La Pureza Personal

R. Holland


“Declaramos que quien utiliza el cuerpo que Dios le dio a otra persona … viola el alma misma de esa persona, viola el objetivo principal y los procesos de la vida”.

Al arremolinarse de un modo espeluznante alrededor de nuestros jóvenes los vientos modernos de la inmoralidad, me preocupa el que algunos de nuestros jóvenes y de nuestros jóvenes mayores estén confusos con respecto a los principios de la pureza personal, acerca de las obligaciones de una castidad absoluta antes del matrimonio y de una fidelidad completa después de este. En contra de lo que sucede en el mundo que ven y oyen, y con la esperanza de fortalecer a los padres al enseñar ellos a sus hijos una norma mas elevada, hoy desearía hablar sobre la pureza moral. Debido a que ese tema es de índole tan sagrada, ruego fervientemente que el Espíritu Santo me guíe en aquellas observaciones que son más francas de lo que quisiera que lo fuesen. En esta ocasión, comprendo lo que sentía Jacob, del Libro de Mormón, cuando, al hablar del mismo tema, dijo: “… me apena tener que ser tan audaz en mis palabras …” 1 .

Al abordar este tema, no menciono la enorme cantidad de males sociales cuyas estadísticas son muy deprimentes y sus ejemplos tan desagradables. Tampoco voy a presentar una lista de lo que esta bien y de lo que esta mal cuando un joven sale con una señorita. Lo que quiero hacer es algo mas personal: deseo intentar contestar a las preguntas que algunos de ustedes tal vez hayan estado haciendo: ¿Por que debemos ser moralmente puros? ¿Por que es un asunto tan importante para Dios? ¿Es necesario que la Iglesia sea tan estricta al respecto cuando los demás no parecen serlo? ¿Cómo puede ser tan sagrado o tan grave algo que la sociedad explota y exalta tan abiertamente?

Quisiera comenzar con una lección de la larga e instructiva historia de la civilización. Will y Ariel Durant, escribieron: “Ningún hombre [ni ninguna mujer], por más brillante o bien informado que sea, puede … hacer a un lado sin peligro … la sabiduría de [las lecciones aprendidas] en la escuela de la historia. El joven al que le hierven las hormonas se preguntara por que no debe dar rienda suelta a sus deseos sexuales; pero si no le refrenar las costumbres, la moral o las leyes, destrozara su vida antes de que … comprenda que el apetito sexual es un río de fuego que es preciso encauzar y enfriar con cientos de restricciones para que no le destruya a él ni al grupo social” 2 .

El autor de Proverbios ofrece una observación más importante, mas de acuerdo con las Escrituras: “¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan? ¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen? … Mas el que comete adulterio … corrompe su alma … Heridas y vergüenza hallará, y su afrenta nunca será borrada” 3 .

¿Por que es este asunto de las relaciones sexuales tan grave que casi siempre se le aplica la metáfora del fuego, y la pasión se describe vívidamente con las llamas? ¿Qué hay en el fuego potencialmente dañino de esto que deja el alma de la persona-e incluso al mundo entero-destruida, si la llama no se vigila y esas pasiones no se refrenar? ¿Que hay en todo esto, que induce a Alma a advertir a su hijo Coriantón que la transgresión sexual es “… una abominación a los ojos del Señor; sí, más abominable que todos los pecados, salvo el derramar sangre inocente o el negar el Espíritu Santo?” 4 .

Al adjudicarle esa seriedad a un apetito sexual de carácter tan universal, ¿qué nos trata de decir Dios en cuanto al lugar que eso ocupa en el plan que Él tiene pata todos los hombres y todas las mujeres? Les afirmo que El esta haciendo probablemente eso: haciendo hincapié en el plan de vida mismo. Esta claro que, entre las preocupaciones más grandes que Él tiene acerca de la vida terrenal están la forma en que una persona llega al mundo y la forma en que sale de este. El ha puesto límites muy estrictos al respecto.

