El Salvador Cuenta Con Ustedes

Joe J. Christensen


“Piensen menos en ustedes y mas en el poder que tienen de ayudar a otros.”

Hace algunos años, poco después de la conferencia general, mi nieto Andrew, de cuatro años, le preguntó a su mama: “Mama, ¿Jesús cuenta conmigo?” La mama le contesto: “Sí, Andrew, Jesús si cuenta contigo. El desea que obedezcas a mama y a papa, que hagas lo correcto y especialmente que seas amable con tu hermanito Benny”. El niño pensó por un momento y dijo: “Mama, ¡dile que no cuente conmigo!”

Felizmente, cuando Andrew llegue a la edad en la que reciba el Sacerdocio Aarónico, habrá aprendido que Jesús si cuenta con él.

Esta noche consideremos tres cosas importantes en las que el Señor cuenta con ustedes, los que tienen el privilegio de poseer el Sacerdocio Aarónico.

Primero, el Salvador cuenta con que ustedes sean campeones de los que los necesiten.

En una escuela secundaria cerca de aquí había un joven estudiante que padecía de un impedimento mental, al que llamaremos Frank, y que tenía el gran deseo de ser aceptado por los jóvenes populares. El los seguía a todos lados, siempre desde una distancia, esperando ser parte del grupo, pero no lo conseguía.

Un día, en el comedor, algunos de los jovencitos mas populares alentaron a Frank a subirse a una mesa a bailar. Pensando que los complacería, así lo hizo. En su forma torpe, giraba y se contorsionaba. El grupo gritaba, aplaudía y se reía. Se reían de el, pero Frank pensaba que se reían junto con el.

A poca distancia, Dave comía con un amigo y lo observaba todo. Con valentía se levantó, enfrenó a los verdugos y, apretando los dientes, les dijo: “¡No puedo tolerar esto!” Le ayudó a Frank a bajarse y le dijo: “Frank, ven a comer con nosotros”.

El Salvador cuenta con que ustedes sean campeones de quienes los necesiten, y ellos están alrededor de ustedes, en sus escuelas, en sus vecindarios, en su familia.

En una reunión de ex alumnos en la que se conmemoraban 20 años de graduación, una de las ex alumnas tuvo una sorprendente conversación con una de sus compañeras de clase en la que le dijo algo así:

“Vine a esta reunión después de tantos años con la esperanza de encontrarte aquí y agradecerte. La escuela secundaria fue difícil para mi. Quizás no lo sabías, pero tu fuiste la única amiga que tuve en la escuela. Me preguntaba si tal vez el maestro de seminario te había dado la asignación de ser buena conmigo. ¿Lo hizo?”

“No, el no me dio esa asignación”.

“Bueno, tu no lo sabías, pero todos los días yo te buscaba porque sabía que hablarías conmigo. Me hacías sentir mejor conmigo misma. Ahora estoy casada y tengo una familia grande. Durante estos últimos años he pensado mucho en lo que tu significaste para mí y quería decírtelo”.

Hay jóvenes que se despiertan todas las mañanas temerosos de ir a la escuela, e incluso de ir a una actividad de la Iglesia, porque les preocupa la forma en que los trataran. Ustedes tienen el poder de cambiar sus vidas para mejor. Ustedes son poseedores del sacerdocio de Dios y el Señor cuenta con que ustedes sean los que los edifiquen y los alienten. Piensen menos en ustedes mismos y mas en el poder que tienen de ayudar a los demás, incluso a los miembros de su propia familia.

Una hermana de catorce años de edad estaba vestida para ir a una actividad de las Mujeres Jóvenes en una época de su vida en la que se sentía muy insegura de sí misma. En forma silenciosa y tímida se dirigió lentamente a la puerta, esperando que no repararan en ella los jóvenes que conversaban con su hermano mayor, Russell, en la sala de su casa. De pronto recibió el cumplido que cambiaría su vida cuando su hermano mayor, interrumpiendo la conversación, le dijo delante de todos sus amigos: “Mi querida Emily, te ves preciosa”. ¿Un detalle sin importancia? ¡No! Hay jovencitas que afirman que no hubieran podido salir adelante en esos años de la adolescencia sin el aliento y el apoyo de sus hermanos mayores.

El mes pasado en el área de Salt Lake City, un amigo poseedor del Sacerdocio Aarónico, Zachary Snarr, fue brutal e insensatamente asesinado. Entre las muchas cosas maravillosas que dijeron de el miembros de la familia y los amigos, se comentó que rara vez pasaba un día que no le dijera a su madre cuanto la amaba. Su naturaleza alegre y amorosa en el hogar los dejó con recuerdos inapreciables. Sus madres necesitan que ustedes sean un campeón para ellas. Nunca jamas un poseedor del Sacerdocio Aarónico debe ser culpable de decirle algo descortés o irrespetuoso a su madre.

Las Escrituras nos enseñan que siempre que seamos injuriosos, desconsiderados o poco amables con nuestros semejantes, “… el diablo se ríe y sus ángeles se regocijan …” (3 Nefi 9:2). También que “… los cielos se retiran, el Espíritu del Señor es ofendido, y cuando se aparta, se acabó el sacerdocio o autoridad de tal hombre” (D. y C. 121:37).

Quizás piensen que el dispensar esas pequeñas bondades no significa mucho, pero como dice Alma: “… por medio de cosas pequeñas y sencillas se realizan grandes cosas” (Alma 37:6). También leemos, “… no os canséis de hacer lo bueno, porque estáis poniendo los cimientos de una gran obra.[Ustedes son una gran obra en progreso.] Y de las cosas pequeñas proceden las grandes” (D. y C. 64:33).

