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Octubre 2016 | Valientes en el testimonio de Jesús

Valientes en el testimonio de Jesús

Octubre 2016 Conferencia general

No permitamos que nuestros testimonios del Padre y del Hijo se tornen confusos y complicados por piedras de tropiezo.

La vida eterna es el mayor don de Dios y es otorgado a quienes “[guardan los mandamientos de Dios y perseveran] hasta el fin”1. Por otro lado, la vida eterna con nuestro Padre Celestial se niega a “aquellos que no son valientes en el testimonio de Jesús”2. Hay varias piedras de tropiezo que no nos dejan ser valientes y pueden impedirnos alcanzar la meta de la vida eterna3. Las piedras de tropiezo pueden ser complicadas; permítanme ilustrarlo.

Hace muchos años mi padre construyó una pequeña cabaña en una parte de la hacienda donde él había crecido. El panorama de las praderas era excepcional. Fui a verla cuando se construyeron las paredes y me sorprendió una ventana con una vista que daba directamente a un poste eléctrico a corta distancia de la casa. Para mí, era una gran distracción a la magnífica vista.

Poste eléctrico visto desde la ventana

Entonces dije: “Papá, ¿por qué dejaste que pusieran el poste eléctrico directamente enfrente de la ventana?”.

Mi padre, un hombre excepcionalmente práctico y tranquilo, exclamó emocionado: “¡Quentin, para mí, ese poste eléctrico es la cosa más hermosa de todo la hacienda!”. Luego explicó: “Cuando miro ese poste, recuerdo que no tendré que cargar agua en cubos desde el manantial hasta la casa para cocinar, para lavarme las manos o bañarme, como lo hacía de niño. No tendré que encender velas o lámparas de aceite a la noche para leer. Quiero ver ese poste eléctrico al mirar por la ventana”.

Mi padre tenía una perspectiva diferente sobre el poste eléctrico de la que yo tenía. Para él, el poste representaba una vida mejor; para mí, una piedra de tropiezo a un magnífico paisaje. Papá valoraba mucho más la corriente, la luz y la limpieza que un bello panorama. Inmediatamente me di cuenta de que mientras el poste era una piedra de tropiezo para mí, tenía un gran significado práctico y simbólico para mi padre.

Una piedra de tropiezo es “un impedimento a una creencia o entendimiento” o “un obstáculo al progreso”4. Tropezar espiritualmente es “caer en el pecado o la rebeldía”5. Una piedra de tropiezo puede ser cualquier cosa que nos distraiga de alcanzar metas justas.

No permitamos que nuestros testimonios del Padre y del Hijo se tornen confusos y complicados por piedras de tropiezo. No caigamos en esa trampa. Nuestros testimonios de Ellos deben permanecer puros y simples como el razonamiento simple de mi papá sobre el poste eléctrico en la hacienda donde él creció.

¿Cuáles son algunas de las piedras de tropiezo que confunden y complican el testimonio puro y simple del Padre y del Hijo e impiden que seamos valientes en ese testimonio?

Una piedra de tropiezo son las filosofías de los hombres

Nos comprometemos a lograr conocimiento de todo tipo y creemos que “la gloria de Dios es la inteligencia”6. No obstante, también sabemos que la estrategia preferida del adversario es desviar a las personas de Dios y causarles tropiezo, poniendo énfasis en las filosofías de los hombres y no en el Salvador ni en Sus enseñanzas.

El apóstol Pablo era un testigo firme de Jesucristo debido a una experiencia milagrosa con el Salvador que cambió su vida7. Los antecedentes singulares de Pablo lo prepararon para relacionarse con gente de muchas culturas. Le encantaba la “simplicidad franca” de los tesalonicenses y la “tierna compasión” de los filipenses8. Inicialmente descubrió que era más difícil relacionarse con los griegos, que eran intelectuales y sofisticados. En Atenas, en el Areópago, intentó un enfoque filosófico y fue rechazado. Con los corintios decidió simplemente enseñar “la doctrina de Cristo crucificado”9. Para usar las propias palabras del apóstol Pablo:

“…y ni mi palabra ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,

“para que vuestra fe no estuviese fundada en la sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios”10.

