Cómo obtener revelación e inspiración en tu propia vida

Por el élder Richard G. Scott

Del Quórum de los Doce Apóstoles


¿Por qué desea el Señor que oremos a Él y le pidamos? Porque así es cómo se recibe la revelación.

Cualquiera que se encuentre en este púlpito para dar un mensaje siente la fortaleza y apoyo de los miembros de todo el mundo. Estoy agradecido porque ese mismo apoyo puede provenir de una compañera amada del otro lado del velo. Gracias, Jeanene.

El Espíritu Santo comunica la información importante que necesitamos para guiarnos durante nuestra jornada terrenal. Cuando es nítida, clara y esencial, merece el título de revelación; y cuando constituye una serie de impresiones que tenemos con frecuencia para guiarnos paso a paso hacia un objetivo digno, para los fines de este mensaje, es inspiración.

Un ejemplo de revelación podría ser la dirección que el presidente Spencer W. Kimball recibió después de una larga y continua súplica al Señor acerca de proporcionar el sacerdocio a todos los varones dignos de la Iglesia en una época en que sólo estaba disponible para algunos de ellos.

Otro ejemplo de revelación es la guía que recibió el presidente Joseph F. Smith: “Creo que nos movemos en la presencia de mensajeros y seres celestiales y que nuestro ser se halla entre ellos. No estamos separados de ellos… estamos íntimamente relacionados con nuestros parientes, con nuestros antepasados… que han llegado antes que nosotros al mundo de los espíritus. No podemos olvidarlos; no cesamos de amarlos; siempre los tenemos en el corazón, en la memoria; así nos relacionamos con ellos y nos unen a ellos vínculos que no podemos quebrantar… Si así es con nosotros en nuestra condición finita, rodeados de nuestras debilidades carnales… cuánto más cierto… es creer que quienes han sido fieles, que están más allá de esta vida… nos ven mejor que nosotros a ellos; …vivimos en su presencia… ellos nos ven… están atentos a nuestro bienestar… nos aman ahora más que nunca. Porque ahora ellos ven los peligros que nos asechan, …su amor por nosotros y su afán por nuestro bienestar deben ser mayores de los que sentimos por nosotros mismos1.

La relación con las personas que conocemos y amamos se pueden fortalecer a través del velo. Eso se logra mediante un empeño firme para hacer lo correcto continuamente. Podemos fortalecer nuestra relación con la persona que ha partido, a quien amamos, al reconocer que la separación es temporal y que los convenios que hacemos en el templo son eternos. Cuando se obedecen constantemente, dichos convenios aseguran el cumplimiento eterno de las promesas inherentes a ellos.

Un caso claro de revelación en mi vida tuvo lugar cuando recibí la firme impresión del Espíritu de pedirle a una hermosa joven llamada Jeanene Watkins, con la que había estado saliendo, que se sellara a mí en el templo.

Una de las grandes lecciones que cada uno de nosotros debe aprender es la de pedir. ¿Por qué desea el Señor que oremos a Él y le pidamos? Porque así es cómo se recibe la revelación.

Cuando afronto un asunto muy difícil, esto es lo que hago para tratar de comprender qué hacer: ayuno y oro para encontrar y entender las Escrituras que serán de ayuda. Ese proceso es cíclico. Comienzo leyendo un pasaje de las Escrituras, medito sobre el significado del versículo y oro por inspiración. Después, medito y oro para saber si he entendido todo lo que el Señor desea que yo haga. A menudo vienen más impresiones, con un entendimiento mayor de la doctrina. He descubierto que ese modelo es una buena manera para aprender de las Escrituras.

Hay algunos principios prácticos que realzan la revelación. Primero, ceder a las emociones como la ira, el malestar o el ponerse a la defensiva alejará al Espíritu Santo. Esas emociones se deben eliminar o nuestra oportunidad de recibir revelación se verá reducida.

