No dejen que los torbellinos los derriben. Éstos son sus días para permanecer fuertes como discípulos del Señor Jesucristo.

Les doy la bienvenida esta mañana, en particular a los jóvenes, los que están aquí, en el Centro de Conferencias, y los que se han reunido por todo el mundo. La suya es una generación escogida con un destino particular, y me dirijo especialmente a ustedes.

Hace muchos años, durante una visita a nuestra familia en Florida, pasó un tornado no muy lejos de donde estábamos. Una mujer que vivía en una casa rodante corrió a refugiarse en el cuarto de baño mientras la casa empezaba a temblar. Pasaron unos momentos y oyó la voz de la vecina diciendo: “Estoy aquí, en la sala”. Salió del baño y, para su gran asombro, descubrió que el tornado había levantado y trasladado su casa por el aire y la había depositado encima de la casa rodante de su vecina.

Mis jóvenes amigos, el mundo no avanzará suavemente hacia la segunda venida del Salvador. Las Escrituras declaran que “todas las cosas estarán en conmoción”1. Brigham Young dijo: “En los comienzos de esta Iglesia, se me reveló que la Iglesia se propagaría, prosperaría, crecería y se extendería y que, en proporción a la expansión del Evangelio entre las naciones de la tierra, también aumentaría el poder de Satanás”2.

Más inquietantes que los terremotos y las guerras3 que se han profetizado, son los torbellinos espirituales que pueden desarraigarlos de sus cimientos espirituales y lanzar su espíritu a lugares que nunca imaginaron posibles; a veces, incluso, sin que siquiera se den cuenta de que se han movido.

Los peores torbellinos son las tentaciones del adversario. El pecado siempre ha formado parte del mundo, pero nunca ha sido tan accesible, tan insaciable y tan aceptable. Existe, desde luego, una poderosa fuerza que vencerá los torbellinos del pecado; se llama arrepentimiento.

No todos los torbellinos de esta vida son consecuencia de lo que ustedes hacen; algunos sobrevienen como resultado de las malas decisiones de otras personas, y otros, simplemente porque ésta es la vida mortal.

Cuando era niño, el presidente Boyd K. Packer sufrió la terrible enfermedad de polio. Cuando el élder Dallin H. Oaks tenía siete años, su padre murió súbitamente. Cuando la hermana Carol F. McConkie, de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes, era adolescente, sus padres se divorciaron. Ustedes tendrán dificultades, pero al confiar en Dios, éstas fortalecerán su fe.

En la naturaleza, los árboles que crecen en lugares de mucho viento son más fuertes. Cuando los vientos azotan un árbol pequeño, las fuerzas dentro del árbol hacen dos cosas: primero, estimulan a las raíces para que crezcan más rápidamente y se extiendan más; y segundo, las fuerzas del árbol empiezan a crear estructuras celulares que hacen que el tronco y las ramas se hagan más gruesos y flexibles para que resistan la presión del viento. Esas ramas y raíces más fuertes protegen al árbol de los vientos que seguramente volverán4.

Ustedes son infinitamente más preciados para Dios que un árbol; son Su hijo o Su hija. Él creó su espíritu fuerte y capaz de ser resistente ante los torbellinos de la vida. Los torbellinos de su juventud, como el viento que azota el pequeño árbol, pueden aumentar su fortaleza espiritual, preparándolos para los años por delante.

¿Cómo se preparan para los torbellinos que los azotarán? “…recordad… es sobre la roca de nuestro Redentor, el cual es Cristo, el Hijo de Dios, donde debéis establecer vuestro fundamento, para que cuando el diablo lance sus impetuosos vientos … sus dardos en el torbellino … cuando todo su granizo y furiosa tormenta os azoten, esto no tenga poder para arrastraros… a causa de la roca sobre la cual estáis edificados”5. Ésa es la manera de mantenerse a salvo en los torbellinos.

