Un modelo de rectitud

Janette C. Hales


“Cuando nos establecemos un modelo de rectitud, nos comprometemos con nuestro Padre Celestial a hacer todo lo que este de nuestra porte por ayudar a otros a copiar ese modelo en su vida.

Hace muchos años, cuando mis hijos eran pequeños, el alimentarlos de noche y el cambio de pañales de día me parecían tan interminables como el congelado terreno afuera de nuestro departamento. Cada vez que siento lastima por mi misma, me ayuda el hacer algo por los demás. Ese invierno mi necesidad era grande, así que busque una solución drástica: decidí confeccionar un saco deportivo para mi esposo. Como no tenía experiencia de modista, empecé por comprar el mejor molde (patrón) y la mejor tela que iba a necesitar. Con gran entusiasmo, saque las instrucciones; al leerlas, se me fue el alma a los pies: la tarea era superior a mis habilidades. Los siguientes días, dondequiera que iba llevaba el molde conmigo. Para no desanimarme, decidí seguir y trabajar en sólo dos instrucciones por día; cuando terminaba esas dos, leía las indicaciones del día siguiente. De vez en cuando me apresuraba y tenía que descoser, pero afortunadamente los errores que se cometen en una tela buena no se notan si se reparan con cuidado. Unos meses después termine mi obra maestra, gracias al molde que hizo posible ese milagro. Los moldes y los ejemplos han llegado a ser importantísimos para mi.

A medida que mi conocimiento de modelos y patrones ha aumentado, he apreciado mas los modelos que nos dio el Señor. Los moldes para sus obras manuales se detallan en las Escrituras y conciernen a la construcción de un tabernáculo, del arca, de un altar y de los templos. Los materiales son importantes, los propósitos grandiosos. Después, esta el modelo mas importante, el de rectitud que nos dejó Jesucristo, “para ejemplo de los que habrían de creer en el para vida eterna” (1 Timoteo 1:16). Desde los tiempos antiguos hasta nuestros días, en toda circunstancia imaginable vemos la repetición de este modelo: la fe en el Señor Jesucristo, el arrepentimiento, el bautismo, el don del Espíritu Santo.

Los modelos están para copiarlos. Un modelo de rectitud es digno de copiarse; sin embargo, hay algunos que suponen que la rectitud se logra como quien sube verticalmente una escalera imaginaria; después pensamos que aceleraremos el progreso si nos adelantamos o pasamos por encima de otros. Creo que eso es orgullo. En Alma se nos dice: “… y el sacerdote no se consideraba mejor que sus oyentes, porque el predicador no era de mas estima que el oyente, ni el maestro era mejor que el discípulo; y así todos eran iguales y todos trabajaban, todo hombre según su fuerza” (Alma 1:26). La rectitud se reproduce horizontalmente, no en forma vertical. Cuando nos establecemos un modelo de rectitud, nos comprometemos con nuestro Padre Celestial a hacer todo lo que este de nuestra parte por ayudar a otros a copiar ese modelo en su vida. Esto puede pasar una y otra vez hasta que, como dice en Isaías 26:9, “los moradores del mundo aprendan justicia”.

Nuestro Padre Celestial declara en Doctrina y Convenios 52:14: “Os daré una norma en todas las cosas, para que no seáis engañados; porque Satanás anda por la tierra engañando a las naciones”. Para evitar ese engaño debemos prestar atención a los modelos de rectitud que debemos seguir. Me gustaría mencionar tres de ellos: la oración, el estudio de las Escrituras y el servicio al prójimo.

Después de aprender la importancia de la oración, este habito de orar diariamente influye en otras personas por medio de la enseñanza y el buen ejemplo. La menor de mis hijas dice que la oración llegó a ser mas importante para ella al ver a su hermana mayor ponerse de rodillas de noche, cuando pensaba que ya todos estaban dormidos. Cuando era alumna de la Universidad Brigham Young, recuerdo que me arrodillaba todas las mañanas a las 6:30 para orar junto con ocho compañeras, y después de la oración tomábamos el desayuno juntas. Años después, si no teníamos la oración con nuestros hijos, pensaba en lo que dirían mis antiguas compañeras si supieran. ¡Que gran ejemplo me dieron! ¿Sucede esto en nuestros hogares? Hace algunos meses, mientras estaba de rodillas para orar con una joven familia de Albuquerque, Nuevo México, tuve una cálida sensación al abrir los ojos y mirar aquel circulo que me rodeaba. Fue como si imaginara a las familias de todo el mundo teniendo la misma experiencia. Esperemos que, si este modelo de la oración se establece en nuestros hogares, los miembros de la familia sean un ejemplo para que otros lo copien, como mis compañeras de estudios lo fueron para mi.

El estudio de las Escrituras aumenta nuestro entendimiento del modelo a seguir para lograr la rectitud. Se nos dice que a medida que vivamos de acuerdo con la palabra de Dios, “el dará a los fieles línea sobre línea, precepto tras precepto” (D. y C. 98:12). Me animan los ejemplos que veo del estudio de las Escrituras. A una de mis hijas le gusta calentarse los pies antes de ir a la cama, y me encanta verla en el cuarto de baño, con los pies dentro de una tina llena de agua caliente, leyendo las Escrituras. Mis dos nietos, de dos y cuatro años, me hablan muy ufanos de las etiquetas adhesivas que reciben para pegar en el cartel de su progreso cuando ofrecen sus oraciones y

escuchan los relatos de las Escrituras diariamente. Siempre será necesario enseñar a nuestros hijos este modelo fundamental si deseamos que sigan el camino de la rectitud.

