La gratitud

Jerald L. Taylor


“Expreso mi gratitud y amor por Jesucristo y por Su expiaciónCpor su buena voluntad de dejar el reino de los cielos como un Dios y nacer en un humilde establo.”

Mis queridos hermanos y hermanas, deseo hablarles esta tarde acerca de la gratitud: primero, por una familia amorosa; segundo, por un Profeta viviente; y tercero, por el Señor Jesucristo.

Nefi expreso que había “nacido de buenos padres …” Yo repito las mismas palabras, porque yo también nací de buenos padres” un padre que era un fiel Santo de los Últimos Días y que honraba el Sacerdocio, y una madre amorosa que murió cuando yo era niño, dejando a mi padre viudo con seis hijos. Mi padre se volvió a casar con una viuda que tenía nueve hijos, así dándome en total cinco hermanos y nueve hermanas. Estoy agradecido a esa segunda madre que me amó como uno de los suyos y fue un ejemplo para mi. Doy gracias a mi Padre Celestial por todos mis hermanos y hermanas que me han amado y apoyado, quienes también aman al Señor y Su Evangelio. Ya hace cincuenta y cuatro años que se formó la Familia Lunt-Taylor y a pesar de que han muerto nuestros padres, sentimos una unidad y un gran amor los unos por los otros. También he sentido el amor y cariño de abuelos, tíos y otros parientes.

Estoy agradecido por mi querida y leal esposa Sharon, y por nuestros seis hijos, dos yernos, y cinco nietos. El Salmista dijo, “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Bienaventurado el hombre que lleno su aljaba de ellos” (Salmos 127:3, 5). Estoy agradecido por esta herencia del Señor y por el amor y apoyo de ellos.

Expreso gratitud por un Profeta viviente, Presidente Gordon B. Hinckley. En noviembre del año pasado, entre muchos países latinoamericanos, el hizo una visita a Chile. En esa misma semana, Chile fue anfitrión a la reunión cumbre de los países latinoamericanos. Asistieron presidentes y dignatarios de dieciséis países. Habían barreras en las calles en las áreas donde estaban alojados y en los lugares donde se reunían. Día y noche se oían sirenas y se veían luces rojas destellando, al viajar esos dignatarios de un lugar a otro. En medio de toda esa conmoción llego el Presidente Hinckley. No había ni toque de trompetas, ni una bienvenida especial, ni reconocimiento, ni privilegios otorgados. Al salir del aeropuerto, dos vehículos caminaron por las calles de SantiagoCuno de ellos llevando el Profeta viviente del Señor. En el hotel habían policías y guardias para proteger a los visitantes de la reunión cumbre, mientras el Presidente Hinckley con su familia y otros entraron desapercibidos.

Mi mente se volvió muchos años atrás a un establo, donde el nacimiento del Hijo de Dios también fue desapercibido, salvo por unos pastores que guardaban las vigilias sobre sus rebaños. El reino de Dios en la tierra avanza a la sombra de eventos mas publicitados.

El día después de su llegada, al hablar el Presidente Hinckley a mas de 50.000 santos y al testificar de Jesucristo y de Su Iglesia, uno podía sentir su convicción. El dijo a todos los presentes es que quería que recordaran que habían escuchado a Gordon B. Hinckley decir que Dios vive y que Jesús es el Cristo. Aconsejo a los Santos a poner sus vidas en orden, a enseñar a sus hijos a caminar rectamente ante Dios, y a formar familias eternas por medio del sellamiento en el templo. Al concluir la conferencia la multitud se puso de pie, y con lágrimas en los ojos y con testimonios en sus corazones de que verdaderamente este era el Profeta de Dios en la tierra, agitaron sus pañuelos blancos en señal de despedida. El Presidente Hinckley saco su pañuelo para agitarlo y con amor se despidió. Yo se, como saben aquellos Santos en Chile y por toda la tierra, que cl Presidente Gordon B. Hinckley es el Profeta viviente de Dios sobre la tierra. Estoy agradecido por su ejemplo.

Expreso me gratitud y amor por Jesucristo y por Su Expiación, por Su buena voluntad de dejar el reino de los cielos como un Dios y nacer en un humilde establo, porque no había lugar para José y María en el mesón. El vivió una vida de servicio, olvidándose de si mismo en la causa de los otros hijos de Su Padre. Su deseo era de cumplir la voluntad del Padre, cual es, “Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”. (Moisés 1:39)

En las ultimas horas de su vida mortal, El entro en el jardín de Getsemaní y tomo sobre si mismo los pecados de toda la humanidad, desde Adán hasta la ultima persona que naciera en la tierra. Allí El padeció “estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten,” (D. y C. 19:16) En sus propias palabras El describe esa experiencia, “padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar” (D. y C. 19:18). Unas horas después fue probado y juzgado por hombres y entonces crucificado sobre la cruz. El Gran Jehová, el Creador de este mundo y mundos sin número, humildemente se sometió a los deseos de hombres inicuos y así cumplió la voluntad del Padre.

El Salvador resucitado enseñó a la gente aquí en las Américas: “Y sucederá que cualquiera que se arrepienta y se bautice en mi nombre, será lleno; y si persevera hasta el fin, he aquí, yo lo tendré por inocente ante mi Padre el día en que me presente para juzgar al mundo” (3 Nefi 27:16). Al escribir sobre el arrepentimiento, el Presidente Boyd K. Packer dijo: “En la batalla universal por las almas humanas, el adversario toma un gran numero de prisioneros. Muchos de ellos, al no saber la forma de escapar, están obligados a servirle. Toda alma que este confinada a un campo de concentración por el pecado y la culpabilidad, tiene una llave para abrir la puerta, y esa llave se llama arrepentimiento. El adversario no puede sujetarlos si saben como usarla. El arrepentimiento y el perdón, que son principios paralelos, son superiores en fortaleza al impresionante poder del tentador”.(The Things of the Soul [1996],pág. 114).

El Señor dijo en Isaías, “… si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. (Isaías 1:18) El Señor ha dicho en nuestros días: “He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado, y yo, el Señor, no los recuerdo mas. Por esto sabréis si un hombre se arrepiente de sus pecados; he aquí, los confesara y los abandonara”. (D. y C. 58:42-43)

Jesucristo es el Juez de todos: “ .el guardián de la puerta es el Santo de Israel; y allí el no emplea ningún sirviente, y no hay otra entrada sino por la puerta; porque el no puede ser engañado pues su nombre es el Señor Dios” (2 Nefi 9:41). Considero que El va a estar muy decepcionado si no somos dignos de vivir con El y con Su Padre. Hermanos y hermanas, que usemos la llave llamada arrepentimiento, para que cuando aparezcamos ante el Salvador podamos, escuchar “al que es vuestro intercesor con el Padre, que aboga por vuestra causa ante El, diciendo: Padre, ve los padecimientos y la muerte de aquel que no peco, en quien te complaciste; ve la sangre de tu Hijo que fue derramada, la sangre de aquel que diste para que tu mismo fueses glorificado; por tanto, Padre, perdona a estos mis hermanos que creen en mi nombre, para que vengan a mi y tengan vida eterna” (D. y C. 45:35). Yo deseo ser digno de gozar de esta vida sempiterna con Jesucristo y con nuestro Padre, y ruego que todos podamos tener este mismo deseo.

Testifico que Jesucristo es el Hijo Unigénito de Dios; es nuestro Señor y Salvador. En este tiempo especial, al recordar Su resurrección, expreso mi profunda gratitud por El en el nombre de Jesucristo. Amén.