El presidente Thomas S. Monson ha dicho: “Si bien antes las normas de la Iglesia eran mayormente compatibles con las de la sociedad, ahora nos divide un gran abismo que cada vez se agranda más”6. Para algunas personas, ese abismo provoca fuertes torbellinos espirituales. Permítanme ofrecer un ejemplo:

El mes pasado, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce publicaron una carta para los líderes de la Iglesia de todo el mundo, parte de la cual dice: “Los cambios en la ley civil no modifican, ni pueden cambiar, la ley moral que Dios ha establecido. Dios espera que defendamos y guardemos Sus mandamientos pese a las opiniones o tendencias divergentes de la sociedad. Su ley de castidad es clara: las relaciones sexuales son correctas únicamente entre un hombre y una mujer que estén legal y lícitamente casados como esposo y esposa. Los exhortamos a que analicen… la doctrina que se encuentra en ‘La familia: Una proclamación para el mundo’”7.

Mientras que el mundo se aleja de la ley de castidad del Señor, nosotros no. El presidente Monson dijo: “El Salvador de la humanidad se describió a sí mismo diciendo que estaba en el mundo sin ser del mundo. Nosotros también podemos estar en el mundo sin ser del mundo al rechazar los conceptos falsos y las enseñanzas falsas, y ser fieles a lo que Dios nos ha mandado”8.

Aunque muchos gobiernos y personas bienintencionadas han vuelto a definir el matrimonio, el Señor no. Desde el comienzo, Dios dio inicio al matrimonio entre un hombre y una mujer: Adán y Eva. Él delineó los propósitos del matrimonio para que fueran mucho más allá de la satisfacción y realización personales de los adultos, a lo que es más importante: fomentar el ambiente ideal donde los niños pudieran nacer, ser criados y educados. La familia es el tesoro de los cielos9.

¿Por qué continuamos hablando de esto? Como dijo Pablo: “…no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven…”10. Como apóstoles del Señor Jesucristo, tenemos la responsabilidad de enseñar el plan de nuestro Creador para Sus hijos y de advertir sobre las consecuencias de hacer caso omiso a Sus mandamientos.

Hace poco, hablé con una joven Laurel de los Estados Unidos. Cito del correo electrónico que me envió:

“Algunos de mis amigos de Facebook empezaron a anunciar este año pasado su postura con respecto al matrimonio; muchos estaban de acuerdo con el casamiento entre personas del mismo sexo, y varios jóvenes SUD indicaron que les habían gustado los mensajes. Yo no hice ningún comentario.

“Decidí anunciar respetuosamente que creo en el matrimonio tradicional.

“En el perfil, junto con mi fotografía, agregué estas palabras: ‘Yo creo en el matrimonio entre un hombre y una mujer’. Casi inmediatamente empecé a recibir mensajes que decían: ‘Eres egoísta’. ‘Eres despectiva’; en uno se me comparó con una esclavista. Además, recibí este mensaje de una buena amiga que también es miembro firme de la Iglesia: ‘Tienes que ponerte al día con los tiempos; las cosas están cambiando y también tú deberías cambiar’.

“No respondí”, dijo ella, “pero tampoco retiré mis declaraciones”.

Ella concluyó: “A veces, como dijo el presidente Monson: ‘Tenemos que permanecer firmes aunque estemos solos’. Esperemos que los jóvenes nos mantengamos firmes y unidos en ser fieles a Dios y a las enseñanzas de Sus profetas vivientes”11.

En especial, deberían preocuparnos quienes luchan con la atracción hacia el mismo sexo. Es un torbellino de enorme fuerza. ¡Quiero expresar mi amor y mi admiración por aquellos que con valor afrontan esta prueba de fe y se mantienen fieles a los mandamientos de Dios!12 No obstante, todas las personas, sin importar sus decisiones y creencias, merecen nuestra bondad y consideración13.

El Salvador nos enseñó a amar no sólo a nuestros amigos, sino también a quienes no estén de acuerdo con nosotros; e incluso a quienes nos desprecien. Él dijo: “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis?… Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más?”14.

El profeta José Smith nos advirtió: “no piensen que son más rectos que otras personas”, y nos aconsejó que ensanchemos nuestros corazones hacia todo hombre y mujer hasta que sintamos “el deseo de llevarlas sobre nuestros hombros”15. En el evangelio de Jesucristo no hay lugar para el escarnio, la intimidación ni la intolerancia.

