¡Nunca, nunca, nunca se den por vencidas!

Por Mary N. Cook

Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes


¿Qué es lo que el Señor desea que hagan? Quiere que cada una sea una hija de Dios valiente y virtuosa, dedicada a vivir diariamente de tal manera que sea digna de recibir las bendiciones del templo.

El pasado agosto llevamos a algunos de nuestros nietos al monumento nacional Timpanogos Cave, uno de los paseos más populares de Utah. Para llegar a la cueva hay que emprender una extenuante caminata de casi dos kilómetros y medio, pero bien vale la pena el esfuerzo para contemplar las formaciones en espiral de la cueva. Yo estaba segura de que Ruthie, de nueve años, no tendría muchas dificultades, pero me preguntaba si Caroline, de seis, tendría la fortaleza y la resistencia para llegar hasta el final.

Todos estábamos muy entusiasmados por empezar la caminata y, al principio, avanzábamos rápidamente por el sendero pavimentado. Llegamos rápido a la cuarta parte del camino, pero nos llevó más tiempo llegar hasta la mitad. Caroline comenzó a desanimarse. Ruthie iba bien y alentaba a Caroline para que continuara. Aminoramos la marcha para que Caroline pudiera seguirnos el ritmo. De repente, parecía que todo salía mal: se levantó un viento fuerte y el polvo no nos permitía ver. La situación era un tanto inquietante y, como si eso fuera poco, nos encontramos con un letrero que decía: “Víboras de cascabel. No se aparte del sendero. Permanezca en un lugar seguro”.

Seguimos caminando trabajosamente hasta completar las tres cuartas partes del camino, pero todavía nos faltaba la porción más empinada de la montaña. Cansada, asustada y dudando de su capacidad, Caroline se sentó y, entre lágrimas, dijo: “¡Me doy por vencida! ¡No puedo dar un paso más!”.

Nos sentamos y hablamos acerca de qué debíamos hacer. Ideamos un plan: decidimos contar los pasos y ver cómo nos sentíamos después de llegar a cien. Ruthie y yo le aseguramos a Caroline que la ayudaríamos. Nos propusimos buscar algo en el camino que nos hiciera felices y compartir lo que descubriéramos; incluso cantamos algunas canciones de la Primaria.

La situación cambió. Caroline decidió seguir el plan. Los cien pasos convirtieron una tarea que parecía imposible en algo factible. Caroline sabía que la ayudaríamos y, al buscar las cosas buenas que nos rodeaban y entonar canciones, nos sentimos más felices.

¿Alguna vez se han sentido asustadas y desanimadas al enfrentarse con un desafío cuya solución parecía superar su capacidad? ¿Alguna vez han querido darse por vencidas?

Imagínense cómo se habrá sentido Josué, el sucesor del gran profeta Moisés, al saber que tenía que conducir a los hijos de Israel a la tierra prometida. Estoy segura de que hubo momentos en que deseó darse por vencido. Pero el Señor lo reconfortó recordándole tres veces que se esforzara y fuese valiente (véase Josué 1:6–9). Con fe en que Dios estaría con ellos, los hijos de Israel se comprometieron: “…haremos todas las cosas que nos has mandado” (Josué 1:16).

Las Escrituras están llenas de relatos de hombres y mujeres que demostraron gran valor para hacer lo que fuera que el Señor les mandara, aunque la tarea pareciera imposible y aun cuando quizá desearan darse por vencidos.

¿Qué es lo que el Señor desea que hagan? Desea que cada una sea una hija de Dios valiente y virtuosa, dedicada a vivir diariamente de tal manera que sea digna de recibir las bendiciones del templo y de regresar a Él. En el mundo de hoy, eso requerirá valor. Ustedes tienen el plan de salvación que hace que esto sea posible. El albedrío moral, o la capacidad de escoger, es una parte esencial de este plan. Ustedes ya han tomado algunas buenas decisiones: antes de nacer, escogieron venir a la tierra a recibir un cuerpo y ser probadas; tomaron la decisión de bautizarse, que es la primera ordenanza que se requiere en el sendero hacia la vida eterna. Ahora están en la vida terrenal, donde continúan tomando decisiones, aprendiendo y progresando. Otro paso importante del plan es hacer convenios sagrados y recibir las ordenanzas del templo.

