Prophets

Rulon G. Craven


“Exhorto a los santos a seguir a los profetas y estudiar sus palabras. Enseñad su palabra a vuestra familia durante los noches de hogar. Sostenedles en publico y en privado, orad por ellos…”

Hermanos y hermanas, durante mi servicio de trece años y medio en el cargo de secretario del Quórum de los Doce, mi testimonio de los profetas se fortaleció. Por medio del profeta José Smith, el Señor dijo: “Los Doce Apóstoles [son llamados para ser] testigos especiales del nombre de Cristo en todo el mundo” (D. y C. 107:23).

Los profetas tienen un don especial del Espíritu, un don profético. Durante el tiempo en que me desempeñé como secretario de los Doce, pude observar a esos hombres a quienes nuestro Padre Celestial ha llamado como testigos especiales de su Hijo Jesucristo.

Las reuniones de los jueves por la mañana en el aposento alto del templo siempre fueron experiencias especiales para mí. A menudo, mi corazón se llenaba de emoción al escuchar a los miembros de los Doce orar a nuestro Padre Celestial, pensando que esos eran los Doce Apóstoles, elegidos por nuestro Padre Celestial y sostenidos por los santos como profetas, videntes y reveladores.

A medida que el presidente Hunter dirigía la reunión de los Doce mientras trataban los asuntos anotados en la agenda para ese día, yo recordaba las palabras del versículo 27 de la sección 107 de Doctrina y Convenios, que dice: “Y toda decisión que tome cualquiera de estos quórumes se hará por la voz unánime del mismo; es decir, todos los miembros de cada uno de los quórumes tienen que llegar a un acuerdo en cuanto a sus decisiones, a fin de que estas tengan el mismo poder o validez entre sí”.

Los miembros de los Doce se esfuerzan por vivir de acuerdo con la inspiración del Espíritu. No hay entre ellos hombres tímidos, sino que dicen lo que piensan; sin embargo, saben escuchar y hablan cuando sienten la inspiración del Espíritu Santo. Su actitud en las reuniones de quórumes es la de escuchar y captar el poder de dirección del Espíritu que siempre los lleva a una decisión unánime. Me maravillaba ver cómo el poder de dirección del Espíritu influía en la mente y en el corazón de los Doce haciendo pesar su ascendiente durante el proceso de las decisiones que se tomaban.

El Espíritu Santo es quien dirige las decisiones que toma el Consejo de la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce, ya que ellos tratan siempre de vivir de acuerdo con el consejo del Señor que se encuentra en la sección 107, versículos 30 y 31 de Doctrina y Convenios, donde leemos: “Las decisiones de estos quórumes, o cualquiera de ellos, se deben tomar con toda rectitud, con santidad y humildad de corazón, mansedumbre y longanimidad, y con fe, y virtud, y conocimiento, templanza, paciencia, piedad, cariño fraternal y caridad;

“porque existe la promesa de que si abundan estas cosas en ellos, no serán estériles en cuanto al conocimiento del Señor”.

Los miembros de la Primera Presidencia, del Quórum de los Doce, de los Setenta y del Obispado Presidente son en verdad hombres que se esfuerzan por ser puros de corazón; en sus reuniones de quórum reina un espíritu de justicia, amor y unidad.

Los Doce quieren a su presidente y el presidente Howard W. Hunter tiene a su vez un gran cariño por los Doce. El presidente Hunter, con su tierno y persuasivo liderazgo invita al Espíritu del Señor a todas sus reuniones. Espero que el presidente Hunter me perdone por relatar una experiencia que me demostró el gran cariño que los Apóstoles se tienen entre sí; el que hace que el Espíritu Santo este presente en todas sus reuniones de quórum.

Muchos recordaran que hace algunos años se le informó al presidente Hunter que no podría volver a caminar y que quedaría confinado a una silla de ruedas. Sin embargo, su fe y su determinación fueron mas fuertes que ese diagnóstico. Diariamente, sin publicidad y en forma muy callada, se sometió a una terapia de ejercicios cansadores y difíciles, con la determinación y la visión de que algún día volvería a caminar. Durante esos difíciles meses, sus hermanos de los Doce oraron diariamente por el en sus reuniones de quórum y en forma privada.

Meses después, un jueves por la mañana, fui a la oficina del presidente Hunter por un asunto que estaba anotado en la orden del día. para la reunión del templo. Me dijeron que ya se habla ido caminando al templo. Aun cuando dude de lo que me habían dicho, me apresure para alcanzarlo. Cuando lo hice, pude ver que caminaba con la ayuda de un andador. Fuimos juntos hasta el ascensor y luego hasta el cuarto piso, y caminamos hasta el aposento alto. Cuando el presidente entro en la sala, los Doce se pusieron de pie y lo aplaudieron. Lo observaron cariñosamente caminar hasta su silla y sentarse y luego, con un amor, honor y ternura magníficos, cada uno de ellos se acercó a el, lo beso en la frente y lo abrazó, demostrándole así su cariño y admiración. Luego que todos se sentaron, el presidente Hunter les agradeció y les dijo: “Se decía que yo no volvería a caminar, pero con la ayuda del Señor y mi determinación, y lo que es mas importante, la fe de mis hermanos de los Doce, estoy caminando nuevamente”. El presidente Hunter es un ejemplo de cómo mantener la fe y la determinación frente a la adversidad; y los Apóstoles son un ejemplo de cómo mantener la fe y perseverar en la oración en favor de aquellos que tienen tribulaciones.

Mis hermanos y hermanas, comparto con vosotros estas experiencias porque yo estuve allí. Tengo el humilde deseo de fortalecer vuestra fe en la Primera Presidencia y en el Quórum de los Doce, a quienes sostenemos como profetas, videntes y reveladores.

Por lo que puedo observar de cerca, se que estos hombres viven cerca del Señor. Soy testigo de que el poder del Espíritu Santo influye en sus corazones y en sus mentes, y da expresión a sus palabras. Me he maravillado ante la unidad de propósito de la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce en todo lo referente al servicio del Señor. Cristo y sus profetas son uno. Siempre he observado el amor y el apoyo que los dos consejeros de la Primera Presidencia y los miembros del Quórum de los Doce dan a nuestro profeta líder, el presidente Ezra Taft Benson. Mi testimonio, logrado por medio de la observación, es que vosotros podéis tener una fe inquebrantable en el consejo que os dan en unidad la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce; quienes, sin lugar a dudas, os guiaran por el camino de la rectitud, la felicidad y la paz interior.

Con mi esposa Donna y nuestros hijos tenemos la costumbre de leer, escuchar y seguir el consejo de los profetas; y hemos sido abundantemente bendecidos en nuestros hogares, en nuestros trabajos y en nuestra vida privada.

Mis hermanos y hermanas, todavía enfrentaremos peligros y desafíos. Exhorto a los santos a seguir a los profetas y estudiar sus palabras. Enseñad su palabra a vuestra familia durante las noches de hogar. Sostenedles en publico y en privado, orad por ellos en privado y como familia, y a cambio de ello disfrutaréis en vuestra vida de esa paz interior que sobrepasa todo entendimiento.

Os dejo mi testimonio especial de la realidad de nuestro Padre Celestial, de que Jesús es el Cristo, el Salvador de todo el que venga a El, y de que sus profetas escogidos andan por sobre la faz de la tierra hoy día. En el nombre de Jesucristo. Amen.