“Un pequeño paso para el hombre, un salto gigantesco para la humanidad”

Carlos E. Asay


“Un muchacho creyente dio ‘un pequeño paso’ y oró; el amoroso Padre Celestial escuchó y respondió Y podemos referirnos apropiadamente al resultado como ‘un salto gigantesco para la humanidad’.”

Pido que la influencia del Espíritu Santo este conmigo al hablaros de un tema muy sagrado, un tema que espero tenga significado especial para los que estéis investigando la Iglesia.

El 20 de julio de 1969, hubo un grupo de astronautas que llegaron a la luna, planeta que está a más de 380.000 kilómetros de la tierra. Millones de personas en todo el mundo fueron testigos de este acontecimiento histórico por televisión, y contemplaron asombrados cuando el módulo lunar se posó sobre la superficie de la luna. Todos se conmovieron cuando Neil Armstrong salió de la nave espacial y anunció: “Este es un pequeño paso para el hombre, un salto gigantesco para la humanidad”.

La cobertura de la prensa en este logro monumental fue enorme; durante muchos días ocupó los titulares de los periódicos y fue el tema de artículos de primera plana. Después de todo, el llegar a la luna había abierto nuevos horizontes para los viajes espaciales, había revelado conocimiento sobre el universo y representaba un considerable esfuerzo de parte de muchas personas. Algunos periodistas declararon que el alunizaje había sido el acontecimiento más grandioso que había ocurrido en la historia de la humanidad desde la resurrección de Cristo.

Sin duda, me resultan asombrosos los recientes descubrimientos que se han hecho en tecnología espacial. No comprendo ni siquiera una fracción de los milagros efectuados por los eruditos del mundo que han estudiado extensivamente el universo. No obstante, discrepo con los que crean que el llevar un hombre a la luna es el suceso mas grandioso de los últimos dos mil años. Y discrepo porque se de una oportunidad en que el Creador mismo del universo vino a la tierra en respuesta a la humilde oración de un muchachito desconocido, y reveló teología pura.

El hombre juzga la grandeza de muchas maneras; en general la equipara con tamaño, costo, cantidad y posición. Sin embargo, Dios tiene una manera mejor, pues, “Como son más altos los cielos que la tierra, así son [Sus] caminos

mas altos que [los del hombre]” (Isaías 55:9). Ante Sus ojos, la grandeza se equipara con la luz, la verdad, la bondad y el servicio (véase D. y C. 93:39; Mateo 23:11).

Se nos enseña que la vida eterna es el mas grande de todos los dones de Dios (véase D. y C. 14:7; cursiva agregada), y que la vida eterna es “que [lo] conozcan [a El], el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien [El ha] enviado” (Juan 17:3). Por lo tanto, se deduce que cualquiera que de a conocer a la humanidad al único Dios verdadero y revele el don de la vida eterna, poniéndolo a disposición de todos, será participe de la grandeza y se le relacionara con grandes acontecimientos.

Al muchacho desconocido de quien hablo, el que dio a conocer el único Dios verdadero a un mundo obscurecido, no lo patrocinaba ninguna organización ni lo capacitó ningún grupo de profesionales. En esa época, no era profeta ni hijo de profeta, sino que, como muchos a quienes en tiempos pasados se ha llamado para una obra sagrada, era un sencillo muchacho de campo (véase Amós 7:14-16).

Era producto de una familia que amaba a Dios, una familia que tenia sed de justicia y ejercía una fe sencilla pero profunda en el Señor. Su hogar fue la escuela que tuvo, sus amorosos padres fueron sus maestros y la Biblia fue su libro de texto. Sin embargo, a la tierna edad de catorce años demostró un tipo de fe que tuvo el poder de ponerlo en la presencia de la Deidad (véase Marcos 9:23).

Cuando entró en aquel bosque del estado de Nueva York, no había cámaras de televisión enfocadas sobre el; no había una muchedumbre de admiradores que lo animaran ni un grupo de subalternos que le dieran respaldo; no había periodistas que estuvieran cerca para describir sus acciones. Solo allí, se arrodilló bajo la mirada de su Padre Celestial y manifestó los deseos sinceros de su corazón con absoluta confianza de que el Señor lo escucharía. El no se dio cuenta del silencioso aplauso de las multitudes invisibles que habían esperado pacientemente la aurora del nuevo día y la restauración del Evangelio de Jesucristo.

Para que ocurriera el milagro, el no invirtió dinero, ni maquinas, ni labor humana, ni siquiera equipo científico; su inversión fueron una fe viva y una voluntad indomable.

La oración y la primera visión de José Smith en 1820 no fueron hechos de poca monta, aun cuando comenzaron como “un pequeño paso para [aquel joven]”, sino que a lo largo de los años han probado ser un “salto gigantesco para la humanidad”, pues ese acto de fe suprema puso fin a una larga noche de obscuridad espiritual, abrió la compuerta a un torrente de verdades autenticas e inició la dispensación del cumplimiento de los tiempos.