A medida que van creciendo, jovencitas, el camino se va haciendo más empinado y tal vez deseen darse por vencidas. La vida se va volviendo más difícil, llena de decisiones y tentaciones a cada paso. Satanás levantará vientos de confusión que pueden causarles dudas en cuanto a si éste es el sendero que desean seguir; quizá se sientan tentadas a tomar otra ruta aunque en ella haya señales de peligro. Tal vez duden de su capacidad y se pregunten, como una joven se preguntó: “¿Es realmente posible mantener la virtud en el mundo actual?”. La respuesta, mis jóvenes amigas, es: “¡Sí!”. Y el consejo que les doy es similar al que dio Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial: ¡Nunca, nunca, nunca se den por vencidas! (véase “Never Give In”, [discurso, Harrow School, Londres, Inglaterra, 29 de octubre de 1941]).

Esto requerirá gran valor, pero ¡ustedes tienen Su plan! ¿Qué cosas las ayudarán a seguir el plan y ser hijas de Dios valientes y virtuosas? Primero, obtengan un testimonio fuerte, paso a paso. Segundo, busquen la ayuda del Padre Celestial, de Jesucristo, de su familia y de otras personas que las apoyarán en su decisión de seguir el plan. Y, por último, lleven una vida digna de la compañía del Espíritu Santo.

Refiriéndose a la importancia de obtener un testimonio fuerte, el presidente Thomas S. Monson prometió a las jovencitas: “Su testimonio, si lo nutren constantemente, las mantendrá a salvo” (“Tengan valor”, Liahona, mayo de 2009, pág. 126).

Su testimonio se fortalece “gradualmente, con las experiencias que tenga[n]. Nadie lo recibe completamente de la noche a la mañana” (Leales a la fe: Una referencia del Evangelio, 2004, pág. 194). Recordarán que, a fin de avanzar en la parte más empinada de la montaña, enfrentamos nuestro objetivo un paso a la vez. Para obtener un testimonio, deben nutrirlo paso a paso. “[Su] testimonio aumentará a medida que tome[n] decisiones de guardar los mandamientos. Al inspirar y fortalecer a los demás, verá[n] que [su] testimonio continuará creciendo”. Al establecer el hábito personal de orar… estudiar las Escrituras, obedecer los mandamientos y servir a los demás, “será[n] bendecid[as] con momentos de inspiración que [fortalecerán su] propio testimonio” (Leales a la fe, pág. 194).

El Progreso Personal es un recurso magnífico para nutrir su testimonio paso a paso. Las experiencias y los proyectos con un valor son pequeños pasos que nutrirán su testimonio de Jesucristo a medida que aprendan Sus enseñanzas y las apliquen con frecuencia en su vida. Ese alimento constante las mantendrá a salvo en el sendero.

Segundo, busquen la ayuda de otras personas que les brinden fortaleza y apoyo. En primer lugar, diríjanse a su Padre Celestial en oración. Son Sus hijas y Él las conoce y las ama; Él escucha y contesta sus oraciones. Infinidad de veces se nos enseña en las Escrituras que debemos “ora[r] siempre” (véase, por ejemplo, D. y C. 90:24). Cuando oren, el Señor estará con ustedes como estuvo con Josué.

Cada una de nosotras necesita la ayuda del Salvador para seguir el plan y regresar a nuestro Padre Celestial. Quizá hayan cometido algunos errores o tomado otro camino. “[Ustedes] puede[n] arrepentir[se] debido a que el Salvador [las] ama y ha dado Su vida por [ustedes]… El sacrificio expiatorio del Salvador ha hecho posible que sea[n] perdonada[s] de [sus] pecados” (véase Mujeres Jóvenes, Progreso Personal, libro, 2009, pág. 71). “Cuanto más pronto se arrepientan, más pronto encontrarán las bendiciones que provienen del perdón” (véase Para la Fortaleza de la Juventud, folleto, 2001, pág. 30).

Tomen la determinación ahora de hacer lo que se requiere para arrepentirse. “Particip[en] dignamente de la Santa Cena cada semana” y… llen[en su] vida de actividades virtuosas que [les] brindarán poder espiritual. Al hacerlo, [se] fortalecerá[n] en [su] habilidad para resistir la tentación, guardar los mandamientos y llegar a ser más como Jesucristo” (Mujeres Jóvenes, Progreso Personal, pág. 71).

