Revelacion Personal: El Don, La Prueba Y La Promesa

Boyd K. Packer

Acting President of the Quorum of the Twelve Apostles


Boyd K. Packer
“Sean creyentes, y su fe será constantemente fortalecida; su conocimiento de la verdad aumentará.”

Cuando el cortejo fúnebre transportaba el cuerpo de nuestro querido presidente Ezra Taft Benson a su última morada en el estado de Idaho, donde nació, por todo el camino había gente a los lados de la carretera. Se veían Boy Scouts de uniforme y portando la bandera; había personas ancianas sentadas en sillas de jardín e incluso en sillas de ruedas; se veían granjeros que habían interrumpido sus trabajos en los campos, y familias enteras vestidas con su mejor ropa para rendir tributo al presidente Benson. Miles de personas expresaron espontáneamente el amor que sentían por él, el mismo afecto que ahora se expresa al presidente Howard W Hunter. En realidad, las limitaciones físicas que él tiene hacen resaltar su capacidad como Profeta y Vidente. Que Dios lo bendiga por el curso que ya ha establecido para la Iglesia y por la dirección que nos dará en el futuro.

Me dirijo a la juventud de la Iglesia que hace frente a los “tiempos peligrosos” que el apóstol Pablo profetizó sobrevendrían en los últimos días (véase 2 Timoteo 3: l).

A fin de prepararlos y proteger, los, les diré, tan claramente como me sea posible, lo que he aprendido en cuanto a la revelación personal.

Somos Seres Duales

Hay dos partes que componen su persona: el cuerpo físico, nacido de sus padres terrenales; y el espíritu inmortal que en él mora. Todos ustedes son hijos de Dios.

Físicamente, tienen ojos para ver, oídos para oír y pueden palpar, sentir y aprender; con el intelecto, aprenden la mayor parte de lo que saben acerca del mundo en que vivimos.

Pero si aprenden únicamente por el razonamiento, nunca llegarán a comprender al Espíritu ni saber cómo obra Él, por mucho que sepan en cuanto a otras cosas.

Las Escrituras enseñan que los hombres de mucha edad no siempre “son sabios” (véase Job 32:9). Espiritualmente, tal vez “no sepan nada, y no sepan que no saben nada”, y estén “siempre … aprendiendo y nunca … lleg[uen] al conocimiento de la verdad” (2 Timoteo 3:7; cursiva agregada).

El espíritu y el intelecto aprenden de maneras diferentes, porque “ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda” (Job 32:8); y, por otra parte, el Espíritu de Cristo “da luz a todo hombre que viene al mundo” (D. y C. 84:46).

Utilizaré las palabras ver, oír y sentir para enseñar en cuanto a la revelación, pero las usaré como aparecen en las Escrituras.

El Don Del Espíritu Santo

Después del bautismo, en la ordenanza de la confirmación, ustedes recibieron el don del Espíritu Santo.

Aunque el Espíritu Santo puede inspirar a toda la humanidad, el don en sí confiere el derecho de tenerlo como “compañero constante” (D. y C. 121:46). Es “por el poder del Espíritu Santo [que] podréis conocer la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:5; véase también 2 Nefi 32:5).

Se nos dice que “los ángeles hablan por el poder del Espíritu Santo” (2 Nefi 32:3). Incluso se nos dice que cuando nosotros hablamos por el poder del Espíritu Santo, hablamos “con lengua de ángeles”, 0 sea, en el mismo idioma que los ángeles (2 Nefi 31:13–14; 32:2).

La Oración

Ustedes tienen su albedrío, y la inspiración no se recibe —quizás no se pueda recibir— a menos que la pidan, o alguien la pida por ustedes.

Ningún mensaje de las Escrituras se repite con más frecuencia que la exhortación (a veces el mandamiento) de orar, de pedir.

La oración es una parte tan esencial de la revelación que sin ella tal vez el velo continúe cerrado.

Aprendan a orar; oren seguido; oren mentalmente, con profundo sentimiento; oren de rodillas.

Deben Empezar De Inmediato

Deben empezar inmediatamente. Oren, aunque sean como el profeta Alma cuando era joven y desobediente, o aun como Amulek, el que tenía la mente tan cerrada, “que sabia concerniente a estas cosas, mas no quería saber” (Alma 10:6).

La oración es su propia llave de acceso al cielo; la cerradura esta de este lado del velo, donde ustedes están.

El Estudio

Pero eso no es todo. A aquel que pensó que la revelación fluiría sin esfuerzo de su parte, el Señor le dijo:

“He aquí, no has entendido; has supuesto que yo te lo concedería cuando no pensaste sino en pedirme.

“Pero he aquí, te digo que debes estudiarlo en tu mente; entonces has de preguntarme si esta bien; y si así fuere, haré que tu pecho arda dentro de ti; por tanto, “sentirás que esta bien” (D. y C. 9:78; cursiva agregada).

