These Are Your Days

Jayne B. Malon


“Las personas que los rodean saben quienes son ustedes porque lo ven en sus ojos y sienten el espíritu que ustedes irradian al tratarlos.”

Cuando me relevaron del cargo de presidenta de las Mujeres Jóvenes de la estaca, descubrí con sorpresa que salir de campamento era lo que mas echaba de menos, sobre todo la alegría y el entusiasmo de las jóvenes al aprender a apreciar el mundo que las rodea, así como los tiernos testimonios de las chicas que por primera vez sentían la influencia del Espíritu. Echaba de menos a las jovencitas que tanto había llegado a querer y también echaba de menos dormir bajo las estrellas.

Hay algo de mágico en el dormir bajo las estrellas en un campamento de jovencitas, sobre todo en una noche obscura en que no hay luna y brillan las estrellas. Es el escenario perfecto para hablar en voz baja de las cosas mas importantes, al igual que para la música. No importa lo cansadas que estén las chicas, siempre tienen música … pequeños grupos que cantan en la obscuridad antes de irse a dormir … y, a veces, el sonido lejano de un ukelele o de una guitarra. Descubrí que cuando se duerme al aire libre se esta mas cerca de lo que ocurre cuando alguien precisa ayuda, consuelo o consejo en medio de la noche.

Había sido una noche como esa, el año pasado en un campamento. Nos encontrábamos en el paso “Wolf Creek” en el lado sur de las montañas Uinta de Utah. Hacia la hora en que las ultimas jovencitas se acostaron y el campamento por fin quedó silencioso, advertí los primeros destellos del alba en el cielo nocturno. Puesto que habíamos estado buscando un lugar para realizar un servicio de amanecer y como yo estaba despierta aun, me pareció la ocasión perfecta para buscarlo.

Por tanto, me salí del saco de dormir y me fui caminando por un sendero entre los arboles. Tras una pequeña subida, hallé un prado desde el que se dominaba todo el valle y se veían las montañas hacia el norte. Me quede allí un largo rato observando el cielo aclararse cada vez mas y las nubes que de grises se tenían de rosa para luego volverse blancas. Al aclarar, las montañas del otro lado del valle me parecieron extrañamente conocidas aun cuando yo nunca había estado en ese sitio.

Pense que no podía ser. pero de pronto me di cuenta de que estaba mirando la parte de atrás de las mismas montañas que yo conocía tan bien por el otro lado, o sea, desde un punto de vista diferente. Si, esas eran las montañas que yo veía desde la ventana de mi dormitorio del piso alto de la casa del rancho en que me crié. Muchas veces las había contemplado al cambiar de color en los días borrascosos al juntarse las nubes alrededor de ellas y llover en el valle donde se encontraba el rancho.

De pronto, llegaron a mi memoria recuerdos de mi madre y de mi padre, y de su amor por mi. Pense en mi Padre Celestial y en lo mucho que me había bendecido. De pie allí, contemplando el amanecer, sentí la calidez de la mano amorosa de nuestro Salvador que me guiaba. Supe de un modo patente, sin que nadie me lo dijera, que soy literalmente hija de Dios y que, gracias al sacrificio de Su Hijo, podré estar un día con mis padres terrenales y vivir en la presencia de nuestro Padre Celestial. Yo había enseñado esa verdad muchas veces a otras personas, pero esa mañana me pareció como si la hubiera descubierto por primera vez. Tal vez así fue: recibí la confirmación del Espíritu.

Allá, en aquella colina, di gracias a mi Padre Celestial por lo que sabia y le prometí dedicar mi vida a Su servicio. No tengo palabras para expresar el regocijo que sentí en ese momento. Sentí deseos de volver de prisa al campamento y despertar a todas las jóvenes y decirles que en verdad son hijas de Dios. Quería decirles que tuvieran fe … que hablaran a su Padre Celestial … que dejaran de preocuparse por cosas pequeñas y por lo que no pueden cambiar. Quería que supieran que Dios vive, que nos ve y vela por nosotros, y que por medio de Su Hijo Jesucristo todas las cosas son posibles … que todo lo que nos pide es que hagamos lo mejor que podamos con lo que tengamos y que permanezcamos cerca de El. Quería decirles: “Ustedes son hijas de Dios y El las ama. El las necesita … ¡a todas y a cada una! … ¿Saben eso?”

