Verdaderos seguidores

J. Whetten

de los Setenta


J. Whetten
“Como Sus verdaderos seguidores, el Salvador desea que amemos a los demás como Él los ama: sin condiciones, con más pureza y perfección”.

A solas con los once en el aposento alto, Jesús se vale de los últimos momentos de enseñanza de Su ministerio mortal para enseñar: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado … En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”’. Habla de Su muerte inminente y Resurrección: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”’. Reafirma que es el Hijo divino de Dios: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí’’l. Y promete que el Padre les enviará otro consolador, el Espíritu Santo: “Él os enseñará todas las cosas”4.

El amor incondicional de Jesús para con nosotros motivó Su sacrificio expiatorio por nuestros pecados. Sin Su amor, no podríamos regresar a la presencia de nuestro Padre Celestial. Su camino debe ser el nuestro. “Por lo tanto, ¿qué clase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, aun como yo soy”5. Nos mostró que debemos hacer el bien, que el bienestar físico y espiritual de nuestros semejantes es tan importante como el nuestro y que debemos mostrar compasión e interés genuinos por todos los hijos de nuestro Padre Celestial. Moroni define el amor cristiano como caridad. “Y ahora sé que este amor que has tenido por los hijos de los hombres es la caridad; por tanto, a menos que los hombres tengan caridad, no pueden heredar ese lugar que has preparado en las mansiones de tu Padre”’. No es suficiente decir que creemos en El y que le amamos; debemos poseer en el postrer día la clase de amor que El posee. No es necesario que demos nuestra vida por los demás como lo hizo Él, pero, al igual que el Salvador, debemos bendecir la vida de los demás al dar aquello que constituye nuestra propia vida: tiempo, talentos, recursos y nosotros mismos.

Mormón nos insta: “… pedid al Padre con toda la energía de vuestros corazones, que seáis llenos de este amor que él ha otorgado a todos los que son discípulos verdaderos de su Hijo Jesucristo”. Al igual que la fe, el amor cristiano es un don del Espíritu que se da en base a los principios de rectitud personal y de acuerdo con nuestro nivel de obediencia a las leyes sobre las cuales se basa. Y al igual que la fe, el amor se tiene que practicar para que crezca. Todos vivimos un día a la vez y todos, sean cuales fueren nuestra edad o circunstancias, diariamente enfrentamos decisiones en nuestras relaciones con los demás. Al negarnos a nosotros mismos y al extender la mano de ayuda y servicio a los demás, el Espíritu nos refinará y nos enseñará y llegaremos a saber lo que quiso decir Pablo: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe”8. El servicio compasivo que prestemos a otras personas crecerá hasta que llegue a ser un amor divino, y nos cambiará: “… para que cuando él aparezca, seamos semejantes a él”9.

Brigham Young enseñó: “Debemos comenzar nuestras obras de amor y de bondad con la familia a la que pertenecemos y entonces extenderlas a otros”11 El rey Benjamín aconsejó a los padres que enseñaran a los hijos “a amarse mutuamente y a servirse el uno al otro” “ . El presidente Kimball enseñó que “Dios se ocupa de nosotros y vela por nuestro bienestar; pero, generalmente, es por intermedio de otro ser mortal que atiende a nuestras necesidades. En consecuencia, es vital que nos sirvamos unos a otros’’12.

En enero, un terremoto ocurrido en la región montañosa central de Colombia asoló la ciudad de Armenia. Los presidentes de estaca, preocupados, llamaron a la Presidencia de Área en Quito para averiguar las necesidades de los miembros que vivían en Armenia. El presidente de distrito confirmó que muchos miembros de la Iglesia habían perdido sus hogares y habían buscado refugio en cuatro capillas que no se habían dañado, pero tenían necesidad urgente de alimentos y ropa. Los líderes de la Sociedad de Socorro y del sacerdocio pusieron manos a la obra y en una capilla designada de cada ciudad se recibían los donativos de los miembros de todo el país. La pequeña Neidi, de siete años de edad, había ido con sus padres a la capilla de Cali y observó mientras el obispo Villarreal recibía los donativos de los miembros. “Obispo, ¿cómo puedo ayudar a los niños de Armenia?” “Neidi, tus padres ya ayudaron”. Fue al otro extremo de la capilla y observó que no había mucha ropa ni zapatos para niños. Regresó al lado del obispo con SUS zapatos en la mano. “Ahora sé cómo puedo ayudar. Por favor déle estos zapatos a una niña de Armenia que haya perdido los suyos”. Y con los piecitos descalzos se alejó en silencio.

El rey Benjamín aconsejó a su pueblo someterse al influjo del Santo Espíritu, “… [despojarse] del hombre natural, y [hacerse] santo por la expiación de Cristo el Señor, y [volverse] como un niño: sumiso, manso, humilde, paciente, lleno de amor”13.

A finales de la primavera de 1829, al desenvolverse los maravillosos acontecimientos de la Restauración, el Señor le dijo a Joseph Knight, por medio del profeta José Smith: “… y nadie puede ayudar en [esta obra] a menos que sea humilde y lleno de amor”14. Hoy se pide a todo joven digno que sirva como misionero regular por dos años. Al enseñar el Evangelio y al servir a otros, reciben dones del Espíritu, entre ellos el amor cristiano por aquellos a quienes sirven. El servicio misional puede y debe formar la base de una vida de

felicidad edificada en el amor y el servicio a los demás.