Otra regla es ser cautos con el sentido del humor. Las risotadas ofenderán al Espíritu. El buen sentido del humor ayuda a la revelación, las risotadas no. El buen sentido del humor es una válvula de escape para las presiones de la vida.

Otro enemigo de la revelación proviene de la exageración o de hablar en voz muy alta. Un hablar cuidadoso y calmo será favorable para recibir revelación.

Por otro lado, la comunicación espiritual mejora con buenos hábitos de salud. El ejercicio, dormir el tiempo razonable y los buenos hábitos de alimentación aumentan nuestra capacidad para recibir y entender la revelación. Viviremos durante nuestro período de vida asignado; sin embargo, podemos mejorar tanto la calidad de nuestro servicio como nuestro bienestar tomando decisiones apropiadas y prudentes.

Es importante que nuestras actividades diarias no nos distraigan de escuchar al Espíritu.

Se puede recibir revelación mediante un sueño, cuando hay casi una transición imperceptible entre el estar dormido y el despertar. Si te esfuerzas por aprehender su contenido de inmediato, podrás registrarlo con gran detalle; si no, se esfumará con rapidez. Por lo general, a la comunicación inspirada durante la noche la acompaña un sentimiento sagrado durante toda la experiencia. El Señor utiliza personas a quienes les tenemos un gran respeto para enseñarnos verdades en un sueño, puesto que confiamos en ellas y escucharemos su consejo. Es el Señor quien está enseñando mediante el Espíritu Santo; sin embargo, en un sueño, Él puede hacer que nos sea más fácil entender y que se conmueva más nuestro corazón enseñándonos mediante alguien que amamos y respetamos.

Cuando es para los propósitos del Señor, Él puede traer cualquier cosa a nuestra memoria. Eso no debe debilitar nuestra determinación de registrar las impresiones del Espíritu. La inspiración que se registra con cuidado demuestra a Dios que Sus comunicaciones son sagradas para nosotros. El registrarlas aumentará nuestra capacidad de recordar la revelación. Esos registros de la dirección del Espíritu deben protegerse para que no se pierdan y para evitar la intromisión de otras personas.

Las Escrituras confirman con elocuencia cómo el vivir la verdad constantemente abre la puerta a la inspiración a fin de saber qué hacer y, cuando sea necesario, que nuestra capacidad personal sea realzada por el poder divino. Las Escrituras describen cómo el Señor fortalecía la capacidad de una persona para conquistar la dificultad, la duda y los desafíos que parecían insuperables en momentos de necesidad. Al meditar sobre esos ejemplos, vendrá una serena confirmación por medio del Espíritu Santo de que esas experiencias son verdaderas. Llegarás a saber que una ayuda similar está disponible para ti.

He visto a algunas personas afrontar desafíos que sabían lo que tenían que hacer cuando ello estaba más allá de su propia experiencia debido a que confiaban en el Señor y sabían que Él los guiaría a encontrar las soluciones que tan urgentemente se requerían.

El Señor ha declarado: “Y a vosotros se os enseñará de lo alto. Santificaos y seréis investidos con poder, para que impartáis como yo he hablado”2. La palabra santificaos te puede parecer desconcertante. El presidente Harold B. Lee explicó una vez que uno puede reemplazar esa palabra con “guardad mis mandamientos”. Al leerlo de ese modo el consejo podría parecer más claro3.

Uno siempre debe estar mental y físicamente limpio, y tener una intención pura, para que el Señor pueda inspirar. El Señor confía en aquel que es obediente a Sus mandamientos. Esa persona tiene acceso a la inspiración de Él para saber qué hacer y, según sea necesario, tener el poder divino para hacerlo.

Para que la espiritualidad sea más fuerte y esté más disponible, se debe implantar en un entorno de rectitud. La altanería, el orgullo y la jactancia son como un pedregal que nunca producirá fruto espiritual.

La humildad es un terreno fértil donde la espiritualidad crece y produce el fruto de la inspiración para saber qué hacer; da paso al poder divino para lograr lo que debe hacerse. Una persona motivada por el deseo de elogios o de reconocimiento no será merecedora de las enseñanzas del Espíritu. El Espíritu no guiará poderosamente a alguien que sea arrogante o que deje que sus emociones influyan en sus decisiones.