Sin embargo, cuando volví al campamento no desperté a nadie. Las personas no escuchan muy bien cuando están medio dormidas. Lo guardé para después … para el día de hoy.

Mis jóvenes hermanas, ¿Saben efectivamente que son hijas de Dios? Si cada una de ustedes tuviera tan sólo un conocimiento cierto de esa realidad, tendrían una dulce paz en el alma y confianza para hacer frente a cualquier problema que les trajera la vida. Nunca dudarían de lo que deben hacer cuando las tentaciones les salieran al paso.

Muchas de ustedes saben que lo que estoy diciendo es verdadero. Ustedes saben quienes son; han sentido la amorosa mano de nuestro Salvador que las ha guiado al seguir ustedes las indicaciones del Espíritu Santo y han hallado en sus almas la paz de que hablo. Las personas que las rodean saben quienes son ustedes porque lo ven en sus ojos y sienten el espíritu que ustedes irradian al tratarlas. Hemos conocido a muchas de ustedes al viajar por el mundo. Las hemos oído prometer “ser testigos de Dios a todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar” (Mosíah 18:9) al repetir el lema de las Mujeres Jóvenes en diferentes idiomas. Hemos abrazado a muchas de ustedes y hemos hablado a muchas de ustedes. Nos emociona vivamente ver que la oración, las Escrituras y el vivir el evangelio en preparación para las bendiciones del templo han llegado a ser parte de sus vidas. Janalyn es una de ustedes.

Todos los años, el Estado de Utah patrocina la celebración de la llegada de los pioneros y selecciona a tres jovencitas para que representen en esa festividad a los descendientes de los pioneros mormones. Janalyn había recibido reconocimiento nacional por su sobresaliente servicio a la comunidad y se encontraba entre las finalistas. Al esperar en el escenario la selección final, se encontró repitiendo el lema de las Mujeres Jóvenes en sus pensamientos y sintió esa paz interior; pensó: “Puedo ser testigo de Dios … incluso aquí, en esta ocasión y en este lugar”. Su único deseo era “estar en el lugar debido en el momento debido para ser de mayor ayuda al Señor en la edificación de Su Reino”. Cuando anunciaron que la habían seleccionado, le pidieron que dijera unas palabras. Tomó el micrófono y, aunque sabia que muchos de los del publico no eran mormones, dio su testimonio. Entre la concurrencia reinó el silencio cuando ella dijo: “He ayunado y anoche dije al Señor en oración que le representaría si llegaba yo a recibir este honor. Me siento agradecida por este llamamiento de representar mi patrimonio pionero”.

A ustedes, las que al igual que Janalyn saben a ciencia cierta que son hijas de Dios y que viven su vida en armonía con ese conocimiento, les decimos: “Sigan adelante por el camino que han emprendido”. Estos son los días en que deben dar el ejemplo de la rectitud para que los demás lo sigan y, junto con ustedes, se preparen para “venir a Cristo”.

A ustedes, las que duden de su valor como personas y se pregunten si Dios en verdad las ama, estos son los días en que deben “poner a prueba la palabra de Dios” por medio de la obediencia a Sus mandamientos y al permanecer cerca de El. El sentimiento de amor y aceptación no se puede experimentar sin obediencia.

Como dice en este pequeño folleto La fortaleza de la juventud: “No se puede hacer el mal y sentirse bien. ¡Es imposible! “ (La fortaleza de la juventud, Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, 1990) Con espíritu de amor e interés por ustedes, esas normas las reseñó la Primera Presidencia a fin de indicarles la manera de escoger hacer lo recto y experimentar el amor del Salvador. Están resumidas en esta tarjetita. Llévenla siempre a todas partes para que les recuerden las normas que deben seguir.

Si algunas de ustedes están haciendo algo indebido, dejen de hacerlo ahora mismo. Arrepiéntanse y vuelvan. Si, pueden lograrlo. Hay personas que les ayudaran. Nuestro Padre Celestial las ama y las necesita a todas y a cada una.

Jovencitas, comiencen y terminen cada día con una oración. Lean las Escrituras todos los días. Si en oración hablan a su Padre Celestial, si le permiten comunicarse con ustedes por medio de las Escrituras y de Su Espíritu, recibirán las respuestas a sus oraciones, como le ocurrió a Dawn.

