La obra sigue adelante

Gordon B. Hinckley


Gordon B. Hinckley
“La Iglesia sigue adelante en su misión designada, en el rumbo de su destino señalado”.

¡Bienvenidos a la conferencia!

Otra vez les damos la bienvenida, hermanos y hermanas, a esta gran conferencia mundial. Los seis meses que transcurren entre cada conferencia solían parecer un largo tiempo; ahora parecen pasar con increíble rapidez. Estamos reunidos de nuevo como una gran familia, con más de diez millones de miembros, para escuchar y aprender de aquellos que han sido llamados para dirigir, para renovar nuestra fe y fortificar nuestra determinación de vivir mejor, y para convivir en una agradable sociabilidad.

Somos una gente feliz y bendecida que trabaja para edificar la causa y el reino de Dios sobre la tierra. No obstante nuestra raza o nacionalidad, seamos pobres o ricos, viejos o jóvenes, nos reunimos para compartir nuestro testimonio común del Señor en cuyo nombre adoramos.

Me complace informar que la Iglesia está en buenas condiciones. La obra continúa progresando; hablaré de dos o tres aspectos.

En la actualidad tenemos aproximadamente sesenta mil misioneros. Para julio, habrá 333 misiones. Estamos tratando de cumplir el mandato del Señor cuando dijo:“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

Además, hay 137.629 voluntarios y misioneros que se dedican a actividades no proselitistas. Ellos, por lo general, son personas maduras que contribuyen su tiempo y talentos, sin recibir compensación de ninguna clase, pero que tienen un gran amor por la obra del reino. La contribución unida de todos ellos equivale al trabajo de 15.174 empleados de jornada completa con una planilla de salarios de $531 millones de dólares. ¡Qué cosa tan extraordinaria!

Nuestra obra de historia familiar sigue adelante con ímpetu cada vez mayor. En todas partes las personas sienten un vivo interés por conocer sus raíces. Con el transcurso de los años, todo esto llevará al cumplimiento del gran propósito para el cual se lleva a cabo esta obra. El corazón de los hijos se está volviendo a los padres, para que los propósitos del Señor se puedan cumplir.

Estamos construyendo templos en una escala jamás vista, con el fin de llevar adelante esta obra a su destino final. Desde octubre pasado hemos dedicado templos en Anchorage, Alaska; Colonia Juárez, México; y Madrid, España. Se espera que dedicaremos catorce más durante lo que resta de este año.

Es una empresa formidable que conlleva muchos problemas, pero no importa las dificultades, las cosas se solucionan y tengo la plena seguridad de que lograren os nuestra meta.

Estamos construyendo un gran número de centros de reuniones con el fin de satisfacer las necesidades de nuestra gente. Hay un antiguo proverbio que dice que no hay mal que por bien no venga. Las dificultades económicas que se han presentado en Asia y en otras partes del mundo han causado una baja en los precios de bienes raíces, lo que nos ha facilitado la adquisición de sitios de construcción a costes más bajos.

En muchas áreas de la Iglesia ha aumentado la asistencia a la reunión sacramental, y el nivel de actividad va en aumento.

Menciono esto simplemente para señalar el robusto crecimiento de la obra por todo el mundo.

Tenemos la tendencia a hablar de cifras mayores tales como el número total de miembros de la Iglesia, pero nunca debemos olvidar que todos somos personas que tenemos nuestras propias necesidades y problemas, nuestras propias esperanzas y sueños, nuestra propia fe y convicciones. Algunos son fuertes mientras que otros son débiles; pero todos nos esforzamos. Todos enfrentamos problemas; éstos son graves y difíciles. Nos necesitamos el uno al otro para edificarnos y fortalecernos mutuamente. Nunca debemos olvidar el hecho de que debemos“[socorrer] a los débiles, [levantar] las manos caídas y [fortalecer] las rodillas debilitadas” (D. y C. 81:5).

Jamás debemos olvidar que vivimos en un mundo de gran diversidad. Los pueblos de la tierra son todos hijos de nuestro Padre, y son de innumerables y diversas creencias religiosas. Debemos cultivar la tolerancia, la estimación y el respeto mutuos. Tenemos diferencias de doctrina, pero esto no debe crear hostilidades de ninguna clase o una actitud de superioridad.

En este momento nuestros corazones están con la gente de Kosovo, que ha sido tratada en forma tan atroz. Es difícil comprender cómo es que aquellos que dicen ser cristianos pueden actuar de una forma tan cruel hacia las personas que son de otra fe. Estoy agradecido de que estamos haciendo llegar asistencia humanitaria a las víctimas de estas atrocidades.

Me complace informar que a la Iglesia se le conoce y se le comprende mejor. Por lo general, los medios de difusión nos han tratado con gentileza; nos han tratado con honradez. Naturalmente, hay excepciones, cosa que lamentamos. Las antiguas imágenes del pasado continúan saliendo a relucir por parte de aquellos que se ocupan del sensacionalismo y de la explotación. Pero las imágenes de la televisión se desvanecen casi de inmediato con la enorme cantidad de información que se proporciona. El periódico de ayer pronto pasa al olvido. Mientras tanto, la Iglesia sigue adelante en su misión designada, en el rumbo de su destino señalado.

Trabajaremos juntos con paciencia, sin perder de vista la gran misión que nos encomendó el Señor, que es nuestro líder, y cuya Iglesia ésta es.

Ahora les invito a escuchar a las Autoridades Generales y a las hermanas. Todos los que toman la palabra sienten la responsabilidad de esta tarea. Se han ofrecido muchas oraciones y se han puesto muchos esfuerzos para lo que se habrá de decir. Que nuestra fe sea fortalecida en estos puntos más básicos pero a la vez más importantes de nuestra doctrina y nuestra práctica como miembros de esta gran Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.