Ese ardor en el pecho no es simplemente una sensación física; es mas como una luz cálida que brilla dentro del ser mismo.

El describir la inspiración del Espíritu Santo a una persona que no la haya recibido es algo muy difícil.

Esas impresiones son personales y estrictamente privadas (véase 1 Nefi 14:2830; 2 Nefi 32:7; Alma 12:9-11).

La Voz Suave Y Apacible

El Espíritu Santo se comunica con una voz que siente mas de lo que se oye. Se le ha descrito como una voz suave y apacible. Aunque decimos que “escuchamos” los susurros del Espíritu, por lo general describimos una inspiración espiritual diciendo: “Tuve una impresión …”

El profeta José Smith explicó:

“Una persona podrá beneficiarse si percibe la primera impresión del espíritu de la revelación. Por ejemplo, cuando sentís que la inteligencia pura fluye en vosotros, podrá repentinamente despertar en vosotros una corriente de ideas, de manera que por atenderlo, veréis que se cumplen el mismo día o poco después … se verificaran las cosas que el Espíritu de Dios ha divulgado a vuestras mentes; y así, por conocer y entender el Espíritu de Dios, podréis crecer en el principio de la revelación hasta que lleguéis a ser perfectos en Cristo Jesús” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 179).

La revelación se recibe en palabras que sentimos, mas bien que oímos. Nefi les dijo a sus hermanos desobedientes que habían recibido la visita de un ángel: “… habíais dejado de sentir, de modo que no pudisteis sentir sus palabras” (1 Nefi 17:45; cursiva agregada).

Las Escrituras están repletas de expresiones como estas:

“El velo fue retirado de nuestras mentes, y los ojos de nuestro entendimiento fueron abiertos” (D. y C. 110: 1) . “… hablaré a tu mente y a tu corazón” (D. y C. 8:2). “… yo te iluminaré la mente” (D. y C. 6:15). “… expresad los pensamientos que pondré en vuestro corazón” (D. y C. 100:5). Hay cientos de pasajes que enseñan en cuanto a la revelación.

El presidente Marion G. Romney, citando al profeta Enós, dijo: “Y mientras así me hallaba luchando en el espíritu, he aquí, la voz del Señor de nuevo penetró mi mente” (Enós 1:10). Enós prosiguió a hablar de lo que el Señor le había puesto en la mente.

“Este”, dijo el presidente Romney, “es un medio muy común de revelación; recibimos en la mente palabras y frases; es un medio de comunicación con el que estoy bien familiarizado” (en Conference Report, abril de 1964, pág. 124) .

No vamos en busca de experiencias espectaculares. El presidente Kimball habló de las muchas personas “que no tienen oído para los mensajes espirituales … cuando estos se reciben por medios ordinarios … Cuando están a la expectativa de lo grandioso, quizás pasen por alto la constante corriente de comunicación revelada” (Teachings of Spencer W Kimball, ed. por Edward L. Kimball, Salt Lake City: Bookcraft, 1982, pág. 124).

Las Impresiones

La voz del Espíritu habla quedamente, indicándonos lo que debemos hacer o decir, o quizás para amonestarnos o prevenirnos.

Si no escuchan o si desobedecen esas indicaciones, el Espíritu se alejara. La decisión es de ustedes; es su albedrío.

La Fe

La corriente de revelación depende de la fe que tengan. Ejercemos la fe al hacer que nuestro intelecto acepte o crea como algo verídico aquello cuya certeza no podamos probar sólo por medio de la lógica (véase Alma 32:2-728, 38).

Lo primero que deben hacer para ejercer la fe es aceptar a Cristo y Su expiación.

Al poner a prueba los principios del evangelio mediante la fe, el Espíritu comenzara a enseñarles. Poco a poco, esa fe será reemplazada con el conocimiento.

Serán capaces de discernir, de ver, con ojos espirituales.

Sean creyentes, y su fe será constantemente fortalecida; su conocimiento de la verdad aumentara, y su testimonio del Redentor, de la Resurrección y de la Restauración será como un “manantial de aguas vivas que brota para vida eterna” (D. y C. 63:23; véase también Juan 4:14; Jeremías 2:13). Es entonces que recibirán dirección sobre las decisiones practicas de su vida cotidiana.

La Palabra De Sabiduría

El cuerpo es el instrumento de la aprendan espiritualmente dependerá, en gran parte, de cómo traten su cuerpo. Por eso es que la Palabra de Sabiduría es tan importante.

Las substancias que producen adicción y que se prohiben en esa revelación —el te, el café, el licor y el tabaco—son un obstáculo para los delicados sentimientos de comunicación espiritual, lo mismo que cualquier otra droga semejante.

N o sean indiferentes a la Palabra de Sabiduría, ya que eso podría costarles los “grandes tesoros de conocimiento, si, tesoros escondidos” (D. y C. 89:19) que se prometen a aquellos que la obedezcan. Y la buena salud es una bendición extra que se recibe.

La Música

Hagan que todo tipo de buena música sea parte de su vida.