Por suerte, en el caso de como se termina una vida, la mayoría de las personas parecen ser bastantes responsables. Pero en algo tan transcendental como el dar vida, en ocasiones encontramos una irresponsabilidad casi criminal. Deseo dar tres razones por las cuales este es un tema de tanta magnitud y de tantas consecuencias en el Evangelio de Jesucristo.

En primer lugar esta la doctrina revelada y restaurada del alma humana.

Una de las verdades “claras y preciosas” que se restauraron en esta dispensación es que “el espíritu y el cuerpo son el alma del hombre” 5 y que cuando el espíritu y cl cuerpo se separan, los hombres y las mujeres “ni puede[n] recibir una plenitud de gozo” 6 . En primer lugar, esa es la razón por la cual el obtener un cuerpo es de importancia tan fundamental; esa es la razón por la que el pecado de cualquier tipo es algo tan grave (concretamente, porque es el pecado el que al final será la causa de la muerte, tanto espiritual como física) y la razón por la que la resurrección del cuerpo es tan importante para la victoria triunfal de la expiación de Cristo.

El cuerpo es una parte esencial del alma. Esta doctrina característica y tan importante de los Santos de los Últimos Días pone de relieve la razón por la que el pecado sexual es tan grave. Declaramos que quien utiliza el cuerpo que Dios le dio a otra persona, sin la aprobación divina, viola el alma misma de esa persona, viola el objetivo principal y los procesos de la vida, “la llave misma” 7 de la vida, como la llamó una vez el presidente Boyd K. Packer. Al explotar el cuerpo de otra persona-lo cual significa aprovecharse de su alma-se profana la expiación de Cristo, que salvó esa alma y que hace posible el don de la vida eterna. Y cuando una persona se burla del Hijo de Justicia, esa persona entra en el reino de lo sagrado, que es más radiante y más candente que el sol del mediodía. No es posible hacer eso sin quemarse.

Por favor, nunca digan: “¿A quien le hace daño? ¿Por que no puedo tener un poco de libertad? Puedo pecar ahora y arrepentirme después”. Por favor, no sean tan tontos ni tan crueles. No pueden ‘‘crucifi[car)de nuevo” 8 a Cristo impunemente. “Huid de la fornicación” 9 , declaró Pablo, y huid de toda “cosa semejante” 10 “, agrega Doctrina y Convenios. ¿Por que? Bueno, por una razón: debido al sufrimiento incalculable, tanto en cuerpo como en espíritu, que padeció el Salvador del mundo para que nosotros pudiéramos huir 11 . Por eso le debemos algo. En realidad, se lo debemos todo; “… no sois vuestros”, dice Pablo. “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” 12 . En la transgresión sexual, el alma esta en grave peligro: el cuerpo y el espíritu.

Segundo, deseo hacer hincapié en que la intimidad esta reservada para la pareja matrimonial, ya que es el símbolo supremo de la unión absoluta, una totalidad y una unión ordenadas y definidas por Dios. Desde el Jardín de Edén en adelante, se tuvo el propósito de que el matrimonio significara la completa unión de un hombre y una mujer: sus corazones, esperanzas, vidas, amor, familia, futuro, todo. Adán dijo que Eva era hueso de sus huesos y carne de su carne, y que serían “una sola carne” durante su vida juntos 13 . Esa unión es tan completa que nosotros utilizamos la palabra “sellar” para expresar su promesa eterna. El profeta José Smith dijo una vez que quizás podríamos interpretar ese versículo sagrado como el eslabón “conexivo” 14 del uno con el otro.

Sin embargo, esa unión total, ese compromiso inquebrantable entre un hombre y una mujer, sólo se obtiene por medio de la proximidad y la permanencia que proporciona el convenio matrimonial, con promesas solemnes y la consagración de todo lo que poseen: el corazón y la mente mismos, todos sus días y todos sus sueños.

¿Pueden ver la esquizofrenia moral que resulta del aparentar ser uno, del fingir que se han hecho promesas solemnes delante de Dios, del compartir los símbolos físicos y la intimidad física de una falsa unión y después huir, retroceder, truncar todos los demás aspectos de lo que debió haber sido una obligación total?

