¿Dónde se halla la sabiduría?

Russell M. Nelson

Of the Quorum of the Twelve Apostles


Russell M. Nelson
“Para adquirir una educación, tiene mas influencia el deseo personal que la institución académica a la que se asista y es mas motivadora la fe que la capacidad que se posea.”

Hoy me gustaría hacer una pregunta, la misma que hizo Job hace ya mucho tiempo: “Mas ¿dónde se hallará la sabiduría?” (Job 28: 12) .

Los lideres de la Iglesia constantemente destacan la importancia de la educación; esta es un componente vital de la sabiduría. Poco después de empezar los pioneros la construcción del templo en el estado de Illinois, establecieron la Universidad de la Ciudad de Nauvoo. La Primera Presidencia dijo lo siguiente de esa universidad: “Nos permitirá enseñar sabiduría a nuestros hijos e instruirlos en todo el conocimiento de las artes, las ciencias y las profesiones” (History of the Church, 4:269).

Algo similar ocurrió después que los perseguidos pioneros entraron en el Valle del Gran Lago Salado. Al cabo de menos de tres años, el 28 de febrero de 1850, fundaron la Universidad del Estado de Deseret (Journal History of The Church of Jesús Christ of Latter-Day Saints, 28 de febrero de 1850, págs. 1-2). Mas adelante se establecieron otras varias academias de enseñanza.

Ahora que el numero de miembros de la Iglesia supera los ocho millones, es evidente que no seria posible que esta ofreciera educación secular. No obstante, nuestra dedicación a la educación continua siendo la misma.

Las Escrituras nos enseñan que “la gloria de Dios es la inteligencia” (D. y C. 93:36). Por otra parte, nos dicen que “las inteligencias … fueron organizadas antes que existiera el mundo” (Abraham 3:22). “También el hombre fue en el principio con Dios. La inteligencia, o la luz de verdad, no fue creada ni hecha, ni tampoco lo puede ser” (D. y C. 93:29).

La inteligencia de cada uno de nosotros es eterna y divina. Creo que Tomas Jefferson (político y tercer Presidente de los Estados Unidos) percibía la dignidad del espíritu humano cuando escribió esto: “Sobre el altar de Dios he jurado eterna oposición a toda forma de tiranía que se quiera ejercer sobre la mente del hombre” (Elbert D. Thomas, Thomas Jefferson, World Citizen, Nueva York: Modern Age Books, 1942, pág. 251).

Es Esencial Procurar Obtener Educación

Por el carácter sagrado que tiene para nosotros el intelecto humano, consideramos que el obtener una educación es una responsabilidad religiosa. Aun así, la capacidad individual y las oportunidades difieren mucho. Creo que para adquirir una educación, tiene mas influencia el deseo personal que la institución académica a la que se asista y es mas motivadora la fe que la capacidad que se posea. Nuestro Creador espera que Sus hijos de todas partes sean autodidactas. El nos dio un mandamiento: “… buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118). Y nos asegura que el conocimiento que obtengamos aquí permanecerá con nosotros para siempre (véase D. y C. 130:18-19).

A juzgar por esa norma celestial, es evidente que los que impulsivamente abandonan sus estudios por la mitad, cortando su educación, no sólo desobedecen un decreto divino sino que al mismo tiempo frustran la posibilidad de que se cumpla su propio potencial.

Recuerdo el momento en que yo mismo tome la resolución de adquirir una educación, cuando siendo un adolescente sin preparación conseguí trabajo temporario durante la época de Navidad. La labor era monótona y las horas y los días pasaban lentamente. En aquel momento resolví que obtendría una educación que me preparara mejor para ganarme la vida; tome la decisión de mantenerme en la universidad y estudiar con ahínco, como si mi vida dependiera de ello.

Mas adelante, cuando era presidente de estaca, muchos jóvenes me consultaban con respecto a sus estudios; algunos me preguntaban cuanto tiempo me había llevado la carrera de medicina. A estos les contestaba: “En general, son cuatro años de universidad, seguidos por otros cuatro en la facultad de medicina. Y si decides especializarte, eso te puede llevar otros cinco años o mas, según la especialidad que elijas”.

Mis palabras provocaban en algunos esta reacción: “Pero … ¡son trece años, o tal vez mas! ¡Es demasiado tiempo para mí!”

