La Conferencia General: Fortalece la fe y el testimonio

Por el élder Robert D. Hales

Del Quórum de los Doce Apóstoles


¡Oh, cómo necesitamos la conferencia general! Por medio de las conferencias, nuestra fe se fortalece y nuestro testimonio se hace más profundo.

Gracias, presidente Monson, por su enseñanza y ejemplo de servicio cristiano y por su mandato de que todos seamos misioneros. Oramos hoy por usted.

En nuestra dispensación, el Salvador Jesucristo se refirió a la reunión de los santos como “mi conferencia general”1.

Dondequiera que estemos en este mundo, sin importar cómo recibamos esta transmisión, les testifico que estamos congregados en Su conferencia. También testifico que oiremos Su palabra, pues Él ha dicho: “Sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo”2.

Las conferencias siempre han formado parte de la verdadera Iglesia de Jesucristo. Adán congregó a su posteridad y profetizó de cosas venideras. Moisés congregó a los hijos de Israel y les enseñó los mandamientos que había recibido. El Salvador enseñó a las multitudes reunidas tanto en la Tierra Santa como en el Continente Americano. Pedro congregó a los creyentes en Jerusalén. La primera conferencia general en estos últimos días tuvo lugar dos meses después de que se organizara la Iglesia, y así las conferencias han continuado hasta hoy.

Estas conferencias siempre se llevan a cabo bajo la dirección del Señor, con la guía de Su Espíritu3. A nosotros no se nos asignan temas específicos. Durante semanas y meses, a veces hasta con noches de insomnio, esperamos al Señor. Mediante el ayuno, la oración, el estudio y la meditación, sabemos el mensaje que Él desea que demos.

Tal vez alguien se pregunte: “¿Por qué la inspiración no viene más fácil y rápidamente?”. El Señor le enseñó a Oliver Cowdery: “Debes estudiarlo en tu mente; entonces has de preguntarme si está bien”4. Recibimos los mensajes de la conferencia luego de prepararnos en oración, por medio del Espíritu Santo.

Este principio se aplica a todos los miembros de la Iglesia cuando nos preparamos para participar en conferencias de barrio, estaca o generales. Estudiamos en nuestra mente lo que necesitamos y deseamos del Padre Celestial, y oramos para comprender y aplicar lo que se nos ha enseñado. Cuando llega el momento de la conferencia, sacrificamos otras actividades, “[desechando] las cosas de este mundo y [buscando] las de uno mejor”5. Entonces congregamos a nuestra familia para escuchar la palabra del Señor, como hizo el pueblo del rey Benjamín6.

A los niños y los jóvenes les encanta que se los incluya. Cometemos un grave error si suponemos que la conferencia está fuera de su comprensión y sensibilidad espiritual. A los jóvenes miembros de la Iglesia les prometo que, si prestan atención, sentirán crecer el Espíritu en su interior. El Señor les dirá lo que Él quiere que hagan con sus vidas.

En las conferencias podemos recibir la palabra del Señor para nosotros. Un miembro testificó: “Me quedé asombrado al escuchar su discurso… Sus palabras fueron revelación personal directamente del Señor para mi familia. Jamás había experimentado una manifestación tan fuerte del Espíritu en mi vida como en aquellos minutos cuando el Espíritu Santo me habló directamente a mí”.

Otro dijo: “Nunca antes había sentido tan profundamente que un discurso fuera dirigido a mí”.

Esto es posible porque el Espíritu Santo lleva la palabra del Señor a nuestro corazón en términos que podamos comprender7. Cuando tomo notas en la conferencia, no siempre escribo exactamente lo que dice el orador; anoto la instrucción personalizada que el Espíritu me está dando.

Lo que se dice no es tan importante como lo que escuchamos o lo que sentimos8. Es por eso que nos esforzamos para llevar a cabo la conferencia en un lugar donde se escuche, sienta y comprenda claramente la voz suave y apacible del Espíritu.

¡Oh, cómo necesitamos la conferencia general! Por medio de las conferencias, nuestra fe se fortalece y nuestro testimonio se hace más profundo. Y cuando estamos convertidos, nos fortalecemos unos a otros a fin de permanecer firmes ante los ardientes dardos de los últimos días9.

