La Tentación

Rulon G. Craven


“La tentación es como una fuerza magnética que sujeta en su poder a un objeto de metal … pierde su fuerza magnética y su poder si nos alejamos de ella.”

Mis hermanos y hermanas, ha sido una experiencia maravillosa trabajar con los miembros de la Iglesia que aman a su Padre Celestial y se aman entre si. Hemos sido testigos de su valentía al enfrentar las tribulaciones de la vida.

Durante los últimos años, las Autoridades Generales me han pedido en ocasiones que me reúna con los miembros de la Iglesia arrepentidos y los entreviste con el fin de que se les restauren las bendiciones del templo. Siempre ha sido una experiencia espiritualmente conmovedora restaurar las bendiciones a esas maravillosas personas que se han arrepentido. A algunas de ellas les he preguntado: “¿Cual fue la causa de que usted perdiera, en forma temporaria, el privilegio de pertenecer a la Iglesia?” Con lágrimas en los ojos, me contestaron: “No obedecí los principios fundamentales del evangelio, por ejemplo: la oración, la asistencia regular a la Iglesia, el aceptar llamamientos para servir y el estudiar el evangelio. Como resultado, cedí ante la tentación y perdí la guía del Espíritu Santo”. Resulta siempre una experiencia especial reunirme con esas almas arrepentidas y sentir, al igual que ellas, el milagro del perdón y el gozo de encontrarse nuevamente entre los santos y de tener consigo el Espíritu Santo.

La tentación es una parte necesaria de nuestra experiencia terrenal. Por medio del profeta José Smith, el Señor explicó la razón por la cual somos tentados: “Y es menester que el diablo tiente a los hijos de los hombres, de otra manera estos no podrían ser sus propios agentes; porque si nunca tuviesen lo amargo, no podrían conocer lo dulce” (D. y C. 29:39).

En el Libro de Mormón, encontramos que Nefi explica las consecuencias de ceder ante la tentación: “… las tentaciones del diablo … ciegan los ojos y endurecen el corazón de los hijos de los hombres, y los conducen hacia caminos anchos, de modo que perecen y se pierden” (1 Nefi 12:17).

El cegar los ojos significa no ver ni reconocer las consecuencias de nuestras acciones. El endurecer el corazón es hacer caso omiso del consejo que recibamos o no estar dispuestos a aceptarlo. El ser conducidos hacia caminos anchos es ceder ante las atracciones mundanas y perder la influencia del Espíritu Santo en nuestra vida.

Brigham Young dijo: “Muchos piensan que el diablo tiene dominio y potestad tanto sobre el cuerpo como el espíritu. Pero yo les digo que el no tiene ningún poder sobre el hombre, a no ser que el cuerpo venza al espíritu que hay dentro de el, dejándose arrastrar por el espíritu de la maldad … El cuerpo tiene influencia sobre el espíritu, de la misma forma que el espíritu tiene influencia sobre el cuerpo” (Discourses of Brigham Young, sel. por John A. Widstoe [1941], págs. 69-70).

La tentación es como una fuerza magnética que sujeta en su poder a un objeto de metal; sin embargo, pierde su fuerza magnética y su poder si nos alejamos de ella. Por tanto, debemos alejarnos de la tentación y así perderá su poder.

Durante el día. nuestra mente permanece siempre activa. Somos nosotros quienes elegimos el rumbo de los pensamientos por el cual viaja nuestra mente. El permitir que los pensamientos mundanos se apoderen de nuestra mente puede llevarnos a cometer actos incorrectos. Al viajar por las rutas de la vida, nuestros sentidos se ven bombardeados continuamente por letreros, carteles, revistas, videos, películas, etc., que atraen y tientan a la mente y, si lo permitimos , crean en ella imágenes impropias para un miembro de la Iglesia.

Cuando nos asalten pensamientos malos, ¡detengámonos! ¡Pensemos! ¡Controlemos nuestra mente! Visualicemos en ella un gran letrero que diga SALIDA, e inmediatamente cambiemos el rumbo de nuestros pensamientos.

Cuando en su interior empiecen a surgir sentimientos y deseos incorrectos, el Espíritu Santo los inspirara a deshacerse de ellos. Escuchen al Espíritu Santo. ¡Deténganse! ¡Piensen! Visualicen en su mente un letrero que diga NO SIGAN, CAMINO EQUIVOCADO, e inmediatamente cambien o borren esos pensamientos que conducen a sentimientos indebidos e indignos y a fantasías malignas, los que pueden convertirse en un enviciamiento para la mente y para el cuerpo.

