“La luz nos invita a obrar rectamente y nos guía a Cristo.”

El diccionario define a la luz como algo que permite ver, algo que ilumina e informa. Hay dos tipos de luz: la física y la espiritual.

La luz física, especialmente la luz natural, influye en el estado de ánimo de las personas. Cuando la luz del sol de verano empieza a desvanecerse, los días a hacerse mas cortos y la obscuridad del invierno comienza a asomarse, la luz natural se transforma en un articulo de lujo, sobre todo para quienes viven en climas fríos. En donde la obscuridad reina hasta por tres meses al año y después brota el verano por otros tres meses de luz diurna constante, los estados de animo varían según la estación.

La luz produce un profundo efecto en el proceder y en el estado anímico del ser humano, especialmente en la mujer. Se ha comprobado que las personas que se sienten un tanto deprimidas y necesitan un estimulo, pueden obtenerlo exponiéndose a la luz del día, y que el caminar por media hora a la luz del día es de mucho beneficio (véase The Walking Magazine, enero/febrero de 1989, págs. 28-30).

Los científicos no están seguros de que es lo que hace que la luz produzca un efecto tan favorable, pero se cree que esta mas relacionado con la luz que entra por los ojos que con la que penetra la piel.

En la medicina también se usa la luz como terapia para combatir algunos tipos de cáncer. Ciertos compuestos químicos combinados con la luz sirven para destruir las células cancerosas. Se está investigando cual es la mejor fuente de luz y como dirigirla a las partes afectadas del cuerpo (véase Time, [Canadá], noviembre de 1989). Saliendo ahora un poco del tema de la luz física, quisiera hablar de un tipo de luz que tiene un poder y un efecto infinitamente mayores Me refiero a la luz espiritual, la que viene de Dios y Su evangelio. En las Escrituras se hace referencia a la relación que hay entre la luz física del sol y la luz espiritual:

En la sección 88 de Doctrina y Convenios leemos que:

“… la luz de la verdad, la cual verdad brilla. Esta es la luz de Cristo. Como también el esta en el sol, y es la luz del sol, y el poder por el cual fue hecho.

“Y la luz que brilla, que os alumbra, viene por medio de aquel que ilumina vuestros ojos, y es la misma luz que vivifica vuestro entendimiento,

“la cual procede de la presencia de Dios para llenar la inmensidad del espacio,

“la luz que existe en todas las cosas, que da vida a todas las cosas, que es la ley por la cual se gobiernan todas las cosas” (D. y C. 88:6-7, 11-13).

Esta tierra será una esfera celestial, como un mar de vidrio y fuego. Brigham Young dijo: “La tierra ya no será un cuerpo opaco como es ahora, sino que será cual las estrellas del firmamento, llena de luz y de gloria; será un cuerpo de luz. Juan la comparó, en su estado celestial, a un mar de vidrio” (Journal of Discourses, 7:163; cursiva agregada).

Otra vez en la sección 88 leemos:

“Y además, de cierto os digo que la tierra soporta la ley de un reino celestial, porque cumple la medida de su creación y no traspasa la ley;

“así que, será santificada; sí, a pesar de que morirá, será vivificada de nuevo; y soportara el poder que la vivifica, y los justos la heredaran” (D. y C. 88:25-26).

En la sección 84 leemos:

“Porque la palabra del Señor es verdad, y lo que es verdad es luz, y lo que es luz es Espíritu, a saber, el Espíritu de Jesucristo.

“Y el Espíritu da luz a todo hombre que viene al mundo; y el Espíritu ilumina a todo hombre en el mundo que escucha la voz del Espíritu” (D. y C. 84:45-46).

La palabra luz se menciona mas de quinientas veces en las Escrituras. La luz esta relacionada con el Hijo de Dios:

“Y si vuestra mira de glorificarme es sincera, vuestro cuerpo entero será lleno de luz y no habrá tinieblas en vosotros; y el cuerpo lleno de luz comprende todas las cosas” (D. y C’. 88:67).

Jesucristo es la luz del mundo:

Moroni dijo:

“Ahora bien, mis hermanos en vista de que conocéis la luz por la cual podéis juzgar, la cual es la luz de Cristo, cuidaos de juzgar equivocadamente; porque con el mismo juicio con que juzguéis, seréis también juzgados” (Moroni 7: 18; cursiva agregada).

Juan declaró:

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12; cursiva agregada).

Nuestro Señor es la luz del mundo por lo menos de tres maneras:

El élder McConkie escribió:

“1. Por medio de la luz de Cristo, El gobierna y controla el universo y le da vida a todo cuanto hay en el.

“2. Por medio de esa misma luz que llena la inmensidad, por medio del poder del Espíritu Santo, El ilumina la mente y acelera el entendimiento de aquellos que sean fieles.

“3. Siguiendo Su propio curso sin mancha y perfecto en la vida premortal, en la mortalidad y en la gloria de la resurrección, El da un ejemplo perfecto, y puede decir a todos los hombres: ‘Sígueme tu’ (2 Nefi 31:10) (véase Bruce R. McConkie, The Promised Messiah, pág. 208).

En la Primera Visión, la luz fue lo que liberó al joven José Smith de las garras de las tinieblas.

¿Cómo entra la luz en nosotros? ¿Cómo la recibimos?

“Pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuantas no serán las mismas tinieblas?” (Mateo 6:23).

