Recibe las bendiciones del templo

G. Scott

del Quórum de los Doce Apóstoles


G. Scott
“Es un lugar de paz, retiro e inspiración; la asistencia regular enriquecerá tu vida dándole más propósito”.

Una de las más hermosas y reconfortantes doctrinas del Señor-una que brinda inmensa paz, felicidad y gozo ilimitado-es ese principio llamado el matrimonio eterno Esta doctrina significa que un hombre y una mujer que se aman el uno al otro profundamente, que han progresado juntos a través de las pruebas, los gozos, los pesares y la felicidad de toda una vida compartida, pueden vivir juntos para siempre más allá del velo con los de su familia que merezcan esa bendición Eso no es tan sólo un sueño inmensamente satisfactorio, es una realidad. Todo marido y mujer que hayan compartido los gozos del matrimonio aquí en la tierra querrán tener tal bendición; pero solamente los que reúnan los requisitos que el Señor ha establecido recibirán ese don supremo Testifico que todas esas cosas que me han dado y que me traerán la mayor felicidad en esta vida tienen su raíz en las ordenanzas del templo Decídete ahora a recibir las ordenanzas del templo en cl momento apropiado No dejes que nada disipe esa resolución

Si ya estás preparado para recibir las ordenanzas del templo, prepárate cuidadosamente para ese grandioso acontecimiento Antes de entrar al templo, el obispo y el presidente de estaca te entrevistarán para darte la recomendación. Sé honrado y sincero con ellos Esa entrevista no es un examen que tienes que pasar, sino un paso importante a fin de confirmar que tengas la madurez y la espiritualidad para recibir en forma apropiada las ordenanzas supremas y para hacer y guardar los convenios ennoblecedores que se ofrecen en la casa del Señor. La dignidad personal es un requisito esencial para gozar de las bendiciones del templo cualquier persona que sea tan insensata como para entrar al templo indignamente, recibirá condenación.

El carácter digno se forja mejor con una vida de constantes elecciones correctas centradas en las enseñanzas del Maestro. Por un momento, hablo a quien se esté preparando para ese dulce período de descubrimiento que lleva al matrimonio eterno, que se conoce como el noviazgo Puede ser una época maravillosamente hermosa de progresar y de compartir; una época en que debes concentrar tus pensamientos, acciones y planes en dos personas los padres de tus futuros hijos Prepárate para tener éxito como padre o madre siendo completamente digno en todo pensamiento y acto durante el noviazgo

Los cimientos de un matrimonio eterno consisten en mucho más que una cara hermosa o una figura atractiva; es preciso considerar mucho más que la popularidad o la simpatía Al buscar un compañero eterno, considera a alguien que esté desarrollando los atributos esenciales que brindan felicidad amor profundo por el Señor y por Sus mandamientos, determinación de obedecerlos, comprensión bondadosa, deseo de perdonar y disposición a dar de sí, el deseo de tener una familia bendecida con hermosos hijos y la determinación de enseñarles los principios de verdad en el hogar. Una prioridad esencial en una futura esposa es el deseo de ser esposa y madre; debe estar en el proceso de desarrollar las cualidades sagradas que Dios ha dado a Sus hijas para que sobresalgan como esposas y madres la paciencia, la bondad, el amor por los niños y el deseo de atender a sus hijos en lugar de procurar satisfacciones profesionales Debe estar adquiriendo una buena educación a fin de prepararse para las exigencias de la maternidad Un futuro esposo debe también honrar el sacerdocio que posee y utilizarlo al servicio de los demás Busca a un hombre que acepte su función de ser quien provea lo necesario para vivir, que tenga la capacidad de hacerlo y que esté haciendo diligentes esfuerzos por prepararse para cumplir esas responsabilidades

Te sugiero que no pases por alto muchos candidatos que estén todavía en el proceso de desarrollar esos atributos por buscar a alguien que ya los haya perfeccionado. Probablemente no encuentres a esa persona perfecta, y si la encontraras, seguramente no estaría interesada en ti. Es mejor pulir juntos esos atributos como marido y mujer.

