Padre, Vuelve A Tu Hogar

James E. Faust


“Las bendiciones del sacerdocio, cuando el padre y esposo lo honra y cuando la esposa y los hijos lo respetan, puede ciertamente ser la cura de ese cáncer que aflige a nuestra sociedad “

En esta época de la Pascua de Resurrección, a todos los que participan en estas reuniones les extiendo una cálida bienvenida y mis oraciones por su felicidad y bienestar. En este día. recordamos que el Señor resucitado nos encomendó la responsabilidad de edificar el reino de Dios sobre la tierra. Teniendo presente esta comisión, espero agregar algunas ideas que quizás puedan fortalecer a la mas importante de todas las instituciones: la familia.

En estos últimos tiempos, la sociedad se ha visto plagada con un cáncer del cual pocas familias han escapado; me refiero a la desintegración de nuestros hogares. Es imperativo aplicar inmediatamente un tratamiento correctivo. No deseo ofender a nadie con lo que tengo que decir al respecto. Reafirmo mi profunda convicción de que la mujer es la mas grandiosa de las creaciones de Dios; también creo que no existe un bien mayor en la tierra que el que proviene de la maternidad. La influencia de una madre en la vida de sus hijos es incalculable. Y las madres que tienen que criar solas a sus hijos cumplen un servicio que se puede calificar de heroico.

Me apresuro a agregar que hay demasiados hombres que abusan de su esposa y de sus hijos, y de los cuales estos necesitan protección. No obstante, muchos de los estudios sociológicos modernos confirman sin duda que la influencia de un padre abnegado es esencial en la vida del niño, ya sea varón o mujer. Durante esos estudios realizados en los últimos veinte años, en los cuales se han hecho grandes esfuerzos por mantener intactos el hogar y la familia, revelan este hecho alarmante: muchos de los crímenes y de los desórdenes de conducta que ocurren en los Estados Unidos se originan en hogares en los que el padre ha abandonado a su familia. En el mundo entero hay muchas sociedades en las que el desamparo de los niños, el crimen, la adicción a las drogas y la corrupción de la vida familiar están estrechamente relacionados con la ausencia de las enseñanzas y del ejemplo de un buen padre.

En el aspecto sociológico, se ha hecho lamentablemente obvio el hecho de que el padre no es una figura familiar optativa. Es preciso que honremos la posición del padre en el hogar como la fuente principal de apoyo físico y espiritual. Y esto lo digo sin reservas, porque el Señor ha revelado que el hombre, como marido y padre, tiene esa obligación: “Las mujeres tienen derecho de recibir sostén de sus maridos hasta que estos mueran …” Y mas adelante dice: “Todos los niños tienen derecho de recibir el sostén de sus padres hasta que sean mayores de edad” (D. y C. 83:2, 4). Además, su bienestar espiritual debe llevarse a cabo “por la fe y el convenio de sus padres” (D. y C. 84:99). Y con respecto a los niños pequeños, el Señor ha prometido que se requerirán “grandes cosas de las manos de sus padres” (D. y C. 29:48).

Es inútil entrar en un debate en cuanto a cual de los progenitores es mas importante. Nadie puede dudar de que la influencia de la madre tiene suma trascendencia para un recién nacido y durante los primeros años de la vida de un niño. La influencia del padre va cobrando cada vez mas importancia a medida que el hijo crece. Sin embargo, cada uno de los padres es necesario en las diversas etapas de desarrollo del niño. Hay una diferencia intrínseca en lo que hacen el padre y la madre por sus hijos; ambos reúnen las condiciones para educarlos, pero su manera de actuar es diferente; se diría que la madre tiene un papel preponderante en preparar al niño para la vida en el seno familiar (tanto presente como futura), y que el padre esta mas habilitado para prepararlo con el fin de que se desenvuelva mejor en el ambiente exterior.

Una autoridad en la materia dice lo siguiente: “Los estudios que se han hecho indican que el padre tiene una función muy importante en el desarrollo del autorrespeto de un niño; también es importante, aunque no comprendamos bien el porque, para ayudar a desarrollarle la moral y el autodominio”. Y continua diciendo: “La investigación indica también que el padre es fundamental en el establecimiento de la identidad sexual y del carácter de los hijos, los cuales están mas claramente definidos cuando hay una activa participación paterna en la crianza. Es un hecho comprobado que, cuando esto sucede, tanto la masculinidad en los varones como la femineidad en las niñas son mucho mas pronunciadas” (Karl Zinsmeister, “Do Children Need Fathers?”, Cnsis, octubre de 1992).

