Los Héroes

H. David Burton


“Escuchen y respondan a los susurros del Espíritu Santo y sigan el ejemplo de los héroes que obran con rectitud, poro permanecer firmes en contra de las maldades del maestro del engaño.”

Nefi, uno de mis héroes favoritos, solía usar la frase: “Mi alma se deleita …” Esta noche mi alma se deleita al formar parte de los miles de personas que se han reunido en Su nombre para aprender mas acerca de nuestras responsabilidades en el sacerdocio.

El próximo lunes darán comienzo los juegos de béisbol de las ligas mayores de los Estados Unidos y Canadá. Me siento algo triste porque uno de mis héroes, el lanzador Lynn Nolan Ryan, hijo, anunció recientemente que esta seria su ultima temporada.

Es muy probable que a Nolan se le seleccione para integrar la Galería de la Fama tan pronto como sea elegible. Se le recordara por su excepcional participación en 27 temporadas de las ligas mayores. Es famoso por lanzar la pelota a una velocidad superior a los 152 km. por hora; y estableció una marca de 5.600 lanzamientos que el bateador no contestó. Nolan Ryan no es solamente un fabuloso lanzador de béisbol, sino que es también un maravilloso y sensible ser humano que trata de hacer felices a los demás.

Un buen lanzador de béisbol puede tirar la pelota con velocidad y exactitud. La manera en que se lanza la pelota se mantiene en secreto a fin de engañar al bateador. Cambiando la manera en que agarra la pelota o la manera en que la lanza, el lanzador puede hacer que la pelota cambie de dirección cuando se va acercando al bateador. Los buenos lanzadores, como Nolan Ryan, son expertos en engañar a los bate adores.

Hoy día. el engañador más grande de todos tiene una gran influencia. Se le adjudican muchos nombres, pero se le reconoce mejor como Satanás o el diablo. El sabe que “sois linaje escogido, real sacerdocio” (1 Pedro 2:9).

No se engañen, mis jóvenes hermanos, Satanás es el jefe principal del engaño. El no esta satisfecho con sólo tomar prisioneros; el desea apoderarse de las almas de los hombres. Una de sus alevosas estrategias es la de debilitar poco a poco nuestros sentidos en lo que concierne a lo bueno y lo malo. Satanás desea convencernos de que la mentira y el engaño están de moda; nos induce hacia la pornografía, haciéndonos pensar que esta nos prepara para enfrentar al mundo verdadero. Desea hacernos creer que la inmoralidad es un modo atractivo de vida, y que la obediencia a los mandamientos de nuestro Padre Celestial esta pasada de moda. Constantemente nos asedia con propaganda ilusoria presentada de una manera atractiva y cuidadosamente enmascarada. Satanás crea héroes falsos que, si seguimos su ejemplo, nos conducirán a las profundidades del pecado.

Por otra parte, los héroes que se seleccionen con sumo cuidado pueden ser un ejemplo en nuestra vida y servirnos de modelo. El identificar y emular buenos héroes, nos brindan el valor necesario para andar rectamente por el camino de la vida. Tengo varios héroes aparte de Nefi y Nolan Ryan.

Una noche me quede a trabajar hasta tarde en el edificio de las Oficinas de la Iglesia. Cuando apreté el botón para llamar el ascensor, tenia la mente en un sinfín de cosas. Cuando se abrió la puerta, entre en el ascensor y de pronto vi que alguien extendía la mano para saludarme; una voz firme dijo: “Soy Spencer Kimball, ¿con quien tengo el gusto de hablar?” Me sentí tan asombrado que por un momento ni pude recordar mi nombre. Ahí estaba uno de mis héroes; por fin pude musitar algo que vagamente se parecía a mi nombre. Cuando pienso en el presidente Kimball, pienso en El milagro del perdón, en “alargar el paso”, en “hazlo ahora”, en el sacerdocio para todos los varones dignos, y mas que nada, en conquistar la adversidad. El siempre será uno de mis héroes.

Alma, el sumo sacerdote de la Iglesia de Dios, trató de predicar el arrepentimiento a sus hermanos nefitas en la ciudad de Ammoníah. Después de algunos intentos en vano, salió de la ciudad bastante afligido. Fue entonces que se le apareció un ángel y le dijo: “Y he aquí, soy enviado para mandarte que vuelvas a la ciudad de Ammoníah y prediques otra vez a los habitantes de esa ciudad; si, predícales. Si, diles que a menos que se arrepientan, el Señor Dios los destruirá” (Alma 8:16). Alma hizo lo que se le mando.

Amulek vivía en esa ciudad de Ammoníah; y fue quien relató esta experiencia: “Mientras me dirigía a ver un pariente muy cercano, he aquí, se me apareció un ángel del Señor y me dijo: Amulek, vuélvete a tu propia casa porque darás de comer a un profeta del Señor; si, un hombre santo que es un varón escogido de Dios; porque ha ayunado muchos días a causa de los pecados de este pueblo, y tiene hambre; y lo recibirás en tu casa y lo alimentaras, y el te bendecirá a ti y a tu casa; y la bendición del Señor reposara sobre ti y tu casa” (Alma 10:7).

Amulek regresó y llevó a Alma a su casa para comer y descansar. Luego, fue llamado como compañero misional de Alma. En una ocasión fueron atados, golpeados y encarcelados por predicar el arrepentimiento. En respuesta a sus suplicas, el Señor hizo que los muros de la prisión cayeran y mataran a quienes los habían encarcelado.

