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Octubre 2015 | “Escogidos para dar testimonio de mi nombre”

“Escogidos para dar testimonio de mi nombre”

Octubre 2015 Conferencia general

Es maravilloso tener personas mayores de gran madurez espiritual y de buen juicio sirviendo en cargos de liderazgo de responsabilidad en la Iglesia restaurada de Jesucristo.

En 1996, el presidente Gordon B. Hinckley fue entrevistado en el programa de noticias de la televisión nacional 60 Minutes. Mike Wallace, periodista tenaz y con experiencia, entrevistó al presidente Hinckley sobre varios temas importantes.

Casi al final de su conversación, el Sr. Wallace comentó: “Hay quienes dicen: ‘esto es una gerontocracia; una Iglesia dirigida por ancianos’”.

El presidente Hinckley respondió de forma alegre y sin titubeo: “¿No es maravilloso tener a un hombre con madurez a la cabeza; a un hombre con buen criterio que no es llevado por doquiera de todo viento de doctrina?” (transmitido el 7 de abril de 1996).

Mi objetivo hoy es explicar por qué es maravilloso tener personas mayores de gran madurez espiritual y de buen juicio prestando servicio en cargos de liderazgo de responsabilidad en la Iglesia restaurada de Jesucristo, y por qué debemos “oír” y “[escuchar]” (Mosíah 2:9) las enseñanzas de esos hombres a quienes el Señor ha “[escogido] para dar testimonio de [Su] nombre… entre todas las naciones, lenguas, tribus y pueblos” (D. y C. 112:1).

Ruego que todos seamos instruidos por el Espíritu Santo mientras consideramos juntos este importante tema.

Una lección de toda una vida

Hablo de este tema desde una perspectiva particular. En los últimos once años, he sido el miembro más joven del Cuórum de los Doce en cuanto a la edad cronológica. Durante mis años de servicio, la edad promedio de los hombres que han servido en la Primera Presidencia y en el Cuórum de los Doce Apóstoles ha sido de setenta y siete años, el promedio más alto de edad de los apóstoles en un período de once años en esta dispensación.

He sido bendecido con la experiencia y sabiduría apostólica, personal y profesional colectivas de los miembros del cuórum con quienes sirvo. Un ejemplo de mi relación con el élder Robert D. Hales destaca las extraordinarias oportunidades que tengo de aprender y de prestar servicio con estos líderes.

Hace varios años pasé un domingo por la tarde con el élder Hales en su casa mientras él se recuperaba de una enfermedad grave. Conversamos sobre nuestras familias, las responsabilidades en el cuórum y sobre experiencias importantes.

En un momento le pregunté al élder Hales: “Usted ha sido un esposo, padre, atleta, piloto, ejecutivo de negocios y líder de la Iglesia con éxito; ¿qué lecciones ha aprendido conforme ha envejecido y se ha visto limitado por la disminución de la capacidad física?”.

El élder Hales pensó por un momento y respondió: “Cuando no puedes hacer lo que siempre has hecho, entonces solo haces lo que más importa”.

Me impresionó la sencillez y el gran alcance de su respuesta. Mi amado compañero en el apostolado compartió conmigo una lección de toda una vida, una lección que aprendió a través del crisol del sufrimiento físico y de la búsqueda espiritual.

Limitaciones y debilidades humanas

Las limitaciones que son la consecuencia natural de la edad avanzada en realidad pueden llegar a ser fuentes extraordinarias de comprensión y aprendizaje espirituales. Los mismos factores que muchas personas creen que limitan la eficacia de esos siervos pueden convertirse en algunas de sus mayores fortalezas. Las restricciones físicas pueden ampliar la perspectiva; la resistencia limitada puede aclarar las prioridades; y la incapacidad de hacer varias cosas puede dirigir la atención a algunas cosas de mayor importancia.

Algunas personas han sugerido que se necesitan líderes más jóvenes y vigorosos en la Iglesia para tratar con eficacia los serios desafíos de nuestro mundo moderno; pero el Señor no utiliza las filosofías y prácticas de liderazgo contemporáneas para lograr Sus propósitos (véase Isaías 55:8–9). Podemos esperar que el Presidente y otros líderes de alta responsabilidad en la Iglesia sean hombres mayores que han obtenido experiencia espiritual.

El modelo del Señor revelado de gobierno mediante consejos en Su Iglesia prevé y atenúa el impacto de las debilidades humanas. De manera interesante, las limitaciones mortales de esos hombres en verdad confirman la fuente divina de las revelaciones que vienen a ellos y por medio de ellos. En verdad, estos hombres son llamados por Dios por profecía (véase Artículos de Fe 1:5).