Cuando los padres de la joven Dawn recibieron el llamamiento de ir a la misión a Japón, le dijeron que podía escoger ir con ellos o quedarse. Ir con ellos significaba dejar a sus amigos, perderse el ultimo año en la escuela de segunda enseñanza y, en general, cambiar muchos de sus planes futuros. Era muy difícil tomar la decisión. Ella dijo: “Pase mucho tiempo llorando y preguntándome por que tenia que ocurrirme eso a mi”.

La joven ayunó y oró para saber que decisión debía tomar. Por coincidencia, en seminario estaban estudiando el Libro de Mormón y trataban de la familia de Lehi. En el pasado, Dawn se había preguntado por que a Lamán y a Lemuel les había sido tan difícil escoger hacer lo correcto y le molestaba que, siendo ellos los hermanos mayores, no hubieran dado un buen ejemplo. Comenzó entonces a aplicar las Escrituras a si misma; era la mayor de sus hermanos y, para ella, ir a Japón era como ir al desierto: tendría que abandonar muchas cosas importantes. De ello dijo: “Yo no quería ser como Lamán ni Lemuel. Yo deseaba obedecer a mi Padre Celestial y hacer Su voluntad’’. Después, cuando dijo a sus padres que le encantaría ir con ellos a Japón y se sintió tan contenta al decirlo, supo sin duda alguna que había tomado la decisión acertada.

En la despedida, Dawn dijo a sus amigos lo mucho que les estimaba y lo mucho que les echaría de menos, y añadió: “Comprendo que el mejor amigo que tengo es Jesucristo … siento el amor de nuestro Señor todos los días”.

Estos son los días en que deben acudir a las Escrituras para hallar en ellas orientación y establecer una relación mas estrecha con el Salvador por medio de la oración. El puede llegar a ser el mejor amigo de ustedes. Por medio de El sabrán con certeza que efectivamente son hijas de Dios. El es el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, y ustedes son Sus hermanas. ¡Piensen en eso!

Esta es una época magnifica en la cual vivir … en este extraordinario momento de la historia en que el evangelio ha sido restaurado en su plenitud y en que las puertas de naciones se están abriendo de un modo espectacular para que se proclame en ellas el mensaje del evangelio.

Mujeres jóvenes, estos son los días en que deben prepararse para realizar su parte … en que deben ocupar su lugar en el gran movimiento que avanza por la tierra como una oleada gigantesca y que llega a todo continente y a toda playa. La oración, el estudio de las Escrituras y la obediencia a los mandamientos las prepararan para ser un ejemplo de rectitud … para el Evangelio de Jesucristo.

Las hermanas de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes les hacemos un llamado a unirse en sus barrios y ramas, a amarse unas a otras, a fortalecerse mutuamente. Les pedimos que, unidas, den el ejemplo de moralidad, que hablen en contra de las fuerzas malignas del mundo. ¿Defenderán y apoyaran la verdad y la rectitud, y guiaran a los que las sigan al señalares ustedes el camino? ¿Serán testigos de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Jesucristo?

La hermana Ardeth Kapp ha dicho: “Oigo un coro cada vez mas grande de mujeres jóvenes que resuena a través de la tierra y de las aguas en dirección a los cielos, respondiendo al llamado de la rectitud. Yo las veo a ustedes firmes en la fe … llenas de la alegría propia de la juventud; llenas de entusiasmo al realizar obras buenas y escoger hacer lo que es recto; aprendiendo y progresando, y sintiéndose felices con las bellezas del mundo; buscando y ayudando a los mas débiles; reuniéndose, fortaleciéndose al llegar los Valores de las Mujeres Jóvenes a ser parte de su vida … fortaleciéndose al venir a unirse a sus filas mas jovencitas como ustedes que proceden de las montañas, de los valles, de las islas del mar, de los áridos desiertos y de los lluviosos bosques tropicales … de todo lugar donde las semillas del evangelio se han sembrado.

“Únanse a las demás en un gran vinculo de hermandad. Únanse en la rectitud. Eleven sus estandartes para que todos los vean. No se avergüencen del Evangelio de Cristo, porque se han embarcado en una causa gloriosa” (Charla fogonera de las Mujeres Jóvenes, 10 de nov. de 1985).

“Contemplad este día. ¡Levantaos en todo vuestro esplendor y llevad los estandartes del mundo del mañana!” (Maude Osmond Cook, citado en la conferencia general, octubre de 1991).

Hermanas jóvenes, las honramos, oramos por ustedes, las amamos. Que Dios las bendiga. Digo esto en el nombre de Jesucristo. Amen.