La eternidad ante nosotros

James E. Faust


“El mantener nuestra fortaleza espiritual … es una lucha diaria. La mayor fuente de esa fortaleza espiritual proviene … de nuestros templos.”

Mis queridos hermanos, hermanas y amigos, me siento humilde ante la responsabilidad de dirigirles la palabra. Al hablarles de las mas grandes bendiciones que se pueden recibir en la vida terrenal, les agradeceré que empleen su comprensión espiritual.

El 3 de febrero de 1846 fue un día de intenso frío en Nauvoo, Illinois. Ese día el presidente Brigham Young escribió esto en su diario:

“A pesar de que había anunciado que no efectuaríamos ordenanzas, la Casa del Señor estuvo repleta de gente todo el día … También les dije a los hermanos que iba a preparar los carromatos y a partir. Me aleje hasta cierta distancia del templo suponiendo que la multitud se dispersaría , pero al volver vi que estaba lleno a rebosar.

“Al contemplar la multitud y reconocer sus anhelos, pues tenían hambre y sed de la palabra, continuamos diligentemente nuestras labores en la Casa del Señor”( 1 ).

Y así, la obra del templo continuo hasta la una y media le la mañana.

Los dos primeros nombres del cuarto grupo de asistentes que aparecen en el registro del Templo de Nauvoo ese día, el 3 de febrero de 1846, son los de John y Jane Akerley, que recibieron su investidura en el templo esa tarde; eran humildes conversos nuevos de la Iglesia, sin riquezas ni posición social. La obra del templo era lo que mas les preocupaba antes de abandonar su hogar en Nauvoo para partir hacia el Oeste. Fue un hecho venturoso el que el presidente Young hubiera accedido al deseo de los santos de recibir las bendiciones del templo, pues John Akerley murió en Winter Quarters, Nebraska; el y otras cuatro mil personas nunca llegaron a los valles de las Montañas Rocosas( 2 ). El conocido himno de William Clayton, “¡Oh, esta todo bien!”, capta su fe a la perfección: “Aunque morir nos toque sin llegar, (oh, que gozo y paz!”( 3 )

El 26 de julio de 1847, dos días después de que llegara el presidente Brigham Young al Valle del Gran Lago Salado, se anuncio la edificación de un templo. El presidente Young hizo esa gran proclamación aun antes de que los santos tuvieran un techo bajo el que cobijarse y mientras todavía vivían en los carromatos o dormían en el suelo; hundió el bastón en la tierra y dijo: “Aquí edificaremos el Templo de nuestro Dios”( 4 ). La construcción de ese magnifico edificio les iba a llevar cuarenta años.

A los diez años de haber llegado al valle, los santos construyeron una Casa de Investiduras en la que podrían recibir algunas de las bendiciones del templo. Y lo hicieron, según lo explico Brigham Young, porque, “por haber sido expulsados de nuestros hogares, y debido a las penosas circunstancias en que nos hallamos, el Señor nos ha permitido hacer esto, o sea, utilizar esta Casa de Investiduras para la obra del templo”( 5 ). Esa casa se dedicó el 5 de mayo de 1855; en ella, el 2 de abril de 1857, Elsie Ann, la hija de John y Jane Akerley, se selló por esta vida y por toda la eternidad a su esposo, Henry Jacob Faust.

Sin embargo, había ordenanzas que no podían efectuarse en la Casa de Investiduras, y el Templo de Salt Lake todavía se hallaba en construcción. Al referirse a este grandioso edificio que permanecería en pie durante el Milenio, Brigham Young anunció lo siguiente: “Este no es el único templo que construiremos; habrá cientos de templos construidos y dedicados al Señor”( 6 ).

La fuerza que impulsó a los pioneros a dirigirse al Oeste iba mucho mas allá que su deseo de escapar a la persecución; buscaban un lugar en el que “libres ya de miedo y dolor”, les “permitieran morar”( 7 ).

Parte de la motivación espiritual que los impulsaba provenía de su visión de un lugar donde pudieran adorar en un Templo de Dios sin ser importunados.

Sin duda, muchos de los pioneros habían estado en el funeral de Joseph Smith, padre, y oído a su hijo, el profeta José Smith, hablar de la fortaleza y el consuelo que su padre, el Patriarca de la Iglesia, había recibido en el templo:

“El estar en la Casa del Señor, el buscar respuestas en Su Templo, era su diario placer; y allí gozó de muchas bendiciones y paso muchas horas en dulce comunión con su Padre Celestial. El ha recorrido sus sagrados pasillos, solo y alejado de la humanidad … En sus santos recintos se han abierto ante el las visiones de los cielos y su alma se ha deleitado con las riquezas de la eternidad; y allí sus enseñanzas han instruido al manso y al humilde, y la viuda y el huérfano han recibido de el sus bendiciones patriarcales”( 8 ).

