“El Señor me ha mostrado cosas grandes y maravillosas”

L. Tom Perry

Assistant to the Quorum of the Twelve Apostles


L. Tom Perry
“Vivimos en la era mas gloriosa de la historia del genero humano. Jamás han sido más grandes la oportunidades de cosechar las bendiciones del Señor.”

En cierta oportunidad Brigham Young nos. aconsejo leer las Escrituras de esta manera:

“¿Leéis las Escrituras, mis hermanos, como si vosotros mismos las hubierais escrito hace mil, dos mil o cinco mil años? ¿Las leéis como si estuvierais en el lugar de aquellos que las escribieron? Si no lo hacéis, tenéis el privilegio de hacerlo, para familiarizarnos con el espíritu y el significado de la palabra escrita de Dios tanto como estáis familiarizados con vuestras caminatas y conversaciones diarias” (Discourses of Brigham Young, comp. por John A. Widtsoe, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1954, pág. 128).

El Libro de Mormón contiene muchas historias con lecciones que se pueden aplicar a todas las edades; es un libro apasionante y sentimental. Sigamos el consejo de Brigham Young e imaginemos que estamos en el lugar de Moroni, el ultimo de los grandes profetas nefitas. La asignación que le había dado su padre de terminar el registro, del cual el había estado encargado hasta entonces, era muy difícil. Debe de haber estado en un estado emocional abrumador al describir la destrucción total de su pueblo.

Debe de haber sentido la obligación de describir cómo los lamanitas persiguieron a su gente hasta que todos fueron destruidos. Con esa sensación de soledad, informa que su padre estaba entre aquellos que murieron. Por todo lo que escribió percibimos que la única razón que tenía Moroni para seguir vivo era la de completar el registro: “Por tanto, escribiré y esconderé los anales en la tierra; y no importa donde yo vaya’ (Mormón 8:4).

Analicemos los sentimientos de Moroni:

Todo lo que tenía era la fe en que el Señor lo preservaría durante el tiempo suficiente para terminar el registro y que algún día este seria descubierto por un elegido del Señor. Reconoció que el registro seria una voz de amonestación para generaciones futuras con respecto a lo que sucede cuando las naciones como la de el se alejan de las enseñanzas del Señor. Desde lo profundo de su corazón, Moroni habla a aquellos que finalmente recibirían el registro; lo que deseaba era evitar que aquellos que lo leyeran sufrieran la tribulación y la angustia que provienen de la desobediencia.

Primero, escribe a los miembros de la Iglesia, y luego a aquellos que no han abrazado el Evangelio de Jesucristo. Las ultimas palabras de Moroni a los miembros de la Iglesia son una voz de advertencia; el las escribe con el punto de vista de la persona que teme que la historia de su pueblo se repita en el futuro. En el libro de Mormón leemos:

“He aquí, el Señor me ha mostrado cosas grandes y maravillosas concernientes a lo que se realizara en breve, en ese día en que aparezcan estas cosas entre vosotros.

“He aquí, os hablo como si os hallaseis presentes, y sin embargo, no lo estáis. Pero he aquí, Jesucristo me os ha mostrado, y conozco vuestras obras.

“Y se que andáis según el orgullo de vuestros corazones; y no hay sino unos pocos que no se envanecen por el orgullo de sus corazones, al grado de vestir ropas suntuosas, y llegar a la envidia, las contiendas, malicia y persecuciones, y toda clase de iniquidades; y vuestras iglesias, si, sin excepción, se han corrompido a causa del orgullo de vuestros corazones.

‘”Porque he aquí, amáis el dinero, y vuestros bienes, y vuestros costosos vestidos, y el adorno de vuestras iglesias, mas de lo que amáis a los pobres y los necesitados, los enfermos y los afligidos.

“¡Oh vosotros corruptos, vosotros hipócritas, vosotros maestros, que os vendéis por lo que se corrompe! ¿Por que habéis mancillado la santa iglesia de Dios? ¿por que os avergonzáis de tomar sobre vosotros el nombre de Cristo? ¿por que será que por motivo de la alabanza del mundo no consideráis que es mayor el valor de una felicidad sin fin que esa miseria que jamas termina?” (Mormón 8:34-38).

Considero que uno de los misterios mas grandes de esta vida terrenal es el hecho de que el genero humano no aprende de la historia. ¿Por que aquellos que profesan ser verdaderos seguidores de Cristo son tan a menudo víctimas de las artimañas del mundo, aun conociendo la gran evidencia que existe con respecto a las bendiciones que reciben los que confían en el Señor y siguen las vías que El nos indica?