Luego, aprendan la relación que tiene la música sagrada con la revelación. El Señor dijo:

“Porque mi alma se deleita en el canto del corazón; si, la canción de los justos es una oración para mi, y será contestada con una bendición sobre su cabeza” (D. y C. 25: 12; cursiva agregada).

La música secular quizás sea inspiradora en un sentido clásico o popular, pero no les preparara la mente para ser instruidos por el Espíritu como lo hace la música sagrada.

El apóstol Pablo exhortó a los efesios que estuviesen “llenos del Espíritu; hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” (Efesios 5:1819; cursiva agregada).

La Reverencia

La música de preludio, cuando se toca con reverencia, es alimento para el espíritu e invita a la inspiración. Es un momento para hacer lo que dijo el poeta: “Descended a vos mismo … llamad a la puerta de vuestro corazón …” (Shakespeare, “Medida por medida”, Acto II, Escena II, líneas 136–131).No interrumpan la música de preludio que estén escuchando los demás, ya que la reverencia es esencial para la revelación. “Estad quietos”, dijo el Señor, “y conoced que yo soy Dios” (Salmos 46:10).

Ahora una advertencia: Cierto tipo de música es espiritualmente muy destructivo. Los jóvenes saben a que música me refiero; el ritmo, el sonido y el estilo de vida de los que la interpretan apartan al Espíritu. Es mucho mas peligrosa de lo que ustedes se imaginan, porque les asfixia los sentimientos espirituales.

La Tentación

Ahora, jóvenes, presten atención. Antes de decir una palabra mas acerca de la revelación personal, debo decirles algo a fin de que no entiendan mal ni quede ninguna duda: “Hay muchos espíritus que son falsos” (D. y C. 50:2; véase también el vers. 3). Puede haber revelaciones falsas, apremios del diablo, tentaciones. Durante toda su vida, de una manera u otra, el adversario tratara de descarriarlos.

“… porque de este modo obra el diablo, porque el no persuade a ningún hombre a hacer lo bueno, no, ni a uno solo; ni lo hacen sus ángeles; ni los que a el se sujetan” (Moroni 7:17).

El profeta José Smith dijo que “nada perjudica mas a los hijos de los hombres que estar bajo la influencia de un espíritu falso creyendo que tienen el Espíritu de Dios” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 248).

El capitulo 7 de Moroni, en el Libro de Mormón, explica cómo poner a prueba las impresiones espirituales. Léanlo con cuidado, una y otra vez.

Por medio de la prueba, y algunos errores, aprenderán a dar oído a las impresiones correctas.

Si alguna vez reciben la impresión de hacer algo que los haga sentir incómodos, algo que ustedes sepan en su interior que es indebido y contrario a los principios de rectitud, ¡no le presten atención!

La Iglesia

El Señor nos revela Su voluntad por medio de sueños, visiones y visitaciones, mediante ángeles, por Su propia voz y por la voz de Sus siervos (véase D. y C. 43:25). El dijo: “Sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1 :38) .

La casa del Señor es una casa de orden. El profeta José Smith enseñó “que es contrario al sistema de Dios que un miembro de la Iglesia, o cualquier otro, reciba instrucciones para los que poseen una autoridad mayor que la de ellos” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 18)

Podemos recibir revelación individual, como la recibe un padre para su familia; o para aquellos de quienes somos responsables como lideres o maestros, habiendo sido debidamente llamados y apartados.

Si la persona empieza a criticar y abriga sentimientos negativos, el Espíritu se alejara; y regresara únicamente cuando esa persona se arrepienta. Por experiencia propia se que los medios de inspiración siempre siguen ese orden. Les aseguro que estarán a salvo si siguen a sus lideres.

El Consolador

De ninguna manera den por sentado que se verán libres de aflicciones, decepciones, fracasos y temores, ya que todos tenemos que pasar por eso; es esencial para nuestra probación.

Cuando les lleguen las tribulaciones, sabrán por que al Espíritu Santo se le llama el Consolador.

Deben hacer frente a la vida “guiado[s] por el Espíritu, sin saber de antemano lo que tendr[an] que hacer”, tal como lo hizo Nefi (véase 1 Nefi 4:6).

Quizás todavía no tengan un testimonio seguro de que Jesús es el Cristo. Ejerciten su fe y confíen en aquellos que ya lo tienen.

Yo tengo ese testimonio seguro; lo recibí cuando era jovencito. Durante aquellos períodos de duda de la adolescencia, me apoye en el testimonio de un maestro de seminario. Aunque yo no lo sabia, sabia que el lo sabia.

El Señor dijo:

“Si me amáis, guardad mis mandamientos.

“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que este con vosotros para siempre:

“el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

“No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:1518).

Testifico del poder del Espíritu y le agradezco a Dios que ustedes, nuestros jóvenes, puedan recibir ese don incomparable para guiarlos en su camino hacia una vida feliz. En el nombre de Jesucristo. Amen.