La Fe Que Hace Cambiar A Las Personas

Henry B. Eyring

Of the Quorum of the Twelve Apostles


Henry B. Eyring
“Pueden confiar en que El los calificará para ser. Sus siervos y para ayudarle a cambiar vidas con fe a fin de llevar a cabo la vida eterna del hombre.”

Siento gratitud por estar reunidos aquí los del Sacerdocio de Dios, presididos por el Profeta que posee y ejerce el derecho de usar las llaves del Santo Sacerdocio en todo el mundo. El presidente Hinckley habló en la sesión del domingo por la mañana, durante la conferencia del pasado mes de abril, y hacia el final del discurso dijo:

“Ahora, hermanos y hermanas, para concluir quiero dejarles un pensamiento que espero nunca olviden”.

Después de esas palabras, las que captaron nuestra atención, agregó:

“Esta Iglesia no pertenece a su Presidente. A la cabeza de ella esta el Señor Jesucristo, cuyo nombre cada uno de nosotros ha tomado sobre si. Todos estamos embarcados juntos en esta obra; estamos aquí para ayudar a nuestro Padre en Su obra y en Su gloria, que es ‘llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre’ (Moisés 1:39). La obligación de ustedes es tan seria en su esfera de responsabilidad como lo es la mía en mi esfera de responsabilidad. En esta Iglesia no hay ningún llamamiento pequeño o insignificante. Todos, en el desempeño de nuestras tareas, surtimos una influencia en la vida de los demás. El Señor nos ha dicho, refiriéndose a nuestras respectivas obligaciones: ‘De manera que, se fiel; ocupa el oficio al que te he nombrado; socorre a los débiles, levanta las manos caídas y fortalece las rodillas debilitadas (D. y C. 81:5)” (“Esta es la obra del Maestro”, Liahona, julio de l995, págs. 80-81).

Esa idea de que el llamamiento de ustedes es de tanta responsabilidad como el de cl les habrá hecho pensar. Pero, es obvio el porque es así. Ustedes y el son llamados por el mismo Salvador, a quien esta Iglesia pertenece; están haciendo la misma obra, que es la de ayudar al Señor a llevar a cabo la vida eterna del hombre. Ustedes, por medio de su llamamiento, tienen influencia en los demás, y la vida que afecten con su servicio será de tanto valor para Dios como cualquier otra. Por eso, su influencia sobre los demás es un asunto tan serio para ustedes como lo seria para cualquiera de los otros siervos de Dios.

El propósito que se les ha asignado hace que sea asunto serio: tienen la responsabilidad de influir en los demás de manera que ellos tomen las decisiones que los encaminen hacia la vida eterna, que es el mas grandioso de todos los dones de Dios. Algunos de nuestros jóvenes quizás se sientan incómodos ante la idea de que lo que parecen ser asignaciones sencillas y actos cotidianos puedan tener consecuencias eternas.

Pero es posible que hayan hecho mas de lo que creen. Quizás la semana que viene, el presidente del quórum de diáconos les pida que inviten a la reunión del domingo a un jovencito que nunca haya asistido, ni su familia tampoco; van a su casa algo desganados, lo llevan a la iglesia unas cuantas veces, y un día el se muda. Entonces pensaran que no han hecho gran cosa. Sin embargo, el abuelo de un muchacho como ese fue a hablar conmigo en una conferencia de estaca; me contó con detalles cómo un diácono había hecho eso mismo por su nieto diez años atrás y a una gran distancia, y con lágrimas en los ojos me pidió que agradeciera en su nombre a ese diácono, ahora mucho mayor, que no tenía idea de que el Salvador se había valido de un siervo de doce años que había recibido una asignación de un presidente de quórum de trece años.

Algunos de ustedes sabrán lo que sentía aquel abuelo. La madre de su nieto lo estaba criando sola, sin ningún contacto con la Iglesia, el había tratado de muchas maneras de influir en ellos, porque los amaba y se sentía responsable de ella y de su nieto, y sabia lo que ustedes saben: que algún día. cuando ellos vieran las cosas como realmente son, desearían con todo el corazón haber tomado las decisiones que los hiciera dignos de la vida eterna, decisiones que no se toman ni se pueden tomar sin la fe suficiente en Jesucristo para llevarnos a la salvación.