Y el ser madre, al igual que el sacerdocio, es un llamamiento divino de servir y de nutrir a otros. ¿Quién que ha observado el amor puro que una madre tiene por su hijo puede negar que esa clase de amor es de Dios? Hermanas, esa misma clase de amor cristiano puede y debe extenderse a los demás durante toda la vida.

Cuando el joven rico que fue a Jesús preguntó: “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?”, el Señor reiteró los mandamientos, y el joven contestó: “Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme’’15.

Como discípulos Suyos, debemos preguntar: “¿Qué más me falta?”. Podemos hacer el bien, amar y servir a las personas de nuestra familia, de la Iglesia y de la comunidad. En algún momento debemos estar dispuestos a “entregarle todo lo que [tenemos] y [somos]”16.

Algunos de los verdaderos seguidores que conozco son matrimonios que han dejado atrás las anticipadas comodidades y placeres de la jubilación y han seguido al Señor al dar servicio de tiempo completo en Su reino. Si desean crecer juntos como discípulos, hablen con su obispo acerca de una misión. Todas las misiones de la Iglesia necesitan más matrimonios misioneros y los cien templos que pronto tendremos necesitan más obreros.

El presidente Hinckley ha preguntado: “¿Qué es lo que hace felices a los misioneros? Es el hecho de que se pierden en el servicio a su prójimo.

“¿A qué se debe que los que obran en los templos son felices? A que esa obra de amor que realizan está en completa armonía con la gran obra vicaria del Salvador de la humanidad” 17.

Estoy agradecido por haberme encontrado rodeado de seres amados que han bendecido mi vida con su amor y su servicio. Tal como los conversos del tiempo de Alma, si hemos de ser llamados Su pueblo, debemos estar “… dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras”18. Todos podemos pensar en verdaderos seguidores que han llevado las cargas de muchas personas mediante su amor y su servicio cristiano. Ernest LeRoy Hatch fue el médico de la comunidad del norte de México donde yo me crié. También fue mi presidente de misión y sirvió en varias misiones más. Durante gran parte de su vida llevó consigo la letra del himno “Más santidad dame”. Las últimas dos líneas dicen: “… más digno del reino, más libre de error, más justificado, más como el Señor”.

Como Sus verdaderos seguidores, el Salvador desea que amemos a los demás como Él los ama: sin condiciones, con más pureza y perfección. Tal como en el pasado, en nuestros días Sus apóstoles y profetas continúan siendo un ejemplo y siguen enseñando que ese amor cristiano es la esencia misma de Su Evangelio. He llegado a conocer y a sentir el amor que tienen entre sí y por cada uno de nosotros. Testifico que son verdaderos discípulos de Jesucristo y que esta Iglesia es Su reino sobre la tierra. Tenemos el ejemplo de amor y servicio de El y de ellos. Ruego que nosotros también seamos verdaderos discípulos. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas
  1. 1.

    Juan 13::34-35.

  2. 2.

    Juan 15:13.

  3. 3.

    Juan 14:6.

  4. 4.

    Juan 14:26.

  5. 5.

    3 Nefi 27:27.

  6. 6.

    Éter 12:34.

  7. 7.

    Moroni 7:48; cursiva agregada.

  8. 8.

    Gálatas 5:22.

  9. 9.

    Moroni 7:48.

  10. 10.

    Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young, 1997, pág. 230.

  11. 11.

    Mosíah 4:15.

  12. 12.

    The Teachings of Spencer W Kimball, ed, Edward L. Kimball, 1982, pág. 252; Citado por Richard G. Scott en “Cómo hallar gozo en la vida”, Liahona, julio de 1996, pág. 28.

  13. 13.

    Mosíah .3:19.

  14. 14.

    D. y C. 12:8.

  15. 15.

    Mateo 19:16, 20-21.

  16. 16.

    Mosíah 2:34.

  17. 17.

    “Entregados al servicio del Señor”, Liahona, agosto de 1987, pág. 6.

  18. 18.

    Mosíah 18:8.

  19. 19.

    Himnos, # 71.

Mostrar referencias

  1.  

    1. Juan 13::34-35.

  2.  

    2. Juan 15:13.

  3.  

    3. Juan 14:6.

  4.  

    4. Juan 14:26.

  5.  

    5. 3 Nefi 27:27.

  6.  

    6. Éter 12:34.

  7.  

    7.  Moroni 7:48; cursiva agregada.

  8.  

    8. Gálatas 5:22.

  9.  

    9.  Moroni 7:48.

  10.  

    10. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young, 1997, pág. 230.

  11.  

    11. Mosíah 4:15.

  12.  

    12. The Teachings of Spencer W Kimball, ed, Edward L. Kimball, 1982, pág. 252; Citado por Richard G. Scott en “Cómo hallar gozo en la vida”, Liahona, julio de 1996, pág. 28.

  13.  

    13. Mosíah .3:19.

  14.  

    14. D. y C. 12:8.

  15.  

    15. Mateo 19:16, 20-21.

  16.  

    16. Mosíah 2:34.

  17.  

    17. “Entregados al servicio del Señor”, Liahona, agosto de 1987, pág. 6.

  18.  

    18. Mosíah 18:8.

  19.  

    19. Himnos, # 71.