La época de la conferencia

Thomas S. Monson

Second Counselor in the First Presidency


Thomas S. Monson
“Tal vez nunca en la historia haya existido una necesidad más grande de cooperación, de comprensión y de buena voluntad entre las personas y los pueblos.”

El presidente Benson ha sugerido que yo de comienzo a esta conferencia con un mensaje breve en su nombre y que extienda a todos los oyentes y televidentes de todo el mundo sus saludos, su amor y su bendición.

Un espíritu primaveral reluce en nuestra histórica Manzana del Templo. Los céspedes bien cuidados han abandonado el descolorido manto invernal y ahora relucen como una alfombra verde que realza los elegantes canteros de flores de brillantes colores. Este es un periodo de renovación, un tiempo para sentirse agradecidos y reflexionar.

El mundo ha experimentado grandes cambios desde que nos reunimos la ultima vez. El muro de Berlín se ha derrumbado. Las familias ahora pueden estar juntas en cualquiera de los dos lados y gozar de lo que se les ha privado durante tanto tiempo. En Polonia, Hungría, Checoslovaquia y la República Democrática Alemana, han resonado las campanas de la libertad anunciando una nueva época.

Todos recordamos, presidente Benson, el triste periodo que siguió a la Segunda Guerra Mundial cuando nuestros miembros sufrían de inanición y estaban al borde de la desesperación. Entones usted se hizo cargo de supervisar la distribución de ropa, comestibles y artículos médicos almacenados por la Iglesia a las familias europeas despojadas por la guerra.

Sus palabras, Presidente, resuenan con claridad: “Debemos dedicar nuestra fortaleza a satisfacer las necesidades del mundo y no a calmar sus temores Yo opino que los actos de misericordia, como la distribución de artículos de primera necesidad a los que los necesiten, se llevan a cabo con mas eficacia cuando los que los hacen son grupos privados u organizaciones como la Iglesia.” (Teachings of Ezra Taft Benson, Salt Lake City: Bookcraft, 1988, pág. 261.)

Siguiendo el espíritu del consejo del presidente Benson, tenemos la responsabilidad de dar ayuda como también esperanzas a los hambrientos, destituidos y oprimidos de este país y del extranjero. En este momento es lo que estamos haciendo, para bendición de muchos. En varias ciudades, donde hay mucha necesidad, se ha ablandado el corazón de las personas, y las expresiones de desaliento se han transformado en sonrisas de confianza, gracias a la generosidad de los miembros de la Iglesia que pagan ofrendas de ayuno como el Señor ha mandado.

A los jóvenes os digo: El presidente Benson siempre os ha apoyado. En una ocasión, resumió la opinión de todos vuestros lideres cuando dijo: “Queridos jóvenes, tendréis pruebas y tentaciones por las que debéis pasar, pero os esperan grandes momentos en la eternidad. Vosotros tenéis nuestro amor y confianza. Oramos para que estéis preparados para ser lideres. Os decimos, levantaos y brillad” [D. y C. 115:5]. (“Un mensaje a la nueva generación”, Liahona, febrero de l978, pág. 36.)

Mis jóvenes hermanos y hermanas, desde los días en que el presidente Benson era un maestro Scout hasta la actualidad, en que preside a toda la Iglesia, no se ha olvidado de vosotros. Se alegra de vuestros triunfos y admira vuestros puntos fuertes. Es vuestro amigo y defensor.

A los padres de la Iglesia os digo: el presidente Benson siempre os ha dicho que enseñéis por medio del buen ejemplo. Lo he oído hacer oraciones sublimes a nuestro Padre Celestial, llenas de súplicas sinceras y de mucha gratitud. Los hijos que acompañan a sus padres en las oraciones familiares tienden a ser mas unidos con ellos y a seguir las enseñanzas del Señor.

El presidente Benson y su amada esposa, Flora, gozan de ir al templo todas las semanas. Lo que el siente por el templo lo expresó de esta manera: “Yo amo los templos de Dios. Son el lugar mas cercano al cielo. Son la casa del Señor”. (Teachings of Ezra Taft Benson, Salt Lake City: Bookcraft, 1988, pág. 253.)

Al comienzo de esta conferencia, me uno al presidente Benson y se que también expreso los sentimientos del presidente Hinckley y las demás Autoridades Generales, y declaro nuestro amor por los hijos de nuestro Padre Celestial de todo el mundo. Tal vez nunca en la historia haya existido una necesidad mas grande de cooperación, de comprensión y de buena voluntad entre las personas y los pueblos. No sólo es apropiado sino imperativo que hagamos hincapié en el ideal de la verdadera hermandad y de la responsabilidad que ella nos confiere a todos.

Como escribió Edwin Markham:

Hay un destino que nos hermana;
nadie va solo al caminar;
por el bien que hacernos en la vida a otros,
Dios nos ha de compensar.

Cumplamos con los mandamientos de Dios. Sigamos los pasos de Su Hijo y nuestro Salvador, el Señor Jesucristo. Si lo buscamos fervientemente, sin duda lo encontraremos. Puede que venga a nosotros como un desconocido, como en la antigüedad se presentó a la orilla del mar a hombres que no lo conocían. A todos les dice lo mismo: “Seguidme” (véase Juan 21:22) y nos encarga la obra que quiere llevar a cabo en nuestra época. El nos manda y a los que le obedecemos, así seamos educados o ignorantes, se nos revelara en las dificultades, los conflictos, los sufrimientos por los que tendremos que pasar como Sus discípulos; y por experiencia propia aprenderemos quien es El. Os doy mi testimonio de que Dios vive, de que Jesús es el Cristo, nuestro Redentor, y de que un Profeta de Dios nos guía, el presidente Ezra Taft Benson. En el nombre de Jesucristo. Amen.