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Octubre 2015 | El siguiente paso

El siguiente paso

Octubre 2015 Conferencia general

El Padre Celestial de ustedes y Su Hijo Jesucristo los invitan con amor a dar el siguiente paso hacia Ellos. No esperen, tómenlo ahora.

Hace poco, en una reunión con maravillosos Santos de los Últimos Días, me decepcioné. Se hizo la pregunta: “¿Quién desea volver a vivir con el Padre Celestial?”. Todos levantaron la mano. La siguiente pregunta fue: “¿Quién tiene la confianza de que lo logrará?”. Triste y sorprendentemente, la mayoría bajó su mano.

Cuando percibimos que hay una brecha entre quienes somos ahora y quiénes deseamos llegar a ser, muchos de nosotros nos vemos tentados a perder la fe y la esperanza1.

Ya que “ninguna cosa impura puede morar con Dios”2, para poder vivir con Él otra vez, tendremos que ser purificados del pecado3 y santificados4. Si tuviéramos que hacerlo solos, ninguno de nosotros lo lograría; pero no estamos solos; de hecho, nunca estamos solos.

Tenemos la ayuda del cielo gracias a Jesucristo y Su expiación5. El Salvador dijo: “Si tenéis fe en mí, tendréis poder para hacer cualquier cosa que me sea conveniente”6. Cuando se ejercita la fe, ella aumenta.

Analicemos juntos tres principios que nos ayudarán en nuestro viaje de regreso a nuestro Padre Celestial.

Llegar a ser como un niño

Nuestro nieto más pequeño ejemplifica el primer principio. Después de aprender a gatear y ponerse de pie, estaba listo para tratar de caminar. Durante sus primeros intentos, se caía, lloraba y nos miraba como si dijera: “¡No voy a tratar de hacer eso nunca más! Sencillamente voy a seguir gateando”.

Cuando tropezaba y se caía, sus amorosos padres no sintieron que él no tenía esperanza ni que nunca caminaría. En vez, estiraban sus brazos mientras lo llamaban y él con la mirada fija en ellos, volvía a intentar moverse hacia los brazos cariñosos de ellos.

Los padres amorosos siempre tienen los brazos extendidos para celebrar aun el más pequeño de los pasos hacia la dirección correcta. Saben que nuestra disposición a intentar una y otra vez nos conducirá al progreso y al éxito.

El Salvador enseñó que para heredar el Reino de Dios, debemos volvernos como los niños pequeñitos7. Así que, hablando desde el punto de vista espiritual, el primer principio es que debemos hacer lo que hicimos cuando éramos niños8.

Con la humildad de un niño y con la disposición de centrarnos en el Padre Celestial y en el Salvador, damos pasos hacia Ellos, sin perder la esperanza, aun si nos caemos. Nuestro amoroso Padre Celestial se regocija con todos los pasos fieles; y si caemos, se regocija con cada esfuerzo que hagamos para ponernos de pie y volver a intentar.

Actuar con fe

El segundo principio lo ilustran dos santos fieles, cada uno deseando profundamente encontrar un compañero eterno. Ambos dieron pasos llenos de fe.

Yuri, un Santo de los Últimos Días ruso, hizo sacrificios y ahorró para hacer un largo viaje al templo. En el tren, notó a una hermosa mujer con un rostro radiante y sintió que debía compartir el Evangelio con ella. Sin saber qué más hacer, comenzó a leer su Libro de Mormón con la esperanza de que ella pudiera notarlo.

Yuri no se dio cuenta de que, Mariya, ya era Santo de los Últimos Días. Sin saber que Yuri también era miembro, y siguiendo la impresión que ella tenía de compartir el Evangelio con él, Mariya también comenzó a leer su Libro de Mormón, esperando que él pudiera notarlo.

Cuando los dos alzaron la vista al mismo tiempo, Yuri y Mariya estaban sorprendidos de ver que ambos tenían el Libro de Mormón en las manos, y sí, después de enamorarse, fueron sellados en el templo. Hoy en día, Yuri y Mariya Kutepov, de Voronezh, Rusia, como compañeros eternos contribuyen de manera significativa al crecimiento de la Iglesia en Rusia.

El énfasis aquí no es solo en la disposición de la pareja de actuar con fe; también es acerca del segundo principio: el Señor hace más que corresponder a nuestro deseo de actuar con fe; nuestra disposición de dar un paso no solo es correspondida sino que las bendiciones prometidas del Señor la sobrepasan.

Nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador están deseosos de bendecirnos. Después de todo, ¡Ellos solo piden la décima parte de aquello con lo que nos bendicen y luego prometen que las ventanas de los cielos se abrirán!9.

Siempre que, de buena voluntad, actuemos con fe en Jesucristo y demos otro paso, especialmente un paso que resulte incómodo y que requiera que cambiemos o nos arrepintamos, somos bendecidos con fortaleza10.

Testifico que el Señor nos guiará hacia nuestros siguientes pasos y a lo largo de ellos. Él hará más que corresponder a nuestros esfuerzos con Su poder si estamos dispuestos a seguir intentando, arrepintiéndonos y avanzando con fe en nuestro Padre Celestial y en Su Hijo, Jesucristo.

Se prometen dones espirituales no solo a aquellos que aman a Dios y guardan todos Sus mandamientos, sino también, afortunadamente, a aquellos de nosotros que “[procuramos] hacerlo”11. Se da fortaleza a aquellos que siguen buscando e intentando.

Dos indicadores semanales y esenciales que marcan nuestra trayectoria de regreso hacia nuestro Padre Celestial son el convenio perpetuo de la ordenanza de la Santa Cena y la observancia del día de reposo. El presidente Russell M. Nelson nos enseñó en la última conferencia general que el día de reposo es el regalo del Señor para nosotros. La observancia fiel del día de reposo es nuestra señal al Señor de que los amamos12.

Cada día de reposo somos testigos de que estamos “dispuestos a tomar sobre [nosotros Su nombre], y a recordarle siempre, y a guardar sus mandamientos”13. A cambio de nuestro corazón arrepentido y compromiso, el Señor renueva la prometida remisión del pecado y nos permite que “siempre [podamos] tener su Espíritu [con nosotros]”14. La influencia de Santo Espíritu nos mejora, fortalece, enseña y guía.

Si, al recordarlo a Él cada día de reposo, volvemos nuestro corazón al Salvador por medio de estos dos importantes indicadores, nuestros esfuerzos son nuevamente más que correspondidos por el Señor mediante Sus bendiciones prometidas. Se nos promete que, al observar fielmente el día de reposo, la abundancia de la tierra será nuestra15.

La senda de regreso a nuestro Padre Celestial conduce a la casa del Señor, donde somos bendecidos para recibir ordenanzas salvadoras para nosotros mismos y para nuestros seres queridos ya fallecidos. El presidente Boyd K. Packer enseñó que las ordenanzas y los convenios se convierten en nuestras credenciales para ser admitidos en la presencia de Dios16. Ruego que cada uno de nosotros seamos siempre dignos de nuestra recomendación para el templo y que la usemos para servir a menudo.

Vencer al hombre natural

Un tercer principio es: Debemos contrarrestar la tendencia del hombre natural de aplazar, posponer o darse por vencido17.

A medida que progresamos a lo largo del sendero del convenio, cometemos errores, algunos, más de una vez. Algunos de nosotros luchamos con comportamientos o adicciones que sentimos que no podemos superar, pero la fe en el Padre Celestial y en Jesucristo es un principio de acción y de poder18. Si estamos dispuestos a actuar, seremos bendecidos con la fortaleza para arrepentirnos y la fortaleza para cambiar.

Fracasamos solo si no damos otro paso fiel hacia adelante. No fracasaremos, no podremos hacerlo si estamos sujetos fielmente al Salvador: Aquel que nunca nos ha fallado ¡ni nunca nos fallará!

Bendiciones prometidas

Les prometo que cada paso lleno de fe será correspondido con la ayuda del cielo. La guía vendrá cuando oremos a nuestro Padre Celestial, confiemos en nuestro Salvador, lo sigamos y escuchemos al Santo Espíritu. Recibiremos fortaleza gracias al sacrificio expiatorio de Jesucristo19. La sanación y el perdón llegarán mediante la gracia de Dios20. Obtendremos sabiduría y paciencia al confiar en el tiempo del Señor y recibiremos protección al seguir al profeta viviente de Dios, el presidente Thomas S. Monson.

Ustedes fueron creados “para que tengan gozo”21, gozo que sentirán cuando regresen dignamente al Padre Celestial y al Salvador y reciban un cálido abrazo de Ellos.

Testifico de estas verdades absolutas. El Padre Celestial de ustedes y Su Hijo Jesucristo viven. Los conocen, los aman y los invitan con amor a dar el siguiente paso hacia Ellos. No esperen, tómenlo ahora. En el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

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