Alarga Las Cuerdas De Tu Tienda

Merrill J. Bateman

Presiding Bishop


Merrill J. Bateman
“El capítulo 54 de Isaías habla acerca de una tienda que representa el Evangelio de Cristo que se extendería por toda la tierra en los últimos días.

Hermanos y hermanas, hemos presenciado un milagro; estoy agradecido por el ejemplo que el elder Hunter nos ha puesto en cuanto a Quien debemos de seguir.

Hoy me paro ante este púlpito con un profundo sentimiento de preocupación e insuficiencia. Por dos días, han estado en mis pensamientos dos pasajes de Escritura que hablan de lo mismo: uno de ellos se encuentra en el segundo capítulo de Daniel, y el otro en cl capítulo cincuenta y cuatro de Isaías. En el segundo capítulo de Daniel se describe el sueño de Nabucodonosor y la interpretación que Daniel dio en cuanto a la piedra cortada del monte en los últimos días, y que representaba el reino establecido por Dios, que se extendería por toda la tierra, que desmenuzaría a todas las naciones e invitaría a todos a venir a Cristo (véase Daniel 2:44-45).

En el capitulo cincuenta y cuatro de Isaías, versículo uno y dos, habla acerca de la tienda que representa el Evangelio de Cristo; menciona que en los últimos días las cuerdas de la tienda se alargarían a través de la tierra y se establecerían estacas en toda la tierra (véase Isaías 54:12). Hoy día estamos viendo el cumplimiento literal de esa profecía. Al meditar en estos pasajes, he pensado en la asombrosa tarea de apoyar a las Autoridades Generales en llevar el evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo. El Obispado Presidente y todos aquellos que trabajan juntamente con ellos, tienen la responsabilidad de ayudar a las Autoridades Generales en este ministerio mundial. Después de analizar esas visiones de Isaías y Daniel, les suplico, hermanos y hermanas, que nos ayuden mediante su fe y oraciones. Deseo con todo mi corazón ser un siervo para estos hombres y para el Señor y Salvador, Jesucristo .

Hoy quisiera rendir tributo a mi esposa que ha estado a mi lado durante treinta y cinco años. Durante los primeros veinte años de casados, nos mudamos diecinueve veces; tal vez ella haya pensado que se casó con un hombre inestable; pero le rindo tributo. Durante los últimos ocho meses que ella ha trabajado a mi lado en el Area Asia Norte, me he quedado maravillado al ver que, semana tras semana, al asistir a diversas conferencias, esta mujercita de cabello rubio, entre tantas hermosas personas de cabello obscuro, se ha ganado el corazón de ellas una y otra vez. Cuando ha llegado el momento de partir, ha habido multitudes de mujeres a su alrededor dándole abrazos; es madre de siete hijos y abuela de quince nietos. Pero, lo que es mas importante, es que ella es mi compañera eterna, y estoy agradecido por ella.

Quisiera concluir mi testimonio relatándoles una breve historia.

Hace algunos meses, mi esposa y yo estábamos llevando a cabo una gira de la Misión Japón Fukuoka. En la ciudad de Kumamoto, los misioneros nos presentaron a un joven hermano japonés que se acababa de unir a la Iglesia, y procedieron a contarnos acerca de su conversión. Cuando conoció a los misioneros, este joven, a quien nunca se le había inculcado el cristianismo, se intereso en su mensaje. Le agradaban los jóvenes que le estaban enseñando el evangelio, pero a medida que le presentaban las lecciones, el no podía comprender o sentir la necesidad de tener un Salvador. Los misioneros le enseñaron las lecciones y le hablaron acerca de nuestro Padre Celestial, de Cristo y del plan de salvación, pero no recibió un testimonio. Los misioneros se preguntaban que podían hacer, de manera que un día decidieron mostrarle una película de la Iglesia que tiene que ver con la Expiación, intitulada El puente. Al ver la película, el joven se quedo perplejo; se fue a casa y no pudo dormir toda la noche, pero aun así no obtuvo un testimonio.

A la mañana siguiente se fue al trabajo; trabajaba en una óptica donde hacia anteojos. Durante el curso del día. llego ahí una anciana; el recordaba haberla visto hacia unas semanas. Se le habían quebrado sus lentes y necesitaba un par nuevo. Cuando había estado ahí previamente, ella no había tenido suficiente dinero y se había ido a fin de ahorrar un poco mas para comprar los nuevos anteojos. Al llegar a la óptica ese día. ella le había mostrado nuevamente los anteojos así como el dinero que ya había juntado. El se dio cuenta de que todavía no era suficiente, pero se le ocurrió una idea: Yo tengo un poco de dinero; no tengo que decírselo. Yo puedo reponer la diferencia. Le dijo a la anciana que tenía el dinero suficiente, tomo los lentes, hizo una cita para que ella regresara cuando los nuevos estuvieran listos y le dijo que podía retirarse.

Cuando ella volvió a los pocos días, el tenía los anteojos listos. Se los dio y ella se los puso. “iMiemasu! Miemasu! (Puedo ver! (Puedo ver!” Entonces empezó a llorar. En ese momento, el empezó a sentir una cálida sensación en su pecho que s iba haciendo cada vez mas grande. Exclamó: “ (Wakari masu! (Wakari masu! ( Lo comprendo! (Lo comprendo!” Y el empezó a llorar. Salió corriendo en busca de los misioneros; cuando los encontró, les dijo: “(Puedo ver! (Mis ojos han sido abiertos! Se que Jesús es El Hijo de Dios; se que la piedra fue quitada d la tumba, y que en aquella gloriosa mañana de Pascua de Resurrección El se levantó de los muertos. El puede reponer la diferencia cuando t yo no lo logre solo”.

Prometo dedicarme enteramente al servicio del Maestro. Tengo un profundo testimonio de El y de Su obra en esta tierra. El es quien guía y dirige los asuntos de esta Iglesia. En el nombre de Jesucristo Amen.