Algunos de los relatos de las Escrituras más extraordinarios del Salvador y Su misión se explican en 1 Corintios. Un capítulo, el 15, ha recibido atención en todo el mundo mediante las presentaciones de El Mesías de George Frideric Handel11. Contiene doctrina profunda sobre el Salvador. En la tercera parte de El Mesías, inmediatamente después del “Coro Aleluya”, la mayoría de los versículos usados son de 1 Corintios 15. En unos pocos versículos, Pablo describe hermosamente algo de lo que el Salvador logró:

“[Porque] ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos… primicias de los que durmieron.

“… por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.

Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados… 

“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?… 

“Mas sean dadas gracias a Dios, [quien] nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”12.

Sabemos que la Apostasía ocurrió en parte porque las filosofías de los hombres fueron elevadas por encima de la doctrina simple y esencial de Cristo. En lugar de enseñar la simplicidad del mensaje del Salvador, se cambiaron o perdieron muchas verdades claras y preciosas. De hecho, el cristianismo adoptó algunas tradiciones filosóficas griegas para conciliar las creencias de la gente con la cultura existente. El historiador Will Durant escribió: “El cristianismo no destruyó al paganismo, sino que lo adoptó. La mentalidad griega, moribunda, se transformó”13. Históricamente, y en nuestros días, algunas personas rechazan el evangelio de Jesucristo porque, a su parecer, no tiene la sofisticación intelectual adecuada.

En los comienzos de la Restauración, al menos muchos profesaron seguir las enseñanzas del Salvador y muchas naciones se consideraron cristianas; pero aun entonces, se profetizaban momentos más difíciles para nuestra época.

Heber C. Kimball fue uno de los primeros Doce Apóstoles de esta dispensación y Primer Consejero del presidente Brigham Young. Él advirtió: “Se acerca el tiempo en el… que les resultará difícil distinguir el rostro de un santo del rostro de un enemigo del pueblo de Dios. Después… estén atentos a la gran división, ya que habrá un tiempo de gran zarandeo, y muchos caerán”. Concluyó que hay “una PRUEBA que viene”14.

En nuestros días, la influencia del cristianismo en muchos países, incluso los Estados Unidos, ha disminuido mucho. Sin creencias religiosas, no hay sentimiento de responsabilidad hacia Dios. Por eso es difícil establecer valores universales sobre cómo vivir. A menudo, las filosofías que se sostienen fuertemente están en conflicto entre ellas.

Lamentablemente, esto también ocurre con ciertos miembros de la Iglesia que pierden su rumbo y son influenciados por la opiniones del momento —muchas de las cuales obviamente no son correctas.

De acuerdo con la profecía de Heber C. Kimball, el élder Neal A. Maxwell dijo en 1982: “Mucha de esa división ocurrirá debido a conductas de las que no nos arrepentimos. Algunos cederán en lugar de perseverar hasta el fin; otros serán engañados por apóstatas; del mismo modo, otros se ofenderán; ¡y así, cada dispensación tiene sus propias piedras de tropiezo!”15.

Otra piedra de tropiezo es rehusarse a ver el pecado como lo que en verdad es

Un aspecto único y problemático de nuestra época es que muchas personas participan en conductas pecaminosas pero rehúsan considerarlas como tal. No sienten remordimiento ni deseos de reconocer su conducta como moralmente incorrecta. Incluso algunos que profesan una creencia en el Padre y el Hijo erróneamente creen en la postura de que un Padre Celestial amoroso no impondrá consecuencias a conductas que son contrarias a Sus mandamientos.

Aparentemente esa era la postura tomada por Coriantón, el hijo de Alma, hijo, en el Libro de Mormón. Coriantón había participado en una conducta inmoral grave y Alma le aconsejaba para bien. Somos bendecidos de que el gran profeta Alma, quien personalmente había experimentado “el más tenebroso abismo [y]… la maravillosa luz”16, registró la instrucción que le dio. En el capítulo 39 de Alma, leemos cómo él aconsejó a su hijo mediante el proceso del arrepentimiento, y después explicó cómo Cristo vendría a quitar el pecado. Le aclaró a Coriantón la necesidad del arrepentimiento porque “nada impuro puede heredar el reino de Dios”17.