Puesto que muchos aspectos de la experiencia en el templo son totalmente diferentes de los servicios de adoración regulares, busca el consejo del obispo para prepararte; él puede hacer arreglos para que una persona especialmente capacitada te explique aspectos importantes del templo que te ayuden a entender y apreciar más plenamente la sagrada experiencia. Las ordenanzas de la investidura y el sellamiento del templo son tan gloriosamente llenas de significado que querrás dedicar considerable tiempo para recibirlas y para reflexionar sobre lo que significan. Quizás quieras dividirlas entre dos visitas al templo; en la primera, si es posible lleva contigo un miembro de tu familia o amigo cercano del mismo sexo, que haya recibido la investidura, para que te acompañe. Debido a la naturaleza sagrada de la experiencia en el templo, sería mejor permitir que sólo te acompañen unos cuantos miembros de tu familia o algunos de tus amigos más íntimos. No permitas que recepciones, festividades de boda, despedidas, o ninguna otra actividad tenga más importancia que la sagrada experiencia del templo. Y sobre todo, no te preocupes demasiado; amables obreros del templo que están completamente familiarizados con las ordenanzas te ayudarán en cada paso; estarán dedicados a hacer que tu visita sea la gloriosa experiencia que esperas.

Fuera del templo, no hablamos de los sucesos específicos y sagrados que tienen lugar allí. Sin embargo, dentro del templo habrá personas autorizadas para dar respuesta a tus preguntas. La primera vez que vayas recibirás instrucciones específicas de personas autorizadas sobre los asuntos de los que no se habla fuera del recinto del templo. Ojalá que tu primera experiencia allí sea tan conmovedora e inspiradora como lo fue para mí. Lo será si te preparas cuidadosamente.

Manténte digno. El incurrir durante el noviazgo en actos íntimos, reservados para realizarse dentro de los vínculos matrimoniales, es transgresión. El hacer esto ofende al Espíritu Santo, establece los cimientos para el pesar y la desilusión, y podría disimular rasgos o características que puedan resultar contrarias o incompatibles dentro del convenio del matrimonio. Muchas veces, debido a la violación de las leyes de pureza personal, se siembran semillas de desconfianza que maduran hasta producir el divorcio y la pérdida de las bendiciones del templo. No cometas ese error.

Cuando te sellas para siempre en la casa del Señor, se crea una nueva unidad familiar. Los padres, que han sido directamente responsables de ti desde tu nacimiento, pasan entonces a la función de asesores. Su consejo es preciado ahora, pero tú y tu compañero eterno ya son quienes toman juntos las decisiones. Como esposo y digno poseedor del sacerdocio, querrás emular el ejemplo del Salvador, cuyo sacerdocio posees. El dar de ti mismo a tu esposa e hijos será tu foco principal en la vida. De vez en cuando, un hombre intenta controlar el destino de todos los miembros de la familia; él es quien toma todas las decisiones, y la esposa está sujeta a SUS caprichos. El hecho de que esa sea la costumbre no tiene importancia. No es la manera del Señor. No es la forma en que un Santo de los Ultimos Días trata a su esposa y su familia.

Cuán agradecido estoy de que el presidente Hinckley haya sido inspirado por el Señor para construir nuevos templos a un paso sin precedentes, a fin de que las ordenanzas sean más accesibles para los miembros de todo el mundo. Si has recibido las ordenanzas del templo, pero no asistes regularmente aun si hay uno cerca, con toda la ternura de mi corazón te invito a regresar al templo. Las razones son muchas: es un lugar de paz, retiro e inspiración; la asistencia regular enriquecerá tu vida dándole más propósito; el asistir te permitirá proporcionar a tus antepasados fallecidos las ordenanzas de la exaltación que tú has recibido. Ve al templo. Sabes que eso es lo que debes hacer. Hazlo ahora.

