Ondas expansivas

Virginia U. Jensen


"Los hechos de las mujeres rectas repercuten a través del tiempo, del espacio e incluso de las generaciones".

Cuando nuestros hijos eran pequeños, nos encantaba ir a las montañas. De pie a la orilla del hermoso Lago Jackson, con las majestuosas cumbres reflejadas en la superficie de cristal, competíamos para ver quién podía lanzar piedras que diesen saltitos sobre la superficie del agua tranquila. Al hundirse las piedras, observábamos las ondulaciones que se extendían sobre el agua hasta donde alcanzábamos a ver. Aún la piedrita más pequeña que lanzaba nuestro hijo menor hacía que las ondas se extendieran más y más.

Tal como los círculos que hacían nuestras piedras en el Lago Jackson, los hechos de las mujeres rectas repercuten a través del tiempo, del espacio e incluso de las generaciones. Esos hechos rectos son producto de nuestra comprensión de la misión divina de Jesucristo, de nuestro conocimiento del plan del Evangelio, de nuestra obediencia a los mandamientos eternos y de nuestra obra en éste, el reino de Dios sobre la tierra.

Permítanme darles un ejemplo de la forma en que ese efecto expansivo da comienzo y ocasiona repercusiones cuando una mujer recta Santo de los Últimos Días actúa en base a su conocimiento de que Jesús es el Cristo y de que el Evangelio se ha restaurado.

En 1841, Dan Jones, un inmigrante galés, era capitán de uno de los barcos registrados más pequeños que transportaba pasajeros y mercaderías en el río Misisipí. Me parece más que coincidencia que el barco se llamara "La Onda". Entre sus pasajeros había miembros de una iglesia "nueva" y poco conocida, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Durante sus viajes, Dan Jones comenzó a escuchar críticas de esos "mormones". Como había transportado a muchos de ellos, había conversado con ellos y había observado su conducta. Se dio cuenta de que eran personas buenas, bondadosas, honradas y trabajadoras. Los comentarios y escritos negativos acerca de esas personas no concordaban con el trato que él había tenido con ellos.

"Después de una cuidadosa investigación de las acusaciones", escribió después, "me di cuenta de que era imposible que fueran ciertas. . . exageraban el caso o. . . se contradecían. . ." (Ronald D. Dennis, "Dan Jones, Welshman", Ensign, abril de 1987, pág. 26).

Un acontecimiento importante en particular llevó a Dan Jones a convertirse, de un prudente observador, a un investigador activo de la Iglesia. Él escribió: ". . .por accidente, cayó en mis manos parte de una carta que [Emma Smith] había escrito. . . Nunca podré olvidar lo que sentí al leerla. Claramente pude darme cuenta de que al igual que yo, ella no solamente creía en el Nuevo Testamento; profesaba la fe apostólica y se regocijaba en medio de sus tribulaciones de poder ser digna de sufrir todo. . . por un testimonio de Jesús y el Evangelio, sino que también ese papel contenía mejor consejo, más sabiduría y demostraba un espíritu más sublime que nada de lo que jamás había leído" (Ensign, abril de 1987, págs. 50, 52).

Inspirado por las palabras y el ejemplo de Emma, Dan Jones trató de aprender más acerca de esa iglesia. En 1843, fue bautizado en el río Misisipí y llegó a ser uno de los misioneros de más influencia en la historia de la Iglesia, llevando el Evangelio a cientos de personas en su país natal de Gales. En un sentido muy literal, la influencia de Emma Smith continúa repercutiendo a través de las generaciones. ¿Quién podría decir cuántos cientos o millares de descendientes de las personas a las que Dan Jones llevó el Evangelio estén escuchando esta reunión ahora mismo?

Cada una de nosotras puede actuar en formas que repercutan en una vida con el mismo poder que lo hicieron las palabras de Emma en el corazón de Dan Jones. Cada una es una sola persona, pero recuerdo los círculos que una piedrita ocasionó en la inmensidad del Lago Jackson. Pensemos seriamente en este pasaje alentador: "no os canséis de hacer lo bueno, porque estáis poniendo los cimientos de una gran obra. Y de las cosas pequeñas proceden las grandes" (D. y C. 64:33).

En ese lugar más importante que ningún otro, el hogar, es donde mejor aprendemos que "de las cosas pequeñas proceden las grandes", ya que la vida en el hogar es una serie de cosas pequeñas que se combinan para crear una familia eterna. Quizás a causa de la lentitud con que se crean firmes relaciones con el Señor y con los demás, o quizás porque recibimos poco agradecimiento por enseñar, animar y guiar, es fácil distraernos o desanimarnos.

El adversario desearía confundirnos y distraer nuestra atención de lo que tiene más valor. Pero somos bendecidas, porque sabemos que lo más importante es la fe y la familia. Las mujeres que me han inspirado y me han motivado a ser mejor son las que han puesto en primer término al Señor y a su familia. Su "espíritu. . . sublime" infunde en mi corazón lo que las palabras de Emma Smith infundieron en el de Dan Jones, la invitación de venir a Cristo, quien proclamó: "Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida" (Apocalipsis 21:6).

La virtud y el poder se encuentran en el trabajo cotidiano y común, en todas las tareas diarias que realizamos al cuidar de nuestra familia y al prestar servicio a los demás. La prominencia no equivale a prioridad, ni el sueldo del mundo se compara con el de nuestro Padre Celestial, que conoce la importancia de la devoción de la mujer a la salvación de las almas.

Al pensar en mujeres cuya influencia recta repercute a través de la eternidad, consideremos a María, "vaso precioso y escogido" (Alma 7:10). Al recibir del ángel una anunciación sagrada y sin precedente, ella gentilmente se sometió a la voluntad del Señor: "He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra" (Lucas 1:38). Su fe, obediencia y humildad establecen una norma para todas las mujeres.

