Bienvenidos A La Conferencia

Gordon B. Hinckley

President of the Church


Gordon B. Hinckley
“Con oración y con humildad damos testimonio a ustedes. Que todos seamos inspirados juntos; que nuestros corazones se eleven en alabanza hacia nuestro Redentor.”

Mis hermanos y hermanas, les extendemos una calurosa bienvenida; les damos la bienvenida a esta gran conferencia. Hay mas de seis mil de nosotros aquí en el Tabernáculo y hay muchos millones mas en otros edificios a lo largo y a lo ancho del mundo. Somos todos una familia; tenemos un Señor, una fe, un bautismo. En el cumplimiento de las palabras de Pedro, somos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunci[emos] las virtudes de aquel que [nos] llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2: 9).

En general, somos gente feliz. Recordamos a aquellos que experimentan dificultades debido a las calamidades naturales o a las causadas por el hombre, y continuamos orando por ellos; sin embargo, aquellos de nuestras filas que están agobiados con dolor y sufrimiento van adelante con fe, con la seguridad absoluta de que Dios vive y de que vela por Sus hijos.

En esta mañana, el Tabernáculo esta lleno. Una vez se considero muy amplio y espacioso; hoy, con el crecimiento de la Iglesia, nuestra gente no cabe en él. Hace tan sólo dos semanas, estuve en el estadio Astrodome, en Houston, Texas, para una conferencia regional en la que tuvimos algo así como veinte mil personas de asistencia: tres veces mas de la que podemos tener en este edificio.

Estoy profundamente agradecido por el avance de la construcción de la nueva y maravillosa propiedad que colinda con la Manzana del Templo, una cuadra al norte de aquí; es una estructura inmensa, y me siento agradecido por haber seguido los susurros que aconsejaban construirla. Creo que el Señor nos ha indicado que lo hagamos y que La ha revelado su voluntad en este asunto.

Los obreros trabajan para instalar la inmensa viga mayor que demarca el principio de la estructura superior del edificio. Todo avanza de acuerdo con lo previsto: hay 600 personas trabajando en el proyecto hoy en día. y este numero aumentará

El edificio acomodara a mas de veintiún mil personas y se dispondrá de mil asientos mas en un teatro que será parte de él. A través de las generaciones del futuro, resonarán en él las voces de los profetas. Será principalmente una casa de adoración; pero también será un lugar para el arte: habrá conciertos y otros acontecimientos públicos edificantes, valiosos y espirituales. Salvo alguna circunstancia imprevista, el edificio quedará concluido para la conferencia general de abril del año 2000 y constituirá un obsequio para el Maestro, cuyo nacimiento conmemoraremos en esa temporada.

Al contemplar estas cosas, pienso en nuestros hermanos y hermanas de tierras distantes. Me he reunido con cientos de miles de ustedes, he visto sus rostros y he sentido sus espíritus; ustedes son tan valiosos para esta obra. El Señor los ha reunido “uno de cada ciudad, y dos de cada familia”, tal como lo profetizo Jeremías. Él los instruye con pastores acordes con Su corazón (véase Jeremías 3:14-15). Oramos por ustedes, les visitamos, les respetamos y admiramos, les amamos; somos todos parte de una gran familia-diez millones en numero- adorando con corazones y mentes unánimes a los pies de nuestro Maestro, el Hijo de Dios. Doquier que se hallen, sin importar la distancia, tendrán la oportunidad de participar en esta conferencia: la recibirán vía satélite en muchos lugares; la recibirán por video en varios lugares que el satélite no puede alcanzar; y a unos pocos de ustedes, que están en lugares muy distantes, les llegará la palabra escrita mediante nuestras revistas del Iglesia.

Sin importar el lugar donde estén, sin importar nuestras circunstancias, todos pueden ser Santos de los Últimos Días fieles. Podemos orar y adorar al Señor en la intimidad de nuestros aposentos; podemos cantar himnos de loor al Altísimo, incluso cuando estemos solos. Podemos estudiar las escrituras; podemos vivir el Evangelio; podemos pagar nuestros diezmos y ofrendas aunque la cantidad sea modesta; podemos andar por fe; podemos esforzarnos para vivir nuestra vida siguiendo el ejemplo de la vida de nuestro Maestro.

Ahora, hermanos y hermanas, les invito a escuchar a los que han sostenido como Autoridades Generales y oficiales de la Iglesia, porque con fe, con oración y con humildad damos testimonio a ustedes. Que todos seamos inspirados juntos; que nuestros corazones se eleven en alabanza hacia nuestro Redentor, ruego humildemente en Su santo nombre, sí, el nombre de Jesucristo. Amén.