Alma 42 contiene algunas de las doctrinas más admirables sobre la Expiación de todas las Escrituras. Alma ayudó a Coriantón a entender que no es una “injusticia que el pecador sea consignado a un estado de miseria”18. Sin embargo, hizo notar que, comenzando con Adán, un Dios misericordioso había proporcionado un “tiempo para arrepentirse” porque sin el arrepentimiento “se habría frustrado el gran plan de salvación”19. Alma también estableció que el plan de Dios es un “plan de felicidad”20.

Las enseñanzas de Alma son muy instructivas: “Pues he aquí, la justicia ejerce todos sus derechos, y también la misericordia reclama cuanto le pertenece; y así, nadie se salva sino los que verdaderamente se arrepienten”21. Viéndolas como lo que realmente son, las gloriosas bendiciones del arrepentimiento y la obediencia a las enseñanzas del Salvador son sumamente importantes. No es injusto ser claros, como Alma lo fue con Coriantón, sobre las consecuencias de las elecciones pecaminosas y la falta de arrepentimiento. A menudo se ha dicho: “Tarde o temprano todo el mundo tiene que enfrentar las consecuencias”22.

La extraordinaria y celestial bendición de la expiación del Salvador es que mediante el arrepentimiento se borra la conducta pecaminosa. Después del arrepentimiento de Coriantón, Alma concluyó: “Quisiera que no dejaras que te perturbaran más estas cosas, y solo deja que te preocupen tus pecados, con esa zozobra que te conducirá al arrepentimiento”23.

Traspasar lo señalado es una piedra de tropiezo

El profeta Jacob se refirió a los judíos de la antigüedad como “un pueblo de dura cerviz… [que] despreciaron… la claridad y mataron a los profetas, y procuraron cosas que no podían entender. Por tanto, a causa de su ceguedad, la cual vino por traspasar lo señalado, es menester que caigan”24.

Aunque hay muchos ejemplos de traspasar lo señalado25, uno importante de nuestros días es el extremismo. El extremismo del Evangelio se da cuando uno eleva cualquier principio del Evangelio sobre otro igualmente importante y toma una postura que va más allá o es contraria a las enseñanzas de los líderes de la Iglesia. Un ejemplo sería cuando uno defiende añadiduras, cambios o un énfasis preferente a una parte de la Palabra de Sabiduría. Otro es la preparación costosa para posibles situaciones del fin del mundo. En ambos ejemplos, se alienta a los demás a aceptar interpretaciones personales. “Si convertimos una ley de salud o cualquier otro principio en una forma de fanatismo religioso, estamos traspasando lo señalado”26.

Hablando de doctrina importante, el Señor ha declarado: “Quien declare más o menos que esto no es de mí”27. Cuando elevamos cualquier principio de una manera que disminuye nuestro compromiso a otros principios igualmente importantes, o se toma una postura contraria o que excede las enseñanzas de los líderes de la Iglesia, estamos traspasando lo señalado.

Además, algunos miembros elevan causas, muchas de las cuales son buenas, a un estado superior a la doctrina básica del Evangelio. Sustituyen su devoción a las causas como su primer compromiso, y relegan su compromiso hacia el Salvador y Sus enseñanzas a una posición secundaria. Si elevamos cualquier cosa por encima de nuestra devoción al Salvador, si nuestra conducta lo reconoce a Él simplemente como otro maestro y no como el divino Hijo de Dios, entonces estamos traspasando lo señalado. ¡Jesucristo es lo señalado!

La sección 76 de Doctrina y Convenios deja en claro que ser “valientes en el testimonio de Jesús”28 es la prueba sencilla y esencial entre quienes heredarán las bendiciones del Reino Celestial y aquellos que heredarán un reino menor, como el Terrestre. Para ser valientes debemos centrarnos en el poder de Jesucristo y Su sacrificio expiatorio para superar la muerte y, mediante el arrepentimiento, limpiarnos del pecado, y tenemos que seguir la doctrina de Cristo29. También necesitamos la luz y el conocimiento de la vida y enseñanzas del Salvador para guiarnos en el camino del convenio, incluyendo las ordenanzas sagradas del templo. Debemos ser firmes en Cristo, deleitarnos en Su palabra y perseverar hasta el fin30.

