Cómo protegerse de la pornografía: Un hogar centrado en Cristo


El mejor filtro en este mundo… es el filtro personal interno que proviene de un testimonio profundo y duradero.

Queridos hermanos y hermanas, me siento bendecida de tener a mis 13 nietos mayores en la congregación. Esto ha hecho que me pregunte: “¿Qué deseo que sepan mis nietos?”. Esta mañana me gustaría hablarle con franqueza a mi familia y a la de ustedes.

Nosotros, como líderes, estamos cada vez más preocupados por la destrucción que la pornografía está causando en la vida de los miembros de la Iglesia y sus familias. Satanás está atacando con una furia sin precedentes.

Un motivo por el que estamos aquí en la tierra es para aprender a dominar las pasiones y los sentimientos de nuestros cuerpos mortales. Esos sentimientos que Dios nos dio nos ayudan a que deseemos casarnos y tener hijos. La relación matrimonial íntima entre un hombre y una mujer que permite traer hijos a esta vida mortal también existe para que sea una experiencia hermosa y amorosa que una a dos corazones devotos, que una tanto el espíritu como el cuerpo, y brinde una plenitud de gozo y felicidad al aprender a poner primero las necesidades del otro cónyuge. El presidente Spencer W. Kimball enseñó que en el matrimonio “el cónyuge… se vuelve preeminente en la vida de su compañero o compañera, y… [ni] otro interés [ni] persona [ni] cosa alguna puede tomar precedencia sobre éste…

“El matrimonio lleva implícitas una lealtad y una fidelidad totales”1.

Hace muchos años, una de nuestras hijas estaba notablemente angustiada. Fui a su cuarto donde ella expresó sus sentimientos y me explicó que había estado en la casa de una de nuestras amistades y, por accidente, había visto imágenes alarmantes y perturbadoras en la televisión entre un hombre y una mujer sin ropa. Ella empezó a llorar y a expresar lo mal que se sentía por lo que había visto y deseaba borrarlo de la mente. Yo estaba muy agradecida de que ella confiara en mí, dándome la oportunidad de calmar su inocente y dolorido corazón, y ayudarla a saber cómo obtener alivio mediante la expiación de nuestro Salvador. Recuerdo los sentimientos sagrados que experimentamos cuando nos arrodillamos juntas, como madre e hija, y solicitamos la ayuda de nuestro Padre Celestial.

Muchos niños, jóvenes y adultos se ven expuestos inocentemente a la pornografía; pero un creciente número de hombres y mujeres están eligiendo verla y vuelven a ella repetidamente hasta que se convierte en una adicción. Quizás esas personas desean con todo el corazón salir de esa trampa, pero, con frecuencia, no pueden vencerla por ellas mismas. Cuán agradecidos estamos cuando esos seres queridos eligen confiar en nosotros como padres o en un líder de la Iglesia. Sería prudente no reaccionar con conmoción, enojo o rechazo, lo cual puede causar nuevamente su silencio.

Nosotros, como padres y líderes, debemos aconsejar a nuestros hijos y jóvenes de manera continua, escuchando con amor y comprensión. Necesitan conocer los peligros de la pornografía y cómo ésta se apodera de vidas, causando la pérdida del Espíritu, sentimientos distorsionados, mentiras, relaciones dañadas, pérdida del autocontrol y casi el consumo total del tiempo, pensamientos y energía.

La pornografía es más vil, malvada y gráfica que nunca. Al hablar con nuestros hijos, juntos podemos crear un plan familiar con normas y límites, y tomar la iniciativa de proteger nuestros hogares con filtros en dispositivos electrónicos. Padres, ¿somos conscientes de que los dispositivos móviles con capacidad para internet, no las computadoras, son el mayor problema?2.

Jóvenes y adultos, si cayeron en la trampa de Satanás de la pornografía, recuerden cuán misericordioso es nuestro amado Salvador. ¿Se dan cuenta de cuán profundamente el Señor los ama y aprecia, incluso ahora? Nuestro Salvador tiene el poder para purificarlos y sanarlos. Él puede quitar el dolor y pesar que sienten y hacerlos limpios nuevamente mediante el poder de Su expiación.

Nosotros, como líderes, también estamos muy preocupados por los cónyuges y las familias de aquéllos que sufren la adicción a la pornografía. El élder Richard G. Scott ha suplicado: “Si estás libre de pecados graves, no sufras innecesariamente por las consecuencias de los pecados de otros… puedes sentir compasión… Sin embargo, no debes tomar sobre ti la responsabilidad de esos actos”3. Sepan que no están solos; hay ayuda disponible; existen reuniones para la recuperación de adicciones para cónyuges; incluso reuniones telefónicas, que permiten a los cónyuges llamar a una reunión y participar desde sus propios hogares.

Hermanos y hermanas, ¿cómo protegemos a nuestros hijos y jóvenes? Los filtros son herramientas útiles, pero el mejor filtro en este mundo, el único que en última instancia funciona, es el filtro personal interno que proviene de un testimonio profundo y duradero del amor de nuestro Padre Celestial y del sacrificio expiatorio de nuestro Salvador por cada uno de nosotros.

¿Cómo guiamos a nuestros hijos a la conversión profunda y a acceder a la expiación del Salvador? Me encanta la declaración del profeta Nefi sobre lo que hizo su pueblo para fortalecer a la juventud de su época: “Hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo …para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados”4.