Los profetas de la antigüedad tenían la visión de la eternidad que esta ante nosotros; la practica de construir casas especiales de adoración y de ceremonias sagradas ha sido parte de la historia de la raza humana durante muchos siglos. Juan el Revelador tuvo una manifestación profética de la obra del templo y escribió:

“Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quienes son, y de dónde han venido?

“Yo le dije: Señor, tu lo sabes. Y el me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.

“Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que esta sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos”( 9 ).

Muchos de los santos, entre ellos el presidente Wilford Woodruff, oyeron al profeta José Smith decir:

“Hermanos, me he sentido enaltecido e instruido por vuestros testimonios, pero deseo deciros delante del Señor que, concerniente a los destinos de esta Iglesia y reino, no sabéis mas de lo que sabe un infante que esta en brazos de su madre. No lo comprendéis … No veis aquí esta noche mas que un puñado de poseedores del sacerdocio, pero esta Iglesia llenara América del Norte y del Sur, llenara el mundo … Llenara las Montañas Rocosas. Habrá decenas de miles de santos congregados en las Montañas Rocosas … Este pueblo ira a las Montañas Rocosas y allá edificara templos al Dios Altísimo”( 10 ).

Esta declaración profética se ha cumplido al pie de la letra. Veinticuatro años después de que Brigham Young marcara con el bastón el lugar donde estaría el Templo de Salt Lake, comenzaron a edificar el hermoso Templo de Saint George, Utah; seis años mas tarde, se empezó la construcción de los templos de Manti y Logan, de exquisita belleza. La obra de construcción de templos ha seguido hasta el presente. Hay cuarenta y nueve templos funcionando y embelleciendo diversas partes de la tierra; hay algunos que se dedicaran este año y otros que se han anunciado y proyectado, como lo indico el presidente Hinckley.

¿Que significado tienen las palabras del Profeta cuando dijo que edificaremos “templos al Dios Altísimo”? ¿Por que se han edificado esos templos a un costo y a un sacrificio tan grandes? ¿Por que se continua edificándolos a un paso cada vez mas acelerado? Es porque los interrogantes mas profundos de nuestra existencia hallan respuesta en el templo; esas respuestas nos indican de dónde vinimos, por que estamos aquí, adónde podemos ir y cómo enfrentar el enigma de la muerte. Esta vida no tiene sentido lógico a menos que la consideremos en relación con las eternidades. Las bendiciones trascendentales de esta vida y de la eternidad se reciben entre los sagrados muros del templo. El supremo don del Salvador para la humanidad nos ofrece la oportunidad de la vida eterna, pero la vida eterna sin nuestros seres queridos sena muy triste.

Una de las verdades esenciales de esta Iglesia es que las familias, si son dignas, pueden tener una relación eterna; no sería para nosotros un cielo sin nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros compañeros eternos, nuestros hijos y demás posteridad. Esa unión de las familias proviene del poder sellador que se ejerce entre las santificadas paredes de los templos bajo la indiscutible autoridad del sacerdocio.

La familia eterna comienza cuando una joven pareja se arrodilla en un altar del santo Templo de Dios y hace convenios mutuos y con Dios, y recibe Sus promesas mas grandiosas; este sellamiento va precedido de los convenios que cada uno hace y recibe, los cuales, si son dignos, los bendecirán en esta vida así como en la venidera.

El padre y la madre son socios iguales en el matrimonio, con funciones diferentes de nutrir espiritualmente y de enseñar a los hijos en su camino hacia la inmortalidad y la vida eterna. )Cómo podría la vida tener pleno significado si no fuera un proceso eterno?

Parte del proceso de considerar las eternidades surge cuando debemos enfrentar la experiencia a la que llamamos “muerte”. Esta vida estaría vacía sin una creencia y comprensión de la inmortalidad. Pablo dijo:

“Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los mas dignos de conmiseración de todos los hombres””. La expiación y la resurrección del Salvador son las llaves maestras que abren los cerrojos de la inmortalidad. Si somos dignos, recibimos el mayor cumplimiento de esas bendiciones en los templos santos de Dios. Entre sus sagradas paredes, aquellos que poseen el poder y autoridad atan en los cielos lo que se haya atado en la tierra. Esa autoridad les ha sido delega da por el Presidente de la Iglesia, que posee y ejerce todas las llaves del Reino de Dios en la tierra.

El principio de que “Dios no hace acepción de personas”( 12 ) es fundamental en la adoración que tiene lugar en el templo; entre sus sagrados muros no hay diferencias a causa de la profesión, la riqueza, la posición social, la raza ni la educación; todos se visten de blanco, todos reciben las mismas enseñanzas, todos hacen los mismos convenios y promesas, y todos recibirán las mismas eternas y trascendentales bendiciones si son dignos de reclamarlas. Todos son iguales ante su Creador. Los que son solteros pero no por voluntad propia, si son dignos, gozaran si lo desean de una relación familiar eterna.

