El proceso de la conversión

Julio E. Dávila


“El mensaje de la restauración del Evangelio de Jesucristo y de su Iglesia eran la respuesta y la solución a mis necesidades.”

Queridos hermanos y hermanas, es muy significativo para mí seguir al élder Boyd K. Packer esta tarde, porque hace precisamente veintitrés años que su hijo Alan, entonces misionero en Colombia, llegó con su compañero a nuestro hogar en Bogotá. Ese fue el primer contacto que tuvimos con La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.

Hoy quiero rendir tributo de gratitud a los misioneros, a sus padres y a quienes los apoyan, a los líderes y los miembros de la Iglesia que con su amor y paciencia hicieron posible que mi esposa Mary y yo ingresáramos en la Iglesia, y que continúan apoyándonos en el proceso de la conversión.

En la época en que los misioneros fueron a enseñarnos, yo pasaba por pruebas, pesares y preocupaciones, y debía tomar importantes decisiones en mi vida. Sin embargo, al comienzo no me di cuenta de que el mensaje de la restauración del Evangelio de Jesucristo y de su Iglesia eran la respuesta y la solución a mis necesidades. No comprendí que esos jóvenes mensajeros eran enviados por mi Padre Celestial.

Ahora comprendo Su misericordia, porque envió a Su hijo Unigénito Jesucristo, para que mediante el milagro de la Expiación sacrificara Su vida por nuestra salvación, rompiera las cadenas de la muerte, desafiara la tumba y nos invitara a seguirle.

No fue fácil para los misioneros comenzar a enseñarnos, pero luego de muchas visitas y charlas recibí la inspiración del Espíritu y acepte ser bautizado, lo mismo que mi querida esposa. Sin embargo, les puse algunos “no” o condiciones: No me llamen “hermano”; no iré a todas las reuniones; no quiero que me asignen para dar oraciones ni discursos; no aceptare llamamientos; no me pidan nunca hablar a mis parientes y amigos acerca de la Iglesia; y otras cosas mas …

Testifico que la conversión es un proceso. Estoy seguro de que los misioneros oraron y ayunaron para que se efectuara un cambio en mi, pues tan pronto como fui a las reuniones empece a criticar muchas de las cosas temporales, como los cuadros torcidos en las paredes. El presidente de la rama, un hombre fino y sabio, me asignó ser “supervisor de cuadros”, siendo este mi primer cargo en la Iglesia. Incidentalmente, nunca he encontrado ese puesto en los manuales, pero me sirvió muy bien para involucrarme en el servicio del Señor.

Mi consejo a los líderes, los miembros y los nuevos conversos que se ocupan de retener y reactivar a los miembros es: que permitan que todo hombre y mujer participen en la preparación de este mundo para la segunda venida de nuestro Salvador; que reciban con gozo los llamamientos y relevos que vienen del Señor por medio de los líderes inspirados, que sean colaboradores con Dios en “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”, como aprendemos en Moisés 1:39. Debemos asegurarnos de que todos tengan la oportunidad de dedicar tiempo, talento, habilidades y posesiones para ayudar a otros a hallar la verdad.

Mi primer encuentro con la predicación del evangelio fue también interesante: En un parque de Bogotá, cerca de mi oficina, vi una multitud, y como tenia tiempo me acerque para saber que sucedía. Grande fue mi sorpresa cuando vi a los misioneros con una exposición acerca de la Iglesia que mostraba el Libro de Mormón. Me reconocieron y me pidieron que sostuviera una cartel que decía “Sea feliz … Sea mormón …” Permanecí un rato en ese sitio; yo era mormón, ¡pero en esos momentos no era tan feliz! Sin embargo, me sentí mejor acerca de mi capacidad para ser misionero, perdiendo el temor de hablarle a la gente acerca de la Iglesia. Abandone mis propias restricciones, todos mis “no”, y me di cuenta de que esta es la Iglesia de amor y servicio, de sacrificios y bendiciones, de felicidad y vida eterna. Mi mensaje a los misioneros, a quienes estéis investigando ahora la Iglesia y a los miembros es: No os deis por vencidos; continuad buscando los mejores resultados en esta obra prodigiosa y maravillosa.

Después de nuestro bautismo, muchos parientes, incluso nuestros padres y algunos hermanos y hermanas, junto con sus familias, siguieron nuestro ejemplo y entraron en la Iglesia, sirviendo en posiciones de liderazgo en el sacerdocio y las organizaciones auxiliares, en misiones regulares y efectuando ordenanzas de salvación y exaltación por nuestros seres queridos fallecidos y por nosotros mismos.

Hace dieciocho años que mi esposa y yo fuimos sellados en matrimonio eterno en el Templo de Salt Lake, y al año siguiente fuimos sellados como familia con nuestras hijas Liana y Maritza en el Templo de Los Angeles. Por todas estas bendiciones expreso mi gratitud a mi Padre Celestial y a su Hijo Jesucristo.

Puedo decir con el presidente Harold B. Lee: “Como os habréis dado cuenta, uno esta convertido cuando ve con sus ojos lo que debe ver; cuando oye con sus oídos lo que debe oír; y cuando comprende con su corazón lo que debe comprender. Y lo que debe ver, oír y comprender es la verdad-la eterna verdad-y debe ponerla en practica. En eso consiste la conversión” (Stand Ye in Holy Places, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1974, pág. 92)

En la Conferencia de Area en Suecia en 1974, el presidente Ezra Taft Benson, dijo: “No es en el pináculo del éxito y en el camino fácil donde hombres y mujeres progresan más. Es a menudo abajo, en el valle del dolor y del desanimo y de los reveses, donde hombres y mujeres se convierten en caracteres fuertes”. (Véase Conference Report, Conferencia de Area de Suecia Estocolmo, 1974, pág. 70.)

Conozco el significado del arrepentimiento y del perdón como parte del proceso de conversión mediante la fe en nuestro Señor Jesucristo. He participado de las bendiciones señaladas en el capitulo 6 de Moroni, versículos 1 al 4:

“Y ahora hablo concerniente al bautismo. He aquí, eran bautizados élderes, presbíteros y maestros; y no eran bautizados a menos que presentaran frutos propios para manifestar que eran dignos de ello.

“Ni tampoco recibían a nadie para el bautismo, a menos que viniese con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, y testificase a la iglesia que verdaderamente se había arrepentido de todos sus pecados.

“Y a nadie recibían para el bautismo, a menos que tomara sobre si el nombre de Cristo, teniendo la determinación de servirle hasta el fin.

“Y después que habían sido recibidos por el bautismo, y el poder del Espíritu Santo había obrado en ellos y los había purificado, eran contados entre los miembros de la Iglesia de Cristo; y se inscribían sus nombres, a fin de que se hiciese memoria de ellos y fuesen nutridos por la buena palabra de Dios, para guardarlos en el camino recto, para conservarlos continuamente pendientes de sus oraciones, confiando solamente en los méritos de Cristo, que era el autor y consumador de su fe”.

Hermanos y hermanas, testifico que Dios vive y nos ama; que envió al mundo a su Hijo Jesucristo, nuestro Redentor; que José Smith es un Profeta de Dios, que fue preordenado y levantado para llevar a cabo la restauración de todas las cosas en esta dispensación; que el presidente Ezra Taft Benson es nuestro Profeta viviente, señalado por el Señor para guiarnos en la Iglesia verdadera, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días; que el Libro de Mormón y la Biblia son testamentos de Cristo, el Mesías. Que podamos ver, oír y comprender estas cosas, y ponerlas en practica, humildemente lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.