Preparemos a nuestra familia para asistir al templo

Carol B. Thomas

Primera Consejera de la Presidencia General de los Mujeres Jóvenes


Carol B. Thomas
“Nuestro mayor desafío es el preparar a nuestra familia para asistir al templo. Los padres tienen la responsabilidad primordial, pero los abuelos, tíos, tías e incluso hermanos y hermanas, todos pueden enseñar a la familia”.

Hermanos y hermanas: creo que estoy feliz de estar aquí. Mi asignación en la presidencia de las Mujeres Jóvenes me coloca en muchas situaciones felices. Hace un mes, una sesión de capacitación me llevó a Guayaquil, Ecuador. Llegué al hotel después del anochecer. A la mañana siguiente abrí las cortinas y al otro lado del valle divisé un hermoso edificio de granito que se erguía majestuoso en las colinas de Santa Ana. Su belleza extraordinaria era evidente, pero al ver al ángel Moroni en lo alto, me di cuenta, con lágrimas en los ojos, que ahí estaba un templo, símbolo de las gloriosas bendiciones que recibirán los miembros de la Iglesia en esa parte del mundo.

“… estos templos son únicos entre todos los edificios; son … lugares de convenios y promesas; en sus altares nos arrodillamos ante Dios nuestro Creador y recibimos la promesa de sus bendiciones sempiternas” (“¿Cuál es el objeto de estos templos?”, Gordon B. Hinckley, Liahona, enero de 1975, pág. 14). A dondequiera que fuimos, encontramos templos en construcción, templos que edificarán a los santos de Dios y que cambiarán el perfil de las naciones, ya sea en Sudamérica o a través del mundo.

¿Fue hace sólo un año que nuestro amado profeta anunció la edificación de otros 32 templos? El presidente Gordon B. Hinckley ha dicho:“Ésta es la era más extraordinaria de construcción de templos en toda la historia del mundo” (Gordon B. Hinckley, Teachings of Gordon B. Hinckley, 1977, págs. 632-633).

Nuestro hijo menor, Spencer, que sirve una misión en Mongolia, decía en una carta que el presidente de misión se había dirigido a los misioneros y a los miembros en cuanto al deber que tenían de edificar la Iglesia en ese lugar.“Cuando el presidente Cox dio tiempo para responder a las preguntas, lo primero que preguntaron fue:‘¿Cuándo habrá un templo en Mongolia?’. Estas personas”, dijo Spencer,“tienen un vivo deseo de que el Evangelio juegue un papel más importante en sus vidas. Quieren tener un templo cuando ni siquiera tienen el Libro de Mormón”.

¿Y por qué toda esa atención a los templos? En palabras sencillas, el propósito de los templos es“redimir a toda la humanidad que sea obediente a las leyes y mandamientos de Dios. La plenitud del Evangelio se reveló a Adán … [Y] los santos de todas las épocas han tenido templos de una forma u otra” (David B. Haight,“La adoración en el templo”, Liahona, julio de 1993, pág. 27).

José Smith dijo:“La responsabilidad más grande que Dios nos ha dado en esta tierra es la de redimir a nuestros antepasados” (History of the Church 6:313). Si es así, se deduce que como padres y parientes cercanos, nuestro mayor desafío es el preparar a nuestra familia para asistir al templo. Los padres tienen la responsabilidad primordial, pero los abuelos, tíos, tías e incluso hermanos y hermanas, todos pueden enseñar a la familia.

Cuando mi esposo y yo nos casamos en el templo, comprendimos la importancia de nunca hablar de las cosas del templo fuera de él, no porque las ceremonias fueran secretas, sino porque eran sagradas.“Se conservan confidenciales, no sea que se den a conocer a quienes no estén preparados para ellas” (Boyd K. Packer, El Santo Templo, pág. 2). Pero en el entorno familiar hay muchas valiosas verdades que con sensibilidad y sentido común servirán para preparar a nuestros hijos para entrar en el templo.

Consideren:

  • La naturaleza sagrada de la ropa del templo. En los templos todos se visten de blanco. El blanco es símbolo de pureza.

  • El templo es el salón de clase del Señor. El presidente Hinckley ha dicho:“[El templo] es una escuela en la que se recibe instrucción sobre los asuntos sublimes y santos de Dios” (Gordon B. Hinckley,“El Templo de Salt Lake”, Liahona, noviembre de 1993, pág. 3).

