La Fe Aumenta El Poder En El Sacerdocio

John K Carmack


“Supliquemos al Señor, como lo hicieron los Apóstoles de antaño: ‘Señor: Auméntanos la fe’ y luego utilicemos esa fe como la fuente principal de poder en todos nuestros llamamientos.”

Queridos hermanos, en este recinto hay suficiente fuerza como para hacer cualquier cosa que se nos llame a hacer. Somos el Sacerdocio de Dios.

Recientemente, el élder Tai y yo nos hospedamos en el Hotel Everest, en Kathmandu, Nepal. Una noche hubo un apagón; pero afortunadamente nos habían dado dos pequeñas velas y cerillos. Pero en vez de la fuerza eléctrica de 400 voltios, necesarios para alumbrar nuestras habitaciones, teníamos solamente la luz de dos velas que no eran suficientes para permitirnos continuar con nuestro trabajo.

El sacerdocio de Dios es en potencia una fuente mayor de poder que la electricidad. Los poseedores del sacerdocio, colectivamente, funcionan debidamente, pero no logramos el máximo de nuestro potencial. ¿Por que? ¿Se debe tal vez a que no acudimos a nuestra mayor fuente de poder al ejercer nuestro sacerdocio? ¿Preferimos la luz de las velas en vez de la electricidad?

La fe en el Señor Jesucristo es la fuente del poder dinámico del sacerdocio. Al no poner la fe en primer plano en nuestros llamamientos, disminuimos la luz y la fuerza o el poder del sacerdocio. Hay también otras cosas que obstruyen su influencia benéfica.

Oliver Cowdery pensó que podría traducir bajo la luz vacilante de una vela. El Señor lo instruyó de esta manera: “Recuerda que sin fe no puedes hacer nada; por tanto, pide con fe” (D. y C. 8:10). Los lideres del sacerdocio de antaño, tales como Pedro, Pablo, José y Brigham lograron resultados extraordinarios en sus llamamientos. ¿Cómo lo lograron? Por medio de la fe. Ya que en esa época no se disponían de computadoras o de maquinas “telefax”, su poder dependía de la fe. A menudo Jesús daba respuesta a las suplicas que le hacían pidiéndole Su intervención milagrosa, diciendo: “Conforme a vuestra fe os sea hecho” (Mateo 9:29; véase también 15:28).

En vez de confiar en la fe para llevar a cabo los llamamientos en el sacerdocio, nos sentimos tentados a utilizar aquello que nos resulte mas cómodo. La Iglesia también nos ha proporcionado algunas herramientas necesarias para lograr el éxito, el poder y el control de nuestro tiempo. Utilizando nuestra inteligencia natural, hacemos uso de esos elementos que abarcan la educación y la capacitación, la preparación por medio de manuales, instrucciones, horarios y presupuestos que nos brinda la Iglesia.

Funcionamos con esfuerzos diligentes y definidos utilizando conceptos y sistemas de administración que hemos aprendido. No quisiera hablar en forma negativa en contra de esos elementos que nos sirven tan bien, porque a menudo, han pasado a través de un proceso de fe e inspiración, pruebas y errores, y esfuerzos ingeniosos. Después de todo, el Señor dijo: “Organizaos; preparad todo lo que fuere necesario” (D. y C. 88:119).

No obstante, al agregar la fe, el servicio del sacerdocio se convierte en una maravilla. De pronto, dos velas se convierten súbitamente en 400 voltios de luz; o lo que es mas importante, recurrimos a la fuente de poder del Señor y nuestras acciones quedan en armonía con Sus propósito. SI Señor compensa nuestras deficiencias. Nuestras necesidades se abastecen mediante reservas extensas e invisibles de poder dinámico.

El Señor les mandó a Sus Apóstoles que creyeran en El, diciendo: “El que en mi cree, las obras que yo hago, el las hará también; y aun mayores hará” (Juan 14:11–12). Claramente, el poder para llevar a cabo grandes obras proviene de la fe en Cristo.

Veamos un ejemplo bien conocido. Nefi y sus hermanos recibieron la asignación del Señor de ir a obtener las planchas de bronce de Labán. Para lograrlo utilizaron la sabiduría, las buenas costumbres y la persuasión, características con las que se sentían cómodos; incluso ofrecieron a cambio de las planchas cosas preciosas de las riquezas de la familia. Nada dio resultado. De hecho, tuvieron que huir al acusárseles de robo.

Fue entonces que Nefi recurrió a la fe pura. Lo que en realidad sucedió fue que se convenció a si mismo de que el Señor le había encomendado obtener las planchas; y después desarrolló la resolución mental y la fe necesarias para tratar de nuevo. “Iré y haré lo que el Señor ha mandado” (1 Nefi 3:7).