Somos un pueblo que hace convenios. Estas bendiciones eternas son para todos los que deseen recibirlas dignamente, tanto los que viven como los que han muerto. Gracias a la misericordia de Dios tenemos el privilegio de recibir esas bendición es como representantes vicarios de nuestros antepasados muertos que en vida no tuvieron esa oportunidad; por supuesto, ellos decidirán si las aceptan o no.

Nuestro deber es buscar a nuestros antepasados y darles la oportunidad de aceptar y recibir esas bendiciones. Como dijo el profeta José Smith: “La responsabilidad mayor que Dios ha puesto sobre nosotros en este mundo es procurar por nuestros muertos”( 13 ).Por medio del gran Profeta de la Restauración, José Smith, Dios, en Su infinita bondad, dio a los habitantes de esta tierra la oportunidad de recibir estas bendiciones supremas. El Profeta recibió la responsabilidad de restaurar en nuestros días la plenitud de todas las cosas. Ese es el motivo por el cual las bendiciones del templo constituyeron uno de los últimos anhelos del presidente Brigham Young y de los pioneros antes de abandonar Nauvoo; y por la misma razón, al llegar al Valle del Gran Lago Salado, el presidente Young tenía la idea de volver a asegurar esas bendiciones eternas para los hijos de Dios construyendo templos y poniéndolos en funcionamiento

La construcción de templos y la adoración en ellos fueron las razones principales de que los pioneros estuvieran dispuestos a sufrir tan intensamente y a soportar tanto en su extraordinario éxodo hacia el aislado y árido desierto del Oeste. Nos regocijamos porque Dios, en Su divina providencia, ha hecho posible en nuestra época la construcción de tantos templos en tantos países. Nadie ha dedicado mas templos en esta dispensación que el presidente Gordon B. Hinckley; de los cuarenta y nueve que funcionan actualmente, el ha dedicado veinticuatro. Esperamos y rogamos que, a su debido tiempo, las bendiciones del templo están a disposición de una mayor cantidad de hijos de Dios por todo el mundo.

Hubo mas de 5.600 miembros que recibieron sus bendiciones en el Templo de Nauvoo; la levadura espiritual que se impartió en aquel templo continua bendiciéndonos cada vez mas en el presente; se extiende a toda Casa del Señor que haya en el mundo, de manera que todos los que tengan hambre y sed de la plenitud de la palabra de Dios puedan verlas satisfechas.

John y Jane Akerley y los demás de la multitud que esperaron en el intenso frío aquel día para entrar en el majestuoso Templo de Nauvoo recibieron dentro de sus muros las bendiciones mas grandes que el Señor ofrece en esta vida. Habían soportado ya mucho, pero sus sufrimientos estaban solo empezando; las bendiciones del templo los fortalecieron para lo que habría de venir.

Separados por la muerte en Winter Quarters, fueron capaces de soportarlo todo a causa de su fe y de las bendiciones que habían recibido aquella helada noche de febrero de 1846.

Así como los pioneros tenían una visión mas amplia para enfrentar las dificultades de su lucha diaria por sobrevivir, es preciso que también nosotros tengamos una visión mas amplia y mayor comprensión de nuestro destino eterno. Nuestros problemas son mas sutiles pero igualmente difíciles, y el mantener nuestra fortaleza espiritual es asimismo una lucha diaria. La mayor fuente de esa fortaleza espiritual proviene, como en aquellos tiempos, de nuestros templos.

Exhorto a todos los que no hayan recibido todavía esas grandiosas bendiciones entre los muros del templo a hacer lo que sea necesario a fin de ser dignos de recibirlas. Y a los que las hayan recibido ya, los invito a prepararse a fin de volver a disfrutar de la experiencia de estar en los sagrados recintos de los templos santos de Dios y contemplar como las visiones de la vida eterna se abren a su corazón, a su mente y a su alma.

Esto lo ruego, humildemente, en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

  1. 1.

    History of the Church, 7:579.

  2. 2.

    Church News, 7 de dic de 1992 pág. 2.

  3. 3.

    Himnos, N° 17.

  4. 4.

    Según lo citó Heber J. Grant en Conference Report abril de 1921 pág. 211; véase también Wilford Woodruff en The Utah Pioneers (1880) pág. 23.

  5. 5.

    Discourses of Brigham Young, selecc. John A. Widtsoe (1941) pág. 394.

  6. 6.

    Discourses of Brigham Young, pág. 395.

  7. 7.

    Himnos N° 17.

  8. 8.

    History of the Church, 4:194.

  9. 9.

    Apocalipsis 7:13-15.

  10. 10.

    Según lo citó Wilford Woodruff en Conference Report abril de 1898 pág. 57.

  11. 11.

    1 Corintios 15:19.

  12. 12.

    Hechos 10:34.

  13. 13.

    Teachings of the Prophet Joseph Smith, Selecc. de Joseph Fielding Smith (1976) pág. 356.