Que el Espíritu que hemos sentido estos dos últimos días permanezca con nosotros

Mis hermanos y hermanas, qué conferencia maravillosa ha sido ésta. Hemos sido nutridos espiritualmente al escuchar las palabras inspiradas de los hombres y mujeres que se han dirigido a nosotros. La música ha sido excelente, los mensajes se han preparado y presentado bajo la inspiración del Santo Espíritu, y las oraciones nos han acercado más a los Cielos. Hemos sido edificados en todos los aspectos al participar juntos.

Espero que tomen tiempo para leer los mensajes de la conferencia cuando estén disponibles en LDS.org en los próximos días y se impriman en el próximo ejemplar de las revistas Ensign y Liahona, pues merecen nuestro atento repaso y estudio.

Sé que me acompañan al expresar mi sincero agradecimiento a aquellos hermanos y hermanas que fueron relevados durante esta conferencia. Han servido dignamente, han hecho importantes contribuciones a la obra del Señor y su dedicación ha sido total.

También hemos sostenido, al levantar la mano, a hermanos que han sido llamados a nuevos cargos de responsabilidad. Les damos la bienvenida y queremos que sepan que será un placer servir con ellos en la causa del Maestro.

Al meditar los mensajes que hemos escuchado, ruego que tomemos la resolución de hacer las cosas un poco mejor que en el pasado; que seamos bondadosos y amorosos hacia aquellos que no comparten nuestras creencias y nuestras normas. El Salvador trajo a esta tierra un mensaje de amor y buena voluntad a todos los hombres. Ruego que siempre sigamos Su ejemplo.

Afrontamos grandes desafíos en el mundo hoy en día, pero les aseguro que nuestro Padre Celestial está al tanto de nosotros. Él nos guiará y nos bendecirá si ponemos nuestra fe y confianza en Él, y nos ayudará a sobrellevar cualquier dificultad que tengamos.

Que las bendiciones del Cielo estén con cada uno de nosotros. Que nuestros hogares estén llenos de amor, amabilidad y del Espíritu del Señor. Que nutramos nuestros testimonios del Evangelio de forma constante para que sean una protección contra los bofetones del adversario. Que el Espíritu que hemos sentido estos dos últimos días permanezca con nosotros al llevar a cabo nuestras actividades diarias, y que siempre nos encontremos haciendo la obra del Señor.

Doy testimonio de que esta obra es verdadera; el Salvador vive, y Él guía y dirige Su Iglesia aquí sobre la tierra. Les dejo mi confirmación y testimonio de que Dios, nuestro Padre Eterno, vive y nos ama. Él verdaderamente es nuestro Padre, y es un ser personal y real. Que podamos tomar consciencia de cuán cerca de nosotros desea estar, lo mucho que está dispuesto a hacer para ayudarnos y de cuánto nos ama.

Mis hermanos y hermanas, que Dios los bendiga; que Su prometida paz los acompañe ahora y por siempre.

Me despido de ustedes hasta que nos volvamos a reunir en seis meses; y lo hago en el nombre de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Amén.