Se dice que son muchos los beneficios de la misión a la luna, y estos se reflejan en todo lo que nos rodea. No obstante, las consecuencias de la oración que pronunció José Smith y su indagación en lo desconocido son infinitamente mas grandes; y todos los que se interesen en “las cosas como realmente son, y … las cosas como realmente serán” deben reflexionar seriamente al respecto (Jacob 4:13; cursiva agregada).

José Smith no salió del bosque con rocas lunares en el bolsillo ni polvo de la luna en los zapatos. Salió de allí con una expresión nueva en el semblante y un tesoro de verdad almacenado en su mente y su corazón:

  1. 1.

    El aprendió que, en materia de asuntos religiosos, no hay ganadores en la lucha de palabras ni en los debates de opinión (véase José Smith-Historia 12). Esas contenciones son del agrado de Satanás, porque el es el “padre de la contención” (vense 3 Nefi 11:29).

  2. 2.

    José Smith sintió “el poder de un ser efectivo del mundo invisible” que le “trabó la lengua” y lo rodeó de “espesa niebla” al comenzar a orar (José Smith-Historia 1ó). Este poder fue ejercido por el maligno, que veía en el una amenaza para su reino de pecado y error.

  3. 3.

    E1 aprendió lo que Moisés había aprendido muchos años atrás sobre la tenebrosidad y la futilidad de Satanás, en comparación con la luz y la libertad de Dios (véase Moisés 1:10-15). Y dijo:

  4. 4.

    José Smith aprendió que estaba hecho a la imagen de Dios, tal como las Escrituras lo atestiguan. Esto es lo que dijo:

  5. 5.

    José Smith aprendió que ninguna de las iglesias de la época estaba en lo cierto y que no debía unirse a ninguna. El contó lo siguiente:

  6. 6.

    José Smith supo que no debía afiliarse a ninguna de las religiones existentes. Sus palabras son:

  7. 7.

    José Smith supo que “el testimonio de Santiago era cierto: que si el hombre carece de sabiduría, puede pedirla a Dios y obtenerla sin reproche” José Smith- Historia 26).

  8. 8.

    Poco después, José Smith supo “que Dios tenia una obra para [el]”, y que su nombre se conocería “entre todas las naciones, tribus y lenguas” (José Smith-Historia 33).

Sí, todo empezó tan serenamente, con tanta sencillez y tan maravillosamente. Un muchacho creyente dio “un pequeño paso” y oró; el amoroso Padre Celestial escuchó y respondió. Y podemos referirnos apropiadamente al resultado como “un salto gigantesco para la humanidad”.

Todas las altas torres que se hayan construido y todas las naves que se hayan lanzado al espacio palidecen en importancia al compararlas con la primera visión de José Smith. Por mucho que se eleve el hombre a los cielos, no encontrará a Dios ni vera Su faz a menos que se haga humilde, ore y escuche las verdades reveladas por medio del Profeta de la Restauración. Hay quienes han dicho neciamente: “Si quitan de esa religión a José Smith con su oración en el bosque y la Primera Visión, aceptare el mensaje”. Esas personas querrían que enterráramos el tesoro de las verdades salvadoras que he mencionado, y de muchas otras, y diéramos la espalda al “acontecimiento mas grandioso que haya tenido lugar en la historia del mundo, desde los días del ministerio de Cristo hasta la gloriosa hora en que ocurrió” (Bruce R. McConkie, Mormón Doctrine, 2a. ed., Salt Lake City: Bookcraft, 1968, pág. 285). José Smith “vivió grande y murió grande a los ojos de Dios”. E1 “ha hecho mas por la salvación del hombre en este mundo, que cualquier otro que ha vivido en el, exceptuando sólo [a] Jesús” (D. y C. 135:3).

Su oración fue … “Un pequeño paso para [un joven], pero un salto gigantesco para la humanidad. Y probó que no hay nada imposible para el hombre, si tiene fe, confía en el Señor y da un pequeño paso cada vez. “ (Art Harris, “Un pequeño paso”.)

Sí, “al gran Profeta rindamos honores”, el que “fue ordenado por Cristo Jesús”, el instrumento fundamental en la traducción del Libro de Mormón, en la restauración del santo sacerdocio, en la organización de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días y en la revelación de la plenitud del evangelio. Se que José Smith era un Profeta, porque los frutos de su labor son dulces y duraderos y porque el Santo Espíritu así lo ha testificado a mi alma. Me siento honrado en unir mi voz a las de millones de personas que testifican de su grandeza y de su di vi no llamamiento . También se que “Dios el Señor se vale de medios para realizar sus grandes y eternos designios; y por medios muy pequeños el Señor confunde a los sabios, y realiza la salvación de muchas almas” (Alma 37:7). En el nombre de Jesucristo. Amen.