Su pesar era el mismo que la mayoría de nosotros hemos sentido por alguien a quien queremos y en quien no hemos podido influir. Y ese pesar nos lleva a preguntarnos: ¿Cómo puedo cambiar a alguien por medio de la fe?

Para empezar a reflexionar sobre eso, pensemos en el Salvador y Sus discípulos. Al principio de Su ministerio, ellos querían que El los cambiara con la fe.

“Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.

“Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicomoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería” (Lucas 17:5-6).

No es de sorprender que el Señor haya respondido hablando de una semilla. Para pensar en cómo aumenta la fe en El, lo primero es compararla con el crecimiento de un árbol. Recordaran que Alma empleó esa ilustración. La semilla es la palabra de Dios, y deben plantarla en el corazón de la persona a quien estén prestando servicio y cuya fe deseen ver aumentada. Alma lo describe de esta manera:

“Compararemos, pues, la palabra a una semilla. Ahora bien, si dais lugar para que sea sembrada una semilla en vuestro corazón, he aquí, si es una semilla verdadera, o semilla buena, y no la echáis fuera por vuestra incredulidad, resistiendo al Espíritu del Señor, he aquí, empezara a hincharse en vuestro pecho; y al sentir esta sensación de crecimiento, empezaréis a decir dentro de vosotros: Debe ser que esta es una semilla buena, o que la palabra es buena, porque empieza a ensanchar mi alma; si, empieza a iluminar mi entendimiento; sí, empieza a ser deliciosa para mi.

“He aquí, no aumentaría esto vuestra fe? Os digo que si; sin embargo, no ha llegado a ser un conocimiento perfecto” (Alma 32:28-29) .

Del mismo modo en que es necesario preparar el suelo para una semilla, también hay que preparar el corazón humano para que la palabra de Dios germine en el. Antes de hablar a las personas de plantar la semilla, Alma les había dicho que tenían el corazón preparado; habían sido perseguidos y expulsados de las iglesias.

El amor de Alma y la condición en que se hallaban los había llevado a ser humildes, y eso los había preparado. Ahora estaban dispuestos a escuchar la palabra de Dios. Si decidían plantarla en su corazón, su alma progresaría y eso aumentaría su fe.

En esos ejemplos verán claramente lo que deben hacer para influir en alguien con fe. Para empezar, reconozcan que lo que esa persona decida hacer, y lo que haga el Señor, será mas importante para ella que lo que ustedes hagan; pero hay cosas que ustedes pueden hacer para que haya mas posibilidades de que esa persona tome las decisiones que la lleven hacia la vida eterna.

Primero, como saben, para plantar la semilla, necesitan algo mas que oír la palabra de Dios; tienen que ponerla a prueba obedeciendo los mandamientos. El Señor lo dijo así:

“Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía sino de aquel que me envió.

“El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Juan 7:16-17).

No será suficiente que solo escuchen la palabra de Dios, sino que deben decidirse a guardar los mandamientos porque sienten por lo menos el comienzo de un deseo de saber la voluntad de nuestro Padre Celestial y de someterse a ella. Pero con toda probabilidad , ese deseo no surgirá si no sienten que los aman y que vale la pena ser mansos y humildes de corazón.

Ustedes pueden ayudar, además, con su ejemplo; si los aman porque sienten el amor que Dios les tiene, ellos también lo sentirán. Y si son mansos y humildes porque reconocen que de El dependen, también eso lo sentirán.

Además del ejemplo, pueden enseñarles la palabra de Dios de una manera que haga mas factible el que se arrepientan y traten de vivirla. Quizás piensen que han oído bastantes discursos, pero deben hacer algo mas que escuchar la palabra de Dios: deben plantarla en su corazón poniéndola a prueba.

Eso será mas probable si hablan con ellos al respecto de una manera que les haga sentir cuanto los ama Dios y cuanto necesitan de El.

Aarón, uno de los grandes misioneros del Libro de Mormón, sabia cómo enseñar así. Recordaran que le enseñó al padre del rey Lamoni, el rey viejo.

El corazón del rey ya había sido preparado al haber visto el amor y la humildad con que el hermano de Aarón había tratado a Lamoni, su hijo. Pero aun cuando el viejo rey estaba preparado, Aarón le enseñó la palabra de Dios de una forma que hizo resaltar el amor de Dios y la necesidad que tenemos de El. Esta es la descripción de lo que hizo:

“Y aconteció que al ver que el rey creería sus palabras, Aarón empezó por la creación de Adán, leyendo al rey las Escrituras, de cómo creó Dios al hombre a su propia imagen, y que Dios le dio mandamientos, y que, a causa de la transgresión, el hombre había caído.

