El Sostenimiento De Profetas

B. Haight


“El Evangelio es verdadero; es la esperanza del mundo; avanzará para lograr todo lo que sea necesario hacer”.

Hace poco un amigo mío me dijo: “¿Sabe lo que tienen en común usted y Steve Young, el famoso jugador de fútbol americano, miembro de la Iglesia, del equipo de San Francisco?

Le conteste: “me puedo imaginar una serie de cosas, depende desde que lado se mire”. Luego le dije: “Dígame usted que tenemos en común”

Y él me dijo: “Lo que ustedes tienen en común es que todos nos preguntamos si van a regresar para la próxima temporada”.

Gracias a las bendiciones del cielo y a mi enfermera especial, Ruby, que me cuida con amor, y a una familia amorosa, considero que estoy bastante bien.

Agradezco y estoy consciente de mí
marcapaso para el corazón
que me viene muy bien.
Y tengo una cadera postiza y me renovaron la rodilla
que me ayudan mucho también.
Mi nuevo dispositivo para oír y mis anteojos especiales
son una gran ayuda.
¡Pero lo que más extraño es mi buena memoria!

Me siento honrado de tener la posibilidad de estar aquí y compartir en unos pocos minutos mi testimonio y alentarlos en esta gran obra a la que tenemos la bendición de pertenecer. Observé cuando levantaron la mano a medida que el presidente Monson presentaba a las Autoridades Generales de la Iglesia para su sostenimiento, pero en particular para sostener a nuestro Profeta, y observe esas manos y el entusiasmo con el que la levantaban, y también pensé, “Henos aquí, con todas las bendiciones y las comodidades que tenemos”, y pensé en otros acontecimientos similares que han tenido lugar en la historia de la Iglesia.

Pensé en nuestra propia familia reunida, en diferentes partes de los Estados Unidos: en Georgia; Chapter Hill, North Caroline; Pensilvania; Texas; California; y aquí en Salt Lake City. Pensé en esas pequeñas familias que podrían estar en su hogar o en una capilla y podía ver a algunos de esos pequeñitos a quienes se les enseñaba a levantar la mano en armonía, quizás, con las enseñanzas de lo que sus padres ahora estaban haciendo. Cuando levantamos nuestra mano no lo hicimos sólo como un movimiento porque parecía que era algo que todos hacían, sino que porque aceptamos y damos testimonio sobre el conocimiento que tenemos y el testimonio que tenemos de que el presidente Hinckley es nuestro profeta y nuestro líder. No sólo levantamos la mano para decir que lo sostenemos, sino que también seguimos su dirección, que escuchamos, que nos sentamos en consejo, que oramos al respecto, que estamos conscientes de lo que sale de los labios del Profeta.

El profeta José Smith había recibido alguna instrucción con respecto a la organización de la Iglesia, la que tenemos por medio de revelación, como se muestra en la sección 20 de Doctrina y Convenios. Imagínense -el 6 de abril de 1830, en Fayette, Nueva York, en la cabaña de la granja de Peter Withmer- una reunión en esa pequeña cabaña de troncos de unos 6 por 10 metros, donde se organizó la Iglesia. Sólo imagínense en ese pequeño ambiente, donde él bendijo a Oliver Cowdery y Oliver Cowdery lo bendijo a él para seguir las instrucciones que habían recibido y luego se presentó la organización de la Iglesia a esa pequeña asamblea.

José y Oliver, y Hyrum y Samuel Smith, y los dos Whitmers se habían bautizado y actuaron “de acuerdo con las leyes” de Nueva York (D. y C. 20:1). Pero imagínense al traer a la memoria ese ambiente espiritual en esa asamblea y los sentimientos que tienen que haber experimentado cuando se les presentó la proposición para sostener -lo mismo que acabamos de hacer nosotros- sostener al Profeta y a Oliver como los primeros élderes para poner en movimiento la Iglesia. Algunos de los diarios de vida y de los relatos de esa ocasión indican que en esa reunión se sintió la presencia de seres celestiales.

Algunos se volvieron a bautizar. Otros se bautizaron por primera vez, y entre ellos estaban el padre y la madre del Profeta -¡imagínense! Se sirvió la Santa Cena por primera vez en esa dispensación en una reunión oficial de la Iglesia, ahora organizada. Imagínense el sentimiento al pasar el pan y el agua, los emblemas de la carne desgarrada y de la sangre derramada del Salvador.

Imagínense otro ambiente de sostenimiento en 1844, después que el Profeta y Hyrum habían sido asesinados, en una reunión a la que se había llamado en Nauvoo y a la que Sidney Rigdom había viajado desde Pittsburg, Pensilvania, con la esperanza de tomar la dirección de la Iglesia en calidad de “tutor” y ser el líder. Los miembros de los Doce se apuraban por llegar desde varias partes del mundo hasta Nauvoo. Piensen en ese ambiente ahora, y a Sidney Rigdom presentando su proposición de que él por lógica era la persona a ser llamada porque era el Primer Consejero, aun cuando no estaba completamente de acuerdo con el Profeta. E imagínense a Brigham Young presente allí y hablando a los Doce, explicando a ese grupo de santos cómo habían sido enseñados los hermanos fieles por el Profeta con respecto a los Doce y a la autoridad que recaía en los Doce.