  • Lo que significa ser dignos del templo. ¿Podríamos enseñar a nuestros hijos que el recibir la propia investidura y llevar puesto el gárment sagrado no requerirá un nuevo vestuario o un cambio en el estilo de vida si a temprana edad se comprenden y se viven los principios de dignidad para entrar en el templo? La jovencita que viste faldas que le llegan a la rodilla no tendrá que comprar un nuevo vestuario después de que reciba su propia investidura en el templo. El joven que tiene pensado ir al templo respetará las normas morales de la Iglesia en su conducta social.

  • Entender el lenguaje del Evangelio. ¿Qué significan en realidad las palabras investidura, ordenanzas, sellamientos y llaves? Se cuenta el relato del niño que escuchó a sus padres hablar acerca de sellamientos y de llaves y que pensó que ellos se referían a las llaves de la casa.

¿Dónde podemos enseñar a nuestros hijos? La noche de hogar es el marco formal, pero hay tantos otros lugares en los que podemos hablar acerca de los sentimientos espirituales que tenemos hacia el templo. Uno de mis momentos favoritos era por la noche, cuando mis hijos estaban acostados. A veces me recostaba al lado de ellos y les hablaba de cosas espirituales. Ahí, en la paz y la quietud, el dulce Espíritu puede testificarle a su alma y a su corazón que lo que uno les está diciendo es verdadero.

Podemos suponer que José y María enseñaron a su familia en cuanto al templo. Como dijo el élder Perry, cuando el Salvador era un niño de doce años de edad, Sus padres lo llevaron a la fiesta de la pascua en Jerusalén. Cuando el niño se quedó en Jerusalén, Sus padres no lo encontraron en lugares o en atracciones propias para un niño de Su edad; lo encontraron en el templo. Quizás cuando María lo arropaba bien en la cama por la noche, compartía su testimonio en cuanto a estas verdades sagradas y preciosas.

El primer recuerdo que tengo de los templos fue de cuando era niña; sabía que el templo debía ser un lugar maravilloso porque mis padres asistían a él con regularidad y siempre llegaban a casa de buen humor. Llegué a comprender la naturaleza sagrada de la ropa del templo por la forma llena de amor y respeto con que mi madre hablaba de ella.

El presidente Howard W. Hunter ha dicho:“Demos a conocer a nuestros hijos los sentimientos espirituales que hayamos sentido en el templo, y enseñémosles con más diligencia y naturalidad las cosas que apropiadamente se puedan decir … Coloquen en sus hogares, en un lugar en donde los hijos puedan verla, una foto o lámina de un templo” (Howard W Hunter,“Un pueblo deseoso de asistir al templo”, Liahona, mayo de 1995, pág. 3). En todos los hogares que visité en África noté que de una de las paredes colgaba de manera sencilla y hermosa una lámina del templo.

Se recibe la comprensión de cosas nuevas al preparar a nuestras familias para asistir al templo.

Permítanme compartir algunas cosas que he aprendido:

1. El asistir al templo a menudo le da equilibrio a nuestra vida. Al volver a casa, tenemos un marcado sentimiento de bienestar; la influencia del Espíritu nos puede proteger de las frustraciones del mundo.

Escuchemos esta promesa del presidente Hinckley:“Si en la Iglesia se efectuara más obra del templo, habría menos … egoísmo, menos … contención, menos … degradación de los demás. La Iglesia entera continuaría elevándose a mayores alturas de espiritualidad, de amor el uno por el otro, y de obediencia a los mandamientos de Dios” (Teachings, pág. 622).

2. La atmósfera espiritual del templo refrena nuestro apetito por las cosas del mundo. Cuando asistimos a él con frecuencia, se nos acaba el deseo de vestir a la última moda, y no somos atraídos tan fácilmente a las diversiones mundanas.

3. El templo es un lugar de revelación. Hace muchos años, cuando entraba al templo, oí en mi mente las palabras: Aprende a expresarte en público. Pensé: ¿Cuándo tendré algún día la necesidad de hablar en público? Durante un período de varios meses intenté obtener cierto entusiasmo para obedecer la impresión que había recibido. Incluso conseguí en la biblioteca pública una cinta de un prominente orador que admitía que su meta era poder hablar algún día en el Tabernáculo Mormón. En aquel entonces pensé: ¡Yo jamás hablaré en el Tabernáculo!

El élder John A. Widtsoe ha dicho:“… en los momentos más inesperados, dentro o fuera del templo, [nos] vendrán, como una revelación, la solución de los problemas que atormentan [nuestra vida]… Es un lugar donde se puede esperar recibir revelaciones” (“Temple Worship”, Utah Genealogical and Historical Magazine, abril de 1921, págs. 63-64).

