Los dos aspectos de la oración

Francis M. Gibbons


“Dios ha establecido un canal de comunicación entre El y Sus hijos terrenales que Satanás, nuestro enemigo común, no puede invadir. Es el canal de la oración secreta.”

Hermanos y hermanas: a medida que una puerta se cierra y otra se abre en mi vida, estoy agradecido por estar esta tarde en este histórico edificio, desde cuyo púlpito todos los profetas de la Iglesia restaurada, con excepción de José Smith únicamente, han dirigido la palabra y expresado su testimonio. Ruego mas que todo que el espíritu que los acompañó a ellos este conmigo al dirigir brevemente la palabra en esta ocasión.

Los cimientos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días están fundados en la oración. Por ejemplo, la ferviente oración de José Smith fue lo que abrió la puerta a la restauración del Evangelio. El pasaje esencial que se encuentra en el primer capitulo de Santiago y que llevó a José a orar define claramente las condiciones en las cuales Dios responde a Sus hijos. Allí esta escrito que debemos pedir “con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra”. Luego agrega: “No piense, pues, quien tal haga”, es decir, el que dude, “que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7).

Además de ese pasaje fundamental, que contiene la llave que abre la puerta al conocimiento y la sabiduría de Dios, hay otras que amplían la definición del principio de la oración y de la aplicación que podemos darle. Por ejemplo, en Alma 34:27 dice:

“Si, y cuando no estéis clamando al Señor, dejad que rebosen vuestros corazones, entregados continuamente en oración a el por vuestro bienestar, así como por el bienestar de los que os rodean”. Vemos que, aun cuando no nos hallemos orando de rodillas, siempre debemos tener una oración en el corazón, dondequiera que estemos y sea lo que sea que hagamos.

Otro pasaje importante sobre la oración, que pasa del plano de consejo al de mandamiento, se encuentra en Doctrina y Convenios, sección 19, versículo 28, y dice: “Y además, te mando que ores vocalmente así como en tu corazón; si, ante el mundo como también en secreto; así en publico como en privado”.

¿Por que le. habrá parecido a Dios necesario darnos el mandamiento de que oremos tanto vocalmente como en secreto?

Por supuesto, la oración secreta es necesaria en circunstancias en las que sea imprudente o poco practico orar vocalmente. Si nos encontramos en una reunión social o de negocios y necesitamos consuelo o dirección, en la mayoría de los casos sólo podremos ofrecer una oración secreta. Pero en Doctrina y Convenios sección 6 hay una razón mas importante para hacerlo. Y dice:

“Si, te las digo para que sepas que no hay quien conozca tus pensamientos y las intenciones de tu corazón sino Dios”.

Hay otros pasajes que amplían este concepto incluyendo no solo a Dios sino a aquellos a quienes El inspire. Así fue que Zeezrom, el abogado astuto al que Alma y Amulek enseñaron, se convenció “de que Alma y Amulek … conocían los pensamientos e intenciones de su corazón; porque les era dado el poder para saber de aquellas cosas de acuerdo con cl espíritu de profecía” (Alma 12:7).

Esta claro, pues, que Satanás y sus seguidores, que fueron echados de la presencia de Dios y no pueden sentir Su Espíritu, no se cuentan entre los que, por el espíritu de profecía y revelación, pueden llegar a conocer los pensamientos y deseos de nuestro corazón. Vemos que, por Su sabiduría y misericordia, Dios ha establecido un canal de comunicación entre El y Sus hijos terrenales que Satanás, nuestro enemigo común, no puede invadir. Es el canal de la oración secreta. Para el Santo de los Ultimos Días, esto tiene un profundo significado, pues por ese medio podemos comunicarnos con nuestro Padre Celestial en secreto, confiados en que el adversario no puede entremeterse.

Hace varios años, un joven que se hallaba enamorado de una hermosa muchacha fue a pedirme consejo. Vacilaba en casarse con la jovencita porque los padres de ella habían apostatado. Me contó que la madre de su novia le había dicho que sabía que la Iglesia era falsa; al preguntarle el como lo sabia, ella le dijo que una voz le había susurrado que fuera a una librería cercana y que cuando lo hizo, encontró allí un libro que atacaba la Iglesia; después de leerlo, se convenció de que la Iglesia era falsa. Si esa hermana hubiera comprendido el evangelio, habría orado en secreto relatando a Dios su experiencia y pidiéndole que le revelara si la conclusión a la que había llegado era correcta. Eso es lo que enseña la sección 9 de Doctrina y Convenios (véase D. y C. 9:8-9).

David Whitmer informo que el profeta José Smith enseñó tres orígenes de revelación: “algunas revelaciones provienen de Dios; otras de nosotros mismos; y otras provienen de Satanás” (Comprehensive History of the Church, 1: 163-66) . Aunque Satanás puede comunicarnos pensamientos y, de esa manera, “darnos revelación”, no le es posible saber si esos pensamientos han germinado a menos que sean mostrados con palabras o acciones.

Por esto vemos que es preciso ser prudentes en lo que digamos y hagamos; también debemos serlo en la salvaguarda de las ideas preciadas que se nos revelen por medio del Espíritu. Por ejemplo, cuando el presidente Heber J. Grant era joven y presidía la Estaca de Tooele, el patriarca John Rowberry le dio una bendición especial. Después de dársela, le dijo: “Vi algo que no me atreví a mencionar”. El presidente Grant escribió mas tarde que en aquel momento se le había hecho saber que en el futuro seria Presidente de la Iglesia. Jamas hablo con nadie de esa revelación, no la escribió ni la dio a conocer hasta después que era un hecho consumado (véase Francis M. Gibbons, Heber J. Grant: Man of Steel, Prophet of God, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1979 p. viii.). Su conducta fue muy prudente, pues si lo hubiera dicho a otras personas, Satanás lo hubiera sabido y podría haber puesto en su camino obstáculos inimaginables.

Muchas veces hablamos demasiado y decimos cosas que no hay por que decir o no deben decirse, porque con ellas podemos abrir una hendidura en la que Lucifer ponga una cuna para poder meterse en nuestra vida. En Nefi leemos que Satanás “Busca … que todos los hombres sean miserables como el” (2 Nefi 2:27). El y sus seguidores son persistentes en su empeño por hacernos caer a su nivel, y utilizan cualquier medio o artificio para lograrlo. Si ellos conocen revelaciones, por ejemplo como la que recibió el presidente Grant, o si ven en nuestras palabras o acciones evidencia de animosidad o discordia entre nosotros, las aprovecharan para hacernos daño. La prudencia indica, por lo tanto, que evitemos palabras y acciones que den a Satanás la posibilidad de dañarnos o tiendan a crear discordia o enemistad.

Durante muchos años conocimos a un matrimonio que en apariencia parecía feliz y estable. Fue una gran sorpresa cuando se supo que su relación estaba llena de discordia y amargura producidas por la contención y la critica constantes de parte de los dos. Esto había corroído los lazos de amor que los habían unido al principio y, en el proceso, había destrozado su confianza en sí mismos y abierto la puerta a Satanás.

Cuanto mejor es seguir los consejos del Salvador, hablar con bondad y con amor y crear en nuestro hogar un refugio de los tumultos del mundo, que esta en constante agitación debido a las intrigas de nuestro enemigo común. Cuanto mejor también es recalcar y concentrarse en lo positivo, en lugar de lo negativo, a fin de protegernos y elevarnos mutuamente y disminuir así las posibilidades desde la intrusión de influencias diabólicas en nuestras vida. Ruego que lo hagamos, en el nombre de Jesucristo. Amen.