El Principio Del Trabajo

F. David Stanley


“La segunda milla del esfuerzo concienzudo es la que establece la diferencia que existe entre el jubilo da la victoria y la resignación de la mediocridad.”

Hace mas de seis mil años, Adán recibió el siguiente mandamiento:

“Con el sudor de tu rostro comerás el pan” (Génesis 3;9).

Hace unos dos mil setecientos años, un poeta griego dijo que previo a la excelencia, los dioses inmortales habían puesto el sudor, y que el camino que conduce a ella es largo y empinado (véase John Bartlett, Familiar Quotations, [Little, Brown y Compañía: Boston, Toronto, 1968], pág. 67).

Mis jóvenes amigos del Sacerdocio Aarónico y ustedes, quienes capacitan a este gran ejercito de Cristo, el principio del trabajo se ha enseñado desde la fundación del mundo y es fundamental para continuar teniendo éxito. Es alarmante ver cómo el trabajo se va desvaneciendo como parte de nuestra base ética. Constantemente oímos a los jóvenes decir frases como: “Es muy difícil”, “Quiero hacer algo mas fácil”, “Lo quiero ahora”, “No quiero esperar tanto”. La desagradable enfermedad del ocio se esta expandiendo en forma epidémica entre nosotros; esta socavando la estructura básica de nuestras naciones. El profeta Ezequiel definió claramente a la iniquidad como la “abundancia de ociosidad” (Ezequiel 16:49).

Debemos recordar que lo que somos se lo debemos a nuestros antecesores, que no le tuvieron miedo al trabajo arduo y honrado. Ellos comprendieron que para subsistir era preciso trabajar con ahínco. Una de las cosas que todos los que logran el éxito tienen en común es que saben que para alcanzarlo hay que pagar el precio correspondiente. Un elemento básico en la fórmula para pagar el precio estipulado es la firme determinación que hace decir a la gente: “Me esforzare con integridad para lograr mi meta”.

El trabajo arduo es una bendición de Dios, y, para lograrlo, hay que esforzarse “con todo [nuestro] corazón, alma, mente y fuerza” (D. y C. 4:2). Y es precisamente ahí donde yace la diferencia entre la mediocridad y la excelencia.

Los grandes atletas hacen grandes esfuerzos; los rebotes, los pases y los goles son todos el resultado de largas horas de practica concienzuda y esmerada. Pero la mayor parte de esa capacitación se hace en forma individual, sin la presencia del entrenador. La victoria se logra por medio de la diligencia personal y de la determinación de hacer el esfuerzo para ganarla. Cuando vemos a un campeón y admiramos la gloria que le rodea, no debemos nunca pensar que su victoria es mas importante que el largo y esmerado proceso que lo llevó a lograrla. Hay un tiempo para prepararse y un tiempo para la victoria. La segunda milla del esfuerzo concienzudo es la que establece la diferencia que existe entre el jubilo de la victoria y la resignación de la mediocridad.

Cuando era presidente de misión, muchas veces los misioneros me decían: “Pero presidente, quiero tener bautismos ahora”.

Entonces mi respuesta era y siempre será: “Debes esforzarte, ser diligente, humilde y orar con fe”.

Jóvenes, ¿dedican demasiado tiempo en pensar en lo que quieren llegar a ser en lugar de establecer un curso de acción y trabajar con ahínco en lo que quieren llegar a ser?

Una noche, un joven investigador recibió de parte de los misioneros la invitación de leer el Libro de Mormón. Su respuesta nos causó estupefacción. Muy cómodamente sentado en un sillón, bebiendo un refresco que había comprado en una tienda de la esquina dijo: “Es demasiado difícil”.

Alguien dijo una vez: “¡Oh! Dios. Nos has dado todas las cosas buenas de la vida al precio del trabajo” (Citado del The Macmillan Book of Proverbs, Maxims, and Famous Phrases, [The Macmillan Company, Nueva York, 1948] pág. 133 1).

Aquel joven había sentido el Espíritu, pero, lamentablemente, la semilla cayó en terreno rocoso y el no estaba dispuesto a hacer el esfuerzo y pagar el precio para obtener un testimonio personal. Esa noche temimos que hubiera tomado una decisión que pusiera en peligro su vida eterna diciendo: “Es demasiado difícil”.