Varios artículos publicados recientemente en las noticias y en la prensa de los negocios han mencionado el éxito del estado de Utah, el lugar donde todavía se concentra la mayor cantidad de miembros de la Iglesia. En ellos se pone de relieve el hecho de que “este es un lugar donde mucha gente todavía tiene altas normas morales, un éxito en América” (publicado en el periódico New York Times, septiembre 15 de 1992, pág. 1).

Un articulo informa que “si la religión es, como lo escribió una vez Karl Marx, ‘el opio de los pueblos’, en Utah resulta un estimulante. Gracias en gran parte a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días … Utah ha llegado a ser la envidia de sus vecinos” (revista Time, julio 29 de 1991, pág. 22).

En Business Week, otra revista sobre economía, leemos: “Utah esta en su apogeo. De los cincuenta estados, este es el que tiene el índice mas alto de alfabetismo, la población mas joven, el mayor porcentaje de adolescentes que han terminado los estudios secundarios, el porcentaje mas elevado de personas con educación universitaria, el noveno lugar en el porcentaje de graduados de la universidad, una población con el promedio mas alto de años de escuela completados, el mayor porcentaje de nacimientos, cl porcentaje mas bajo de fallecimiento, el cuarto lugar en años de longevidad, uno de los tres estados con menor porcentaje de cáncer, uno de los mas bajos porcentajes en enfermedades del corazón, el que consume menos alcohol, el consumidor mas bajo de tabaco, el menor promedio de permanencia en el hospital, la población mas sana … y el estado mejor gobernado” (Business Week, diciembre 16 de 1991, pág. 118J).

Tanto lo que se dice en los artículos como lo que no se dice es digno de atención. Estos escritos elogian los logros colectivos, no los individuales. Lo notable es lo que los ciudadanos de Utah han sido capaces de hacer en forma conjunta; nuestras comunidades han llegado a ser ejemplos de inspiración para el mundo; nuestro pueblo ha demostrado una habilidad de sobreponerse al efecto divisorio de los intereses creados, del individualismo sin control y del egoísmo.

¿Cómo me gustaría sentirme cómodo con toda esta atención especial que recibimos! Pero en medio de esa publicidad favorable, nos encontramos con que muchos de los miembros de la Iglesia se hallan buscando las metas del mundo que son contrarias a las palabras que los profetas del Señor nos han hablado a través de los siglos.

Muchos de nosotros estamos mas interesados en nuestras ropas suntuosas, en el tamaño de nuestra casa, en nuestros automóviles con sus accesorios de lujo, que en las carencias del pobre y del necesitado. Además, hemos visto que las amenazas del aborto legalizado, de los juegos de azar, de la pornografía y del deseo de privarnos de las oraciones publicas, minan los valores que unen nuestras comunidades de Santos de los Últimos Días.

Los tremendos desafíos que enfrentamos los miembros de la Iglesia en los últimos días son muy evidentes; y no sólo debemos resistirlos, sino que es preciso que organicemos un contraataque para combatir las tentaciones del mundo y sus enseñanzas si es que queremos preservar nuestra peculiaridad.

A pesar de los problemas que afrontamos, ruego a cada uno que se mantenga firme en sus convicciones. No hay forma de escapar del torbellino de los juicios que Dios derramara sobre Sus hijos que elijan seguir un curso contrario al de Su voluntad. Debemos prestar atención a la advertencia de Moroni para evitar la fatalidad que destruyo a su pueblo.

Parte de lo que expresó Moroni puede interpretarse también como una renovación del deseo de hacer la obra misional. El fue testigo de la iniquidad y la destrucción que provienen de la incredulidad, cuando las almas de hombres y mujeres no se aferran a las enseñanzas del evangelio. Luego de advertir a los creyentes, hace una suplica a los incrédulos. Leemos lo siguiente:

“Y ahora hablo también concerniente a aquellos que no creen en Cristo.

“He aquí, ¿creeréis en el día de vuestra visitación -he aquí, cuando venga el Señor, si, ese gran día cuando la tierra se plegara como un rollo, y los elementos se derretirán con ardiente calor, si, ese gran día en que seréis llevados para comparecer ante el Cordero de Dios- diréis entonces que no hay Dios?