Cuando actuamos como instrumentos en beneficio de los demás somos más fácilmente inspirados que cuando pensamos solamente en nosotros mismos. En el proceso de ayudar a los demás, el Señor puede agregar direcciones para nuestro propio beneficio.

Nuestro Padre Celestial no nos puso en la tierra para que fracasemos, sino para que triunfemos gloriosamente. Podría parecer paradójico, pero ésa es la razón por la que reconocer las respuestas a nuestras oraciones a veces puede ser muy difícil. A veces tratamos imprudentemente de afrontar la vida dependiendo de nuestras propias experiencias y capacidad. Es mucho más sabio procurar saber qué hacer mediante la oración y la inspiración divina. Nuestra obediencia nos asegura que, cuando se lo requiera, seamos merecedores del poder divino para lograr un objetivo inspirado.

Como muchos de nosotros, Oliver Cowdery no reconoció la evidencia de las respuestas a las oraciones que el Señor ya le había dado. Para abrir sus ojos, y los nuestros, se dio esta revelación mediante José Smith:

“…bendito eres por lo que has hecho; porque me has consultado, y he aquí, cuantas veces lo has hecho, has recibido instrucción de mi Espíritu. De lo contrario, no habrías llegado al lugar donde ahora estás.

“He aquí, tú sabes que me has preguntado y yo te iluminé la mente; y ahora te digo estas cosas para que sepas que te ha iluminado el Espíritu de verdad”4.

Si sientes que Dios no ha contestado tus oraciones, medita en estas Escrituras; después, busca detenidamente evidencias en tu propia vida, puesto que Él ya podría haberte contestado.

Dos indicadores de que un sentimiento o impresión provienen de Dios son que produce paz en tu corazón y un sentimiento calmo y cálido. A medida que sigas esos principios de los que he hablado, estarás preparado para reconocer la revelación en momentos críticos de tu propia vida.

Cuanto más cerca sigas la guía divina, más grande será tu felicidad aquí y en la eternidad; asimismo, más grandes serán tu progreso y capacidad para servir. Yo no entiendo en su plenitud cómo se hace, pero esa guía en tu vida no te quita el albedrío. Tú puedes tomar las decisiones que desees; pero recuerda que la disposición de hacer lo correcto brinda paz a la mente y felicidad.

Si tus decisiones son incorrectas, pueden rectificarse mediante el arrepentimiento. Cuando las condiciones se cumplen plenamente, la expiación de Jesucristo, nuestro Salvador, proporciona un alivio de las demandas de la justicia por los errores cometidos. Es maravillosamente sencillo y tan incomparablemente hermoso. Al continuar viviendo rectamente, serás siempre inspirado para saber lo que debes hacer. En ocasiones, descubrir qué decisión tomar requerirá un empeño significativo y confianza de tu parte; sin embargo, serás inspirado para saber qué hacer al cumplir con las condiciones que se requieren para tener esa guía divina en tu vida, o sea, obediencia a los mandamientos del Señor, confiar en Su plan divino de felicidad y evitar todo lo que sea contrario a él.

La comunicación con nuestro Padre Celestial no es un asunto trivial. Es un privilegio sagrado. Está basada en principios eternos que no cambian. Recibimos ayuda de nuestro Padre Celestial en respuesta a nuestra fe, obediencia y al uso apropiado del albedrío.

Que el Señor te inspire para comprender y usar los principios que conducen a la revelación personal y a la inspiración. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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  1.  

    1. Conference Report, abril de 1916, págs. 2–3. Véase también, Joseph F Smith, Doctrina del Evangelio, págs. 424–425.

  2.  

    2.  Doctrina y Convenios 43:16.

  3.  

    3. Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee, 2000, pág. 34.

  4.  

    4.  Doctrina y Convenios 6:14–15.