¿Cómo podemos hacer esto en nuestros hogares? Algunos de ustedes me han escuchado decir lo abrumados que estábamos mi esposo Mel y yo como padres de cuatro niños. Mientras enfrentábamos los desafíos de educar a nuestros hijos y de cumplir con las exigencias de la vida, estábamos desesperados por ayuda. Oramos y suplicamos para saber qué hacer. La respuesta que obtuvimos fue clara: “Está bien si la casa está desordenada, los niños todavía están en sus pijamas y algunas tareas todavía no se han hecho. Las únicas cosas que realmente necesitan realizarse en el hogar son el estudio de las Escrituras, orar diariamente y la noche de hogar semanal”.

Estábamos intentando hacer esas cosas, pero no eran siempre una prioridad y, en medio del caos, algunas veces las descuidábamos. Cambiamos nuestro enfoque e intentamos no preocuparnos por las cosas menos importantes. Nuestro enfoque llegó a ser hablar, regocijarnos, predicar y testificar de Cristo al esforzarnos por orar y leer las Escrituras a diario y por hacer la noche de hogar semanal.

Recientemente, una amiga me advirtió: “Cuando les pides a las mujeres que lean las Escrituras y oren más, las estresa; pues sienten como que tienen mucho que hacer”.

Hermanos y hermanas, debido a que sé por experiencia propia, y la de mi esposo, debo testificar de las bendiciones que se reciben mediante el estudio diario de las Escrituras, y la oración diaria y de hacer la noche de hogar cada semana. Éstas son las prácticas que ayudarán a quitar el estrés, a dar dirección a nuestra vida y que añadirán protección a nuestro hogar. Entonces, si la pornografía u otros desafíos golpean a nuestra familia, podremos pedir la ayuda del Señor y esperar gran guía del Espíritu, sabiendo que hemos hecho lo que nuestro Padre nos ha pedido que hagamos.

Hermanos y hermanas, si no hemos hecho estas cosas en nuestros hogares, todos podemos comenzar ahora. Si nuestros hijos son mayores y se niegan a acompañarnos, podemos comenzar nosotros mismos. Al hacerlo, la influencia del Espíritu comenzará a llenar nuestros hogares y nuestra vida; y, con el tiempo, puede que los hijos respondan.

Recuerden que los apóstoles vivientes también han prometido que al buscar a nuestros antepasados y preparar nuestros propios nombres familiares para el templo, estaremos protegidos ahora y durante toda la vida, siempre que nos mantengamos dignos de una recomendación para el templo5. ¡Qué promesas!

Jóvenes, sean responsables de su propio bienestar espiritual. Apaguen sus teléfonos si es necesario, canten una canción de la Primaria, oren para pedir ayuda, piensen en un pasaje de las Escrituras, salgan del cine, imaginen al Salvador, tomen la Santa Cena dignamente, estudien Para la Fortaleza de la Juventud, sean un ejemplo para sus amigos, hablen con sus padres, vayan y hablen con su obispo, pidan ayuda y busquen terapia profesional si fuese necesario.

¿Qué quiero que sepan mis nietos? Quiero que ellos y ustedes sepan que yo sé que el Salvador vive y nos ama. Él pagó el precio de nuestros pecados, pero debemos arrodillarnos ante nuestro Padre Celestial en profunda humildad, confesar nuestros pecados y rogarle que nos perdone. Tenemos que querer cambiar nuestro corazón y nuestros deseos, y ser lo suficientemente humildes para procurar la ayuda y el perdón de aquellos a quienes hayamos lastimado y abandonado.

Sé que José Smith vio a Dios, nuestro Padre Celestial y a nuestro Salvador Jesucristo. Testifico que tenemos un profeta viviente sobre la tierra, el presidente Thomas S. Monson. También testifico que nunca se nos conducirá por un camino equivocado si prestamos atención al consejo del profeta de Dios. Testifico del poder de nuestros convenios y de las bendiciones del templo.

¡Sé que el Libro de Mormón es verdadero! No puedo explicar el poder de este gran libro; sólo sé que, junto con la oración, el Libro de Mormón tiene el poder para proteger a las familias, fortalecer relaciones y dar confianza personal ante el Señor. Testifico de estas cosas en el santo nombre de Jesucristo. Amén.

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  1.  

    1.  Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, págs. 221–222.

  2.  

    2. Véase Clay Olsen, “What Teens Wish Parents Knew”, (discurso pronunciado en la Conferencia de Utah Coalition against Pornography, 22 de marzo de 2014), utahcoalition.org.

  3.  

    3. Richard G. Scott, “Para quedar libre de las pesadas cargas”, Liahona, noviembre de 2002, pág. 88.

  4.  

    4.  2 Nefi 25:26.

  5.  

    5. Véase David A. Bednar, “El corazón de los hijos se volverá”, Liahona, noviembre de 2011, págs. 24–27; Richard G. Scott, “El gozo de redimir a los muertos”, Liahona, noviembre de 2012, págs. 93–95; Neil L. Andersen, “Find Our Cousins!” (discurso pronunciado en la Conferencia de Roots Tech, 8 de febrero de 2014); lds.org/prophets-and-apostles/unto-all-the-world/find-our-cousins.