Después de que se hubo presentado ambos lados del caso y se llevó a votación, algunos de ellos declararon que habían visto y sentido un cambio en Brigham Young mientras hablaba, que creían haber escuchado la voz del Profeta y que incluso pensaban que habían visto algunos rasgos faciales del Profeta en Brigham Young. Les digo esto porque a medida que pasan los años y aprendemos mas al ser mas susceptibles a la dirección divina que hay en esta obra, captamos y sentimos la mano del Señor en ella. Imagínense en ese ambiente de sostenimiento en 1844 en que se puso a la Iglesia en manos de los Doce.

Mas tarde hubo otra ocasión, en 1847, cuando los santos se reunían en Iowa, a orillas del río Misuri. Brigham Young había estado aquí, en el valle de Salt Lake con la primera caravana de santos, pero había regresado a Misuri en diciembre para reunirse con los santos allí. Y en una reunión en Kanesville había nueve de los Doce allí: había dos aquí en el valle [Salt Lake], uno había ido a Texas y nueve en Kanesville. En esa ocasión, en el hogar de Orson Hyde se reorganizó la Primera Presidencia el 5 de diciembre de 1847, pero se necesitaba la ratificación de los santos. De manera que esa reunión se pospuso por tres semanas para poder construir un pequeño tabernáculo de troncos. En tres semanas, con los trabajadores allí y los miembros de la Iglesia que habían llegado en sus carretas para cruzar el río Misuri y dirigirse al valle, construyeron un pequeño tabernáculo.

En esa reunión se presentó la proposición de que se reorganizara la Primera Presidencia, pero se necesitaba un sostenimiento, como el que hicimos aquí hoy día, esa oportunidad nuestra de levantar la mano y sostener al Profeta. Y así se reorganizó la Primera Presidencia; Brigham Young había seleccionado a Heber C. Kimball y a Willard Richards para que fueran sus consejeros. Y es así que se necesita el sostenimiento de la gente para dar a los lideres de la Iglesia la autoridad que el Señor ha designado por revelación.

Ahora bien, al ver cómo avanza y continua la obra, yo les declaro a ustedes así como estoy delante de ustedes, que en estos mas de noventa años de mi vida he sido testigo y he tenido el sentimiento de ser parte de experiencias espirituales personales, de que esta es la obra del Señor. Ha sido revelada, y así lo considero y lo siento y se los declaro a ustedes.

Les recuerdo que el Salvador enseñó, como se registra en Mateo, que “el que halla su vida, la perderá y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:39). Ahora bien, algunos eruditos y otros estudiosos piensan: “Eso es una paradoja. Probablemente es un error de traducción. La verdad es que no tiene sentido”. Esta muy claro en mi mente y espero que en la de ustedes, que a medida que vivimos en el mundo materialista, en la Babilonia que vivimos hoy, y vemos los sucesos del mundo, ya sea que leamos las páginas financieras o las páginas políticas, o lo que sea, ustedes se pueden dar cuenta de que donde encontramos la fortaleza y donde encontramos la respuesta a nuestros desafíos y problemas es al escuchar la voz del profeta, del profeta de Dios aquí en la tierra.

En esa declaración del Salvador vemos que cuando vivimos en el mundo materialista, nos interesa sólo el lado materialista de la vida.

Pensamos en todo lo que podemos acumular para nosotros mismos. No estamos pensando en otros ni viviendo para ayudar a otra gente a vivir en una esfera superior. El Señor dice que cuando encuentran la vida que Él mostró como ejemplo, entonces pierden su vida egoísta: Pero, “el que pierde su vida por causa de mí …”.

Cuando estamos preocupados haciendo algo por alguien mas y cuando estamos pensando en compartir el Evangelio o ayudar a alguien a progresar a un plano superior, ya sea moral o físico, cuando estamos haciendo algo por otros y compartiendo con ellos, entonces les estamos ayudando, venimos a su rescate. En todo eso encontramos la vida de la que nos habla el Salvador, las bendiciones eternas, las bendiciones celestiales, las bendiciones del templo, todas esas bendiciones que podemos disfrutar como una familia amorosa.

Les dejo mi amor, mi testimonio, mi conocimiento de que Dios vive, Él es nuestro Padre; somos hijos de Dios, y como lo dice la pequeña y simple canción:

Soy un hijo de Dios;
Él me envió aquí.
Me ha dado un hogar
y padres buenos para mí.
Guíenme; enséñenme
la senda a seguir
para que algún día yo
con Él pueda vivir.

Es tan simple, es tan puro y es tan limpio como esa pequeña y simple canción. Nos enseña lo que debemos saber. Estoy feliz en este día y me siento honrado de haber levantado mi mano para sostener al presidente Gordon Bitner Hinckley, y sus consejeros, Thomas S. Monson y James E. Faust, como Presidencia, con el Quórum de los Doce y todas las Autoridades Generales. El Evangelio es verdadero; es la esperanza del mundo; avanzara para lograr todo lo que sea necesario hacer. Les dejo mi amor y mi testimonio, en el nombre de Jesucristo. Amén.