Prestar servicio abnegado es otro hermoso ejemplo de rectitud que muy a menudo aprendemos en nuestro hogar. Las Escrituras nos enseñan la importancia del servicio y los lideres testifican de ello. Harold Glen Clark, el primer presidente del Templo de Provo, escribió un relato titulado “Valido para entrar en los cielos”, en el que dice lo siguiente:

“Estuve pensando, de todas las cosas que he hecho, ¿cual ha agradado mas al Señor? ¿El haber sido presidente del quórum de diáconos, o el haber sido obispo, patriarca o presidente de templo?

“Pero después me vino a la memoria algo que pasó cuando tenía dieciséis años. Mi mama, que a menudo ayudaba a los necesitados, tuvo que cuidar a mis dos abuelos al mismo tiempo. En broma, alguien le dijo: ‘¿Por que no pone un anuncio que diga: “Se buscan abuelos”?’ Pero no era gracioso, porque a mi me asignaron el cuidado de un abuelo a quien tenía que bañar, vestir, desvestir y ayudar a comer. Yo sólo tenía dieciséis años y quería divertirme; pero muchas veces tenía que cuidar a mi abuelo mientras ahí cerca se jugaba un interesante partido de básketbol.

“Una vez en que mis amigos me llamaron, estaba adentro realizando la fastidiosa tarea de cambiarle la ropa de dormir mojada. Me encontraba muy impaciente y algo molesto. De repente, sentí la temblorosa mano del abuelo sobre la mía; lo mire y vi su cara cubierta de lágrimas mientras me decía: ‘Dios te bendiga, hijo. Nunca te arrepentirás de haber hecho esto por mi’.

“¡Sentí tanto remordimiento por mi fastidio! … Hasta el día de hoy tengo una sensación muy cálida por el pequeño servicio que preste a mi abuelo inválido.

“Creo que el hacer algo por alguien que no puede hacerlo por si mismo nos acerca mas a Dios, porque eso es lo que El y Su Hijo hacen por nosotros continuamente movidos por el amor que nos tienen” (sacado de un manuscrito que no ha sido publicado todavía).

Nuestros jóvenes necesitan modelos conforme establecen ellos mismos sus propios patrones de rectitud. Cuando pienso en mi cometido hacia la juventud de la Iglesia, tienen mayor significado las palabras del élder Boyd K. Packer al referirse a la exhortación de Alma y Helamán a la Iglesia en su época. El dijo: “Les advirtieron del peligro del crecimiento rápido, del deseo de ser aceptados por el mundo, de ser populares y especialmente les advirtieron acerca de la prosperidad. Cada vez que existían esas condiciones combinadas, la Iglesia se desviaba de su curso” (discurso pronunciado en el seminario de Representantes Regionales llevado a cabo el 30 de marzo de 1990).

Otra vez me puse a pensar en la juventud de la Iglesia. Considerad la transición de un joven entre los doce y los dieciocho años de edad. Las condiciones de las que se habla en el Libro de Mormón están casi siempre presentes en la vida de los jóvenes: un período de rápido crecimiento, el deseo de ser aceptados por los demás, de ser populares y a menudo prósperos. El modelo de rectitud personal, que incluye la oración, el estudio de las Escrituras y el servicio, es la respuesta para evitar los peligros de los que se habla en el Libro de Mormón. Nefi sabia esto cuando le pidió al Señor: “¡Oh Señor, envuélveme con el manto de tu justicia!” (2 Nefi 4:33.)

Cuando busque la definición de patrón y modelo, me encontré que patrón significa defensor, protector; y modelo es una persona cuya conducta es digna de imitarse y puede servir de regla o norma para los demás. Nuestro Salvador Jesucristo nos dio el modelo y nos pide que lo sigamos. Nefi pregunto ‘& …¿podemos seguir a Jesús a menos que estemos dispuestos a guardar los mandamientos del Padre?” (2 Nefi 31:10.)

Estoy agradecida a todos los jóvenes, a las personas de todas las edades cuya vida nos ayuda a ver este modelo de rectitud; estoy agradecida porque tenemos un Profeta. Unos días después de ser llamada como Consejera de la Presidencia de las Mujeres Jóvenes, los miembros de la Primera Presidencia de la Iglesia se acercaron a mi para apartarme y darme una bendición. El pensar que el Profeta de Dios iba a ponerme las manos sobre la cabeza me hizo sentir maravillada.

Después de la bendición, al darme vuelta y mirar al Profeta, no estaba preparada para la magnificencia del espíritu que sentí. Testifico que Ezra Taft Benson es un Profeta de Dios y que Jesucristo es nuestro Salvador. El nos ha dado un modelo de rectitud que, si lo seguimos, nos llevara otra vez a la presencia de nuestro Padre Celestial. Dejo este testimonio en el nombre de Jesucristo. Amén.