Un templo para África Occidental

Glenn L. Pace

Of the First Quorum of the Seventy


Glenn L. Pace
“Qué gran inspiración ha sido el ver la mano del Señor reunir las fuerzas que llevarán indefectiblemente a la victoria; habrá un templo en África Occidental”.

Hace varios años asistí a un partido de fútbol americano en la Universidad Brigham Young con algunos de nuestros hijos más pequeños. Perdimos el partido; ¡me fastidia tanto cuando eso sucede! Durante el camino de regreso a casa hasta Bountiful, escuchamos por la radio los comentarios de los entrenadores; una vez que se terminó el programa, a mis hijos no les quedó más remedio que escuchar mis propios comentarios acerca del partido. Apenas había terminado de analizar los problemas que había habido en el juego, mi hija de siete años me preguntó: “Papá, cuando miras el templo, ¿sientes algo lindo dentro de ti?”.Mientras me preguntaba qué tenía que ver ese comentario con el partido de fútbol, le eché una mirada y me di cuenta de que ella estaba mirando el Templo de Salt Lake a través de la ventanilla. Por alguna razón, el partido dejó de tener importancia.

Toda mi vida se ha visto enriquecida por experiencias relacionadas con el templo. Nuestros padres nos llevaban a menudo a la Manzana del Templo, en Salt Lake City; nos señalaban el templo y nos decían que ellos se habían casado allí y que por ese motivo nuestra familia estaría siempre junta. ¡Qué gran consuelo para un niño pequeño, cuyo temor más grande era que sus padres pudieran morir! Y ahora, ¡qué gran consuelo le ofrece a un hombre ya mayor cuyos padres ya están en el otro lado del velo!

Cuando tenía diez años, a la sombra del Templo de Salt Lake, leí por primera vez la historia de José Smith y recibí un fuerte testimonio de la veracidad de la Restauración.

Recuerdo con gratitud cuando fui al templo con mis padres para recibir mis investiduras, poco antes de partir para la misión.

Tres años más tarde, mi esposa y yo contrajimos matrimonio en el Templo de Salt Lake. En años subsiguientes, he tenido el honor de efectuar el casamiento en el templo de cada uno de nuestros seis hijos.

Sé que muchos miembros de la Iglesia no han tenido el privilegio que yo he tenido de crecer cerca de un templo. Por esa razón todos recibimos con gran emoción el anuncio que hizo el presidente Hinckley en octubre de 1997, en el cual dijo: “Hemos tomado la resolución. . . de hacer llegar los templos a las personas y brindarles así todas las oportunidades de recibir las valiosísimas bendiciones que brinda la adoración en el templo” (Liahona, enero de 1998, pág. 58).

Desde esa época, nos hemos alegrado y maravillado al escuchar el anuncio de la construcción de numerosos templos, y más tarde al leer acerca del programa de puertas abiertas y de la dedicación de los mismos. Somos testigos de un milagro de los últimos días y del cumplimiento de una profecía. ¡Qué maravilloso es vivir en esta época!

No todos comparten nuestro entusiasmo acerca de la construcción de templos. El adversario en particular está sumamente furioso al ver que su poder peligra.

Durante los últimos dos años, he sido testigo personal de su gira en África Occidental. Él ha estado sumamente ocupado tratando de impedir que se edifique un templo en esa parte del mundo. Dos años atrás, el presidente Hinckley anunció que habría un templo en África Occidental, ubicado en Accra, Ghana. Desde ese entonces, el adversario ha tratado constantemente de impedir que eso suceda. ¿Por qué está Lucifer tan preocupado?

Tenemos 85.000 miembros en África Occidental y la Iglesia está creciendo muy rápidamente. La asistencia a la reunión sacramental es de más de un 50 por ciento, pero hasta el momento sólo 400 miembros han recibido sus investiduras debido al costo prohibitivo de viajar miles de kilómetros hasta Johannesburgo o Londres. Tenemos más de 700 misioneros regulares africanos prestando servicio en la misión y muy pocos de ellos han recibido sus investiduras.

El pueblo africano ha esperado durante siglos recibir la plenitud del Evangelio y han pasado por muchas aflicciones y sufrimientos. Ahora, por fin, pueden recibir todas las bendiciones que están a disposición de los hijos de Dios. Los miembros dignos pueden recibir la investidura del templo y sellarse a sus respectivas familias por tiempo y eternidad.

La fidelidad a los convenios del templo conlleva un incremento de progreso espiritual. Tal como el élder John A. Widstoe explicó: “Ellos llegarán mucho más pronto a ocupar su lugar en la presencia del Señor; ellos aumentarán más rápidamente todos sus poderes divinos; ellos se asemejarán más a Dios; se darán cuenta más plenamente de su destino divino” (Evidences and Reconciliations, 1960, pág. 300).

Es por eso que Lucifer está tan preocupado. Además, él está al tanto de la gran cantidad de africanos que han aceptado el Evangelio en el otro lado del velo y que esperan ansiosos el bautismo y la investidura vicarios del templo, al igual que el sellamiento a su familia. Cuando se dedique un templo, la represa del mundo espiritual se romperá y un torrente de personas que hayan vivido en el continente africano inundará el templo del Señor, mientras sus descendientes efectúan la obra por ellos. No debe sorprendernos el que Lucifer esté utilizando todos los medios posibles para que esas personas no dispongan de un templo.

A través de siglos de sufrimiento, esta gente, en general, no se ha amargado; son humildes, dóciles para aprender, y temerosas de Dios; conocen las Escrituras y reconocen la voz del Pastor.

Tengo fe en la fe de ellos. Sé que el Salvador ama a la gente africana; por consiguiente, deseo parafrasear el versículo 33 de la sección 121 de Doctrinas y Convenios: “Tan inútil le sería al hombre extender su débil brazo para contener el río [Congo] en su curso decretado, o volverlo hacia atrás, como evitar que el Todopoderoso [construya un templo para los Santos de los Últimos Días africanos]”.

Como dijo el Salvador: “No permitiré que [los enemigos] destruyan mi obra; sí, les mostraré que mi sabiduría es más potente que la astucia del diablo” (D. y C. 10:43).

Qué gran inspiración ha sido el ver la mano del Señor reunir las fuerzas que llevarán indefectiblemente a la victoria; habrá un templo en África Occidental.

La semana pasada viajábamos otra vez desde Provo a Bountiful. Al salir de Provo, podíamos ver el templo sobre la colina; antes de perderlo de vista, pudimos divisar el Templo Mount Timpanogos, Utah, después el Templo Jordan River, seguido del Templo de Salt Lake; casi inmediatamente después pudimos ver el Templo de Bountiful, Utah, que se destacaba como una joya sobre la ciudad.

Recordé la pregunta de mi hija: “Papá, cuando miras el templo, ¿sientes algo lindo dentro de ti?”.Me di cuenta de que la respuesta contundente es: “Sí, cuando veo un templo siento algo muy lindo dentro de mí”.Sin embargo, siento una gran pena por nuestros hermanos y hermanas africanos que nunca han visto un templo en su vida.

Espero y ruego que nunca tomemos a la ligera las bendiciones del templo. Llevo también un ruego en el corazón por África Occidental y por cualquier otro lugar del mundo donde las influencias externas estén impidiendo que los santos disfruten de las bendiciones de un templo.

Testifico de la divinidad de esta obra. Jesús es el Cristo. Él está a la cabeza de esta Iglesia y dirige la edificación de Su reino aquí sobre la tierra. Estamos presenciando milagros y, por tanto, les testifico que éstos no han cesado. En el nombre de Jesucristo. Amén.