4. Una de las lecciones más grandes que he aprendido es que Satanás tratará de evitar que vayamos al templo. En una conversación que tuve con unos amigos, me dijeron que siempre que van al templo no le dicen a nadie a dónde van; se meten al auto y se van, ya que si no lo hacen así, de seguro ocurre algo que les impide ir.

Recuerdo haber leído acerca de una amonestación que hacía el presidente del Templo de Logan, de que Satanás y sus seguidores“susurrarán al oído de las personas para persuadirlas a que no vayan al templo” (“Genealogical Department”, Church News, 12 de diciembre de 1936, pág. 8).

“La obra del templo enfrenta resistencia porque es la fuente de un gran poder espiritual para los Santos de los Últimos Días” (Boyd K. Packer,“El Santo Templo”, Liahona, junio de 1992, pág. 14).

5. El espíritu de Elías se cierne sobre la tierra. Al trabajar con la juventud de la Iglesia, vemos que están siendo atraídos hacia sus templos.

En Nicaragua, Centroamérica, un grupo de cuarenta y nueve jovencitas y sus líderes llevaron dos mil nombres al Templo de la Ciudad de Guatemala. A cada una de esas jovencitas le tomó un año ahorrar el dinero suficiente para hacer el viaje. Estas jóvenes fieles viajaron en autobús durante casi dos días a través de las fronteras de tres países y pasaron dos o tres días en el templo antes de regresar a sus hogares.

En otro barrio, los jóvenes han localizado los datos de diez mil antepasados al volver sus corazones al de sus familias. En dondequiera que hay templos, vemos a los jóvenes efectuando bautismos por los muertos, a veces en un horario individual semanal.

6. En el templo, el Espíritu del Señor brinda consuelo y paz, en especial durante los momentos de angustia. Hace poco conocí en el templo a una hermosa mujer de treinta y cinco años de edad. Al conversar le pregunté si la acompañaba su esposo. Con una mirada de ternura me confió que él había muerto de un tumor cerebral hacía tres meses. El templo es el ancla de ella; el espíritu que se encuentra en el templo le brinda consuelo y paz, y quizás su esposo estaba allí.

Todos podemos preguntarnos:“¿Con cuánta frecuencia debo asistir al templo?”. Nuestros líderes jamás nos dirán con cuánta frecuencia debemos asistir, porque es diferente para cada persona. Muchas mujeres de diversas edades que viven cerca de un templo intentan asistir una vez por semana. Cuando una de mis amigas trabajaba jornada completa, pasaba un día al mes en el templo, y asistía a varias sesiones. Esas mujeres son obedientes, pero también comprenden la fortaleza del poder del sacerdocio que llega a sus vidas.

Para los padres que son jóvenes, el asistir al templo quizás sea una actividad que realicen una vez al mes. El presidente Packer ha dicho:“Quizás ustedes comprenderán … estamos tratando de establecer la historia familiar como … la obra de la familia en el hogar … Los matrimonios que crían niños pequeños no deben sentirse inadecuados o culpables … si no les alcanza el tiempo o el dinero para asistir con frecuencia a un templo distante. La madre hace su parte al anotar acontecimientos importantes, colectar fotografías, piezas de recuerdos … todo ello acomodado al horario de una madre ocupada” (A Plea To Stake Presidents, reunión de capacitación para líderes, lº de abril de 1988).

Mi propia madre no confeccionó libros de recuerdos, pero en cambio me inculcó el amor por mi patrimonio; me contó muchos, muchos relatos acerca de mis antepasados al mismo tiempo que me enseñaba a amarlos.

El presidente Packer continúa:“El padre y la madre pueden hablar en cuanto a las ordenanzas y los convenios. Por la inflexión de la voz, pueden dar énfasis a la palabra templo cada vez que la pronuncien … En el debido tiempo, las obligaciones familiares serán un poco menos y el sueldo un poco más. Es entonces que los miembros pueden y deben dar más a esta obra sagrada del templo” (“A Plea to Stake Presidents”, reunión de capacitación para líderes, 1º de abril de 1988).

Les suplicamos, padres y madres, que enseñen a sus hijos e hijas el significado de los convenios del templo. Enséñenles que“usar el gárment es [un] privilegio sagrado … [Es] una manifestación exterior del compromiso interior de seguir al Salvador Jesucristo” (Carta de la Primera Presidencia, 5 de noviembre de 1996).

Hermanos y hermanas, como siervos del Dios viviente, debemos seguir adelante en esta sagrada obra del templo. Enseñemos a nuestros hijos que si se preparan espiritualmente para entrar en el templo podrán estar en presencia del Señor, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.