Alma y Amulek escucharon al ángel, respondieron al llamado del servicio misional y predicaron el arrepentimiento. Permanecieron firmes ante la adversidad y el encarcelamiento. Ellos son héroes cuyas vidas son dignas de emulación.

A lo largo de los años, cada uno de mis obispos ha sido un héroe para mi. Nuestro obispo actual, el hermano Stephen G. Stoker es un héroe para toda nuestra familia.

Estoy agradecido a los obispos que me ayudaron cuando era joven a prepararme para recibir el Sacerdocio de Melquisedec. Un obispo paciente y amoroso me ayudó a comprender que el servicio misional era de mayor importancia que el perfeccionar mi destreza en el golf, lo cual había sido mi ambición principal durante los años de mi adolescencia.

Actualmente me gusta jugar al golf con mis hijos y mis yernos. Cuando ellos juegan bien, representan un desafío para mi. Con cuerpos ágiles, golpean la pelota mucho mas lejos que yo. Pero, debido a que todavía no han aprendido la simple noción de que la distancia mas corta entre dos puntos es la línea recta, todavía puedo competir con ellos. En su afán por pegarle con fuerza a la pelota, con frecuencia la lanzan fuera de los limites del campo.

Jovencitos, tengan fe y confianza en su obispo; permítanle ayudarlos a vivir cerca de la línea de la rectitud y a permanecer dentro de los limites que nuestro Padre Celestial ha establecido. Si se han alejado de la línea recta, permitan que su obispo les ayude a cambiar el rumbo antes de que las practicas engañosas de Satanás se apoderen firmemente de ustedes. Espero que el Señor tenga un lugar especial reservado en las eternidades para los buenos obispos.

Mi Padre Celestial sabia que este hijo obstinado necesitaba un buen padre y seleccionó a uno muy bueno. La devoción de mi padre hacia sus hijos y nietos ocupaba gran parte de su tiempo. Amaba al Señor y durante toda su vida se dedicó a la obra del Señor. No solamente fue mi padre, sino que fue uno de mis héroes.

Papa prestó servicio como presidente del quórum de presbíteros y como obispo de nuestro barrio durante los años de mi adolescencia. Los que han sido hijos de un obispo saben muy bien que a veces se espera demasiado de ellos.

Durante el tiempo en que mi padre fue obispo se edificó una nueva capilla en nuestra zona. Parte de la contribución económica local que le correspondía a nuestra unidad, se hacia donando trabajo. A menudo llegaba a la casa y encontraba una nota sobre la mesa de la cocina en la que se me pedía que fuera con papa a trabajar a la nueva capilla. Como podrán imaginarse, no siempre recibí esas invitaciones con mucho entusiasmo y alegría. Me daba la impresión de que al hijo del obispo se le pedía mas que fuera a trabajar en el nuevo edificio que a los demás jóvenes del barrio.

Cuando estaba a punto de terminarse la construcción, se comenzó a trabajar en los jardines. Al sacerdocio se le dio la asignación de acarrear fertilizante. Siendo que el obispo formaba parte del grupo, se daba por sentado que su hijo también debía responder al llamado. Fuimos hasta una montaña en donde había un corral de ovejas, y cargamos con palas el abono molido y seco en la parte trasera de una camioneta. El viento fue la causa de que mucho de lo que cargábamos en la camioneta nos cayera a nosotros. El abono en cuestión se nos metía en los ojos, la garganta, la nariz, los oídos y por el cuello de la camisa. Nunca me había sentido tan incómodo. Me temo que en esa ocasión me altere al expresar verbalmente mis sentimientos. Cuando regresamos a la capilla para descargar y esparcir el material, me di cuenta de que alguien me había robado la bicicleta. Me queje amargamente. ¿Por que el Señor había permitido que alguien me robara la bicicleta mientras yo estaba trabajando en Su obra?

Cuando papa y yo regresamos a casa, nos bañamos y nos sentamos a cenar. Continué quejándome sobre lo que había pasado ese día y sobre la perdida de mi bicicleta. Al arrodillamos a orar, papá le agradeció a nuestro Padre Celestial la oportunidad que habíamos tenido de prestar servicio ese día y expresó el amor que sentía por mi. Pidió al Señor que perdonara a la persona que me había robado la bicicleta. Mencionó lo afligido que se sentía por la perdida, pero expresó gratitud porque no había sido su hijo el que había cometido el delito. Los padres también pueden ser grandes héroes. Ruego que si tienen la suerte de tener a su padre cerca, lo conviertan en su héroe. Padres, vivan de tal manera que tanto sus hijos como otras personas los consideren también sus héroes.

Los bate adores excepcionales tienen el don de gozar de una vista magnifica, así como de una excelente aptitud física deportiva. Pueden mantener la mirada fija en la pelota y saber la dirección en la que girará. De esa manera, el bateador puede tratar de responder al engaño. Nuestro Padre Celestial le ha dado a cada uno de nosotros el don de identificar los engaños de Satanás; es lo que se llama el don del Espíritu Santo.

Ruego que ustedes, jóvenes poseedores del Sacerdocio Aarónico, escuchen y respondan a los susurros del Espíritu Santo y sigan el ejemplo de los héroes que obran con rectitud, para permanecer firmes en contra de las maldades del maestro del engaño.

Se que nuestro Padre Celestial vive y que Su Hijo es nuestro Salvador y Redentor. Se que nos aman y desean que tengamos éxito. De esto testifico en el santo nombre de nuestro Hermano Mayor, Jesucristo. Amén.