La bondad es parte del plan de Dios

Hermana Betty Jo Jepsen


Marcia, mi amiga, se había mudado varias veces, a pesar de su tierna edad, debido al trabajo de su padre. Ahora tenia diez años y estaba por comenzar a asistir a una nueva escuela. La madre notó la preocupación en la cara de su hija y se sentó con ella para hablar de las cosas que la estaban preocupando.

Marcia le habló de lo difícil que era adaptarse a las clases a mediados de año y ponerse al día con los temas de estudio, con los maestros y con los demás alumnos. La madre prometió ayudarla a adaptarse a su nuevo ambiente. A Marcia se le llenaron los ojos de lagrimas y con toda sinceridad dijo: “Puedo hacer frente a los problemas académicos y a los nuevos maestros, pero, mama”, añadió con lagrimas que todavía le rodaban por sus pecosas mejillas: “no me gusta comer sola”.

Marcia necesitaba que alguien se diera cuenta de su situación y la invitara a formar parte de algún grupo. El Salvador declaró: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32).

La palabra bondad tiene muchos sinónimos: amor, servicio, caridad … Pero yo prefiero la palabra bondad porque el ser bondadoso requiere acción; es algo que tanto ustedes como yo podemos ser La bondad se puede demostrar de muchas maneras. Mis ejemplos favoritos de bondad son los que manifestó Jesús. Él dedicó su ministerio a buscar al fatigado, al enfermo, al pobre y al solitario para ser benévolo con ellos.

El libro de Marcos, en el Nuevo Testamento, habla de la benevolencia del Salvador hacia una jovencita, hija del principal de la sinagoga donde enseñaba Jesús. Al padre le dijeron: “Tu hija ha muerto”. Pero Jesús lo consoló diciendo: “No temas, cree solamente”. Y rápidamente fue a ver a la niña y dijo: “Niña, a ti te digo, levántate.

“Y … la niña se levantó y andaba, pues tenia doce años. Y se espantaron grandemente.” (Marcos 5:35-43.)

Después de ese maravilloso milagro, Él continuó demostrando preocupación por la niña instruyendo que le dieran algo de comer.

Nuestro querido Profeta, el presidente Benson, nos ha enseñado en cuanto a la bondad; dice que una persona bondadosa es compasiva y benigna con los demás, considera los sentimientos de otros, es cortes en su manera de ser y es servicial. Dice, además: “La bondad perdona las flaquezas y las faltas de los demás. La bondad se da a todos: al anciano y al joven, a los animales, y tanto a los ricos como a los pobres” (Ensign, nov. de 1986, pág. 47).

Pueden preguntarse: “¿Cómo se aplican a mi vida el ejemplo de Jesús y las palabras del Profeta?” Jesús nos ha manifestado, por medio del ejemplo, el plan de Dios. Nuestro Profeta, cabeza de la Iglesia hoy día, nos enseña a seguir el plan de Dios y la manera de regresar a vivir con Jesús y nuestro Padre Celestial. Sé que seria extraordinario que presenciásemos un milagro como el que he citado de las Escrituras; muy rara vez se nos pide que sacrifiquemos nuestra seguridad y bienestar como lo hizo Jesús cuando lo acosaron sus enemigos o estaba físicamente exhausto. Sin embargo, sinceramente creo que podemos, a nuestra manera, ser bondadosas con nuestros parientes, amigos, compañeros de estudios y vecinos.

No hace mucho hable con algunas Mini Mozas acerca de personas bondadosas que tuvieran influencia en sus vidas. Katy y Laura eran buenas amigas. Ambas conocían a otras jóvenes que formaban parte de su circulo de amistades. El grupo entero organizó una fiesta e invitaron a todas, menos a Katy. Cuando Laura se enteró, les dijo que ella no iría a menos que invitaran a Katy. El acto bondadoso de una amiga que siguió el plan de Dios evitó dolor y sufrimiento.

Llegamos a ser bondadosas al ejercitar la bondad. Sófocles, un gran filósofo, dijo: “La bondad siempre engendra bondad” (Familiar Quotations, comp. John Bartlett, ed. Emily Morison Beck, Boston: Little, Brown Co., 1980, pág. 7). Recuerdo algunas máximas sobre la bondad que escuche cuando era joven: “Siempre tratare de hacer y de decir las cosas más bondadosas en la forma más bondadosa posible”. Una querida amiga compartió conmigo un versito que la ha ayudado a actuar en forma bondadosa:

Cuantas lágrimas vertidas

por las oportunidades perdidas

de aliviar al prójimo en su necesidad.

Pero nunca he sentido,

ni jamas me veré arrepentido

por haberle brindado una muestra de bondad.”

(Anónimo, citado por Richard L. Evans, “The Quality of Kindness”, Improvement Era, mayo de 1960, pág. 340.)

