvo de regreso a nuestro Padre Celestial. Es mi oración que, como los hijos de Israel, entremos a nuestra “tierra de promisión” y encontremos descanso en las bendiciones del Señor. Digo estas cosas en el nombre de Jesucristo. Amén.