“Eso es relativo”, les decía yo. “La preparación para una carrera no es demasiado larga si sabes lo que quieres hacer con tu vida. ¿Qué edad tendrás dentro de trece años si no sigues una carrera? ¡Tendrás exactamente la misma edad, seas o no seas lo que quieres ser!”

Así que mi consejo a los jóvenes era (y sigue siendo) que continúen su educación, estén donde estén, sean cuales sean sus intereses y oportunidades, decidan lo que decidan en cuanto a cual será la mejor forma de servir a su familia y a la sociedad.

Hay que cuidarse de la falta de equilibrio

Los jóvenes deben decidir lo que quieren aprender y que intereses servirán; pero no deben limitar su capacidad intelectual a un solo campo de aprendizaje. Es preciso que recuerden esta advertencia que se halla en el Libro de Mormón:

“… ¡Oh las vanidades, y las flaquezas, y las necedades de los hombres! Cuando son instruidos se creen sabios, y no escuchan el consejo de Dios, porque lo menosprecian, suponiendo que saben de si mismos; por tanto, su sabiduría es locura, y de nada les sirve; y perecerán.

“Pero bueno es ser sabio, si hacen caso de los consejos de Dios” (2 Nefi 9:28-29).

Esos versículos me recuerdan a un amigo que se jactaba orgulloso diciendo que sus riquezas eran el resultado de su trabajo incansable y de las lecciones que había aprendido en “la escuela de la vida”. Pero el costo de su fortuna había sido su propio progreso espiritual. Cuando ya era demasiado tarde, lleno de pesadumbre se dio cuenta de que erradamente había apoyado su escalera hacia el éxito contra una pared que no lo conducía a ningún lado. Nunca había leído esta instrucción de su Hacedor :

“No busquéis riquezas sino sabiduría; y he aquí, los misterios de Dios os serán revelados, y entonces seréis ricos. He aquí, rico es el que tiene la vida eterna” (D. y C. 6:7; véase también D. y C. 11:7).

La falta de conocimiento de las Escrituras que tiene la humanidad ha acarreado aflicciones a muchas personas durante largo tiempo. El sufrimiento que ha habido como resultado de esa ignorancia es realmente trágico. Ilustraré lo que he dicho mencionando casos históricos que se relacionan con el contagio de las infecciones.

En el siglo diecinueve, la contaminación del aire era motivo de preocupación para los oficiales sanitarios y otras personas; no se trataba de los hidrocarbonos que enturbian visiblemente nuestra atmósfera hoy en día. sino de una miasma invisible a la que se culpaba de casi todas las infecciones. Por ejemplo, en 1867, el cirujano británico Joseph Lister declaró que el aire era la causa principal de toda infección a Lister, “On a New Method of Treating Compound Fracture, Abscess, Etc., with Observations on the Conditions of Suppuration”, Lancet, 1867, 1:326) . Por ese motivo, en 1869, un médico escocés de Edimburgo, de apellido Simpson, opinó que los hospitales debían demolerse y volver a edificarse cada pocos años a Y. Simpsoní “Our Existing System of Hospitalism and Its Effects”, Edinburgh Medical Journal, 1869, 14:817). Hubo también otros expertos que recomendaron esa practica tan absurda (L. A. Stimson, “Bacteria and Their Influence upon the Origin and Development of Septic Complications of Wounds”,

New York Medical Journal, 1875, 22: 144).

Incluso la enfermera Florence Nightingale, cuyo nombre es leyenda debido a sus heroicas labores durante la guerra de Crimea, no reconoció el contagio de la infección de un paciente a otro, y esto a pesar de las cuidadosas anotaciones que hizo sobre el hecho de que las infecciones de las heridas eran la causa del cuarenta por ciento de las muertes postoperatorias (véase Edward Cook, The Life of Florence Nightingale, 2 Tomos, Londres: Macmillan and Co., 1913, 1:352-438).

Hubo otros que tampoco percibieron esa conexión. Durante siglos, muchas fueron las madres y los niños recién nacidos que perdieron la vida debido a “fiebres” que eran en realidad infecciones que se transmitían a los inocentes por personas que los atendían con las manos sin lavar (véase Ignaz Philipp Semmelweiss, Die Actiologie, der Begriffund die Prophyktxis des Kindbettfiebers, reimpreso de la ed. de 1861, New York: Johnson Reprint Co., 1966, págs. 102-113).