Sin saber lo que haría, Nefi empezó a avanzar mientras sus hermanos enfurecidos permanecían en las afueras de la ciudad. “… iba guiado por el Espíritu, sin saber de antemano lo que tendría que hacer” (1 Nefi 4:6). Ahora procedía con fe, con confianza en lo desconocido, con esperanza en las cosas no vistas. Ustedes conocen el resto de la historia.

Fíjense en que la fe y la confianza en el Señor vinieron primero, luego siguió la acción. El no tenia ningún plan, excepto confianza en el Señor. Fue algo así como “prepárense, fuego, apunten”, o sea lo opuesto de la manera normal de hacer las cosas. Lamán y Lemuel pensaron que estaba haciendo una tontería. Entonces el plan del Señor se empezó a desenvolver y Nefi fue guiado por manos invisibles.

Muchas veces esta es la manera en que funciona la fe. Por ejemplo, se me asigno acompañar al élder Bateman y al élder Steadman con sus respectivas esposas a una asignación misional como maestros de ingles en Hanoi, Vietnam. Hicimos planes y nos organizamos, pero teníamos mas preguntas que respuestas. Después de terminar nuestro orden del día, aun nos quedaba un día entero sin actividades programadas. Todavía nos quedaba mas por hacer, pero, ¿que y dónde? Esa mañana decidimos actuar por medio de la fe y salimos de nuestros apartamentos sin saber a dónde íbamos. Sin planearlo, pasamos un día maravilloso disfrutando las ceremonias de bienvenida realizadas en el Palacio de niños en Hanoi, gozando de una cena en nuestro honor y otras actividades que nuestros anfitriones habían programado. Ellos habían estado demasiado ocupados para comunicarnos sus planes, pero el Señor los conocía y nos llevó a los lugares en donde debíamos estar.

En los Discursos sobre la Fe, preparados por las Autoridades bajo la dirección de José Smith, en Kirtland, Ohio, los autores preguntaron: “¿Que se supone que debemos entender cuando se dice que un hombre obra mediante la fe? Respondemos: Entendemos que cuando un hombre obra mediante la fe, hace uso de las facultades mentales en vez de la fuerza física. Toda persona, cuando obra mediante la fe, lo hace por medio de las palabras en vez de los poderes físicos” (Lectures of Faith, Salt Lake City, Deseret Book Co. 1985, pág. 72).

Una breve, pero profunda frase, que se encuentra en el libro de Abraham describe el poder total de la fe de Dios. “… no hay nada que el Señor tu Dios disponga en su corazón hacer que el no haga” (Abraham 3:17). Mediante la fe logramos que nuestro corazón sienta las cosas debidas que debemos hacer y obtener las palabras y el poder mental necesario para llevarlas a cabo. Tal vez se requiera que al hacer nuestros planes y fijar horarios dejemos tiempo libre. De esta manera, la fe tendría la libertad suficiente para manifestarse.

A pesar de que la fe a menudo se manifiesta en una manera de pensar positiva, es mucho mas que eso. La fe recurre a fuentes divinas y es una manifestación de unidad y participación con el Señor. Incluso las ideas y las palabras que se formulan mediante la fe provienen de la inspiración del Espíritu Santo, y el poder para lograr las palabras que se forman mediante la fe proviene de Dios.

Y mas importante aun es el hecho de que la fe conduce directamente a la vida eterna, ya que al ponerla en practica, logramos conocer a Dios y a Su poder, y llegamos a ser como El.

En los Discursos sobre la Fe, las Autoridades explicaron que “el plan de salvación … era un sistema de fe: comienza con fe y continua mediante ella, y toda bendición que se obtiene en relación con la fe, es en consecuencia de esta” (Lectures on Faith, pág. 80, 7: 17).

Los lideres del sacerdocio necesitan el equilibrio, la sabiduría y los elementos necesarios que los ayudaran a organizarse, pero, ¿por que no añadimos el poder de la fe que esta al alcance de todos? Se que muchos de ustedes ya lo hacen.

Suena fácil, ¿verdad? Quizás a algunos de ustedes les parezca demasiado general y simple; y en cierto sentido, es fácil, pero hay también serios obstáculos que debemos vencer antes de que podamos agregar la fuente del poder de la fe en el servicio que prestamos. Tal vez el paso mas difícil sea admitir que la fe viene primero, y luego debemos vencer los obstáculos. Frecuentemente nuestro mayor obstáculo es la falta de dignidad. Para que realmente tengamos fe es necesario purificar antes nuestras mentes, nuestros cuerpos y nuestros espíritu.