Sea cual sea la situación marital en que se encuentren, los padres tienen la obligación de dejar de lado sus diferencias personales y de animarse mutuamente a ejercer una buena influencia en sus hijos.

seria posible darle a la mujer todos los derechos y las bendiciones que provienen de Dios y de la ley sin disminuir la nobleza de la otra grandiosa creación divina, el hombre? En 1872, Eliza R. Snow dijo: “La condición social de la mujer es uno de los asuntos de mayor actualidad, y el mundo se ve obligado a prestarle atención tanto en el aspecto social como en el político. Hay quienes … se rehusan a reconocer que la mujer este capacitada para disfrutar de cualquier derecho aparte de los que … los caprichos, las modas o la justicia … de los hombres puedan decidir otorgarle. Critican y se burlan de las razones que no pueden rebatir, un antiguo ardid que emplean los que se oponen a principios correctos que les es imposible cambiar. Otros … no sólo reconocen que la condición de igualdad social de la mujer debe aceptarse, sino que además son tan intransigentes con sus teorías exageradas que la colocaría en abierto antagonismo con el hombre, la forzarían a una existencia separada y opuesta, y demostrarían al mundo lo absolutamente independiente que ella puede ser”. Y después agregó: “Querrían que adoptara algunos aspectos desagradables de carácter que a veces presenta el hombre y que el debería desechar o mejorar en lugar de pretender que la mujer los imite. Estos son los dos extremos. Entre ambos se encuentra la situación ideal” (The Women’s Exponent, 15 de julio de 1872).

Muchas personas no entienden nuestra creencia de que Dios ha establecido prudentemente una autoridad para dirigir las instituciones mas importantes del mundo; esa autoridad es el sacerdocio, el cual es una mayordomía que se debe emplear para bendecir a todos los hijos de Dios. El sacerdocio no es una cuestión de sexo masculino o femenino, sino las bendiciones de Dios para todos mediante las manos de los siervos que El ha nombrado.

En la Iglesia, esta autoridad del sacerdocio bendice a todos los miembros por la ministración de maestros orientadores, presidentes de quórumes, obispos, padres y todos los demás hermanos fieles a quienes se les ha encomendado la administración de los asuntos del reino de Dios. El sacerdocio es el poder y la influencia de rectitud por los cuales se enseña a los varones, desde su infancia y a través de toda su vida, a honrar la castidad, a ser honrados e industriosos, y a sentir respeto por la mujer y salir en su defensa. El sacerdocio es una influencia moderadora. A las niñas se les enseña que muchos de sus deseos se verán cumplidos mediante el influjo y el poder para bendecir que provienen del sacerdocio.

Poseer el sacerdocio significa seguir el ejemplo de Cristo y procurar imitar Sus atributos de padre; significa un interés y una abnegación constantes por los que son de nuestra carne y sangre. El hombre que lo posea debe honrarlo cuidando eternamente de su esposa y madre de sus hijos, con absoluta fidelidad; y durante toda su vida debe preocuparse por sus hijos y por los hijos de estos. El lamento de David por su hijo rebelde es una de las partes mas conmovedoras de las Escrituras: “… mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!” (2 Samuel 18:33).

Exhorto a los esposos y padres de esta Iglesia a ser la clase de hombre sin el cual su esposa no querría vivir. Y exhorto a las hermanas de esta Iglesia a ser pacientes, afectuosas y comprensivas con su marido. Los que contraen enlace deben estar completamente preparados para dar a su matrimonio el lugar de prioridad en su vida.

El hecho de que uno de los cónyuges le dijera al otro: “No te necesito” destruiría sentimientos que son esenciales para la felicidad matrimonial. Y es así porque el consejo del Salvador fue y es que sean una sola carne. El dijo: “Por esto el hombre dejara padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne … Así que no son ya mas dos, sino una sola carne” (Mateo 19:5–6).

Es mucho mas difícil ser uno de corazón y pensamiento que ser uno físicamente; esta es una unidad que se manifiesta en expresiones sinceras como “te aprecio!” y “Me siento orgulloso de ti”. Tal armonía domestica es el resultado de perdonar y olvidar, elementos esenciales en una relación matrimonial que esta madurando. Alguien dijo que se debe tener los ojos bien abiertos antes de casarse y semicerrados después de la boda (Magdeleine de Scudery, The International Dictionary of Thoughts, Chicago J. G. Ferguson Publishing Company, 1969, pág. 473). La verdadera caridad debería comenzar en el matrimonio, ya que esta es una relación que debe reforzarse todos los días.

Pienso si seria posible que uno de los cónyuges se alejara del otro y aun así pudiera ser una unidad completa. Cualquiera de los dos que rebaje la función divina del otro en presencia de los hijos rebaja también la incipiente femineidad de sus hijas y la masculinidad que esta brotando en sus hijos. Supongo que siempre surgen algunas diferencias sinceras entre marido y mujer, pero estas se deben ventilar en privado.