En décadas recientes, la Iglesia, en mayor parte, no ha tenido que afrontar los terribles malentendidos ni las persecuciones que vivieron los primeros santos; esto no siempre será así. El mundo se aleja del Señor más rápido y más lejos que nunca. El adversario ejerce su poder e influencia sobre la tierra. Vemos, oímos, leemos, estudiamos y compartimos las palabras de los profetas a fin de estar prevenidos y recibir protección. Por ejemplo, “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” se recibió mucho antes de padecer las dificultades que ahora enfrenta la familia. “El Cristo Viviente: El testimonio de los Apóstoles” se preparó con antelación a cuando más la íbamos a necesitar.

Tal vez no sepamos todos los motivos por los que los profetas y los oradores tratan ciertos temas en la conferencia, pero el Señor sí los sabe. El presidente Harold B. Lee enseñó: “La única seguridad que tenemos los miembros de esta Iglesia es… prestar oídos y obedecer las palabras y los mandamientos que el Señor dará por conducto de Su profeta… Habrá algunas cosas que requieran paciencia y fe. Es posible que no les guste lo que dicen las Autoridades de la Iglesia. Puede que contradiga sus opiniones [personales]. Tal vez interfiera con su vida social, pero si escuchan esas cosas como si viniesen de la propia boca del Señor, con paciencia y fe, la promesa es que ‘las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros… y Dios el Señor dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros, y hará sacudir los cielos para vuestro bien y para la gloria de su nombre’” (D. y C. 21:6)10.

¿Cómo sabía el presidente Lee lo que enfrentaríamos en nuestros días? Lo sabía porque era profeta, vidente y revelador. Si escuchamos y obedecemos a los profetas ahora, incluso a los que hablarán en esta conferencia, seremos fortalecidos y protegidos.

Las mayores bendiciones de la conferencia general las recibimos después de que la misma ha concluido. Recuerden el patrón registrado con frecuencia en las Escrituras: nos congregamos para escuchar las palabras del Señor y volvemos a nuestros hogares para vivirlas.

Después de que el rey Benjamín enseñó a su pueblo, “despidió a la multitud; y se volvieron, cada cual, según sus familias, a sus propias casas”11. En su época, el rey Limhi hizo lo mismo12. Después de enseñar y ministrar a la gente en el Templo de Abundancia, el Salvador les encargó: “Id a vuestras casas, y meditad las cosas que os he dicho, y pedid al Padre en mi nombre que podáis entender; y preparad vuestras mentes para mañana, y vendré a vosotros otra vez”13.

Aceptamos la invitación del Salvador cuando meditamos y oramos para entender lo que se nos ha enseñado, y luego vamos adelante y hacemos Su voluntad. Recuerden las palabras del presidente Spencer W. Kimball: “He tomado la decisión de que cuando vuelva a casa al término de esta conferencia [general]… hay muchos, muchísimos aspectos de mi vida que puedo perfeccionar. He hecho una lista mental de ellos y espero ponerme a trabajar en cuanto terminenos”14. El presidente Monson dijo recientemente: “Los insto a leer los discursos… y a meditar en los mensajes que… contienen. He descubierto en mi propia vida que obtengo aún más de estos sermones inspirados cuando los estudio en mayor profundidad”15.

Además de invitarnos a tener un estudio personal y familiar de las Escrituras, nuestro Padre Celestial quiere que estudiemos con regularidad y apliquemos lo que hemos aprendido en la conferencia. Testifico que quienes pongan su confianza en el Señor y den oído a este consejo con fe, recibirán mayor fortaleza para ser bendecidos tanto ellos como sus familias por generaciones futuras.

Nuestro Padre Celestial ha proporcionado el camino. En esta conferencia, el 97 por ciento de los miembros de la Iglesia pueden escuchar estos mensajes en su propio idioma. Más de dos millones y medio de familias en 194 países verán esta conferencia en 94 idiomas. En apenas tres días, los mensajes comenzarán a aparecer en LDS.org, y en dos semanas estarán disponibles en 52 idiomas. Ahora recibimos las revistas impresas de la Iglesia tres semanas después de la conferencia general. Ya no tenemos que esperar meses a que los discursos nos lleguen por correo. Podemos leer, escuchar, ver y compartir las enseñanzas de los profetas en una computadora, un teléfono u otro dispositivo electrónico. A cualquier hora, en cualquier lugar, podemos ampliar nuestro conocimiento, fortalecer nuestra fe y testimonio, proteger a nuestra familia y guiarlos de forma segura al hogar.