Si tienen una pregunta sobre la guía de los líderes de la Iglesia, por favor, conversen sobre sus dudas sinceras con sus padres y sus líderes. Necesitan la fortaleza que viene de confiar en los profetas del Señor. El presidente Harold B. Lee dijo: “La única seguridad que tenemos los miembros de esta Iglesia [es] aprender a prestar oídos y obedecer las palabras y los mandamientos que el Señor dará por conducto de Su profeta… Habrá algunas cosas que requieran paciencia y fe. Es posible que no les guste lo que dicen… Puede que contradiga sus opiniones políticas o sociales. Puede que interfiera con su vida social. Pero si escuchan esas cosas como si viniesen de la propia boca del Señor… “las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros… sí, y Dios el Señor dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros’ (D. y C. 21:6)”16.

Otra poderosa protección de los torbellinos de la vida es el Libro de Mormón.

Cuando el presidente Henry B. Eyring era adolescente, su familia se mudó a una nueva ciudad. Al principio, la mudanza le resultó desagradable y se hizo de pocos amigos; no se sentía parte del grupo de estudiantes de la escuela secundaria. Los torbellinos giraban a su alrededor; ¿qué hizo él?: puso toda su energía en estudiar el Libro de Mormón, el cual leyó varias veces17. Años más tarde, el presidente Eyring testificó: “Me encanta volver al Libro de Mormón y beber de él profundamente y a menudo”18. “Es el testimonio escrito más poderoso que tenemos de que Jesús es el Cristo”19.

El Señor les ha dado otra manera de mantenerse firmes, ¡un don espiritual más poderoso que los torbellinos del adversario! Él dijo: “…permaneced en lugares santos y no seáis movidos”20.

Cuando yo era adolescente, había sólo trece templos en la Iglesia; ahora hay 142. El 85% de los miembros de la Iglesia vive dentro de un radio de 320 km de un templo. ¡El Señor les ha proporcionado este don espiritual que es mucho más poderoso que los torbellinos del adversario! El Señor ha dado a su generación mayor acceso a Sus santos templos que a cualquier otra generación en la historia del mundo.

¿Han estado alguna vez en el templo, vestidos de blanco, esperando para hacer bautismos? ¿Qué sintieron? En el templo hay una sensación tangible de santidad; la paz del Salvador domina los agitados torbellinos del mundo.

Lo que sienten en el templo es un modelo de lo que querrán sentir en la vida21.

Busquen los nombres de sus abuelos, abuelas y primos distantes que ya se han ido, y lleven esos nombres al templo22. Al averiguar sobre sus antepasados, descubrirán modelos en cuanto a la vida, el matrimonio, los hijos; modelos de rectitud y, de vez en cuando, algunos modelos que querrán evitar23.

En el futuro, en el templo, aprenderán más sobre la creación del mundo, sobre las normas de vida de Adán y Eva y, lo que es más importante, sobre nuestro Salvador Jesucristo.

Mis jóvenes hermanos y hermanas, cuánto los amamos, admiramos y oramos por ustedes. No dejen que los torbellinos los derriben. Éstos son sus días para permanecer fuertes como discípulos del Señor Jesucristo24.

Establezcan sus cimientos más firmemente sobre la roca de su Redentor.

Atesoren más cabalmente Su vida y Sus enseñanzas incomparables.

Sigan Su ejemplo y cumplan con Sus mandamientos con más diligencia.

Acepten más profundamente Su amor, Su misericordia, Su gracia y los potentes dones de Su expiación.

Al hacerlo, les prometo que verán los torbellinos como lo que son: pruebas, tentaciones, distracciones o desafíos que les ayudarán a crecer; y al vivir dignamente año tras año, les aseguro que sus experiencias les confirmarán una y otra vez que Jesús es el Cristo; la roca espiritual bajo sus pies será sólida y segura; se regocijarán de que Dios los haya puesto aquí para ser parte de las preparaciones finales del glorioso regreso de Cristo.