La importancia de este tema me lleva a tomarme la libertad de decir algo sobre el quebrantamiento de los convenios. Por supuesto, es necesario reconocer que algunos matrimonios fracasan sin remedio. Extiendo mi comprensión a los que se encuentran en esas circunstancias, pues todo divorcio lleva consigo el sufrimiento. Y espero que lo que voy a decir no mortifique a nadie. En mi opinión, cualquier promesa que se hagan un hombre y una mujer en la ceremonia del matrimonio adquiere la dignidad de un convenio. La relación familiar del padre, la madre y el hijo es la institución mas antigua y permanente del mundo, y ha sobrevivido enormes diferencias geográficas y culturales. Esto sucede porque el matrimonio entre el hombre y la mujer es un estado natural y ha sido ordenado por Dios; es una obligación moral. Por lo tanto, los casamientos que se realizan en el templo, con el fin de establecer relaciones eternas, son los convenios mas sagrados que podamos hacer. En ellos se invoca el poder sellador que Dios concedió por medio de Elías y el Señor se convierte en una de las partes contratantes de las promesas.

Por lo tanto, que se pudría considerar como “causa justificada” para romper los convenios matrimoniales? Durante toda una vida de ocuparme de problemas humanos, me he esforzado por entenderlos y encontrar respuesta a esa pregunta, y confieso que no creo poseer ni la sabiduría ni la autoridad para definir lo que es una “causa justificada”; sólo los cónyuges pueden determinarlo, y sobre ellos recae la responsabilidad de la cadena de consecuencias que inevitablemente tienen lugar cuando no se honran esos convenios. En mi opinión, una “causa justificada” seria algo tan serio como una situación prolongada y evidentemente irreversible en la que se va destruyendo en forma paulatina la dignidad o el amor propio de una persona.

Al mismo tiempo, tengo una firme convicción de lo que no es motivo para romper los sagrados convenios del matrimonio: indudablemente, no puede ser por “crueldad mental” ni “diferencias de personalidad”, ni por “haberse alejado el uno del otro” ni por haber “dejado de quererse”, especialmente cuando hay hijos. De Pablo tenemos este consejo divino y permanente: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a si mismo por ella” (Efesios 5:25).

También dijo: “Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos” (Tito 2:4).

Considero que los miembros de la Iglesia poseen la cura mas eficaz para la corrupción de la vida familiar, y consiste en que hombres, mujeres y niños honren y respeten las funciones divinas que tienen el padre y la madre en el hogar. Al hacerlo, la rectitud que se lograra hará crecer entre ellos el respeto y el aprecio mutuos. De esa manera, se pondrán en acción las grandes llaves selladoras restauradas por Elías, a las que se refiere Malaquías con estas palabras: “El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición” (Malaquías 4:6; véase también D. y C. 110:15).

El presidente Joseph Fielding Smith dijo lo siguiente con respecto a las llaves de Elías: “El poder sellador conferido a Elías es el poder que liga a marido y mujer y a los hijos a sus padres por esta vida y por la eternidad. Es el poder ligador que existe en toda ordenanza del evangelio. La misión de Elías era venir y restaurarlo a fin de que la maldición de la confusión y el desorden no prevalezca en el reino de Dios” (Elijah the Prophet and his Mission, págs. 3, 5). La confusión y el desorden son algo muy común en la sociedad actual, pero no por ello debemos permitir que destruyan nuestros hogares.

Al pensar en el poder conferido por Elías, quizás lo relacionemos solamente con las ordenanzas mas solemnes que se llevan a cabo en lugares sagrados; pero para que esas ordenanzas sean activas y produzcan el bien tienen que reflejarse en nuestra vida diaria. Malaquías dijo que el poder de Elías volvería el corazón de los padres hacia los hijos y viceversa. El corazón es la fuente de donde provienen las emociones y un medio para recibir revelación (véase Malaquías 4:5, 6). De ese modo, dicho poder sellador se revela en las relaciones familiares, en los atributos y las virtudes que se desarrollan en un buen ambiente familiar y al prestar un servicio abnegado. Estos son los lazos que unen a la familia, mientras que el sacerdocio promueve su desarrollo. De maneras imperceptibles pero muy reales “la doctrina del sacerdocio destilara sobre tu alma como rocío del cielo” (y sobre el hogar también) (D. y C. 121:45).

Testifico que las bendiciones del sacerdocio, cuando el padre y esposo lo honra y cuando la esposa y los hijos lo respetan, puede ciertamente ser la cura de ese cáncer que aflige a nuestra sociedad. Suplico a los padres que vuelvan a su hogar; que magnifiquen su llamamiento en el sacerdocio; que bendigan a su familia por medio de esa sagrada influencia y experimenten así las recompensas prometidas por nuestro Padre y Dios. Y lo digo en el nombre de Jesucristo. Amén.