Las ordenanzas del templo están tan impregnadas de significado simbólico que proveen toda una vida de contemplación y aprendizaje. Reflexiona sobre toda palabra y acción que tenga lugar en el templo; medita sobre la forma en que se relacionan entre sí. Al reflexionar sobre el significado de estos sucesos, contémplalos en el sentido de tu relación con el Salvador y de la Suya con nuestro Padre Celestial. Observa la forma en que la comprensión que recibes realza tu vida terrenal, haciendo destacar apropiadamente las cosas que son de crítica importancia. Haz arreglos para participar por tus antepasados fallecidos en las ordenanzas de sellamiento y otras, además de la investidura. Cuando recibo ordenanzas vicarias por otro hombre, encuentro que me es beneficioso tratar de acercarme a él específicamente; pienso en él y oro para que acepte la ordenanza y sea para él una bendición. Haz esto llevando en el corazón una oración para que el Santo Espíritu ensanche tu comprensión y te ennoblezca la vida. Recibirás respuesta a esas oraciones dignas.

Deseo contar una experiencia personal para ayudar a cualquiera que, al oír hablar del matrimonio eterno, sienta angustia pensando que su cónyuge no se preparará para ese suceso sagrado por tener características o hábitos profundamente arraigados. Cuando llevábamos unos cinco años de casados, tuvimos una experiencia que nos hizo crecer: Richard, nuestro precioso hijito de dos años, murió durante una operación que le hicieron para corregir un defecto congénito del corazón; a las seis semanas, nuestra hijita Andrea falleció al momento de nacer. Mi padre, que entonces no era miembro de la Iglesia, amaba entrañablemente al pequeño Richard y le dijo a mi madre, que era inactiva: “No entiendo cómo Richard y Jeanene pueden aceptar la pérdida de esos hijos”.

Mi madre, siguiendo una impresión que tuvo, le contestó: “Kenneth, ellos se han sellado en el templo y saben que tendrán a sus hijos en la eternidad si viven con rectitud. Pero tú y yo no tendremos a nuestros cinco hijos porque no hemos hecho esos convenios”.

Mi padre medito sobre esas palabras; después, empezó a reunirse con los misioneros de estaca y al poco tiempo se bautizó. Al año, mamá, papá y los cinco hijos nos sellamos en el templo. Más adelante, el presidente Kimball puso las manos sobre la cabeza de mi padre, le prometió el vigor y la fortaleza de la juventud y le confirió el poder para sellar; durante once años, él trabajó como sellador, con mi madre a su lado, en el Templo de Washington, D.C. Haz tu parte, y no abandones la esperanza de un matrimonio en el templo.

Si eres una persona soltera y aún no cuentas con un firme candidato para un matrimonio celestial, vive para lograrlo. Ora por ello. Espéralo en el debido tiempo del Señor. No transijas en tus normas de ningún modo que pueda impedirte esa bendición, ya sea de éste o del otro lado del velo. El Señor conoce los deseos de tu corazón; Sus profetas han dicho que obtendrás tal bendición si eres constante al vivir de manera tal que lo merezcas. No sabemos si sucederá en este lado o en el otro lado del velo. Pero vive para lograrlo. Ora por ello.

Conozco el gozo exquisito que proviene de un matrimonio eterno que se efectúa en el altar del templo y por medio del sagrado poder para sellar. Cuando hay rectitud, una determinación de dar de sí, la obediencia a los mandamientos de Dios y la resolución de juntos saber Su voluntad en todo, ese gozo es indescriptible. No tengo palabras para expresar la satisfacción y la paz que provienen de esa suprema experiencia, aun cuando haya una interrupción temporaria de la gloria de vivir juntos en la tierra. Esos son el gozo y la felicidad que deseo tanto para cada uno de ustedes. Y. lo más importante, eso es lo que tu Padre Celestial quiere para ti.

Ve al templo ahora. Eso te bendecirá grandemente y proporcionará las ordenanzas esenciales para los que están del otro lado del velo y que no pueden obtenerlas por sí mismos.

Testifico que, con sufrimiento y agonía inconcebibles y a un precio incalculable, el Salvador ganó Su derecho de ser nuestro Intermediario, nuestro Redentor y nuestro Juez final. Por medio de la fe en Él y de la obtención de las ordenanzas y los convenios requeridos, obtendrás tu derecho a las bendiciones del matrimonio eterno, que Él hizo posible mediante Su Expiación infinita. En el nombre de Jesucristo. Amén.