El Libro De Mormón: Una Antigua Historia Sagrada

Ted E. Brewerton


“Todo el que tenga dudas o inquietudes en cuanto a la Iglesia puede aferrarse con toda certeza a esta ancla firme.”

Hay muchos que basan su fe en símbolos de buena suerte, como por ejemplo una pata de conejo, pero no hay que olvidar que ese símbolo de nada le sirvió al conejo.

No quiero parecer trivial, pero creo que uno debería preguntarse si seriamente y en verdad basa su fe en lo que corresponde y confía en los méritos de Cristo. ¿Tenemos la certeza de que la salvación solo se logra por intermedio de El y de que, si tenemos una fe firme en El, tomara sobre Si nuestra carga y nuestros pesares?

Las Escrituras declaran ser “las que dan testimonio de [Dios]” Juan 5:39). La vida eterna consiste en conocer a Dios y a Su Santo Hijo (véase Juan 17:3). Uno puede conocerlo al escudriñar el Libro de Mormón ya que cada una de sus páginas da testimonio de El. Los cambios que se hicieron en 1981 en el Libro de Mormón están basados en algo aun mas antiguo que la primera edición del libro que salió en 1830: se basaron en el manuscrito original, el que se escribió a mano.

El Libro de Mormón es un antiguo documento sagrado de las Américas que fue escrito a medida que se desarrollaban los acontecimientos, comenzando hace mas de dos mil años.

Es la historia de unas familias a las que el Señor condujo a las Américas con un propósito especifico. Varios siglos antes del nacimiento del Salvador, tres grupos distintos salieron de la región de Jerusalén y cruzaron los mares para llegar a esta tierra prometida: América.

Anales antiguos escritos por nativos de las Américas corroboran estos orígenes. Por ejemplo, un traductor del libro Titulo de los Señores de Totonicapán, cuyo texto original, basado en leyendas antiguas, fue escrito en 1554 en el lenguaje quiche de Guatemala, declara:

Los quiches “son descendientes de las diez tribus del Reino de Israel, que Salmanazar redujo a perpetuo cautiverio y que, hallándose allá en los confines de Asiria, determinaron la emigración …

“Estas, pues, fueron las tres naciones de Quiches y vinieron de allá E de donde sale el sol, descendientes E de Israel, de un mismo idioma y de | unos mismos modales … pues eran

hijos de Abraham y de Jacob …

“Ahora, a veinte y ocho de septiembre de 1554, firmamos este testimonio en que hemos escrito lo que por tradición nos dijeron nuestros antepasados, venidos de la otra parte del mar, de Civan-Tulan, confines de Babilonia” (Titulo de los Señores de Totonicapán, trad. por Dionisio José Chonay y Delia Goetz, Norman, Oklahoma: University of Oklahoma Press, 1953, págs. 10, 12, 14, 64).

El elder Mark E. Petersen, que en vida integraba el Consejo de los Doce Apóstoles, escribió: “Así como los antiguos israelitas r padecieron una dispersión que los esparció entre todas las naciones, también los descendientes de Laman y de Lemuel [hijos de Lehi fueron diseminados por las regiones del hemisferio occidental. Hoy habitan las regiones de un polo al otro.” (The Children of the Promise, Salt Lake City: Bookcraft, 1982, pág. 31; cursiva agregada.)

Muchos grupos migratorios vinieron a las Américas, pero ninguno fue tan importante como los tres a los que el Libro de Mormón se refiere. La sangre de aquella gente corre por las venas de los indios blackfoot y de los blood de Alberta, Canadá; de los navajos y de los apaches del sudoeste norteamericano; de los incas del oeste sudamericano; de los aztecas de México; de los mayas de Guatemala y de otros grupos nativos del hemisferio occidental y de las islas del Pacifico.

Esta gente nativa es escogida y reconoce la verdad del Libro de Mormón, el cual escribieron para ellos sus propios antepasados. El presidente Spencer W. Kimball dijo:

“Los conversos lamanitas son muy devotos; muy pocos apostatan. Algunos se desvían del camino cuando participan de las cosas mundanales que los rodean; pero, por lo general, los hijos de Lehi del siglo veinte han heredado esa buena voluntad y capacidad para creer que hace mucho tuvieron sus antepasados. En Helamán 6:36 leemos: ‘Y así vemos que el Señor comenzó a derramar su Espíritu sobre los lamanitas, por motivo de su inclinación y disposición a creer en sus palabras”’ (The Teachings of Spencer \U Kimball, Edward L. Kimball, Salt Lake City: Bookcraft, 1982, pág. 178; cursiva agregada) .

Toda autoridad eclesiástica de cualquier iglesia y toda persona agnóstica debería regocijarse y alabar a Dios por habernos dado, tanto a ellos como a nosotros, el valioso Libro de Mormón. ¿Por que? Porque es un segundo testamento sagrado e innegable para el mundo de que Dios vive y de que Jesús es el Cristo, nuestro Redentor.

El primer testamento es la Santa Biblia, que da testimonio del Maestro desde el Medio Oriente. En Juan 10:16, cl Señor dice que otras ovejas habrían de oír Su voz. Después de Su resurrección, El vino a las Américas y dijo:

“Y de cierto os digo que vosotros sois aquellos de quienes dije Tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo yo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor” (3 Nefi 15:21).

Estos dos testamentos no pueden negarse sin poner el alma en peligro.

