Esta Obra Esta Dedicada A La Gente

Gordon B. Hinckley

President of the Church


Gordon B. Hinckley
“Estamos convirtiéndonos en una gran sociedad mundial; sin embargo, nuestro interés y preocupación deben concentrarse siempre en el individuo.”

Les agradecemos, hermanos, el esfuerzo que han hecho por asistir a esta reunión mundial del sacerdocio. Les agradecemos, dondequiera que se encuentren, y los encomiamos por su fe, su lealtad a la obra del Señor y por el esmero con que tratan en su diario vivir de ser dignos del sagrado sacerdocio que poseen.

Esta mañana todos participamos en una asamblea solemne, la cual es, exactamente, lo que el nombre indica. Es una reunión de miembros, donde cada uno es igual al otro al ejercer, con seriedad y solemnidad, el derecho de apoyar o no apoyar a aquellos que, según las disposiciones que se originan en las revelaciones, han sido llamados a dirigir.

La práctica del sostenimiento es mucho mas que el rito de levantar la mano; es el compromiso de sostener, de apoyar y de ayudar a quienes han sido elegidos.

En cuanto a la Primera Presidencia, el Señor ha dicho:

“ Del Sacerdocio de Melquisedec, tres Sumos Sacerdotes Presidentes, escogidos por el cuerpo, nombrados y ordenados a ese oficio, y sostenidos por la confianza, fe y oraciones de la Iglesia …” (D. y C. 107:22).

Hago hincapié en esas palabras: “sostenidos por la confianza, fe y oraciones de la Iglesia”.

Al levantar la mano esta mañana en la asamblea solemne , manifestaron su disposición y deseo de sostenernos, a nosotros, sus hermanos y siervos, con su confianza, fe y oraciones. Me siento sumamente agradecido por ello y doy las gracias a cada uno de ustedes. Les aseguro, como ya lo saben, que en el sistema del Señor, no hay candidatos para este oficio. Como el Señor dijo a Sus discípulos:

“No me elegisteis vosotros a mi, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto …” Juan 15:16). No buscamos obtener este oficio. El derecho de elegir descansa en el Señor; El es el dueño de la vida y la muerte; El tiene el poder de llamar, el poder de quitar y el poder de retener. Todo esta en Sus manos.

No se por que alguien como yo habrá sido elegido para ocupar un lugar en Su gran plan, pero al recaer este manto sobre mi, vuelvo ahora a dedicar lo que me quede de fortaleza, de tiempo, talento y vida a la obra de mi Maestro en el servicio de mis hermanos. Nuevamente les doy gracias, hermanos, por lo que han hecho en este día. La petición mas ferviente de mi oración es ser digno. Espero que se acuerden de mi en sus oraciones.

Durante el progreso de esta obra, algunas veces ocurren cambios administrativos. La doctrina permanece igual, pero de vez en cuando se efectúan cambios administrativos y en la estructura de la organización, que se realizan de acuerdo con las disposiciones estipuladas en las revelaciones.

Por ejemplo, hace veintiocho años, la Primera Presidencia recibió la inspiración de llamar a hermanos para que prestaran servicio como Representantes Regionales de los Doce. En esa época, ese era un llamamiento nuevo en la Iglesia. La Primera Presidencia aclaro que era necesario debido “al crecimiento constante de la Iglesia”, lo que hizo evidente “la imperiosa necesidad de capacitar a los lideres de estaca y barrio en los programas de la Iglesia, para que de esa forma ellos, a su vez, capaciten a los miembros en sus respectivas responsabilidades ante el Señor”.

En ese tiempo había sesenta y nueve Representantes Regionales; en la actualidad hay doscientos ochenta y cuatro, o sea que la organización se ha vuelto un tanto numerosa.

En época mas reciente, la Presidencia se sintió inspirada a llamar hermanos de los Setenta para que prestaran servicio en presidencias de área. Al crecer la obra en todo el mundo, se hace necesario descentralizar la autoridad administrativa con el fin de mantener a las Autoridades Generales mas cerca de la gente. En la actualidad, las presidencias de área se encuentran bien establecidas y funcionando eficientemente.