También están los profetas de los últimos días en la tierra para ayudarlas. Los profetas hablan para esta época. Interésense en sus palabras; ellos les proporcionarán las señales que las advertirán del peligro y las mantendrán a salvo en el camino. Las señales que son específicamente para ustedes se encuentran en el folleto Para la Fortaleza de la Juventud. “Sigue al profeta, lo que él dice manda el Señor” (Canciones para los niños, “Sigue al profeta”, págs. 58–59).

Una de las grandes bendiciones del plan es que estamos organizados en familias. Ustedes tienen padres cuya mayor sabiduría y experiencia las ayudarán a alcanzar su potencial divino. Confíen en ellos. Ellos desean lo mejor para ustedes.

Aprendan de su madre, de sus abuelas y de otras mujeres rectas que tengan un testimonio fuerte. En el plan, la función de la madre es ser educadora. Madres, nadie ama a sus hijas como ustedes las aman. Ustedes son su mejor líder, mentora y ejemplo. Esperamos que acepten la invitación de trabajar con su hija en el Progreso Personal. Al trabajar con el Valor Virtud junto a mi madre, aprendí al igual que ustedes aprenderán que la relación entre ambas se fortalecerá y las dos serán bendecidas por el amor, el apoyo y el aliento de la una a la otra.

Jovencitas, elijan buenos amigos que las apoyen en su decisión correcta de seguir el plan. Como Ruthie, que dio ánimo a Caroline, sabemos que no es poco lo que muchas de ustedes pueden hacer para fortalecerse mutuamente. Después de recibir su “Reconocimiento a la mujer virtuosa”, les tocará a ustedes ser la “hermana mayor”. El trabajar por obtener la “Abejita de Honor” les dará oportunidades de fortalecer a otra jovencita con su buen ejemplo y testimonio al guiarla en su Progreso Personal.

Por último, lleven una vida digna de la compañía del Espíritu Santo. Al ayudar a Caroline a buscar las cosas buenas que nos rodeaban e incluso cantar canciones de la Primaria, invitamos al Espíritu; sentimos amor, gozo y paz, que son los frutos del Espíritu (véase Gálatas 5:22). Necesitarán esa paz y esa seguridad cuando Satanás trate de confundirlas con sus vientos de dudas, cuando estén tentadas a seguir otro sendero o cuando otras personas sean crueles y se burlen de sus creencias.

Permítanme contarles la experiencia de Julie, una jovencita que pudo enfrentar una dificultad al seguir las impresiones del Espíritu Santo. Un día estaba estudiando el Antiguo Testamento y le vino a la mente este pensamiento: “Lee Mateo 5. Lee Mateo 5”. Ella pensó: “¿Por qué habré tenido la idea de leer el Nuevo Testamento?”. Hizo caso a esa impresión y leyó en Mateo: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44).

Al día siguiente, tuvo algunas dificultades con sus amigas que fueron crueles y la traicionaron. Al principio, estaba muy enojada, pero luego pensó: “Se me preparó para esto. El Espíritu me inspiró a leer Mateo, y debo amar y orar por mis amigas”. El pequeño paso de leer las Escrituras la preparó para responder de manera cristiana. Por esa experiencia, tuvo la seguridad de que el Señor la conocía y, mediante las impresiones del Espíritu Santo, supo qué debía hacer.

Mis queridas jóvenes, he conocido a muchas de ustedes que, como Julie, no se han dado por vencidas al enfrentar circunstancias difíciles, sino que han decidido seguir el plan. Ruego que, paso a paso, continúen fortaleciendo su testimonio. Busquen la ayuda de nuestro Padre Celestial, de Jesucristo, de los profetas y de otras personas que las apoyarán en su decisión de seguir el plan. Lleven una vida virtuosa que les permita tener la compañía del Espíritu Santo para guiarlas de modo seguro. Les testifico que si hacen estas cosas, el Señor estará con ustedes y podrán permanecer en el sendero que conduce al templo y a la vida eterna. “Esfuér[cense] y s[ean] valiente[s]”, y ¡nunca, nunca, nunca se den por vencidas! En el nombre de Jesucristo. Amén.