Por irónico que parezca, si somos indignos, parecería que el orden para utilizar los principios del Evangelio, por ese periodo de tiempo, debe invertirse. Primero es necesario el arrepentimiento y luego la fe. Se pudría argumentar que el arrepentimiento se alcanza por medio del ejercicio de la fe; sin embargo, el obtener el poder de la fe algunas veces requiere primeramente el arrepentimiento.

El orgullo y la arrogancia obstruyen nuestra fe.

La autosuficiencia, que por lo general se obtiene por medio del éxito económico, altos honores educativos, fama y honor entre los hombres, pueden alejarnos de la fe.

El fanatismo religioso puede destruir nuestra fe. En la religión, así como en muchas otras cosas, algunas veces el tener demasiado de algo puede ser peor que no tener suficiente.

El alcohol, las drogas, la diversión pervertida, la pornografía y la acumulación de cosas materiales obstruyen las arterias de la fe. Y el temor, la culpa, la amargura y el resentimiento pueden sofocar la fe. Si, Satanás nos pone muchos obstáculos; es porque no desea que tengamos fe.

Ahora bien, repasen la lista de obstáculos; ¿los pueden apreciar en los niños? No es de entrañarse que el Señor haya sugerido que busquemos una fe semejante a la de los niños.

La fe no es una prerrogativa exclusiva del sacerdocio. El centurión romano no poseía el sacerdocio, pero con fe le pidió al Señor que sanara a su criado. Agrego que no era digno de que Jesús entrara en su hogar, a pesar de que era un hombre cuya autoridad obedecían los demás. Dijo: “Solamente di la palabra, y mi criado sanara”. Jesús se maravillo de su fe. “… ni aun en Israel he hallado tanta fe” (Mateo 8:8,10).

La mujer gentil de Canaán también recurrió a la fuente de poder. Los malos espíritus habían atormentado a su hija y con fe le pidió a Jesús que la liberara del demonio. Probablemente con el fin de probar la fe de la mujer, Jesús le explicó que El había sido enviado a ministrar únicamente a los de la casa de Israel. Ella simplemente no lo acepto. “Si, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (Mateo 15:27). Jesús exclamo: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres” (Mateo 15:28).

Hermanos, podemos aprender mucho acerca de la fe de hermanas como la mujer de Canaán, de nuestros amigos que pertenecen a otras religiones, como el centurión romano, y especialmente de nuestros hijos. No importa la manera en que aprendamos a utilizar el poder de la fe, lo necesitamos para llevar a cabo las enormes tareas que se nos han encomendado.

Asimismo, necesitamos utilizar mas plenamente los dones del Espíritu, los cuales funcionan por medio de la fe. Estos están a nuestro alcance hoy día. Incluso el poder máximo-el de levantar a los muertos-en ocasiones lo ejercen las personas que poseen gran fe. Los enfermos son sanados, los ciegos ven, los lisiados caminan, y se echan fuera demonios-todo mediante la combinación de la fe y el poder del sacerdocio. Temo que no gozamos de suficientes dones espirituales en nuestros llamamientos en el sacerdocio.

Podemos empezar añadiendo los ingredientes de la fe que se enumeran en los Discursos sobre la Fe.

  1. 1.

    Saber y aceptar que Dios existe.

  2. 2.

    Conocer Su carácter, atributos y perfección verdaderos.

  3. 3.

    Saber que el camino que estamos siguiendo en la vida esta de acuerdo con la voluntad de Dios.

Agreguemos estos tres elementos al poder del sacerdocio que poseemos. Sin embargo, no podremos hacerlo a menos que santifiquemos nuestras vidas y añadamos mas espiritualidad a nuestro conocimiento.

Ahora, ¿que podemos hacer para poner la fe en primer plano? Si escuchamos atentamente, descubriremos la clave de la fe de Simón Pedro en las palabras que el Salvador le dijo antes de Su crucifixión: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti; que tu fe no falte; y tu, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:3132).

Quizás es tiempo de que nos humillemos, que venzamos los obstáculos de la fe y nos volvamos como Pedro. ¿Para que ir por la vida con la luz de dos velas, cuando tenemos a nuestra disposición mas de 400 voltios? ¿Las tareas son enormes! ¿Como podremos llevar el Evangelio a todo el mundo y al mismo tiempo redimir a los muertos? No lo se, pero el poder y la energía para hacerlo deben obtenerse mediante la fe en el Señor Jesucristo.

De manera que, hermanos, supliquemos al Señor, como lo hicieron los Apóstoles de antaño: “Señor: Auméntanos la fe” (Lucas 11:5); y luego utilicemos esa fe como la fuente principal de poder en todos nuestros llamamientos.

En el nombre de Jesucristo. Amén.