Aunque el llamamiento de María fue singular, todas las mujeres pueden "compartir su forma de belleza. Son las mujeres que buscan la gracia de Dios. . . Son humildes y viven vidas de castidad y virtud. . . Tienen un corazón creyente y magnifican al Señor. . . Se regocijan en el Salvador y. . . reconocen Sus dones y misericordias" (S. Michael Wilcox, Daughters of God: Scriptural Portraits, 1998, pág. 179).

Esas palabras las describen a ustedes, las fieles hermanas de la Sociedad de Socorro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Ustedes son las mujeres cuyas obras diarias rebosan del conocimiento grato, al que Isaías hizo elocuente referencia:

". . .Dios es mi salvación. . . el Señor Jehová es mi fortaleza y mi canción; y también ha llegado a ser salvación para mí. Por tanto, con gozo [sacaré] agua de las fuentes de la salvación" (2 Nefi 22:2:3).

La causa de Cristo, o sea, la de redimir a toda alma, necesita la fuerza, el tiempo y los talentos de ustedes en el hogar y en la comunidad. Sus fieles obras y palabras contribuyen en forma importante a la edificación de éste, el reino de Dios sobre la tierra. El Élder Bruce R. McConkie nos recuerda lo vital que ha sido siempre nuestro papel: "De esto estamos seguros: que Cristo, bajo el Padre, es el Creador; que Miguel, su compañero y asociado, presidió gran parte de la obra creativa; y con ellos estaban, como lo vio Abraham, muchos de los nobles y grandes. ¿No sería lógico deducir que entre ellos estaban María, Eva, Sara y miles más de nuestras hermanas fieles? Ciertamente, en ese entonces esas hermanas trabajaron con la misma diligencia, lucharon con la misma valentía en la guerra en los cielos, como lo hicieron los hermanos, así como permanecen firmes hoy en la vida mortal en la causa de la verdad y la rectitud" (McConkie, Woman, 1979, pág. 59).

Al igual que esas mujeres "nobles y grandes" que nos antecedieron, no podemos nosotras ser mujeres comunes y corrientes; no podemos ser mujeres que se parezcan demasiado a las mujeres del mundo. Debemos defender la rectitud sin reparos. Nosotras, al igual que María, Eva, Sara y Emma, somos singulares. Nuestra influencia habrá de repercutir, y tendremos agua que compartir. Dado nuestro legado eterno, debemos recordar la forma tan poderosa en que nuestros simples hechos de rectitud pueden repercutir en el corazón y el hogar de los que nos rodean. Tenemos una tremenda oportunidad de hacer tanto bien, y, lo más importante, es que sabemos cómo y de dónde sacar "agua de las fuentes de la salvación".

Mi amiga Tammy dejó de asistir a la Iglesia cuando tenía quince años de edad. A la vuelta de la esquina de la casa de ella vivía un joven que en su adolescencia también había decidido que no quería formar parte de la Iglesia. Ambos adquirieron malas costumbres que los alejaron de la actividad en la Iglesia. Con el tiempo se casaron y comenzaron a criar a su familia.

Tammy amaba mucho a su esposo y a sus dos hijas, pero en lo profundo de su corazón abrigaba el deseo de regresar a la vida que había conocido de niña. Vagamente recordaba haber sentido el Espíritu y la influencia de su Padre Celestial, y lo extrañaba. Se resistió a dar a conocer esos sentimientos a su esposo por temor a que no estuviera de acuerdo, y los mantuvo ocultos. Deseaba regresar pero no sabía cómo comenzar. Escuchemos las palabras de ella que nos hablan del efecto que tuvieron dos maravillosas maestras visitantes que sacaron "agua de las fuentes de la salvación" y la compartieron con Tammy.

[Transcripción del video de 1 1/2 minutos de Tammy Clayton]

Estoy agradecida hoy por mis maestras visitantes porque me amaron y no me juzgaron. Realmente me hicieron sentir que yo era importante y que había un lugar para mí en la Iglesia.

Venían a mi casa y charlábamos. Después de un rato, me preguntaban si quería que me dieran una lección y cada mes me dejaban un mensaje.

Y cuando venían cada mes, me hacían sentir que yo sí valía la pena, y que realmente se interesaban por mí, que me amaban y me apreciaban.

Como resultado de sus visitas, finalmente decidí que era el momento de regresar a la Iglesia. Supongo que realmente no sabía cómo regresar, y cuando ellas vinieron y demostraron su interés, me mostraron el camino de regreso.

Debemos entender que el Señor nos ama, no importa quiénes seamos, y mis maestras visitantes me ayudaron a ver que esto era lo correcto.

Ahora mi esposo y yo nos hemos sellado en el templo.

Gracias al cielo por las fieles maestras visitantes. Sí, hermanas, los hechos de las mujeres rectas repercuten a través del tiempo, del espacio y también de las generaciones. En verdad, no podría haber un efecto más duradero que el sellamiento de una familia en el templo por la eternidad. Seamos como las hermanas fieles que nos han antecedido. Bebamos profundamente del agua "de las fuentes de la salvación".

Dios vive. Su Hijo, Jesucristo, proporciona el camino para que regresemos a vivir con él. El Evangelio verdadero se ha restaurado de nuevo sobre la tierra. Tenemos un profeta viviente en estos días, el presidente Gordon B. Hinckley, a través del cual nuestro Padre Celestial dirige a Su pueblo. Que nosotras, mediante la reacción que ocasionen nuestras obras rectas, ayudemos a todos a conocer esas verdades, en el nombre de Jesucristo. Amén.