El Salvador dijo: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”25. Ésta es la promesa que Él les hace; sé que Su promesa es real; sé que Él vive. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Mostrar las referencias

  1.  

    1.  Doctrina y Convenios 88:91.

  2.  

    2.  Discourses of Brigham Young, selección de John A. Widtsoe, 1954, pág. 72.

  3.  

    3. Véase de Dallin H. Oaks, “La preparación para la Segunda Venida”, Liahona, mayo de 2004, págs. 7–10.

  4.  

    4. Véase de A. Stokes, A. H. Fitter, y M. P. Courts, “Responses of Young Trees to Wind and Shading: Effects on Root Architecture”, Journal of Experimental Botany, 1995, Tomo 46, págs. 1139–1146.

  5.  

    5.  Helamán 5:12.

  6.  

    6. Thomas S. Monson, “El poder del sacerdocio”, Liahona, mayo de 2011, pág. 66.

  7.  

    7. Carta de la Primera Presidencia, 6 de marzo de 2014. Véase también de David A. Bednar, “Creemos en ser castos”, Liahona, mayo de 2013, págs. 41–44; de Dallin H. Oaks, “No tendrás dioses ajenos”, Liahona, noviembre de 2013, págs. 72–75; Para la Fortaleza de la Juventud, librito, 2011, págs. 35–37.

  8.  

    8. Thomas S. Monson, Liahona, mayo de 2011, pág. 66.

  9.  

    9. El élder Russell M. Nelson dijo: “El matrimonio es la fragua que forja el orden social… No se trata solamente de una unión entre marido y mujer, incluye una asociación con Dios” (véase “Nutrir el matrimonio”, Liahona, mayo de 2006, pág. 36). Véase también Mateo 19:5–6.

  10.  

    10.  2 Corintios 4:18.

  11.  

    11. Correspondencia y conversación personales, 17 de marzo de 2014. Véase de Thomas S. Monson, “Atrévete a lo correcto aunque solo estés”, Liahona, noviembre de 2011, págs. 60–67.

  12.  

    12. Véase de Jeffrey R. Holland, “Cómo ayudar a los que se debaten con la atracción hacia las personas de su mismo sexo”, Liahona, octubre de 2007, págs. 40–43.

  13.  

    13. Aun cuando el anticristo Korihor trató de destruir la fe del pueblo, las leyes de Dios lo protegieron de una retribución: “Pues no había ley alguna contra la creencia de ningún hombre; porque era expresamente contrario a los mandamienos de Dios que hubiera una ley que colocara a los hombres en posición desigual… si un hombre deseaba servir a Dios, tenía el privilegio… pero si no creía en él, no había ley que lo castigara” (Alma 30:7, 9). El undécimo Artículo de Fe dice: “Reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren cómo, dónde o lo que deseen”.

  14.  

    14.  Mateo 5:46–47.

  15.  

    15. Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 455–456.

  16.  

    16.  Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee, 2000, pág. 92; véase también de Robert D. Hales, “La Conferencia General: Fortalece la fe y el testimonio”, Liahona, noviembre de 2013, págs. 6–8.

  17.  

    17. Véase de Robert I. Eaton y Henry J. Eyring, I Will Lead You Along: The Life of Henry B. Eyring, 2013, pág. 40.

  18.  

    18. Henry B. Eyring, Choose Higher Ground, 2013, pág. 38.

  19.  

    19. Henry B. Eyring, To Draw Closer to God, 1997, pág. 118.

  20.  

    20.  Doctrina y Convenios 87:8; véase también Doctrina y Convenios 45:32.

  21.  

    21. Véase Doctrina y Convenios 52:14.

  22.  

    22. Véase de Neil L. Andersen, “Find Our Cousins!” (discurso pronunciado en la conferencia de Historia Familiar de RootsTech, 8 de febrero de 2014); lds.org/prophets-and-apostles/unto-all-the-world/find-our-cousins.

  23.  

    23. Véase de David A. Bednar, “El corazón de los hijos se volverá”, Liahona, noviembre de 2011, págs. 24–27.

  24.  

    24. Véase Helamán 7:9.

  25.  

    25.  Juan 14:18.