Segundo, el Salvador cuenta con que ustedes eviten la inmundicia moral que los rodea en los medios de comunicación.

Satanás ha hecho grandes incursiones en la vida de algunos Santos de los Ultimos Días por medio de la maldad que presentan los medios de comunicación. Estoy seguro de que la gran mayoría de ustedes no son culpables de serios pecados sexuales, pero muchos se ponen a si mismos en el camino que podría conducirlos allí. Un obispo informó que había observado una declinación en la espiritualidad de los jóvenes poseedores del sacerdocio de su barrio. Por medio de las entrevistas personales que tuvo con ellos descubrió que muchos veían películas indebidas. Cuando les preguntó adónde iban a ver esa basura, contestaron: “A ninguna parte; las vemos en casa. Tenemos un servicio de televisión privada por cable y cuando salen nuestros padres vemos lo que deseamos”.

Padres, deben pensar mejor en el cable sin restricción o en la televisión sin supervisión en sus hogares, especialmente en el dormitorio de sus hijos.

No es razonable el suponer que el exponerse a la profanidad, a la desnudez, al sexo y a la violencia no surta efectos negativos en nosotros. No podemos revolcarnos en el barro sin ensuciarnos.

Nos preocupa que algunos de nuestros jóvenes Santos de los Ultimos Días, así como sus padres, vean películas y videos inapropiados en forma regular. Una razón mas para que “el diablo se ría y sus ángeles se regocijen” .

Hace pocos meses, el Profeta del Señor, el presidente Gordon B. Hinckley le dio a la juventud, y a todos nosotros, este consejo claro e inconfundible:

“… Sean limpios. No puedo poner mas énfasis en eso. Sean limpios. Es tan, tan importante y ustedes, debido a la edad que tienen, se encuentran bajo esa tentación en todo momento. La reciben a través de la televisión, en los libros, en las revistas y en los videos. No tienen que arrendarlos. No lo hagan. Simplemente no lo hagan. No los miren. Si alguien les propone sentarse toda la noche a ver tal basura, digan: ‘No es para mi’. Mantéganse alejados de eso …” (Reunión para la juventud en Denver, Colorado, 14 de abril de 1996).

El Señor y sus Profetas vivientes cuentan con que ustedes eviten la basura que hay en los medios de comunicación que están a su alrededor. Cuando alguien decide pasar por alto o desafiar el consejo del Profeta viviente se pone en una situación muy peligrosa.

Recuerden que cuando José fue tentado por la mujer de Potifar a ser inmoral, el “huyó y salió” (Génesis 39: 12).

Las tentaciones que nos rodean hoy día son mayores debido al advenimiento de la red informática “Internet” a la que tenemos acceso por la computadora (ordenador). Hay mucho de positivo en el mundo de los medios de comunicación, pero hay muchísimo de negativo. Si nos dejamos envolver por lo negativo habrá mas razones para que el diablo se ría y sus ángeles se regocijen.

Finalmente, el Salvador cuenta con que ustedes sean dignos de entrar en el templo y de cumplir una misión honorable.

Un amigo mío creció cerca de aquí. A la edad de catorce años, media mas de un metro ochenta y era muy poco coordinado físicamente. El dijo: “Una tarde cuando estaba en una clase de seminario del décimo grado, el Espíritu me tocó de verdad. Supe literalmente que el Evangelio es verdadero. Ese día me propuse que serviría al Señor de cualquier forma que pudiera”.

Al final de la secundaria, era mucho mas alto y su coordinación era mejor. Diversas universidades le ofrecieron becas para jugar baloncesto (basketball). Después de jugar un año en la universidad le dijo a su entrenador que necesitaba permiso para ausentarse dos años a fin de ir a una misión. El entrenador le dijo: “¡Si te vas, puedes estar seguro de una cosa: nunca mas usaras uno de nuestros uniformes!” Muchos pensaran que su misión debía ser

jugar baloncesto. Algunos miembros de la familia, incluso sus padres, trataron de convencerlo de que no fuera a la misión, pero el estaba totalmente decidido. Deseaba darle todo al Señor: la beca, los aplausos de los aficionados y el entusiasmo del juego. Sabia que el Señor contaba con el. Recibió el llamamiento y cumplió una misión honorable.

Cuando regreso dos años después, era aun mas alto y pesaba unos dieciocho kilos mas. Su entrenador decidió arrepentirse. Se le permitió nuevamente usar uno de esos uniformes de baloncesto y, en su ultimo año universitario, su equipo no solo gano el campeonato regional, sino que paso a la final en la competición nacional.

El mandamiento del Señor a sus Apóstoles fue: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).

Los Profetas de la actualidad nos han dicho que todo joven física y mentalmente capaz debe prepararse para cumplir una misión honorable. El Señor no dijo: “Vayan a la misión si se ajusta a sus planes, o si les da la gana, o si no obstaculiza sus becas, o su romance o sus planes académicos”. El predicar el Evangelio es un mandamiento y no una mera sugerencia; es una bendición y un privilegio, no un sacrificio. Recuerden, aun cuando para algunos de ustedes existan razones muy tentadoras de no servir en una misión regular, el Señor y Sus Profetas cuentan con ustedes.

Mas que nunca en mi vida se que Jesús es el Cristo. Esta es Su Iglesia y la dirigen Profetas vivientes. El Señor y Sus Profetas cuentan con ustedes para que:

  1. 1.

    Sean campeones ante quienes los necesiten.

  2. 2.

    Eviten la inmundicia que los rodea en los medios de comunicación.

  3. 3.

    Sean dignos de entrar en el templo y de cumplir una misión honorable.

Ruego que el mundo sea un lugar mejor porque ustedes han vivido en el. Esa es nuestra tarea, en el nombre de Jesucristo. Amen.