“¿Seguiréis entonces negando al Cristo, o podréis mirar al Cordero de Dios? ¿Suponéis que moraréis con el, estando conscientes de vuestra culpa? ¿Suponéis que podríais ser felices morando con ese santo Ser. mientras atormentara a vuestras almas una sensación de culpa de haber violado sus leyes todo el tiempo? …

“Volveos, pues, oh incrédulos, volveos al Señor; clamad fervientemente al Padre en el nombre de Jesús, para que quizá se os halle sin mancha, puros, hermosos y blancos, en aquel grande y postrer día. habiendo sido purificados por la sangre del Cordero” (Mormón 9:1-3, 6).

¿Quien no desearía escuchar la voz de advertencia de alguien que ha sido testigo de tanto dolor y tribulación? No es de sorprender que sus palabras declaren que hay una mejor forma de vivir, mas feliz y mas satisfactoria. Las palabras de Moroni no son sólo una voz de advertencia, sino también una voz de esperanza al hacernos saber que cada uno de los hijos de Dios es precioso para el Señor. El desea que toda alma disfrute de la inmortalidad y la vida eterna. Y esto es lo que dice:

“Y a causa de la redención del hombre, que vino por Jesucristo, son llevados de vuelta a la presencia del Señor; si, en esto son redimidos todos los hombres, porque la muerte de Cristo hace efectiva la resurrección, la cual lleva a cabo una redención de un sueño eterno, del cual todos los hombres despertaran, por el poder de Dios cuando suene la trompeta; y saldrán, grandes así con o pequeños, y todos comparecerán ante su tribunal, redimidos y libres de esta ligadura eterna de la muerte, la cual es una muerte temporal.

“Y entonces viene el juicio del Santo sobre ellos; y entonces es cuando el que es impuro continuara siendo impuro; y el que es justo continuara siendo justo; el que es feliz permanecerá feliz y el que es miserable será miserable todavía” (Mormón 9:13-14).

Estamos aquí para declarar que el Evangelio restaurado de nuestro Señor y Salvador esta en la tierra para bendecir a todos los hijos de nuestro Padre Celestial; estamos ansiosos de darlo a conocer a nuestros semejantes. Uno de los profetas recientes dijo:

“Nuestro objetivo es llevar el evangelio a todo el mundo. Este es un proyecto ambicioso; pero, como sabéis, planeamos hacer lo que el Señor ya examinó y nos encargó que hiciéramos” (presidente Spencer W. Kimball, Seminario para Representantes Regionales, 5 de abril de 1976).

Invitamos a todos a unirse con nosotros para encontrar la verdadera plenitud que nos ofrece la vida.

En la actualidad nos encontramos rodeados de tanta depresión, tanta desesperación, tanta falta de confianza y de esperanza. Me pregunto: ¿A que se debe toda esta lobreguez? Consideremos juntos las grandes bendiciones que se nos han prometido en un convenio que hacemos con el Señor. Desde el principio, El ha entrado en un contrato de solemne compromiso con cada uno de nosotros de darnos todo lo que El posee, de acuerdo con nuestra fidelidad. Con respecto a esto ha declarado: “Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo … “ (D. y C. 82:10).

Y por convenio solemne El hará Su parte. La oportunidad de recibir esas grandes bendiciones esta en nuestras manos, y se basa en nuestro comportamiento individual. ¿Que se requiere de nosotros?

Primero, debemos ser obedientes a las leyes del Señor. Esta es una de las primeras lecciones que se les enseñó a Adán y a Eva: la obediencia trae como resultado la fe; y trae consigo las bendiciones del cielo. La desobediencia acarrea el dolor y la desesperación.

Después de la ley de la obediencia viene el requisito de entregarnos al servicio de los hijos de nuestro Padre Celestial. El sacrificar lo que tenemos en beneficio de nuestros hermanos es la suprema prueba del evangelio. Uno de los propósitos de esta experiencia terrenal es ver si seguiremos el consejo del Salvador de “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

Vivimos en la era mas gloriosa de la historia del genero humano. Jamas han sido mas grandes la oportunidades de cosechar las bendiciones del Señor, así como la oportunidad de servirle y de experimentar la satisfacción eterna que brinda ese servicio.

Permitamos que las palabras de Moroni y las voces de todos los profetas inunden nuestro corazón y nuestra alma, para que podamos escapar de los errores cometidos en el pasado al desobedecer las leyes eternas de Dios. Recordemos que esta en nuestras manos el disfrutar los frutos del evangelio, porque El nos ha prometido que si somos obedientes a Su ley y estamos dispuestos a darle lo que El requiere de nosotros en servicio y sacrificio, hallaremos los gozos de la eternidad.

Es mi testimonio que Dios vive y que Jesús es el Cristo, el Hijo del Eterno Dios, y esto lo declaro en el nombre de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Amen.