Sólo hace menos de un siglo que la extraordinaria labor de científicos como Koch, Pasteur y otros probó que la infección podía ser causada por la bacteria que se hallaba en los fluidos corporales contaminados -o en el tejido infectado- que pasaban de una persona a otra.

Teniendo presentes estos detalles de la historia, quisiera citar las palabras del Señor, que hace mucho tiempo se registraron en el libro de Levítico * :

“Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo:

“Hablad a los hijos de Israel y decidles: Cualquier [persona], cuando tuviere [secreción], será inmundo.

“Y esta será su inmundicia en su [secreción] …

“Toda cama en que se acostare el que tuviere [secreción], será inmunda; y toda cosa sobre que se sentare, inmunda será.

“Y cualquiera que tocare su cama lavara sus vestidos; se lavara también a si mismo con agua …

“Asimismo el que tocare el cuerpo del que tiene [secreción], lavara sus vestidos, y a si mismo se lavara con agua …” (Levítico 15:1-5, 7; cursiva agregada).

A continuación, hay varios versículos que ilustran y hacen destacar estos importantes principios. Después, la conclusión:

“Cuando se hubiere limpiado de su [secreción] el que tiene [secreción]… lavará sus vestidos, y lavará su cuerpo en aguas corrientes, y será limpio” (Levítico 15:13).

Vemos de esta manera que nuestro Padre Celestial reveló hace mas de tres mil años los principios sanitarios apropiados para tratar a los pacientes con infección. Esos versículos están en completa armonía con las normas de la medicina moderna (véase Isolation Techniques for Use in Hospitals, Washington D.C.: U.S. Department of Health, Education, and Welfare, 1970, pág. 9). Pero, durante miles de años,)cuántas madres habrán perecido innecesariamente?)Cuántos niños habrán sufrido porque el hombre no incorporó en sus investigaciones la palabra del Señor?

Los problemas de nuestros días

Muchos son los problemas que enfrentamos en esta época; algunos son nuevos, otros viejos pero encubiertos con apariencia moderna. Las epístolas de Pablo contienen profecías que se refieren a nuestros días. ¿Hay alguna de las siguientes descripciones que resulte conocida?

“… en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.

“Porque habrá hombres amadores de si mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios [y la lista de condiciones insidiosas continua] …

“sin afecto natural …

“… amadores de los deleites mas que de Dios,

“que tendrán apariencia de piedad, pero negaran la eficacia de ella …

“… siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” (2 Timoteo 3:1-5, 7).

Las advertencias de Pablo describen la apostasía y otros peligros que nos amenazan en nuestros días. Esos peligros son contrarios a los propósitos de Dios y los provocan personas que tienen poder persuasivo, y que poseen mas habilidad que moralidad y mas conocimiento que sabiduría. Con su racionalización tratan de justificarse. La Biblia afirma que “el camino del necio es derecho en su opinión” (Proverbios 12:15). Y es cierto, hay personas con propósitos malignos que llevan una máscara de honestidad; por eso, debemos estar continuamente en guardia.

Para edificar una casa fuerte y de paredes derechas, no se eligen materiales retorcidos. Por lo tanto, para edificar nuestro destino eterno, no podemos ni debemos limitarnos a recibir sólo las lecciones que se han retorcido para dejar fuera la revelación de Dios. El Libro de Mormón nos ofrece estas palabras de advertencia y esperanza:

“… no procuréis aconsejar al Señor, antes aceptad el consejo de su mano. Porque he aquí, vosotros mismos sabéis que el amonesta con sabiduría, con justicia y con gran misericordia sobre todas sus obras” (Jacob 4:10).

Es preciso recordar el terrible precio que se pagó por ignorar las instrucciones divinas. Hasta principios de este siglo las infecciones se extendían por contagio como si nadie hubiera leído ni tomado en serio nunca el capitulo quince de Levítico, ¿dónde se halla la sabiduría?