“Y Aarón le explicó las Escrituras, desde la creación de Adán, exponiéndole la caída del hombre, y su estado carnal, y también el plan de redención que fue preparado desde la fundación del mundo, por medio de Cristo, para cuantos quisieran creer en su nombre” (Alma 22:12-13).

No tendrán ustedes muchos resultados tan extraordinarios como el que tuvo Aarón. Después de oír la palabra de Dios así ensenada, en lo que las Escrituras llaman el plan de la felicidad, el viejo rey dijo que estaba dispuesto a dar todo lo que tenía por eliminar de si la maldad y tener vida eterna. Cuando Aarón le dijo que orara suplicando a Dios el perdón, en el acto el rey se inclinó a orar. La semilla se había plantado y el hizo la voluntad de Dios (véanse los versículos 15-18).

Cuando influyan en alguien a quien sirvan, no lo harán todo exactamente como Aarón, pero harán algunas de las mismas cosas. Querrán hacerle sentir, por su manera de tratarlo, que Dios lo ama; serán humildes, para que a el le sea mas fácil ser manso y humilde; le enseñarán la palabra de Dios, cuando el Espíritu se lo indique, en una forma que testifique del amor que Dios le tiene y de la necesidad que el tiene de recibir el beneficio de la expiación de Jesucristo; y le enseñarán mandamientos que pueda obedecer. Por eso, cuando van a la misión, aprenden a exhortar a aquellos a quienes enseñan, a orar, a leer el Libro de Mormón, a asistir a la reunión sacramental y a bautizarse; porque saben que una vez que obedezcan mandamientos, plantaran la semilla, y saben que esta crecerá, les ensanchara el alma y, cuando esto suceda, SU fe aumentara.

No sólo saben lo que deben hacer, sino también cuales son las ocasiones en las que es mas factible que el Espíritu les inspire a hacerlo. El momento en que es mas probable que la gente ponga a prueba la palabra de Dios y se arrepienta es cuando empieza a sentir por lo menos algo del amor que El le tiene y la forma en que depende de El.

Por ejemplo, los obispos experimentados han aprendido que un funeral ofrece esa oportunidad. Cuando muere una persona, el obispo, los miembros del quórum y los maestros orientadores y maestras visitantes se ocupan de la familia porque la aman. Los familiares por lo general se sienten abatidos y necesitan consuelo y paz. Muchos de ellos estarán preparados entonces para oír la palabra de Dios.

Al planear el servicio funerario, el obispo sabe eso y se asegurara de que se expresen testimonios del plan de salvación, de la expiación de Jesucristo, de la Resurrección y de la gloriosa reunión del mas allá, porque sabe que esos mensajes darán consuelo y esperanza a la familia. Pero esas enseñanzas harán mas aun: La palabra de Dios llegara a las personas que tienen el corazón ablandado por el amor y el dolor y que, por ese motivo, están mas preparadas para aceptarla y vivirla mas plenamente. Y al hacerlo, su fe aumentara y habrá en ellas cambios que las impulsaran hacia la vida eterna.

No solo en tiempos de tragedia o de gran necesidad tendrán esa oportunidad. La vida presenta dificultades que hacen que aun la persona mas endurecida para lo espiritual se pregunte: “no hay algo mas?” Si han sido un amigo constante, si han probado su afecto por medio del servicio y se han hecho dignos de confianza, quizás les haga a ustedes esa pregunta. Y cuando eso suceda, sabiendo que la persona esta preparada, pueden decir: “Si, hay algo mas, y yo te diré donde y como encontrarlo”.

La enseñanza se hará mas fácil a medida que aquellos a quienes sirven pongan a prueba la palabra de Dios. Por ejemplo, un diácono o un elder puede seguir la admonición de escudriñar las Escrituras y leer pasajes que hablen del honor y de la gloria que se confieren por medio del Santo Sacerdocio (véase D. y C. 124:34). Al obedecer de esa manera leyendo las Escrituras, quizás reciban la impresión del Espíritu Santo diciéndoles que ese honor, ese llamamiento sagrado, merece el uso de prendas mejores cuando efectúan ordenanzas del sacerdocio o de un lenguaje mas refinado dondequiera que estén. Como habrá otros que no honren el sacerdocio de esa manera, la obediencia en este caso requiere fe; pero la fe aumenta al ejercerla, y ese aumento traerá mayor poder para escuchar y para obedecer.