El élder Bruce R. McConkie escribió el siguiente comentario en cuanto a este pasaje:

“Cristo es la luz; el evangelio es la luz; el plan de salvación es la luz; todo lo que proviene de Dios es luz; y quien recibe luz, y se cine a Dios, recibe mas luz; y esa luz crece en fulgor hasta el día perfecto. De la misma manera que la luz del sol entra en el cuerpo por los ojos naturales, también la luz de los cielos -la luz del Espíritu que ilumina nuestras almas-entra por nuestros ojos espirituales” (The Mortal Messiah, libro 2, págs. 153-154; cursiva agregada).

El presidente Joseph F. Smith dijo:

“Una falta que deben evitar los santos, jóvenes y de edad mayor, es la tendencia de vivir con una luz prestada, mientras la propia esta escondida debajo de un almud; de permitir que se desvanezca su sal de conocimiento y que la luz en ellos sea un reflejo mas bien que la original …

“Los hombres y las mujeres deben arraigarse en la verdad y fundarse en el conocimiento del evangelio, no dependiendo de la luz prestada o reflejada de ninguna persona, sino confiando únicamente en el Espíritu Santo, el cual es invariable y brilla para siempre, y testifica de la gloria y voluntad del Padre al individuo y a los del sacerdocio que viven de acuerdo con las leyes del evangelio. Entonces gozaran de luz eterna que no puede ser opacada. Por motivo de que brilla en sus vidas, harán que otros glorifiquen a Dios; y por su recto vivir harán callar la ignorancia de los necios y anunciaran las virtudes de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (Doctrina del Evangelio, pág. 84; cursiva agregada).

La luz nos invita a obrar rectamente y nos guía a Cristo. Guió a mi familia, de la misma manera que ha guiado a las vuestras y puede y habrá de guiar a todas las demás.

Archibald Stewart y su esposa Esther Lyle son mis bisabuelos. La familia Stewart había aprendido a hacer frente a mucha persecución y enormes penurias. Sus antepasados se habían visto obligados a viajar de Escocia a Irlanda del Norte, en donde se les había prometido protección. Pero en vez de encontrar paz, nuevamente resultaron víctimas en manos de irlandeses. Eran personas que valoraban la libertad y las convicciones.

Las características de amor y devoción de la familia Stewart, así como su profunda fe religiosa, fueron motivo de que aceptaran el evangelio. Cuando los misioneros mormones llegaron a la casa de los Stewart, Elizabeth, una de sus hijas, inmediatamente percibió la veracidad del mensaje y empezó a estudiar y a investigar para saber con certeza las cosas que sentía en su interior. Sus sentimientos y el estudio influyeron mucho en su abuelita, toda una autoridad dentro de la familia Stewart. Elizabeth pasaba largas horas hablándole a su abuela sobre el nuevo Profeta de Dios, José Smith, quien había traído otra vez a la tierra el mensaje de que Cristo vivía y que se le había aparecido al hombre. Elizabeth sintió un gran testimonio y pidió permiso para bautizarse. Debido a que los mormones no gozaban de mucha popularidad, sus padres se opusieron, y su abuelita fue en su rescate. “Dejen a la niña tranquila”, les dijo. “He leído todos sus libros y opino que tiene razón.

Su abuela la acompañó cuando fue a bautizarse. Juntas caminaron hasta el río en donde dos élderes habían hecho un agujero en el hielo aquel frío día de invierno. Cuando los élderes se acercaron a Elizabeth para bautizarla, su abuela le dijo:

“Ten buenos modales, hija; siempre deja a tus mayores primero”.

Los élderes bautizaron a la abuelita en sus ropas de calle, y ni siquiera el gorro se quito. No había llevado nada de ropa seca consigo, así que tuvo que caminar de regreso a la casa con sus ropas mojadas y congeladas. Pero nada de eso le afectó, a pesar de que no se quito la ropa sino hasta después de que todos se fueran a dormir. No le dijo una palabra a la familia sobre su bautismo, y atendió sus tareas como si nada hubiera pasado. Después de que todos se fueron a la cama, colgó su ropa frente a la chimenea, y a la mañana siguiente cuando Archibald se levanto, se encontró con las ropas tendidas. Empezó a hacer bromas sobre el hecho de que a la abuela la habían echado al río junto con Elizabeth. La abuela escuchó las risas y le dijo: “Archibald, si no quieres que la gente oiga, deja de gritar tanto. Ya no puedes hablar de la abuela porque ahora ella oye mejor que todos ustedes”.

La abuela había estado prácticamente sorda por veinte años, pero un milagro le había devuelto la capacidad de oír en el momento de bautizarse. Desde ese día hasta el de su fallecimiento, oyó con toda claridad, al punto que Archibald solía comentar jocosamente que la abuela oía demasiado.

La mayoría de los miembros de la familia se bautizaron al poco tiempo, en 1841.

La luz del evangelio ilumina el sendero que lleva a la eternidad, el cual de otra forma estaría obscuro.

Nosotros podemos ser como un espejo y reflejar la luz en lugares obscuros, y a pesar de no ser fuentes de luz, esta se puede reflejar por medio de nosotros en otras personas.

Cuando parta de esta vida mortal, tendré que rendir cuenta de mis palabras y de mi mayordomía en los cielos, por lo cual testifico sin vacilar que Dios vive, que Jesús es Su Santo Hijo, por medio de quien obtenemos la salvación. Esta es Su Iglesia y Su reino. En el nombre de Jesucristo. Amén.