Un modelo de preparación

En las Autoridades Generales he observado al menos una parte del propósito del Señor al tener a hombres de edad avanzada con madurez y buen juicio prestar servicio en cargos de liderazgo de responsabilidad en la Iglesia. Esos hombres han recibido un extenso período de instrucción por parte del Señor, a quien representan, sirven y aman. Han aprendido a comprender el lenguaje divino del Espíritu Santo y los modelos del Señor para recibir revelación. Estos hombres comunes y corrientes han sido sometidos a un proceso extraordinario de desarrollo que ha agudizado su percepción, iluminado su entendimiento, engendrado amor por las personas de todas las naciones y circunstancias, y confirmado la realidad de la Restauración.

He sido testigo reiteradas veces de mis Hermanos Autoridades Generales que se esfuerzan con diligencia en cumplir y magnificar sus responsabilidades mientras luchan con graves problemas físicos. Estos hombres no están libres de aflicción; más bien, son bendecidos y fortalecidos para seguir adelante con valor mientras sufren aflicciones.

Al servir con estos representantes del Señor, he llegado a saber que su gran deseo es discernir y hacer la voluntad de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Amado. Al deliberar en consejo con ellos, hemos recibido inspiración y tomado decisiones que reflejan un grado de luz y de verdad que va más allá de la inteligencia, la experiencia y el razonamiento humanos. Al trabajar juntos en unidad en problemas desconcertantes, nuestra comprensión colectiva de un asunto ha sido ampliada de maneras maravillosas por el poder del Espíritu Santo.

Me siento bendecido de poder observar a diario las personalidades, las capacidades y los nobles caracteres particulares de estos líderes. Algunas personas piensan que las imperfecciones humanas de las Autoridades Generales son inquietantes y disminuyen la fe. Para mí esas imperfecciones son motivadoras y promueven la fe.

Una lección adicional

Ahora ya he visto a seis de mis Hermanos recibir traslados mediante la muerte física a nuevas responsabilidades en el mundo de los espíritus: el presidente James E. Faust, el presidente Gordon B. Hinckley, el élder Joseph B. Wirthlin, el élder L. Tom Perry, el presidente Boyd K. Packer y el élder Richard G. Scott.

Esas Autoridades valientes dedicaron sus “almas enteras” (Omni 1:26) a testificar del nombre de Jesucristo en todo el mundo. Todas sus enseñanzas combinadas son invalorables.

Esos siervos compartieron con nosotros, en los años culminantes de sus ministerios, resúmenes espirituales y poderosos de lecciones que aprendieron durante décadas de servicio consagrado. Esos líderes impartieron verdades de gran valor en una época en la que muchos quizás crean que tenían poco que ofrecer.

Consideren las últimas enseñanzas de profetas extraordinarios de las Escrituras. Por ejemplo, Nefi concluyó su registro con estas palabras: “… porque así me lo ha mandado el Señor, y yo debo obedecer” (2 Nefi 33:15).

Cerca del final de su vida, Jacob amonestó:

“¡… arrepentíos, pues, y entrad por la puerta estrecha, y continuad en el camino que es angosto, hasta que obtengáis la vida eterna!

“¡Oh, sed prudentes! ¿Qué más puedo decir?” (Jacob 6:11–12).

Moroni completó su labor de preparar las planchas con una optimista expectativa de la Resurrección: “Pronto iré a descansar en el paraíso de Dios, hasta que mi espíritu y mi cuerpo de nuevo se reúnan, y sea llevado triunfante por el aire, para encontraros ante el agradable tribunal del gran Jehová, el Juez Eterno de vivos y muertos” (Moroni 10:34).

Ustedes y yo tenemos la bendición de aprender de las enseñanzas y testimonios finales de los profetas y apóstoles de los Últimos Días. Los nombres de hoy no son Nefi, Jacob ni Moroni, sino presidente Faust, presidente Hinckley, élder Wirthlin, élder Perry, presidente Packer y élder Scott.

No estoy sugiriendo que los mensajes finales de esos amados hombres fueran necesariamente los más notables o importantes de sus ministerios. Sin embargo, la suma de su aprendizaje espiritual y experiencias de vida permitieron a esos líderes enfatizar las verdades eternas con absoluta autenticidad y gran poder.

Presidente James E. Faust

En su último discurso de la Conferencia General de abril de 2007, el presidente Faust declaró:

“El Salvador nos ha ofrecido a todos una valiosísima paz por medio de Su expiación, pero solo la podemos recibir si estamos dispuestos a despojarnos de sentimientos negativos de ira, de rencor o de venganza…

“Recordemos que debemos perdonar para ser perdonados… Con todo mi corazón y mi alma, creo en el poder sanador que podemos recibir al seguir el consejo del Señor de ‘perdonar a todos los hombres’ [ D. y C. 64:10 ]” (véase “El poder sanador del perdón”, Liahona, mayo de 2007, pág. 69).

El mensaje del presidente Faust es una poderosa lección de toda una vida de un hombre a quien quiero y uno de los hombres más indulgentes que he conocido.