Tendrán momentos hermosos en el servicio a los demás, cuando estos descubran el origen de la fe o cuando su te los lleve a pasar el dolor del arrepentimiento para lograr la paz del perdón.

Pero aun las personas que tienen una fe basada en la obediencia y que han sido limpiadas de pecados necesitaran ayuda de ustedes para reavivar y fortalecer esa fe. Hay razones para ello. Cuando las bendiciones ya no se ven como dones de nuestro Padre Celestial, pueden conducir al orgullo; la paz que sentimos después de recibir el perdón puede llevar a un exceso de confianza, haciendo que se olvide de la oración que nos protege de la tentación. Incluso los que han ejercido una fe tal que les ha proporcionado grandes experiencias espirituales mas tarde se han dejado engañar y llevar a la apostasía o vencer por las pruebas de la vida. Todos necesitaran ayuda para nutrir su fe y aprender a poner toda su confianza en Dios.

La forma de ayudar a todos los que sirvan, sea cual sea la prueba de la vida que pasen, será mas o menos igual: les demostraran afecto; los alentaran en sus deseos de ser humildes; le s presentaran la palabra de Dios de la forma que mas los motive a ejercer la fe para arrepentirse y ver así que Dios tiene mucho mas reservado para ellos. Eso les ayudara a soportarlo todo con fe.

Quizás piensen que la responsabilidad de influir en la gente sea demasiado pesada. Que les aliente el saber que fue el Salvador quien los llamó; y les hace la misma promesa que hizo a los que llamo al principio de Su ministerio terrenal. El había llamado a hombres humildes, sin educación, con menos instrucción y menor conocimiento del evangelio que el que tenga el jovencito mas recientemente ordenado. Pero fíjense en lo que les dijo, que se aplica a ustedes por igual:

“Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.

“Y les dijo: Venid en pos de mi, y os haré pescadores de hombres.

“Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron (Mateo 4: 18-20) .

Y El los hará a ustedes pescadores de hombres, aun cuando se sientan muy incapaces de serlo. No será un proceso misterioso, sino el resultado natural de haberse decidido a seguir al Señor. Piensen en lo que deben hacer para ser pescadores de hombres, para influir con fe en los demás, por El. Es preciso que amen a los que sirvan, que sean humildes y estén llenos de esperanza; tendrán que tener como compañero al Espíritu Santo, para saber cuando hablar, que decir y como testificar.

Pero todo eso surgirá natural mente, poco a poco, de los convenios que hagan y obedezcan al seguir al Señor. En el capitulo 8 de Moroni hay una descripción de lo que sucederá:

“Y las primicias del arrepentimiento es el bautismo; y el bautismo viene por la fe para cumplir los mandamientos; y el cumplimiento de los mandamientos trae la remisión de los pecados;

“y la remisión de los pecados trae la mansedumbre y la humildad de corazón y por motivo de la mansedumbre y la humildad de corazón viene la visitación del Espíritu Santo, el cual Consolador llena de esperanza y de amor perfecto, amor que perdura por la diligencia en la oración, hasta que venga el fin, cuando todos los santos moraran con Dios” (Moroni 8:25-26).

Quizás todavía no hayan visto ese gran cambio en ustedes, pero ocurrirá si continúan siguiendo al Señor. Pueden confiar en que El los calificara para ser Sus siervos y para ayudarle a cambiar vidas con fe a fin de llevar a cabo la vida eterna del hombre. Y encontraran en ese servicio una satisfacción con la que ni siquiera han sonado.

Testifico que Dios el Padre vive y que los ama. Testifico que Jesús es el Cristo, que El los ha llamado, y que expió los pecados de ustedes y de todos aquellos a quienes sirvan. Testifico que el presidente Gordon B. Hinckley posee las llaves que nos permiten ofrecer a los hijos de nuestro Padre los convenios y las ordenanzas que los haga dignos de la vida eterna. Y ruego de todo corazón que todos podamos cambiar a las personas con la fe que las lleve al arrepentimiento y hagan y guarden esos sagrados convenios. En el nombre de Jesucristo. Amén.