Cuando se trata de relaciones íntimas, ¡deben esperar! Deben esperar hasta que puedan brindar todo, y eso no lo pueden hacer sino hasta que estén legal y lícitamente casados. El dar ilícitamente lo que no es de ustedes (recuerden: “no sois vuestros”) y el dar solo una parte de aquello a lo que no puede seguir el don de entregarse por entero es jugar a la ruleta rusa emocional. Si persisten en obtener satisfacción física sin la aprobación del cielo, corren el riesgo terrible de contraer un daño espiritual y sicológico tal que podrían debilitar tanto su deseo de intimidad física como su capacidad para brindar mas tarde una devoción incondicional al amor verdadero. Podrían llegar a ese momento de amor genuino, de unión verdadera, sólo para descubrir horrorizados que lo que debieron haber preservado ya lo han perdido y que solamente la gracia de Dios puede recobrar la virtud que perdieron poco a poco y que tan despreocupadamente desecharon. El día de su boda, el mejor regalo que pueden hacer a su pareja eterna es su persona limpia y pura, y ser dignos de recibir a cambio esa misma pureza.

Tercero, quisiera decirles que la intimidad física no es solamente una unión simbólica entre marido y mujer-la unión misma de SUS almas-sino que también es simbólica de la relación que comparten ellos con su Padre Celestial. Él es inmortal y perfecto; nosotros somos mortales e imperfectos. No obstante, nosotros buscamos las maneras, aun en la vida terrenal, de unirnos a El espiritualmente; y, al hacerlo, obtenemos cierto acceso tanto a la gracia como a la majestad de Su poder. Entre esos momentos especiales se encuentran el arrodillarse ante el altar matrimonial en la casa del Señor, el bendecir a un niño recién nacido, el bautizar y confirmar a un nuevo miembro de la Iglesia, el participar de los emblemas de la Santa Cena del Señor, etc.

Esos son momentos en los que en un sentido muy literal unimos nuestra voluntad a la voluntad de Dios, nuestro espíritu a Su Espíritu, en los que la comunión a través del velo se convierte en algo muy real. En esos momentos, no sólo reconocemos Su divinidad sino que en un sentido totalmente literal tomamos para nosotros algo de esa divinidad. Un aspecto de esa divinidad que se da virtualmente a todos los hombres y a todas las mujeres es el uso de Su poder para crear un cuerpo humano, esa maravilla de maravillas, un ser genética y espiritualmente único, nunca antes visto en la historia del mundo y al cual nunca habrá uno igual en todas las edades de la eternidad. Un hijo, su hijo: con ojos, orejas y dedos, y con un futuro de grandeza indescriptible.

Probablemente sólo la madre o el padre que haya sostenido en los brazos a ese niño recién nacido comprenda el milagro del que estoy hablando. Baste con decir que de todos los títulos que Dios ha escogido para sí, el de Padre es el que más favorece, y la creación es Su lema, especialmente la creación humana, la creación a Su imagen. A ustedes y a mi se nos ha dado una porción de esa santidad, pero bajo las mas serias y sagradas de las restricciones. El único control que se nos ha impuesto es el dominio de nosotros mismos: el autodominio que nace del respeto por el divino poder sacramental que ese don representa.

Mis amados hermanos, sobre todo, ustedes mis jóvenes amigos, ¿se dan cuenta de por que la pureza personal es un asunto tan serio? ¿Entienden por que la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles emitieron una proclamación en la que declaraban que “la forma por medio de la cual se crea la vida mortal fue establecida por decreto divino” y que “los sagrados poderes de la procreación se deben utilizar sólo entre el hombre y la mujer legítimamente casados, como esposo y esposa” 15 ? No se dejen engañar y no se dejen destruir. A no ser que esos poderes se controlen y se guarden los mandamientos, su futuro puede ser destruido y su vida consumida por las llamas. El castigo quizás no llegue el día preciso en que se cometa la transgresión, pero llegara con seguridad y certeza, y a menos que haya un arrepentimiento sincero y obediencia a Dios misericordioso, entonces llegará el día, en algún lugar, en el que la persona moralmente desdeñosa e impura suplicara, como lo hizo el hombre rico, que rogó que Lázaro “moj[ara] la punta de su dedo en agua, y refres[cara] mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama” 16 .