Presidente Gordon B. Hinckley

El presidente Hinckley testificó en su última conferencia general en octubre de 2007: “… les declaro mi testimonio del llamamiento del profeta José, de su obra, del sellamiento de su testimonio con su sangre como mártir de la verdad eterna… Ustedes y yo nos enfrentamos al simple hecho de aceptar la veracidad de la Primera Visión y de lo que ocurrió después. La validez misma de esta Iglesia se basa en la realidad de esa visión. Si es real, y yo testifico que lo es, entonces la obra en la que estamos embarcados es la obra más importante sobre la tierra” (“La piedra cortada del monte”, Liahona, noviembre de 2007, pág. 86).

El testimonio del presidente Hinckley afirma una poderosa lección de toda una vida de un hombre a quien quiero y sé que fue un profeta de Dios.

Élder Joseph B. Wirthlin

El élder Wirthlin pronunció su mensaje final en la Conferencia General de octubre de 2008.

“Aún recuerdo el consejo que me dio [mi madre] ese día hace mucho tiempo cuando mi equipo de fútbol americano perdió un partido: ‘Venga lo que venga, disfrútalo’…

“La adversidad, si se maneja correctamente, puede ser una bendición en la vida…

“Al procurar tener sentido del humor, buscar la perspectiva eterna, comprender el principio de la compensación y acercarnos a nuestro Padre Celestial, podremos soportar las dificultades y las pruebas; podremos decir, como dijo mi madre: ‘“Venga lo que venga, disfrútalo’” (“Venga lo que venga, disfrútalo”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 28).

El mensaje del élder Wirthlin es una poderosa lección de toda una vida de un hombre a quien quiero y que era un testimonio viviente de cómo sobreponerse a las dificultades mediante la fe en el Salvador.

Élder L. Tom Perry

El élder Perry estuvo en este púlpito hace solo seis meses. En esa época no podíamos haber imaginado que su testimonio sería el último en una conferencia general.

“Permítanme terminar testificando (y mis nueve décadas en este mundo me dan el derecho de decir esto) que mientras más entrado en años estoy, más me doy cuenta de que la familia es el centro de la vida y la clave para alcanzar la felicidad eterna.

“Doy gracias por mi esposa, mis hijos, mis nietos y mis bisnietos, y por todos mis… demás parientes que hacen que mi vida sea plena y, sí, aun eterna. De esa verdad eterna doy mi más firme y más sagrado testimonio” (“Por qué son importantes el matrimonio y la familia — En todo el mundo”, Liahona, mayo de 2015, pág. 42).

El mensaje del élder Perry es una poderosa lección de toda una vida de un hombre a quien quiero y que comprendió por medio de la vasta experiencia, la relación fundamental entre la familia y la felicidad eterna.

Presidente Boyd K. Packer

El presidente Packer hizo hincapié en la conferencia general de hace seis meses en cuanto al plan de felicidad del Padre, la expiación del Salvador y las familias eternas.

“Testifico que Jesús es el Cristo y el Hijo del Dios viviente. Él está a la cabeza de la Iglesia. Mediante Su expiación y el poder del sacerdocio, las familias que comienzan en la vida terrenal podrán estar unidas por las eternidades…

“Estoy tan agradecido por… la Expiación, la cual puede limpiar toda mancha, sin importar cuán difícil sea ni cuánto haya durado ni cuántas veces se haya repetido. La Expiación puede liberarlos nuevamente para seguir adelante, limpios y dignos” (“El plan de felicidad”, Liahona, mayo de 2015, pág. 28).

El mensaje final del presidente Packer es una lección de toda una vida de un hombre a quien quiero y que declaró enérgica y reiteradamente que la finalidad “de toda actividad de la Iglesia es ver que un hombre, una mujer y sus hijos sean felices en el hogar y sean sellados por esta vida y por toda la eternidad” (Liahona, mayo de 2015, pág. 26).

Élder Richard G. Scott

El élder Scott proclamó en su último discurso en la Conferencia General de octubre de 2014: “Venimos a esta vida terrenal precisamente para progresar por medio de las dificultades y las pruebas. Los problemas nos ayudan a llegar a ser más como nuestro Padre Celestial y la expiación de Jesucristo hace posible que los soportemos. Testifico que al venir a Él activamente, podemos soportar toda tentación, todo dolor, toda dificultad que afrontemos” (“Haz del ejercicio de tu fe tu mayor prioridad”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 94).

El mensaje del élder Scott es una poderosa lección de toda una vida de un hombre a quien quiero y un amado testigo especial del nombre de Cristo en todo el mundo (véase D. y C. 107:23).

Promesa y testimonio

El Salvador declaró: “… sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38). Que podamos escuchar y dar oído a las verdades eternas que enseñan los representantes autorizados del Señor. Al hacerlo, les prometo que nuestra fe en el Padre Celestial y en Jesucristo se fortalecerá y recibiremos guía espiritual y protección para nuestras circunstancias y necesidades específicas.

Con toda la energía de mi alma, testifico que el Cristo viviente dirige los asuntos de Su Iglesia restaurada y viviente por medio de Sus siervos que han sido escogidos para dar testimonio de Su nombre. Testifico de ello; en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.