“Para siempre Dios este con vos”

Presidente Thomas S. Monson

Segundo Consejero de lo Primera Presidencia


Presidente Thomas S. Monson

Hay un gran vacío en la silla que esta entre la del presidente Hinckley y la mía, y ese gran vacío se refleja en nuestros corazones. Desearía poder llevaros, junto con el presidente Hinckley, al cuarto del hospital que ocupa el presidente Benson, a quien visitamos hace apenas unos días. No me cabe la menor duda de que la tranquilidad y el amor que reina allí seria de gran beneficio para todos los miembros de la Iglesia. El presidente Benson yacía en la cama del hospital, con la mano izquierda entre las de un buen hijo, mientras que una encantadora hija le sostenía la derecha y le leía del Libro de Mormón. Como música de fondo, se podía escuchar, muy bajito, una grabación del Coro del Tabernáculo Mormón. Era como estar en un pedacito de cielo.

Al llegar al final de otra conferencia general, nuestro espíritu ha sido elevado, nuestra mente inspirada y nuestra alma henchida.

Los mensajes que se pronunciaron desde este púlpito nos han dado consejos y guía para continuar nuestro viaje a través de la vida terrenal. Las oraciones se han ofrecido con humildad, y los ruegos que se expresaron en ellas son un fiel reflejo de los sentimientos que alberga nuestro corazón. La música angelical que los coros proporcionaron en las diferentes sesiones confirma las palabras del Señor que dicen que “la canción de los justos es una oración para mí, y será contestada con una bendición sobre su cabeza” (D. y C. 25: 12).

Nos apena realmente que el presidente Ezra Taft Benson no haya podido estar con nosotros aquí en el Tabernáculo. De todas maneras, hemos sentido su espíritu en cada una de las sesiones de esta conferencia. El amor que siente por el Señor, por los miembros de la Iglesia y por los hijos de Dios en todas partes del mundo es legendario. Dondequiera que haya ido, ha bendecido la vida de aquellos a quienes ha conocido.

Un viernes en el que el presidente Benson y su esposa asistieron, como es costumbre, a una sesión del Templo de Jordan River, se acercó al Profeta un joven que lo saludó con gran gozo diciéndole que había recibido el llamamiento para ir a una misión. El presidente Benson tomó entonces de la mano al nuevo misionero y con una sonrisa en los labios le. dijo: “¡Llévame contigo! ¡Llévame contigo!” Ese misionero testificó que, en cierto sentido, había llevado al Profeta con él a la misión, ya que esas palabras habían puesto de manifiesto el amor incondicional del presidente Benson, su devoción por la obra misional y su deseo de estar siempre al servicio del Señor.

Con los cambios que están ocurriendo rápidamente sobre la faz del continente europeo, recordamos el gran servicio que prestó allí el presidente Benson al termino de la Segunda Guerra Mundial, en beneficio de las personas que padecían hambre y no tenían un techo bajo el cual cobijarse. Entre nosotros hoy día se encuentra una de las personas damnificadas que recibió esa ayuda. Ella le escribió recientemente al presidente Benson:

“Esta es la primera vez en mi vida que vengo a Salt Lake City para asistir a una conferencia general. No sé si se acordará de la primera vez que nos conocimos, en el otoño de 1946, en Langen, Alemania. Pienso que ni usted ni yo vamos a olvidar nunca los días memorables que siguieron al termino de la Segunda Guerra Mundial. Nunca olvidaremos la ayuda que usted le brindó a los refugiados en esos tristes días. Han pasado ya cuarenta y cuatro años, y tanto usted como yo hemos envejecido. Deseo que el Señor le bendiga y sea feliz el resto de sus días, y le hago llegar todo mi sincero cariño.”

Si el presidente Benson estuviera aquí en este púlpito, al finalizar ahora la ultima sesión de esta gloriosa conferencia, el mismo os extendería su amor, sus admoniciones y sus bendiciones. Permitidme, utilizando las propias palabras del presidente Benson, extenderos su consejo:

“Sed valientes en el testimonio de Jesús todos los días de vuestra vida” (Come unto Christ, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1983., pág. 16).

“Su palabra es uno de los dones más valiosos que puede darnos. Por lo tanto, os insto a estudiar las Escrituras, a sumiros en su estudio diariamente para poder tener con vosotros el poder del Espíritu … Estudiadlas junto con vuestra familia y enseñad a vuestros hijos a amarlas y atesorarlas” (Conferencia General de abril de 1986).

“Es una satisfacción para el alma saber que Dios esta pendiente de nosotros y dispuesto a responder cuando ponemos nuestra confianza en Él y hacemos lo correcto. No hay lugar para el temor entre los hombres y las mujeres que depositen su confianza en el Omnipotente y que no titubeen en humillarse para buscar la orientación divina por medio de la oración. No obstante las persecuciones o los fracasos, en la oración se puede hallar la seguridad, porque Dios serenara nuestra alma. Esa paz, ese espíritu de serenidad, es la bendición mas sublime de la vida.”(“Orad siempre”, Liahona junio de 1990, pág. 6).

Luego continuó: “… voy envejeciendo y perdiendo mi vigor, y me siento profundamente agradecido por vuestras oraciones y por el apoyo de las demás Autoridades. Doy gracias al Señor por renovar mi organismo de vez en cuando para que pueda seguir edificando Su reino … Pero, Dios mediante, pienso dedicar el resto de mis días a esta magnifica tarea” (“Tenemos que inundar la tierra con el Libro de Mormón”, Liahona, enero de 1989, pág. 6). El presidente Ezra Taft Benson es un hombre de amor, y estoy seguro de que su deseo es que yo os haga llegar ese amor. Él tiene una voz muy linda y con frecuencia ha cantado la melódica tonada de uno de sus himnos favoritos:

“Para siempre Dios este con vos,
Con su voz el os sostenga,
Con su pueblo os mantenga,
Para siempre Dios este con vos …
Para siempre Dios este con vos,
En sus brazos el os cubra,
Su maná él os descubra,
Para siempre Dios este con vos …”

(Himnos de Sión, Núm. 143.)

A los miembros de la Iglesia y a los hijos de Dios en todo el mundo, nuestro Profeta, el presidente Ezra Taft Benson, os hace llegar los sentimientos mas caros de su corazón, su gratitud por vuestras oraciones ofrecidas para su beneficio, así como su constante amor. Que Dios este con vosotros para siempre, en el nombre de Jesucristo. Amén.