En la actualidad nos preocupa seriamente el terrible aumento en el índice de personas infectadas con el VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) y otros virus derivados, y el consecuente ataque de SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida). Se ha pronosticado una epidemia -una plaga empeorada por unas cuantas personas que demuestran mayor preocupación por los derechos civiles que por la salud publica-, una plaga que han iniciado y propagado los inmorales. Hay quienes viven para satisfacer su lujuria, como si el mandamiento de Dios de ser castos tuviera una enmienda por la cual se les exceptuara de obedecerlo. Y, lamentablemente, como ha pasado con otras plagas, en esta también hay muchas víctimas inocentes que sufren. ¿dónde se halla la sabiduría?

En todo el mundo ocurren muertes que se podrían evitar y tremendas cargas económicas debido a la indiferencia o la ignorancia de la declaración que hizo Dios diciendo que “el tabaco … no es bueno para el hombre” (D. y C. 89:8). Se podrían citar muchos otros problemas sociales como el del alcoholismo y el consumo de drogas, el juego, los disturbios civiles y la erosión de la estabilidad familiar (véase Bryce J. Christensen, “Critically Ill: The Family and Health Care”, The Family in America, The Rockford Institute Center on the Family in America, Mount Morris, mayo de 1992, págs. 1-8). Quizás sepamos mucho pero aprendamos muy poco. “¿dónde esta la sabiduría que hemos perdido al adquirir conocimiento? ¿dónde esta el conocimiento que hemos perdido al adquirir información?” (T. S. Eliot, “Choruses from ‘The Rock”’, The Complete Poems and Plays, New York: Harcourt, Brace &World, 1971, pág. 96). Pregunto otra vez: ¿dónde se halla la sabiduría?

Como hallamos sabiduría

La sabiduría se halla en la inteligencia pura, en esa luz divina que puede guiar a las personas de todo país, todo clima, todo continente. El Señor prometió que “resplandecerá una luz entre los que se asientan en tinieblas, y será la plenitud de mi evangelio”. Pero después se lamentó, diciendo:

“Mas no lo reciben, porque no perciben la luz, y apartan de mi su corazón a causa de los preceptos de los hombres …

“Y vivirán hombres en esa generación que no morirán hasta que vean un azote desbordante, porque una enfermedad desoladora cubrirá la tierra.

“Pero mis discípulos estarán en lugares santos y no serán movidos; pero entre los inicuos, los hombres alzaran sus voces y maldecirán a Dios, y morirán.

“Y también habrá terremotos en diversos lugares, y muchas desolaciones; sin embargo, los hombres endurecerán su corazón contra mi … “ (D. y C. 45:28-29, 31-33; véase también D. y C. 87:6).

En espléndido contraste con ese terrible caos, la luz del Evangelio de Jesucristo brilla como una esperanza para el mundo. Los misioneros y los miembros de la Iglesia proclaman valientemente su fulgor. En todo el mundo hay estudiantes sabios que prestan atención a la luz y mejoran su educación al estudiar las lecciones de Seminarios e Institutos de la Iglesia. El Señor no niega a nadie Su sabiduría: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios” (Santiago 1:5).

Vuelvo a hacer esa misma pregunta que hizo Job: “¿dónde se hallará la sabiduría?” La respuesta es: emana del Señor. El mismo dijo esto:

“Daré a los hijos de los hombres línea por línea, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí; y benditos son aquellos que escuchan mis preceptos y prestan atención a mis consejos, porque aprenderán sabiduría, pues a quien reciba, le daré mas … “ (2 Nefi 28:30).

Cuando aumenta nuestro amor por Dios, también se incrementan la sabiduría y la luz divina;

“Lo que es de Dios es luz; y el que recibe luz y persevera en Dios, recibe mas luz, y esa luz aumenta mas y mas en resplandor hasta cl día perfecto” (D. y C. 50:24; véase también D. y C. 88:67).

“El que guarda mis mandamientos recibe verdad y luz, hasta que es glorificado en la verdad y sabe todas las cosas” (D. y C. 93:28).

¿dónde se halla la sabiduría? Vibra y late en la luz de la verdad que proviene del Señor. Con esa luz El nos eleva hacia la vida eterna. Lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

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  1.  

    * NOTA: Con autorización del élder Nelson, se ha substituido (entre paréntesis cuadrados) la palabra del pasaje de Levítico por la que el quería emplear en su discurso para referirse a todo tipo de secreción contagiosa.