Jamas esta de mas un gesto de bondad. Nunca es demasiado tarde para ser bondadoso. Los actos de bondad pueden cambiar para bien tanto al que da como al que recibe.

Dario nació con serios impedimentos físicos. En sus cinco años de vida, no sabia mucho de lo que era correr, jugar a las escondidas, saltar a la cuerda ni tener dolores. No obstante, sabia cómo sentirse mejor. Cuando tenia dolores y los que le rodeaban estaban afligidos o descorazonados, él levantaba los brazos y decía: “¿Me dejas que te abrace?” En su inocencia, él sabía que podía ayudar a otros, aun cuando él tuviese que soportar el sufrimiento.

Es importante desarrollar el don de la bondad, aun cuando seamos tímidos o estemos muy ocupados. Algunos, como en el caso de Dario, no deben pensarlo mucho; otros, que no tienen la inclinación natural de ser bondadosos, necesitan hacer un esfuerzo mayor.

Cuando yo era joven, los veranos que pasaba en la granja me ayudaron a valorar y a respetar el mundo de los insectos y de los animales. Siempre me ha fascinado la industriosidad de las abejas; su tarea es la de juntar néctar y para ello van de flor en flor buscándolo en las flores coloridas así como en las que no lo son. Si no lo encuentran en una, no se desaniman, sino que lo buscan en otra. Al ocuparse así de recoger el néctar, llevan a cabo la polinización de las flores para que estas cumplan con la medida de su creación. Por ultimo, cargadas de néctar, regresan al panal y el néctar se convierte en miel, nutriéndose no sólo a sí mismas, sino también a la siguiente generación de abejas.

Todas sabemos que las abejas juntan el néctar por instinto. ¡No pueden evitarlo! No obstante, hacen mucho bien. Podemos aprender de ellas y desarrollar nuestro propio “instinto de bondad” buscando oportunidades de ser bondadosas. ¿No sería un mundo maravilloso si tuviéramos el instinto natural de ser bondadosas y buscáramos oportunidades para ponerlo en practica? Podemos nutrir a otros con bondad y nuestras obras pueden llegar a ser la dulce miel de este jardín de la vida.

A veces justificamos el hecho de que no somos bondadosas porque nos sentimos mal o estamos decaídas. Es fácil serlo cuando todo marcha bien, aunque quizás la verdadera medida de nuestra bondad se manifieste cuando estemos cansadas, desilusionadas o suframos por el desamor de otras personas. ¿Somos bondadosas cuando todo no anda bien?

Jesucristo nos ha dado un gran ejemplo que debemos seguir en todo momento. Ninguna de nosotras llegara jamas a sentir un dolor físico y una angustia mental similar a la que Él padeció en la cruz. Sin embargo, en aquel momento de gran sufrimiento, “uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba”, pero Jesús no le respondió (Lucas 23:39). El otro ladrón reprendió al primero y le suplicó al Salvador que intercediera con el Padre por él. Jesús olvidó su dolor y lo consoló diciendo: “… hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43), indicándole que pronto dejaría de sufrir. “El último gesto de bondad que recibió Jesús fue de parte de un ladrón; Él aceptó tal benevolencia y lo perdonó” (Robert Browning, Familiar Quotations, pág. 545).

Otro ejemplo conmovedor es la bondad que Jesús demostró hacia sus Apóstoles. Casi a fines de su ministerio terrenal se reunió con ellos para darles la Santa Cena e instrucciones finales. Tomó una toalla, vertió agua en una vasija y lavó y secó los pies de los discípulos. Pedro, que era uno de ellos, dijo: “No me lavaras los pies jamas” (Juan 13:8) Quizás lo hizo porque pensó que Jesús no debía humillarse efectuando un acto de esa naturaleza; no obstante, Jesús insistió y lavó los pies de todos ellos, incluso los de Judas, sabiendo que este lo traicionaría. Cuando terminó les dijo: “¿Sabéis lo que os he hecho?

“Vosotros me llamáis Maestro, y Señor;

“Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.

“Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis …

“Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.” (Juan 13:12-17.)

Él dio un mandamiento y una promesa.

El Salvador nos promete bondad eterna e incondicional. “Porque los montes desaparecerán y los collados serán quitados, pero mi bondad no se apartara de ti” (3 Nefi 22: 10; véase también Isaías 54: 10) y “con misericordia eterna tendré compasión de ti, dice el Señor tu Redentor” (3 Nefi 22:8; véase Isaías 54:8). El lema de las Mini Mozas es: “Cumpliré con el plan que Dios preparó para mí”. Ese plan requiere que seamos bondadosas. Las invito a buscar oportunidades para ser bondadosas. Tienen la promesa de que serán felices. Ruego que cada una de nosotras obtenga el deseo de ser bondadosa consigo misma y con los demás, y que continúe siéndolo siempre, en el nombre de Jesucristo. Amén.