Se considera que ha llegado el momento de hacer ajustes en la organización que administran las presidencias de área. Por lo tanto, anunciamos el relevo-un relevo honorable-de todos los Representantes Regionales, a partir del 15 de agosto de 1995. Expresamos a estos fieles y capaces hermanos nuestro profundo agradecimiento por la extraordinaria obra realizada, por su lealtad, fidelidad y esmero en adelantar la causa de nuestro Padre Celestial. No tengo palabras para expresar todo lo bueno que ellos han hecho; han sacrificado su tiempo y recursos; han ido doquiera que se les haya enviado y en cualquier momento en que se les haya pedido que lo hicieran. Han prestado valiosa ayuda a los presidentes de estaca y a los obispos, con consejos y dirección prudentes, y con capacitación e instrucción expertas. Agradecemos a todos y a cada uno de ellos y rogamos que en los años venideros el Señor los bendiga con la seguridad gratificadora de que cada uno hizo una importante contribución a la obra y de que El ha aceptado sus esfuerzos.

Ahora, anunciamos el llamamiento de un nuevo oficial local, al cual se le conocerá como autoridad de área. Estos serán sumos sacerdotes, elegidos entre los lideres de la Iglesia con experiencia, presentes o pasados. Además, continuaran desempeñando las tareas de su empleo actual y residiendo en su propio hogar, y servirán por un período determinado de servicio. El termino para el cual van a ser llamados será flexible, aproximadamente un período de seis años. Trabajaran en estrecho contacto con las presidencias de área, y es probable que haya un numero menor de ellos que de Representantes Regionales. Al igual que las Autoridades Generales que nos precedieron al llamar a los Representantes Regionales, nosotros también recibimos la guía necesaria para establecer este nuevo grupo de oficiales de área, siguiendo las disposiciones registradas en la revelación sobre el sacerdocio , de la sección 107 de Doctrina y Convenios. Después de las instrucciones dadas a los Doce y a los Setenta, la revelación declara:

“Mientras que otros oficiales de la iglesia, que no pertenezcan a los Doce ni a los Setenta, no obstante que estén ocupando oficios tan elevados y de tanta responsabilidad en la Iglesia, no tienen la responsabilidad de viajar entre todas las naciones, sino que han de viajar conforme lo permitan sus circunstancias” (D. y C. 107:98).

Repito que estos cambios no se pondrán en vigencia hasta el 15 de agosto del año en curso.

Ahora, hermanos, deseo decir unas palabras sobre un tema relacionado con lo dicho anteriormente. La Iglesia se esta convirtiendo en una organización bastante grande y compleja. En la actualidad, tenemos miembros en mas de ciento cincuenta países, alcanzando un total de nueve millones, y continuamos creciendo a un paso aproximado de un millón cada tres años y medio. Además de los programas regulares, como la reunión sacramental, la orientación familiar, las reuniones de los quórumes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares, todos los cuales están destinados a satisfacer las necesidades de los miembros de la Iglesia, llevamos a cabo un programa gigantesco que comprende empresas tales como los archivos de información genealógica e historia familiar mas grandes del mundo; el funcionamiento de la universidad privada mas grande del país, y tal vez del mundo; el programa correlacionado de seminario e instituto que abarca cientos de miles de alumnos; la administración de la organización misional mas grande de la que yo tengo conocimiento, cuyo numero se acerca ahora a los cincuenta mil; el llevar adelante un programa de construcción de proporciones sin precedente; el manejo de un establecimiento muy grande y eficiente de publicaciones; y la capacitación y motivación de la organización de oficiales eclesiásticos voluntarios mas grande que la de cualquier institución que yo conozca. Preferiría no hacer uso de superlativos, pero creo que en este caso son apropiados.

Estamos convirtiéndonos en una gran sociedad mundial; sin embargo, nuestro interés y preocupación deben concentrarse siempre en el individuo. Cada miembro de esta Iglesia es un hombre, mujer, o niño individual. Nuestra mayor responsabilidad es asegurarnos de que todos sean “nutridos por la buena palabra de Dios” (Moroni 6:4), que cada uno tenga la oportunidad de progresar, expresarse y capacitarse en la obra y en las vías del Señor, que a nadie le falte lo necesario para vivir, que se satisfagan las necesidades de los pobres, que a todo miembro se le aliente, se le capacite y se le brinde la oportunidad de avanzar por la senda que lleva a la inmortalidad y a la vida eterna. Ese es el espíritu inspirado de esta obra del Señor.

La organización puede aumentar y multiplicar el numero de sus miembros, como ciertamente sucederá. El evangelio debe ser llevado a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Nunca deber haber en el futuro un estancamiento, ni tampoco una carencia de esfuerzo por seguir adelante, edificar y expandir Sión por todo el mundo. Pero con todo eso, debe seguir existiendo una relación pastoral de cada miembro con un obispo o presidente de rama prudente y dedicado. Ellos son los pastores del rebaño, cuya responsabilidad es cuidar a los miembros en grupos relativamente pequeños, con el fin de no olvidar, descuidar ni dejar de lado a nadie.