Los mensajes de esta conferencia se incluirán también en el curso de estudio para los jóvenes, en línea. Padres, ustedes pueden acceder a esas lecciones de los jóvenes en LDS.org. Descubran lo que sus hijos están aprendiendo y hagan de ello el tema de su propio estudio, de los análisis familiares, las noches de hogar, los consejos familiares y las entrevistas personales con cada uno de sus hijos concerniente a lo que se les debe enseñar individualmente.

Insto a todos los miembros a utilizar los recursos de la Iglesia que se encuentran en los sitios web y en las aplicaciones para dispositivos móviles. Las mismas se están mejorando continuamente para que sean más fáciles de usar y más relevantes para nuestra vida. En LDS.org encontrarán recursos para ayudarlos a estudiar el Evangelio, fortalecer su hogar y a su familia, y servir en sus llamamientos. También pueden encontrar a sus antepasados que necesitan las ordenanzas del templo y recursos para apoyarlos a ustedes en la obra de salvación, incluso para compartir el Evangelio. Los padres pueden tomar la iniciativa a fin de preparar a sus hijos para el bautismo, el sacerdocio y las misiones de tiempo completo y el templo. Pueden ayudarnos a caminar por el sendero estrecho y angosto de las ordenanzas y los convenios del templo, y ayudarnos a lograr la bendición de la vida eterna.

En la pasada conferencia de abril, en la reunión general del sacerdocio, les hablé del dibujo que hizo mi padre de un caballero con armadura para enseñarme acerca de ponerse la armadura de Dios y la protección espiritual que nos brinda.

Después que terminó la sesión, un padre le dijo a su familia lo que había aprendido. Inspirado, su hijo Jason, buscó en LDS.org para oír el mensaje por sí mismo. Pocos días más tarde se presentó en la noche de hogar para compartir la lección con sus hermanos y hermanas. Aquí está.

Un sencillo mensaje de la conferencia, inspirado por el Señor y aceptado por un niño, se enseñó a una familia de una manera personal y poderosa. Me encanta su coraza de justicia y su escudo de fe para impedir los dardos de fuego del adversario. Éstas son las bendiciones de la conferencia.

Mis hermanos y hermanas, comparto mi testimonio especial de que el Señor Jesucristo vive y está a la cabeza de esta Iglesia. Ésta es Su conferencia general. Les prometo, en Su nombre, que si oran con verdadero deseo de escuchar la voz del Padre Celestial en los mensajes de esta conferencia, descubrirán que Él ha hablado para ayudarlos, fortalecerlos y guiarlos al hogar ante Su presencia. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Mostrar referencias

  1.  

    1. Doctrina y Convenios 124:88; cursiva agregada.

  2.  

    2. Doctrina y Convenios 1:38.

  3.  

    3. Véase Doctrina y Convenios 46:2.

  4.  

    4. Doctrina y Convenios 9:8.

  5.  

    5. Doctrina y Convenios 25:10.

  6.  

    6. Véase Mosíah 2:5.

  7.  

    7. Véase 2 Nefi 33:1.

  8.  

    8. Véase Spencer W. Kimball, en Conference Report, Conferencia del Área Nuku’alofa Tonga, 1976.

  9.  

    9. Véase Lucas 22:31–32.

  10.  

    10. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee, pág. 92.

  11.  

    11. Mosíah 6:3.

  12.  

    12. Véase Mosíah 8:4.

  13.  

    13. 3 Nefi 17:3.

  14.  

    14. Spencer W. Kimball, “Las palabras de los líderes”, Liahona, febrero de 1976, pág. 95.

  15.  

    15. Thomas S. Monson, “Para siempre Dios esté con vos”, Liahona, noviembre de 2012, pág. 110.