He declarado aquí la palabra solemne de revelación de que el espíritu y el cuerpo constituyen el alma del hombre y de que, mediante la expiación de Cristo, el cuerpo se levantará de la tumba para unirse con el espíritu en una existencia eterna. Por lo tanto, ese cuerpo es algo que debe mantenerse puro y santo. No tengan miedo de que se ensucie las manos al realizar un trabajo honrado; no tengan miedo de las cicatrices que le puedan quedar al defender la verdad o al luchar por lo justo, pero tengan cuidado de las cicatrices que desfiguran espiritualmente, que resultan al participar en actividades en las cuales no debieron haber tomado parte, que ocurren en sitios a los que no deberían haber ido. Tengan cuidado de las heridas que sean el resultado de cualquier batalla en la que hayan estado peleando en el lado contrario 17 .

Si algunos pocos de ustedes llevan esa clase de heridas-y me consta que unos pocos las llevan-, se les extiende la paz y la renovación del arrepentimiento hecho posible por medio del sacrificio expiatorio del Señor Jesucristo. En esos asuntos tan graves, el camino del arrepentimiento no es fácil de comenzar ni esta libre de dolor, pero el Salvador del mundo estará allí para recorrer ese necesario sendero con ustedes. Él los fortalecerá cuando ustedes flaqueen; Él será su luz cuando les parezca que todo esta en tinieblas; Él los tomara de la mano y será su esperanza, cuando piensen que la esperanza es lo ultimo que les queda. Su compasión y Su misericordia, con todo el poder sanador y purificador que poseen, se brindan gratuitamente a todos los que en verdad deseen un perdón total y den los pasos necesarios para lograrlo.

Les testifico del grandioso plan de vida, de los poderes de la divinidad, de la misericordia y del perdón, y de la expiación del Señor Jesucristo: todo lo cual tiene un significado sumamente profundo en cuestiones de pureza moral. Les testifico que debemos glorificar a Dios en cuerpo y en espíritu. Doy gracias al cielo por las legiones de jóvenes que hacen precisamente eso y que ayudan a los demás a hacer lo mismo. Doy gracias al cielo por los hogares donde esto se enseña. Ruego que todos honren la vida de pureza personal, en el nombre de la Pureza Misma, el Señor Jesucristo. Amén.

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  1.  

    1.  Véanse los capítulos 2 y 3 de Jacob, que contienen lo que él habló con respecto a la castidad.

  2.  

    2.  Will y Ariel Durant, The Lessons of History [Nueva York: Simon & Schuster, 1968], págs. 35-36; véase “He aquí, el enemigo se ha combinado”, Liahona, julio de 1993, pág. 87.

  3.  

    3.  Proverbios 6:27-28, 32-33.

  4.  

    4.  Alma 39:5.

  5.  

    5.  D. y C.88:15.

  6.  

    6.  D. y C. 93:34.

  7.  

    7.  “¿Por que conservarnos moralmente limpios?”, Liahona, enero de 1973, pág. 16.

  8.  

    8.  Véase Hebreos 6:6.

  9.  

    9.  I Corintios 6:18.

  10.  

    10.  D. y C. 59:6; cursiva agregada.

  11.  

    11.  Véase especialmente D. y C. 19:15-20.

  12.  

    12.  1 Corintios 6:19-20; cursiva agregada; véanse también los versículos 13-18.

  13.  

    13.  Véase Génesis 2:23-24.

  14.  

    14.  Véase D. y C. 128:18.

  15.  

    15.  “La familia: Una proclamación para el mundo”, Liahona, junio de 1996, pág. 11.

  16.  

    16.  Lucas 16:24.

  17.  

    17.  Véase James E. Talmage, “Conference Report”, octubre de 1913, pág. 117.