Jesús fue el verdadero Pastor que se acercaba a los que estaban afligidos, uno por uno, confiriéndoles una bendición personal.

El presidente Lee nos dijo en mas de una ocasión que exploráramos los grandes campos pero cultiváramos los pequeños. Lo que quería decir es que debemos primeramente obtener una perspectiva total y luego trabajar en forma perseverante en la porción asignada a cada uno, y al hacerlo, concentrarnos en las necesidades del individuo.

Esta obra esta dedicada a la gente, a todos los hijos de Dios. Al describir sus logros, hablamos en términos de cantidades; sin embargo, todos nuestros esfuerzos deben estar dedicados al desarrollo individual de cada persona.

Por ejemplo, el presidente Hunter nos instó a asistir al templo con mas frecuencia. Esa obra sagrada atañe a toda la familia humana, tanto pasada como presente. Pero aun así, se efectúa en forma individual, con las personas que ya han recibido su propia investidura actuando en representación de otras.

De la misma manera, el servicio misional es una obra personal, en la cual el misionero enseña y expresa su testimonio al investigador, quien a su vez debe investigar y orar solo, en la intimidad de su propia alma, si desea obtener un conocimiento de la verdad.

La adquisición de un testimonio fuerte y firme es un privilegio y una oportunidad que goza todo miembro de la Iglesia. El Maestro dijo:

“El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Juan 7:17).

El servicio en beneficio de los demás, el estudio y la oración llevan a la fe en esta obra y luego al conocimiento de su veracidad. Esto ha sido siempre, y lo seguirá siendo, una búsqueda personal.

Con frecuencia hablamos de la conversión que llevo a cabo Wilford Woodruff de “Los Hermanos Unidos”, en Inglaterra, cuando unas mil ochocientas personas se bautizaron en la Iglesia. Sin embargo, no olvidemos que cada una de ellas tuvo que recorrer personalmente el solitario sendero del arrepentimiento, de la fe en el Señor Jesucristo y de aceptar el hecho de que el antiguo evangelio había vuelto a la tierra en esta, la dispensación prometida del cumplimiento de los tiempos.

Las decisiones que tomamos, tanto en forma individual como personal, se convierten en la trama de nuestra vida. Esa trama será bella o desagradable, de acuerdo con los hilos con que la tejamos. Me gustaría decirles, especialmente a los jóvenes que se encuentran aquí, que es imposible dejarse arrastrar por un comportamiento indigno sin dañar la belleza de la trama de la vida; con los actos inmorales de cualquier clase se entreteje en ella un hilo repulsivo; todo tipo de deshonestidad deja una mancha, y el lenguaje profano, vulgar o soez le roban al diseño su belleza.

“Haz el bien; cuando tomes decisiones” (Himnos, NQ 155), es un llamamiento para cada uno de nosotros.

Para terminar, quisiera decirles que me deleito en el maravilloso y victorioso pasado de esta gran obra; me maravillo del presente, en el que todos nosotros, los miembros, permanecemos cual vigías en las torres; veo el futuro con esperanza, seguridad y verdadera fe.

Dios, nuestro Padre Eterno, vive. Esta es Su obra, diseñada para ayudarlo a “Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Jesús es el Cristo, el Mesías prometido, que vino a la tierra en las circunstancias mas humildes, que caminó por los polvorientos senderos de Palestina enseñando y sanando, que murió sobre la cruel cruz del Gó1gota y resucitó al tercer día. Esta es Su Iglesia; lleva Su nombre. Nosotros somos Sus siervos, cada uno de nosotros. El sacerdocio que poseemos es Su sacerdocio y lo ejercemos en Su nombre; les fue conferido a José Smith y a Oliver Cowdery por aquellos que lo poseían antiguamente, habiéndolo recibido del Señor mismo. El evangelio es el camino de la paz, del progreso, de la seguridad, de la salvación y de la exaltación . Esta , la última y final dispensación, fue introducida por medio de la aparición del Padre y del Hijo al joven José Smith. Nosotros, hermanos, hemos recibido este Santo Sacerdocio mediante la imposición de manos, por medio de aquellos que tienen la autoridad. Es necesario que vivamos dignos de el, que lo protejamos, lo honremos y lo utilicemos con rectitud para bendición de los demás. Que Dios nos ayude a ser fieles a esta grande y sagrada responsabilidad que se nos ha confiado, lo ruego humildemente, dejándoles mi bendición, en el nombre de Jesucristo. Amén.