Conclusión

Si vamos a ser valientes en nuestro testimonio de Jesús, debemos evitar las piedras de tropiezo que atrapan e impiden el progreso de muchos, que por lo demás, son hombres y mujeres honorables. Tengamos la determinación de estar siempre a Su servicio. Mientras buscamos conocimiento, evitemos las filosofías de los hombres que disminuyen nuestro compromiso hacia el Salvador. Debemos ver el pecado como lo que es y aceptar la expiación del Salvador mediante el arrepentimiento. Tenemos que evitar traspasar lo señalado y centrarnos en Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor, y seguir Su doctrina.

Mi padre vio el poste como un medio para dar corriente, luz y abundante agua para cocinar y limpiar; lo que fue un peldaño para mejorar su vida.

Un escritor sugiere que las piedras de tropiezo pueden convertirse en “peldaños para un carácter noble y que conduzca al cielo”31.

Para nosotros, ser valientes en el testimonio de Jesús es un peldaño para calificar para la gracia del Salvador y el Reino Celestial. Jesucristo es el único nombre bajo el cielo por el cual podemos ser salvos32. Les doy mi firme testimonio tanto de Su divinidad como de Su función magistral en el plan del Padre. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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    Notas

    1. Doctrina y Convenios 14:7; véase también Juan 17:3.

    2. Doctrina y Convenios 76:79.

    3. Véase Leales a la Fe: Una referencia del Evangelio, 2004, pág. 196–198.

    4. Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary, edición nro. 11, 2003, “stumbling block [piedra de tropiezo]”.

    5. Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary, “stumble [tropezar]”.

    6. Doctrina y Convenios 93:36.

    7. Véase Hechos 9:1–9; 26:13–18.

    8. Véase de Frederic W. Farrar, The Life and Work of St. Paul, 1898, pág. 319.

    9. Véase de Farrar, The Life and Work of St. Paul, págs. 319–.320.

    10. 1 Corintios 2:4–5.

    11. Véase de George Frideric Handel, Messiah, edición T. Tertius Noble, 1912.

    12. 1 Corintios 15:20–22, 55, 57.

    13. Will Durant, The Story of Civilization, tomo 3, Caesar and Christ,1944, pág. 595.

    14. Heber C. Kimball, en Orson F. Whitney, Life of Heber C. Kimball, 1945, pág. 446.

    15. Véase de Neal A. Maxwell, “Tened buen ánimo”, Liahona, enero de 1983, pág. 129.

    16. Mosíah 27:29.

    17. Alma 40:26.

    18. Alma 42:1. En la doctrina Santo de los Últimos Días se prevé para toda la humanidad, incluso para quienes no escuchen sobre Cristo en esta vida, los niños que mueren antes de la edad de responsabilidad y quienes no tienen entendimiento (véase Doctrina y Convenios 29:46–50; 137:7–10).

    19. Alma 42:5.

    20. Alma 42:8.

    21. Alma 42:24. Noten que en inglés el pronombre personal para la justicia es masculino y para la misericordia es femenino.

    22. Robert Louis Stevenson, en Carla Carlisle, “A Banquet of Consequences”, Country Life Magazine,  6 de julio, 2016, pág. 48. La señora Carlisle da crédito a Robert Louis Stevenson por la frase. Algunos le dan crédito a otros.

    23. Alma 42:29.

    24. Jacob 4:14.

    25. En un artículo para la revista Liahona en 2003, hice hincapié en cuatro áreas que podrían crear ceguera teológica y el tropiezo que Jacob describió: el sustituir las filosofías de los hombres por las verdades del Evangelio, el fanatismo religioso, los gestos heroicos como un sustituto para la consagración diaria y el elevar las normas sobre la doctrina (véase ““Traspasar lo señalado”, Liahona, marzo de 2003, págs. 21–24).

    26. Quentin L. Cook, “Traspasar lo señalado”, Liahona, marzo de 2003, págs. 22–24.

    27. Doctrina y Convenios 10:68.

    28. Doctrina y Convenios 76:79.

    29. Véase 2 Nefi 31:17–21.

    30. Véase 2 Nefi 31:20–21.

    31. Henry Ward Beecher, en Tryon Edwards, comp., The New Dictionary of Thoughts, 1891, pág. 586.

    32. Véanse 2 Nefi 31:21; Mosíah 3:17.