Cuando se sientan tentados a cometer un acto incorrecto o a abrigar malos pensamientos, traten de mirar hacia adelante para ver cuales serán las consecuencias inevitables de ello. ¡Deténganse! ¡Piensen! Visualicen en su mente un letrero que diga ALTO y refrenen la mente. Inmediatamente, cambien de rumbo y piensen en algo diferente y edificante.

Para vencer la tentación, tenemos que controlar nuestros pensamientos. Busquen la salida para poder dejar atrás los pensamientos perniciosos; eviten el camino equivocado de malos pensamientos. Pongan alto a los pensamientos que lleven a una conducta impropia de miembros de la Iglesia. ¡No tienen por que ceder a la tentación! Controlen lo que permitirán que los ojos vean, lo que los oídos escuchen, lo que la boca hable y lo que las manos toquen.

El ceder a la tentación puede llevar al enviciamiento del cuerpo y del espíritu y ese enviciamiento puede ser opresivo y llevar a la esclavitud y luego a la perdida de la libertad y la paz interior.

Cuando la persona sucumbe a la tentación, actúa en contra del consejo del Espíritu Santo, del de nuestros profetas, del que proviene de una doctrina correcta, del que recibimos al hacer convenios y, muchas veces, del de quienes la aman mas que a nadie. De esa forma, esa persona se aleja de la amistad y del amor de los demas y de la guía del Espíritu Santo.

La tentación puede ser una forma caritativa de advertirnos de posibles peligros y actúa como una señal de precaución, advirtiéndoos de los posibles peligros que nos aguardan. La tentación puede poner a la mente sobre aviso de que debe alejarse de un pensamiento o de un hecho impropio.

Como seres eternos, que viven esta experiencia terrenal, no estaremos libres de la tentación. La tentación implica una lucha interior de hacer lo correcto. La persona que piensa constantemente en lo carnal y sensual no puede experimentar un desarrollo espiritual interior, dado que dichos pensamientos sensuales le impiden el progreso espiritual.

El presidente George Q. Cannon dijo: A menos que [las personas] estuvieran expuestas a la tentación, nunca se conocerían a si mismas, ni su poder, sus debilidades y el poder de Dios. Si Satanás no tuviera poder para tentar a la humanidad, esta permanecería en un estado en el que no conocería ni el bien ni el mal; no sabría lo que es la felicidad ni la desdicha; y todos sus poderes quedarían latentes, ya que no habría nada que los activara. Al hombre se le privaría de esa experiencia que lo prepara para llegar a ser como Dios, su Eterno Padre” (Gospel Truths, 2 vol. en 1, sel. Jerreld L. Newquist [1987], pág. 109).

Cuando obedecemos los principios del evangelio, sentimos menos tentación en la vida. Con cada elección correcta que hagamos, nos fortalecemos espiritualmente. El hacer una elección correcta tras otra edifica la fortaleza espiritual interior y el carácter divino. Debemos esperar ser tentados, ya que si no fuera así, nuestro aprendizaje y el perfeccionamiento de nuestro carácter serían limitados.

Da miedo saber que los poderes de la maldad seguirán aumentando en el mundo. Eso nos hace preguntarnos: ¿Que podemos hacer? ¿Hay alguna forma de escapar de las garras de la maldad? Si, la hay.

A los miembros de la Iglesia les es posible vencer la tentación de la siguiente manera: 1. ser obedientes a los principios y las doctrinas del evangelio que nos guían; 2. seguir el consejo de los profetas y lideres; 3. vivir de forma tal que el poder del Espíritu Santo ejerza una influencia constante en nuestra vida.

Capaciten su mente para que obedezca los principios y convenios del evangelio . Permanezcan en la ruta de la oración diaria, tanto personal como familiar, en el camino del estudio de las Escrituras y de las enseñanzas de los profetas, en el sendero del servicio que se presta a la Iglesia; y estén dispuestos a salir a diario del camino equivocado y emprender el camino correcto que lleva a la vida eterna. La protección mas grande que tienen en contra de la tentación es un testimonio activo y vibrante del Evangelio de Jesucristo, que nos acerca a nuestro Padre Celestial. El Salvador es el ejemplo mas grande que tenemos de cómo vencer la tentación: “Sufrió tentaciones pero no hizo caso de ellas” (D. y C. 20:22).

Mis hermanos y hermanas, se que esta obra es verdadera. Se que hay profetas en la tierra hoy día. que Jesús es el Cristo y que Dios vive en los cielos. A medida que nos acerquemos mas a nuestro Padre Celestial con obediencia y dignidad, El se acercara mas a nosotros y nos bendecirá, nos perfeccionará y nos protegerá. En el nombre de Jesucristo. Amén.