El importante mensaje y propósito del Libro de Mormón se explica en su misma portada:

“… Para mostrar al resto de la casa de Israel cuan grandes cosas el Señor ha hecho por sus padres; y para que conozcan los convenios del Señor … Y también para convencer al judío y al gentil de que JESÚS es el CRISTO, el ETERNO DIOS, que se manifiesta a si mismo a todas las naciones” (Portada del Libro de Mormón) .

La literatura de la antigua América contiene referencias sobre un Dios blanco y barbado que descendió de los cielos. Se le dieron muchos nombres, y uno de ellos fue Quetzalcóatl.

Unos historiadores del siglo XVI, cuyos libros yo poseo, escribieron acerca de las creencias precolombinas con respecto a un Dios blanco y barbado que vino a las Américas mucho antes de la llegada de los conquistadores españoles. Los siguientes párrafos contienen ejemplos en cuanto a esas creencias:

Bernardino de Sahagun (14991590) escribió: “Quetzalcóatl fue estimado y tenido por Dios y lo adoraban de tiempo antiguo en Tulla; tenía el cabello largo … y era barbudo … Adoraban a un solo Señor que tenían por Dios” (véase Historia General de las cosas de Nueva España, México: Editorial Porrúa, S.A., 1985, págs. 195, 598).

Diego Duran (11537?15823) escribió: “Un gran varón … una persona muy venerable y religiosa … con una venerable presencia … [de] barba … alto de cuerpo; el cabello, largo … con mucha mesura … sus hechos heroicos [y] con apariencia de milagros … Me atrevo afirmar que este varón puede haber sido algún apóstol bendito” (véase Historia de las Indias de Nueva España, 1867, primera edición, 2 tomos, México: Editorial Porrúa, S.A., 1 967, 1:910) .

Bartolomé de las Casas (14741566) escribió que Quetzalcóatl, que significa la serpiente emplumada, era un personaje blanco, de barba redonda, alto, y que había venido del mar del este, de donde un día volverá (véase Los Indios de Mesxico y Nueva España, Antología, México: Editorial Porrua, S. A., 1982, págs. 54, 218, 223).

Los tamanacos, tribus indígenas de Venezuela, preservan la misma leyenda de un dios barbado: “[Amalivaca] tenía la cara color de las nubes ligeras de la mañana, y blanca era la larga cabellera … Y dijo: ‘Soy Amalivaca y vengo en nombre de InaUiki, mi Padre’” (Arturo Hellmund Tello, Leyendas Indígenas del Bajo Orinoco, traducido por Ted E. Brewerton, Buenos Aires, Argentina; Imprenta López, Perti 666, págs. 19, 22).

El Libro de Mormón contiene un relato verídico de la venida del Señor a la América primitiva. Una vez que aceptemos las raíces antiguas del libro y creamos que José Smith tuvo realmente en su posesión anales sagrados que no podían estar escritos en inglés, es natural preguntarnos cómo los tradujo. La única respuesta razonable es lo que el afirmó: por revelación divina.

¿Que podría ser mas peligroso para nosotros, en la perspectiva eterna, que decir que el Libro de Mormón es Escritura sagrada si no lo fuera? Todo el que tenga dudas o inquietudes en cuanto a la Iglesia puede aferrarse con toda certeza a esta ancla firme, porque es una evidencia inmutable y tangible de su veracidad.

Nefi, un Profeta del Libro de Mormón, escribió lo siguiente:

“Porque nosotros trabajamos diligentemente para escribir, a fin de persuadir a nuestros hijos, así como a nuestros hermanos, a creer en Cristo y a reconciliarse con Dios; pues sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos” (2 Nefi 25:23) .

El elder B. H. Roberts escribió en 1909:

“[El Espíritu Santo] siempre debe ser la fuente principal de evidencia en cuanto a la veracidad del Libro de Mormón. Toda otra evidencia ocupa un lugar secundario, pues esta es la principal e infalible. Sea como sea que se presenten otras evidencias y cualquiera sea la exactitud con que se expliquen, ningún razonamiento, por mas hábilmente que se exprese, podrá jamas reemplazar [al Espíritu Santo] …

“Toda evidencia secundaria que apoye la verdad, tal como las causas secundarias de los fenómenos naturales, posiblemente sean de gran valor e importantes factores en lograr los propósitos de Dios” (New Witnesses for Ciod, Salt Lake City, Deseret News, 1909, págs. vivii).

El sol se levanta en silencio y a veces quizás pensemos que la voz del Señor es igualmente silenciosa; pero si oramos, meditamos y lo escuchamos, Su voz es audible e instila pensamientos claros en nuestra mente.

Así como es real la salida del sol, también lo es que Dios vive, al igual que Su Hijo Todopoderoso. Tan cierto como que el sol sale a diario, es también que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es de El.

Gracias a que sale el sol, podemos ver todo lo demás.

Por cuanto Jesucristo vive, vemos mediante Su luz las invariables verdades eternas y una senda iluminada que nos muestra el propósito de nuestra vida preterrenal, la razón de nuestra existencia actual y el efecto que ambas tendrán en nosotros después de aquello que llamamos muerte.

La Biblia es un testamento.

El Libro de Mormón es un testamento.

Y yo soy uno de los testigos de que El ha resucitado y de que vendrá. En el nombre de Jesucristo. Amén.