Una de las cosas mas tristes para un presidente de misión es ver llegar al campo misional a élderes y a

hermanas que no han aprendido a laborar con ahínco. En uno de sus discursos en cuanto a la obra misional, el presidente Ezra Taft Benson nos dio una poderosa clave. El dijo: “Uno de los secretos mas grandes de la obra misional es trabajo. Si un misionero se esmera, recibirá la influencia del Espíritu; si recibe la influencia del Espíritu, enseñará por medio del Espíritu; y si enseña por medio del Espíritu, tocara el corazón de la gente y será feliz. Ese misionero no tendrá deseos de regresar a su hogar, ni se preocupara por su familia, porque dedicara con esmero todo su tiempo y todo su talento … a la obra misional. Trabajo, trabajo, trabajo -no hay un substituto satisfactorio para el trabajo, especialmente cuando se trata de la obra misional” (Misión de Texas San Antonio, 2 de marzo de 1986). (The Teachings of Ezra Taft Benson, Bookcraft, Salt Lake City, Utah, 1988, pág. 200.)

Esa es la clave, padres e instructores de futuros misioneros. Esa es la clave mis jóvenes amigos que se estén preparando para la misión o que estén ahora sirviendo en el campo misional. Si desean obtener buenos resultados, comiencen por lo mas básico: EL TRABAJO.

Hace poco, observe que había habido un aumento de bautismos en una de nuestras misiones. Cuando se le preguntó al presidente de la misión la razón por la que estaban teniendo tan buenos resultados, dijo: “Los bautismos son el resultado de un gran esfuerzo. Debemos trabajar con mas sabiduría y hacerlo mas arduamente”.

El profeta Alma lo expresó muy bien cuando dijo, glorificándose en el éxito de Ammón y sus hermanos:

“He aquí, han trabajado sobremanera” (Alma 29:15).

Y esa es en realidad la definición mas pura de la palabra trabajo.

Hace apenas ocho meses, un terrible huracán azotó el estado de Florida, en los Estados Unidos. Jack Demaree, de la Estaca Montgomery, Alabama, junto a muchas mas personas, recorrieron mas de 3.200 kilómetros de ida y vuelta, usando días de sus vacaciones, para ayudar a las víctimas del huracán. De regreso, llevó consigo un articulo que se publicó en uno de los periódicos de Florida que decía:

“El sábado, a pesar de la humedad, alrededor de doce mil personas voluntarias-incluso nueve mil miembros de la Iglesia Mormona de seis estados-llegaron al sur de Florida con sierras, madera y papel alquitranado … Eran tantas las personas que estaban trabajando que sólo 200 se presentaron el sábado por la mañana para ofrecer una oración a la intemperie … cuando en realidad … se esperaban mas de cinco mil” (Periódico “Ocala”, de Florida, 6 de septiembre de 1992).

Conversando con el hermano Dematee acerca de esa experiencia, el dijo: “Todo lo que hice fue cortar arboles que el huracán había arrancado de raíz”.

Hermanos, usando eso como una analogía, pienso que es mas importante cortar arboles que pensar acerca de hacerlo, o planear cortarlos. Sin darnos cuenta, nos estamos convirtiendo en los expertos mundiales en cuanto a reuniones, a pensar, a planear y a organizar el trabajo, pero lo que necesitamos hacer es TRABAJAR. Mientras muchos están sentados diciendo y hasta gritando palabras pomposas cuyo efecto es marginal, siempre se encontraran diligentes trabajadores Santos de los Ultimos Días prestando servicio a su prójimo. A pesar de que muchos piensan lo contrario, el “sentarse” y “hablar” acerca de lo que se debe hacer nunca reemplazara al “trabajo en si”. Cuando acepten una asignación o se comprometan a trabajar para alguien, trabajen para ellos; la integridad con que desempeñen la tarea les acompañara por el resto de sus vidas. En cualquier quórum se sabe quienes son los que trabajan sobremanera, los que calladamente HACEN LO QUE HAYA QUE HACER. Mis jóvenes amigos del Sacerdocio Aarónico, hablen menos y hagan mas.

Estoy agradecido por mis padres, porque me enseñaron a trabajar. En nuestro hogar no teníamos otra alternativa; trabajar era un requisito.

Padres de Sión, enseñen a nuestros jóvenes la importancia del trabajo honrado porque no hay nada que lo substituya. Tengan cuidado de no estar enseñando a sus hijos a “calentar sillas”. De todo lo que cada uno de nosotros desea enseñar a nuestros hijos, recuerden que la base de todo es el trabajo arduo y honrado Jóvenes, aprendan la importancia del trabajo y trabajen. En el nombre de Jesucristo. Amen.